A la invita a salir. Le escribe a la madrugada, por las dudas, le aclara que está borracho.
Ella, con amabilidad fundada en el cariño, le responde que mejor hablen otro día.
Avergonzado posiblemente por una osadía sin mucho sentido, A se mantiene un tiempo en un prudente silencio.
(A tiene un par de gemelos que se comportan igual en la misma época, como si hubiera un fenómeno astrológico que los impulsa, a quienes podríamos llamar B).
Ella se queda haciéndose algunas preguntas. Por qué no, piensa, imaginando la salida con B. Sí después de todo, C no la desea, y no hay lugar en su mundo para ella.
D le comparte ideas, propuestas, reuniones, bromas, canciones. Formula ambiguas invitaciones que dejan picar la pelota en cancha de ella. Ella, dudando, necesitaría algo un poco más directo y necesitaría que venga de él.
Y ahí queda el partido, entre set y set. Tal vez, en verano. Tal vez nunca.
De E no supo más nada ni tampoco le interesa. Un hecho aislado, una tontería dirigida a C, un homenaje privado del que C no sabe nada, ni sabrá, y posiblemente ni siquiera podría imaginar (ni por el aspecto de D, ni por su edad, ni por su lugar de residencia, ni por aquello que nunca sabrá y que si supiera le resultaría humillante). Esas cuestiones que se resumen en: hacía calor, habíamos tomado mucho y C no contestó los mensajes.
Al vertiginoso ritmo de los desencuentros andamos por ahí, buscando la letra que no es en el momento inadecuado, como dijo el matemático poeta científico de las almas.
A puras agonías la vida nos recuerda que hay que aprovechar el día, y no renunciar antes de tiempo a aquello que nuestro palpitar reconoce.
Y sin embargo.
Se anhela lo que no.
Y no vemos lo que sí.
caprichos de palabras y colores para navegantes... "La palabra humana es como una caldera rota en la que tocamos melodías para que bailen los osos, cuando quisiéramos conmover a las estrellas". (G. Flaubert). Mis libros de narrativa publicados: la novela Último verano en Stalingrado (Grupo Editorial Sur, 2014); Alma rusa (Edulp, 2020, crónicas) y Yegua (Cuero, 2021, cuentos)
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jueves, 11 de octubre de 2018
Lo que no y lo que sí
miércoles, 3 de octubre de 2018
El micro gris y el Paraíso perdido
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| Gustav Doré, El paraíso perdido, 1873 |
Lo miro y me conmueve, pienso que es un laburante que vive de una jubilación y se ve forzado al padecimiento de trasladarse en el transporte público devaluado, lento, caro, inmundo.
Pero también es posible que sea un mal tipo, un ex torturador incluso. Su cara triste no debería engañarme.
No sabemos nada de los demás, apenas de los próximos, apenas de nosotros.
La chica de los auriculares negros va en su mundo. Concentrada en la música y la pantallita. Pero...tal vez, como yo, está escribiendo en un blog en su celular. O lee una novela y escucha música al mismo tiempo. O solo lleva los auriculares puestos por costumbre, o no le anda bien le teléfono.
O.
El día es gris.
Tolosa es gris.
Ringuelet es gris.
La Plata se ha puesto tan ajena, tan de ellos, tan de los invasores.
Mañana saldrá el sol.
miércoles, 26 de septiembre de 2018
Qué jazz es la noche
"La palabra jazz, en su conquista de la respetabilidad, en un principio designó al sexo, después a la danza, y, finalmente, a la música. Está asociada a un estado de excitación nerviosa no muy diferente del que reina en las las grandes ciudades situadas en la retaguardia del frente".
(F. Scott Fitzgerald, Ensayo sobre la era del jazz)
Como amigo era un mal amante, como amante era un mal amigo.
Y aun así, estaba esa cajita de resonancia donde hacían eco las palabras que en otros lados permanecían ajenas e incomprendidas.
Y unos besos adorables como comer frutas frescas en tardes de verano y sed.
Y ella ahí se encontraba.
Donde el oro es oro, aunque también pueda ser otras cosas.
Pero sin dejar de ser oro.
La morosidad del blues, sin embargo, donde a él se lo presentía tan cómodo, no era su modo de vivir la primavera, y ahí se desencontraba y ya no podía ser.
Y necesitaba irse a buscar un poco de rock en otras estaciones: como hojas de otoño, noches de invierno, veranos tropicales de sed de mar/amor.
El traje de héroe que ella le había puesto se había perdido en alguna esquina de por ahí.
