Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 18 de agosto de 2008

Coffe and tv


Quiero aclararlo desde un comienzo. Me gustaban de él bastantes cosas, quizás más ahora, en el recuerdo, que entonces, cuando nos veíamos cada tanto para conversar, escuchar música, comer y hacer el amor.
De chica, había estado muy enamorada de él, sobre todo, de su amor por mí, que primero sospechaba, pero después se me hacía imposible, me causaba incertidumbre y se desvanecía con el ir y venir de la marea, en las inmensas playas de "la Villa". Como con casi todos los hombres que quise, con él me parecía, al principio, que era improbable que se fijara en mí. Y ese desafío me atrapaba, como si en mí prevaleciera más la fuerza del cazador que la inquietud de la presa. Sin embargo, aprendí a jugar el juego de dejarme cazar, pero tuvieron que pasar unos cuantos años para eso.
Lo tuve y lo perdí, porque fue el primero en traicionarme y yo no supe perdonarlo. Además, no estaba preparada para largos romances y quería experimentar, junto al amor y el dolor del desangaño, lo nuevo, lo distinto y la voracidad de la conquista. Muchos años después, volvimos a encontrarnos, casi de casualidad. Hubiera dado mucho por enamorarme de él nuevamente, sobre todo, porque tiene mucho talento y es un gran compositor, una buena persona, una rara combinación de ingenuidad, ternura y esnobismo. Pero sobre todo, por su fino, laborioso, apasionado y permeable oído musical.
En cambio de enamorarnos, nos hicimos amigos y también, en ocasiones, amantes. Ni él se esforzó por enamorarme, ni yo por seducirlo, porque nuestros corazones estaban, como quien dice, demasiado ocupados, revueltos y curtidos. Tuvo la delicadeza de reinterpretar, para mí, algunos hechos del pasado y hacerme creer que él también me había querido y que su traición de entonces, había sido, después de todo, bastante más inocente de lo que yo suponía.Tal vez no pude amarlo, ni él a mí, porque como ya he dicho, yo no soy capaz de amar la música y él, sobre todo, es música.
Pasamos algunas tardes agradables en su departamento, él tocando algún tema de George Harrison en una de sus guitarras, y yo hojeando sus revistas de rock tirada en el fiaca, mientras el sol nos calentaba el alma y los recuerdos.
Como tiene la risa fácil, y es generoso, me hizo escuchar de todo y conocer nuevos mundos musicales, que nunca habitaré, pero por los que hice pequeños recorridos, incompletos y fugaces.
Cuando volvía de visitarlo, me sentía más leve y menos quejumbrosa, en una época de mi vida en la que todo era esfuerzo y eran pocas las compensaciones, por lo que siempre le estaré agradecida. It was just coffe and tv.

Video de Blur, Coffe and tv

http://www.youtube.com/watch?v=kWUil383us4

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