Último verano en Stalingrado, novela

jueves, 27 de febrero de 2014

Poder, Gloria, series, novelas e inmortalidad

“A un paso de la presidencia y ni un solo voto emitido a 
mi nombre: la democracia está tan sobrevalorada”.
(Frank Underwood, House of Cards)

Que en el poder no es posible conservar (o tan luego, tener) a los amigos;
que en el poder las relaciones familiares y amorosas se deterioran;
no es ninguna novedad.
Que House of Cards muestre con crudeza, belleza y distancia ese vacío de un erotismo (o libido, o deseo) puesto más allá del propio objeto (el Poder desea el Poder, algo así) no es tampoco una rareza.
Muchas películas, literatura, series, dan cuenta de esa característica del Poder que se lleva de sus amantes todo. Todo lo promete, a veces todo lo da, y todo lo pide.
El poder y sus dispositivos no son, desde ya, exclusivos de la política ni de las grandes ligas. El poder se ejerce en todas las relaciones y vínculos humanos y circula, otra verdad de Perogrullo.
La ambición de poder no es condición suficiente pero sí necesaria para escalar posiciones en esa jerarquía, en la estructura que fuere. La frialdad, cierta amoralidad, ayudan mucho.
Las personas poderosas necesitan para su goce, justamente, la adrenalina del poder que implica una entrega absoluta. Y suponen (por aquello de que todos solemos caer en el error de creer que nuestros deseos son los de todos) que los demás quieren lo mismo. El poder. Así que suelen mirar con suspicacia (la sospecha y la desconfianza hacia los motivos de los otros, el disimulo, el ocultamiento de las intenciones, son parte desde ya de la gestualidad del poder) a quienes habiendo tenido poder lo abandonan voluntariamente: serán considerados cobardes, por ejemplo, o débiles.
Subestiman, muchas veces, a quienes no aspiran ocupar el poder. Si otro elige por el tiempo (para la familia, el sexo, a creación artística, el deporte, el dinero), lo juzgarán como tímido, escrupuloso, miedoso, cómodo...Creen que en el fondo estas personas los envidian.
El poder es como el Diablo, y como Dios. Está en los detalles. No se puede ejercer con medias tintas y, tarde o temprano, se queda con todo.
El poder y la gloria.* O el Poder o la Gloria, ¿ambos es posible?
Es cierto que para algunas personas es el aire, el agua, la tierra que pisan y el sol que ilumina. No hay nada que valga la pena más allá de él. Todo lo distractivo (los hijos, en particular, y eso se muestra muy bien en House of Cards), son un obstáculo. Se puede ignorar a una pareja, a los amigos, a los padres, a los hermanos. Pero los hijos, ay, los hijos....tremenda debilidad. No pocos han caído por eso. Es el talón de Aquiles y la diana pintada en el corazón.
House of Cards
La serie, como bien plantea esta crítica de Beau Willimon, uno de los guionistas, es entretenida además porque desenmascara cierto acartonamiento hipócrita con el cual suele revestirse la política. Es cierto que el poder, en la política en particular, exige sacrificarle todo, como un dios egoísta del Antiguo Testamento. Es cierto que se roba la vida, el tiempo...¡Pero es tan patético escuchar las quejas de muchos "servidores" públicos que se lamentan por esos sacrificios mientras una y otra vez eligen ese dulcísimo mal! (Y sus privilegios materiales, desde ya, con los cuales es un poco más fácil sobrellevar esos "sacrificios").
A veces, en política sobre todo, la injusticia del mundo ofrece realidades inquietantes: personas que nunca han hecho por la política nada, que no han militado en ningún ámbito, con ninguna o escasa conciencia social, terminan convertidos de la noche a la mañana en engranajes estratégicos de la maquinaria del poder. A veces esto obedece a la portación de apellido (por matrimonio o relaciones filiales, por carga simbólica o historia familiar); a veces porque a los candidatos a ocupar ese lugar dijeron que no, eligieron otra cosa, se enfermaron, murieron. Lo he visto muchas veces.
Hay gente que florece y en el poder, despliega talentos y virtudes que antes permanecían ocultos. Hay quienes se vuelven despiadados. Hay de todo. También aquellos que prometían mucho y una vez empoderados, se dedican a perder lo ganado.
Game of Thrones
El poder, a fin de cuentas,  es la posibilidad de elegir, de hacer, de no depender de otros para todo. Es el nene que suelta la mano y se larga a caminar solo, aunque eso implique riesgos de caídas. Sin algo de poder, los seres humanos no somos nada. Con mucho poder, ¿qué se pierde de la escala humana? El grado de egoísmo y de fortaleza en la autoestima que se requiere para ocupar altos lugares de poder, y sobre todo, permanecer, sostenerse y crecer, ¿es compatible con otros goces humanos?
El problema del poder -como en la novela antes nombrada de G. Greene-es también el de la libertad. Poder elegir el mal, el pecado. Un enfoque clásico del arte y la literatura, la pedagogía, la religión, la filosofía, acerca del cual ya casi no nos permitimos reflexionar quizá por temor a ser catalogados de antiguos.Como si uno dijera: okey, el Poder es Tuyo, pero no pretendas también la Gloria. (Mi amiga E. lo entiende muy bien).
Lo que la experiencia me ha mostrado es que, y allí una diferencia con la serie, la casualidad, el caos y lo imprevisible puede influir mucho más de lo que parece. Sin menoscabar el peso de las intrigas cortesanas, los murmullos y rumores, las trampas y traiciones; las operaciones mediáticas;  la cara del amigo que se convierte en enemigo y daña el alma; las acechanzas de los otros poderosos...En fin.
Broadwalk Empire
El juego del poder en el que se juega la vida, pura adrenalina, Vida y Muerte, (como en Game of Thrones, Boardwalk Empire, El Padrino) que no nos priva de cachetearnos con la espantosa crueldad de la guerra y la injusticia, la trampa y el engaño que el poder requiere.
¿Y qué quiere el Poder poder? Dice Foucault en esta entrevista: "-Alcanzar la inmortalidad es la máxima aspiración del poder. El hombre sabe que es destructible y corruptible. Se trata de taras que ni siquiera la mente más lógica podría racionalizar. Por eso el hombre se vuelve hacia otras formas de comportamiento que lo hacen sentirse omnipotente. A menudo son de naturaleza sexual."
Otra vez la Gloria, quizá, el Reino.
(Pocos, muy pocos son los que lo logran, eso del Poder y la Gloria.  Es decir, que a través de ellos, de su obra, podamos contemplar la gloria que emana del Creador. Pienso en Evita...)
Y si bien es cierto que nadie sin ambición de poder y astucia e inteligencia política llega a ciertos lugares, no es menos cierto que a veces los acontecimientos crean condiciones muy extrañas que ponen a los sujetos en situaciones impensadas.Porque sencillamente un Frank Underood, sin votos y no muy visible, decidió eso.

*novela de Graham Greene, 1940.

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