Y él no tenía ninguna responsabilidad en eso, ella sabe.
(¿Cómo podría un hombre siquiera adivinar todos los disfraces que le había imaginado? Y si es que lo hacía, ¿cómo no iba a asustarse un hombre al sospechar esas imágenes?).
Y sin embargo estaban esas formas de decir el mundo de mar y de tierra, de estelares sueños, de animales fantásticos, en los que ella podía jugar a ser la niña que iluminó la noche, la puta de un burdel del fin del mundo que espera al Corto Maltés, la Margarita Gauthier que agoniza de amor o una Sarah Connor latinoamericana sin Hollywood, y sin piedad.
Se deshizo un hechizo en la noche del rayo, bajo el suave ensueño de las canciones viajeras.
Y ya no hubo amor, ni hubo odio, ni enojo, ni tristeza.
Quedó una sonrisa y un recuerdo leve y lleno de vida, como un colibrí.
Quedó una huella alegre y dulce en una parte de cuerpo que sabe.
Quedó el recuerdo del jazz.
Y aun así, estaban las palabras resonando como sí las conexiones del mundo no fueran ni pasado ni futuro, apenas ahora.
Que suave es la noche.
Que jazz es la noche.
lunes, 24 de septiembre de 2018
Bendita primavera
Junto al lago, las piedras eran más blancas, la tarde se prolongaba y se vestía de colores que nunca en la ciudad, al correr del río se adivinaba, alocado, por los murmullos que cada tanto llegaban.
Y vos.
Y yo.
Y todo el porvenir.
Podíamos amar, leer un libro detrás del otro sin interrupciones, no había celulares, las pausas eran para buscar leña, caminar por los senderos infinitos, escalar las cumbres, hacer amistades nuevas, preparar el fuego para la comida, hacerlo en la carpa hasta agotarnos, contar satélites fugaces y estrellas orbitantes, armar cigarros, tomar chocolate caliente en jarritos abollados, soñar revoluciones e hijos en futuros de todas las formas posibles.
Todo lo que creíamos olvidado regresa.
A veces como nostalgia, a veces como el llamado de una selva que aún nos habita.
A veces en las extrañas formas en que conectamos con otrxs, como si en nuestro adn hubiera alguna sustancia hecha de moléculas y poesía, de canciones, imágenes y potasio. Y sin que lo notemos, nuestro olfato descubre en una determinada piel el recuerdo atávico del bosque de arrayanes, el presentimiento de un volcán, la memoria de algo que nunca ocurrió pero podría haber ocurrido.
No lo llamamos amor porque esa palabra puede encubrir equívocos interminables y melodramas rusos.
A veces es el tono de una voz, el puro significante que hace deseo en nuestra epidermis.
Otras veces es solo la maldita primavera.
Pero no importa, con tal de que prevalezca un poco de paz, un poco de vida, un poco de esta bendita primavera..
miércoles, 19 de septiembre de 2018
Oh, plis, maidarling, no pierdas la magia
No pierdas la magia, seguí brillando, surcá los cielos infinitos y misteriosos, no caigas, no seas una ecuación descifrada, por favor. No pierdas la magia de las ecuaciones de varias incógnitas inexplicadas.
Rogué que terminara la parte del dolor. Fui una feminista de puras certezas de veinte años y una guerrillera de razón valiente y corazón domesticado.
Te soñé besándome como un poseso, dentro de un río, en una selva.
Desprecié la decidida insistencia del muchacho de los mensajes divertidos y sugerentes. Me distraje con el joven de las bromas inteligentes, pero después me aburrí y lo mandé al fondo de la agenda olvidada.Tal vez cedí un poco al perfumado romance del hombre que sabe casi todo, pero eso quién podría reprochármelo sabiendo lo que ahora sabemos.
Y pudiendo ser frívolos con eso, incluso.
Acepté mi propio juego y mis rodeos, te odié. Me reí de mí, me reí de vos.
Te dejé atrás.
Le conté a E, buscando así su comprensión y mi consuelo, me llenó de la belleza de su mundo, de la bondad de su corazón un poco ingenuo, me compartió acordes melancólicos y melodías para perderse en ellas y me dijo, a su manera: piu avanti, sos demasiado judía, demasiado bella para que te traten así, una tristeza tuya me lastima a mí, no te hace falta. Me lo dijo como si me acariciara en la terraza de su piso, me lo dijo como si me hiciera olvidar de todo un rato y yo le dije que sí, que le haría caso, y que total vos ya no.
