Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 4 de agosto de 2008

Soñando casas



A veces recorro las calles de mi ciudad hasta que me duelen los pies. Entonces me siento en un banco, en una plaza, y observo lo que me rodea como si lo viera por primera vez, y, al mismo tiempo, como si siempre lo hubiera tenido presente.

Muchas casas me invitan a ensoñaciones que no cambiaría por casi nada. Me meto adentro con la imaginación, derrumbo paredes, levanto habitaciones para los niños que llegarán y estudios para sentarme a escribir los libros que el futuro traerá. Edifico el taller donde mi hijo pinta y A construye muebles de madera.

En mis casas siempre hay grandes cocinas que se llenan del ruido de las visitas, que entran y salen como si mi casa fuera la suya. A veces estoy sola y un timbre, que anuncia aventuras, suena al frente de la casa mientras yo riego las plantas o en el fondo o revuelvo una salsa en la cocina o, lo más probable, tecleo en la computadora. A una velocidad de galope, adorno habitaciones, las pinto, coloco allí una lámpara de diseño racionalista y moderno junto a un futón o un diván, lleno de almohadones, en el que duermen los amigos que hacen noche en mi casa.

Siempre hay muchas ventanas. A veces, si mi casa se edifica sobre una planta tipo chorizo, los vidrios coloreados imprimen tintes azules, rojos y acaramelados en las tardes. Otras veces son ventanas gigantes, geométricas y con grandes paneles de vidrio y metal detrás de los cuales se presienten un jardín algo salvaje y un patio con piedras y un pequeño estanque en el que crecen, junto a los nenúfares que me recuerdan a los invernaderos de Balzac, palmeras y juncos.

En el comedor hay una gran mesa cuadrada o rectangular con un juego de sillas que no le pertenece, tipo toné, y una vitrina en la que guardo recuerdos de vajillas de las tías abuelas, porcelanas delicadas que invitan a platos hipercalóricos para el invierno.

Al fin, cae la tarde y se impone el frío y hay que irse con los sueños a otra parte: otra calle, otra plaza, otra casa.

1 comentario:

la vida abierta dijo...

Ahhh. volvió la viajera aventurera... me gusta ese personaje. buenísima la foto del pie que acompaña.