Último verano en Stalingrado, novela

sábado, 16 de agosto de 2008

Un café con N

Ayer me encuentré con N. a tomar un café.
Desde luego, tomamos más de uno y comemos unos tostados, porque a las dos nos gustan las mismas cosas: los jardines, comer cosas ricas, leer nuevos libros, fumar -aunque siempre haya algún plan de abandonar el cigarrillo- y hablar de política, de amistades y de las familias judías o mixtas que se van desmembrado, la educación bilingüe en los colegios anglicanos y las palabras.
Cuando hablamos de los hijos, ella casi se pone a llorar, porque no sabe (¿quién sabría?) ser madre a la distancia impuesta por ellos, de tantos kilómetros, incertidumbres, guerras y cotidianeidades perdidas. Extraña a sus nietas y proclama que ahora es una mujer acorazada, distante y fría, pero es imposible creerle, mientras su voz se quiebra, sus manos tiemblan y los ojos, qué decir.
Yo le hablo de Natalia Guinzbug, de cómo C. la introdujo en mi vida, de su novela Léxico Familiar y de lo mucho que a ella va a gustar. Ella me habla de la nueva literatura española, de la generación post-X, o post pop o post no sé cuánto, y me dice una de esas frases que ella pronuncia como naturalmente, como quien dijera se me prendió la lamparita, en cambio ella, N. dice:tuve un coletazo de inteligencia emocional.
También hablamos de algunas personas que ambas conocemos, bien de unas, mal de otras y de cuánto nos extrañamos y lo mucho que nos alegra vernos.
Yo me alegro de estar ahí con ella, de participarle mis paseos por las librerías de Corrientes, nuestra admiración por la "Doctora", de las anécdotas de mi hijoy de sus nietas , los éxitos de su hija y de las cosas que hace M, su marido.
Nos despedimos riendo, algo aliviadas de nuestras añoranzas y penas, que decimos y a la vez escondemos, para no ensombrecer la tarde.

2 comentarios:

Frabisa dijo...

Estos reencuentros con amigas a las que hace tiempo que no se ve pero que en cuanto una las tiene delante es como si no hubiesen pasado los meses, incluso los años, son totalmente entrañables.

Sé mucho de distancias y añoranzas, por eso este post tuyo me ha encantado.

Me inicié con Natalia G. leyendo las Pequeñas Virtudes y a partir de ahí me he ido leyendo cada tanto tiempo algo suyo. Soy una fan incondicional, fue una mujer mágica.

Gracias por visitarme y permitirme descubrirte.

un beso

Palabrascromáticas dijo...

te gradezco mucho el comentario. Atrás de Natalia andaba, por Inernet, y encontré tu blog. Me gustó mucho lo que allí encontré, así que volveré a visitarlo.