Me fui al campo, escuché canciones de otros tiempos, lavé mis pies en la fuente, me purifiqué.
Te olvidé.
Me vi a misma partiendo como en un barco vikingo o una canoa de una tribu de la Amazonia.
Pero plis maidarling, no estés así apagándote.
No te vuelvas pasado, no despiertes en mi sonrisas tiernas y comprensivas, prefiero la rabia, prefiero las llamas, iunou, prefiero quemarme.
¿Dónde van a parar esos susurros?
Que no se extinga de tu mirar esa chispa que me enciende como si la Primavera y un fueguito.
Rogué tanto que ya no me.
Algún dios mal intencionado se dio por aludido.
Seamos amigos, pero no pierdas la magia. Plis.
Y miro nuevamente esa imagen que me excluye y me enfureció, esa donde te veo tan ajeno y tan feliz (sin mí) que me hizo daño y ya no...
Ya no te puedo odiar.
Ya no..
Ya no me podés.
martes, 18 de septiembre de 2018
De cada vez
Ella no sabe si se acuerda de cada vez. Debería hacer la prueba, intentar reconstruir esos itinerarios. Pero no se le da por ahí, al menos ahora. En cambio, se acuerda de la música. La suya y la de los otros. Él le descubre tantos mundos musicales que ella pasa por alto otros desencuentros.
Y mundos iki.
Como ceremonias del té en la cocina o el dormitorio. O el vino y el amor sobre la alfombra.
Iki way.
Y las flores.
Brian Eno, Blur, flores, tapices africanos, tambores, vientos americanos, guitarras de todos los países y asteroides.
Y la autopista.
Siempre la autopista.
Le dice cosas tan lindas que se desvanece la melancolía del domingo.
Todo es diáfano.
Siempre son jóvenes. Y hermosos, y es como si hubiera un sonido de mareas que suben y bajan que acompaña las tardes urbanas, y hace calor aunque sea invierno.
No hay traiciones ni simulacros.
Él le pregunta en qué anda, se cuentan. No hay celos ni recelos, hay paz, amistad, buenos recuerdos.
Hay una arquitectura de ascensos y descensos, escaleras antiguas y ascensores modernos.
Sus manos mágicas que exorcizan los fantasmas con las cuerdas y un tema de George Harrison en esa voz tranquilizadora, el sol que entra por la ventana gigante,
Recuerda.
Recuérdanos así.
domingo, 16 de septiembre de 2018
"¿Quizá yo un sueño amaba?"
Necesito aire.
Que alguien mueva el yunque que oprime el pecho. Es como si una ola y un tornado y un tsunami y un volcán.
Todo arrasado.
Como ese instante eterno en que, mirada fría, ambo prolijo con nombre bordado (Dr. Fulano) y lapicera que asoma, sobre con resultados en la mano, te dice las palabras nefastas.
El llamado en la madrugada que trastoca el universo.
Tus piernas que tiemblan, el corazón que se te salta literalmente del pecho, el grito que no tiene fin.
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| Nijinsky en La siesta de un fauno, Ph. A. Meyer, 1912 |
Vivo en un planeta que rinde culto a los fetiches.
Todo lo que sé cabe en la palma de la mano de un niño, y no sirve para nada cuando somos adultos.
Todo lo que sé es que es que duele mucho saber y solo consuela eros cuando cedemos al capricho.
Las referencias a los paraísos perdidos de Dante y Doré que son de mi planeta y mi lengua, casi no encuentran interlocutores (ahí recoge el guante D, tan solo ella). Una se queda tan sola a veces, y no es el silencio, es la extrañeza de andar como una extranjera, una judía errante incluso en mi tierra..
Debe ser por eso que ciertas palabras que decís me reconfortan. Me reconozco allí, somos de la misma tribu, un pueblo en extinción, habitantes de una gramática de la utopía que se esfuma como los países de sombras largas, como Dionisio en las orgías caníbales de alguna novela donde no sentimos en casa, porque nos pertenece.
Debe ser por eso que no quiero dejarte ir y a vece te persigo. No creo que lo entiendas, tal vez solo quiero que me hables, con tu cuerpo y tus palabras, incluso de cosas que no comprendo bien (sobre todo de esas, esas frases que decís enojado, iracundo incluso). Como cuando somos chicos y lo que queremos es dormirnos acunados en las voces que nos hablan en nuestra lengua amorosa. Haciendo mundo común.
Necesito aire, un abrazo que clausure el tiempo, una tregua, besos que sean como viajes.
Tanta muerte tanta trampa, tanto simulacro, solo nos queda el eco de la voz amada que llega y vuelve, la mirada chispeante del nene que se nos sienta al lado con las hojas en blanco, el marcador y la propuesta de un mundo nuevo.
Su manito en la nuestra, su abrazo dulce, sus ojos que se asombran ante cada palabra nueva.
La orquídea en la mesa, florecida.
Mi piel que se estremece ante ciertos recuerdos que consuelan. Necesito aire y dormir al sol. Y unos besos sin fanstamas ni reproches, un despertar de faunos.
Y esta lluvia y estas nubes que a vos te hubieran gustado tanto y a mi me llenan de melancolía.
Me acerco a la edad que tenía ella cuando se fue.
Y a la edad que tenía él cuando lo amaba.
Una siesta, un viaje, una pausa.
miércoles, 12 de septiembre de 2018
Abrazame rainau en esta negritud
En el principio fueron el oro, la plata, el algodón, el azúcar, el té, los esclavos.
La exploración de los niños y las mujeres llevada al extremo.
La naturalización de todo eso.
Hacer de la crueldad y de la humillación de los otres un sistema, con su ciencia y su conciencia, su justificación y su catecismo.
Ni el hijo de Dios pudo contra eso.
El amor al prójimo se dio por vencido ante Creso y su implacable religión totalitaria y desacralizada.
Después fue el capital acumulado en estado de fetiche. Ídolo y ritual en Wall Street.
Y la policía pegándole a los negros y las negras, bajándolos de los bondis de New York y de la calle Nueva York en Berisso.
La negritud no depende de ningún gen, sino de la mirada violenta del fascista de turno.
Después mataron a millones por el petróleo.
A las niñas palestinas, a las bellas mujeres iraníes del viejo Islam. Hicieron que muchos hijos e hijas de judíos tengamos vergüenza de que nos confundan con los que hacen de la crueldad de sus perseguidores un nuevo evangelio. Y persiguen.
Matan por el petróleo y envenenan los alimentos por más ganancias. Con todas sus potentes armas bacteriológicas agro químicas.
Ahora empieza (o empezó) la guerra del agua. Con sus nuevas oleadas de esclavos y esclavas y sus millones de cadáveres.
Ahora, right now.
(Abrazame rainau).
Y lo único que se me ocurre es la estúpida idea de que en el arte y en
el amor existe alguna vana esperanza de supervivencia.
El amor en todas sus formas y convites.
Pero hoy, con cierta urgencia, solo
sonrío frente a los niños y niñas pequeños, o cuando se me vienen (como dicen en el Norte argentino) algunos besos, algunas pieles, algunas voces que solo son posibles en esas intimidades donde somos animales caníbales a la vez que milagrosos y sedientos, tiernos seres hablantes.
domingo, 9 de septiembre de 2018
Cosas que podría decir el otro día
Había leído la novela de Carrére, pesada, triste, desoladora por momentos. Sobre todo porque me reconocía en el relato, a cada instante, en los detalles.martes, 4 de septiembre de 2018
Convites y pesares
Todo se hunde. A tu alrededor, muerte y destrucción.
Pero allí donde resiste el amor, y la esperanza, allí reside por momentos mi corazón.
Unas horas de sol en un pequeño planeta peronista, compañerxs.
Las voces amorosas de los amigos y las amigas que hacen surco y sostén.
Amor filial.
La piba que documenta lo de facto de los De facto para que no olvidemos quiénes, cómo, cuando y cuántas veces volvieron a rematarnos después de asesinarnos.
Y aún así.
Una buena conversación con mi hijo.
Una copa de vino.
La canción que cobija.
La huella dolor del placer, en alguna parte del cuerpo, nos convida. Con vida, vida. Como un antojo.
Y también.
Miradas masculinas que aventuran primaveras.
El chiste de M sobre los hombres que todavía hablan por teléfono, en países "atrasados" como el nuestro.
Me aferro a la loca idea de que los zombis sean derrotados.
Un lirio de abuela en el jardín que relata una compañera florece más tarde, pero florece.
Quemaron el jacarandá de Bellas Artes.
La sangre que brota fresca una y otra y otra vez de los cuerpos baleados. El pibito que muere por no resignarse a morir.
Nunca nunca nunca nunca nunca nunca nunca.
Será jamás perdonada.
Ni por todo el amor del mundo.
Nunca.
Nunca.


