martes, 20 de julio de 2010

Matrimonio igualitario (1)

Debe haber sido hace unos diez años. Lo recuerdo más o menos así: cenábamos con mi amiga M. en una sandwichería de la diagonal 79 y discutíamos acerca de la igualdad de derechos para personas del mismo sexo, aunque entonces ninguna lo llamaba de ese modo. El argumento de M. giraba en torno a la necesidad de legislar para que los gay pudieran tener a cargo a sus parejas en las obras sociales y otras cuestiones vinculadas. Ninguna discutía la justicia de ese derecho, pero yo le objetaba que una sociedad que ni siquiera garantizaba ese derecho para otros sectores hetero que eran mayoritarios (que se pudiera tener a cargo a los concubinos/as independientemente de si el/la titular de la pareja era mujer o varón y de si estaban casados legalmente)  no estaba preparada para discutir eso. Es decir, ella argumentaba desde la justicia de su posición (alguna vez hay que empezar) y yo, creo, desde la viabilidad política (no estamos listos). Por entonces hacía poco tiempo que, gracias a iniciativas como las que había impulsado su madre en algún momento, ciertas cajas profesionales y obras sociales (excepcionalmente) empezaban a aceptar que una esposa  pudiera poner a cargo a su esposo, pero no todavía en caso de concubinato.
Ha pasado mucho tiempo. Creo que ambas llevábamos algo de razón. Ese tipo de luchas lleva años, así que M. no se equivocaba en que había que empezar como yo tampoco en que no estábamos preparados.
Intercambiando mensajes de texto desde distintas latitudes, el jueves a la madrugada ambas seguimos con exitación la sesión del Senado y un final que nos ha deparado una inmensa sensación de justicia y libertad.

lunes, 5 de julio de 2010

El Tercer Reich, Roberto Bolaño

¿Qué se hace con un joven alemán, (de vacaciones con su novia en la costa española y obsesivo de los juegos de guerra); una hermosa alemana dueña del hotel Del Mar y su marido moribundo, un surfista germano y su chica, algo locos; un par de jóvenes buscavidas españoles y un misterioso hombre quemado (el Quemado) que vive y trabaja en la playa alquilándole patines en dudoso estado (algo como las bici-bote del lago del Bosque en La Plata) a los turistas?
Roberto Bolaño hace una novela. Como Roberto Cereaga dice en su blog, yo también tenía mis desconfianzas. ¿Una novela de Bolaño escrita en 1989 y publicada ahora? ¿Un mero intento de los herederos y/o editores de homenajearlo o ganar unos mangos?
Tentada por el título y fiel a mi pasión por este autor que jamás decepciona, la leí y me sorprendí al encontrarme con una novela distinta, que es Bolaño pero a la vez, es otro (¿más joven?, ¿menos "sofisticado"?) No lo sé. 
Construida como un diario de las vacaciones, el mundo de Udo Berger, su protagonista, el obsesivo campeón que pasa horas y horas participando en torneos, estudiando variantes, analizando y escribiendo artículos sobre juegos de mesa de guerra (wargames), se irá volviendo inquietante a medida que vamos conociendo a los demás personajes que veranean o trabajan en el Hotel Del Mar, donde él pasaba hermosas y añoradas vacaciones en la infancia, con sus padres y hermano, cuando ya germinaba en él cierta pasión por Frau Else, la dueña del Del Mar. 
El mundo de El Tercer Reich (Anagrama, 2010) empieza con un clima que podría recordarnos a un Baywatch en la Costa Brava (el joven y estructurado Udo y su bella novia Ingeborg pasan sus primeras vacaciones juntos en la costa española, donde pronto harán amistad con Charly y Hanna, compatriotas de ellos y con los lugareños El Lobo y El Cordero) e irá volviéndose inquietante y misterioso, con pequeñas señales que indican que algo terrible está por ocurrir, el equilibrado mundo de Udo puede derrumbarse y hay quien trama, en silencio y acechante, una venganza. No falta una desaparición y una muerte; noches de discotecas y borracheras desenfrenadas; un duelo de varios días a todo o nada con el Quemado (que por supuesto, no es español, y tardaremos en saber de dónde viene), en la playa y sobre el tablero de Tercer Reich, mientras un romance empieza a enfriarse y renace otro más bien clandestino y hecho de besos robados a una mujer casada. Y Berlín cae bajo la avanzada de los Aliados y ya no sabemos qué cosas ocurren en el juego y cuáles en la realidad.
Debo decir que el final conforma de las pocas páginas de Bolaño que me han cortado un poco el clímax e ignoro si de haberse publicado en vida del escritor, él no lo hubiera corregido. Tampoco estoy al tanto de por qué no la publicó él en su momento, pero vale la pena leerla.






miércoles, 23 de junio de 2010

Hace unos días fui a ver la nueva puesta de la coreógrafa Diana Rogovsky de su obra Sol I Lewitt en el Centro Cultural Malvinas. Aunque pese a los años que la curiosidad, la hermandad y la amistad me han convertido en público frecuente de danza contemporánea, sigue siendo para mí un lenguaje algo inaccesible. Es por eso quizá que esta obra me ha interesado más que otras, precisamente por su propuesta tan abstracta que permite a los espectadores legos dejarse llevar, como si miráramos un cuadro, por las imágenes, a las que desde ya, se integra la música.  No es ajeno a este efecto el título elegido que ya nos insinúa que se trata de una obra conceptual, si recordamos alguna obra de este artista aquí citado (una de cuyas obras incorporo en este post). Es así que sin relato, un espectador no advertido podrá encontrar esta obra algo fría, pero creo que es un efecto buscado, en el sentido de la pura forma abstracta.
Un elenco muy bien elegido (Analía Thiele, Carolina Herman y Julieta Scanferla, todas muy bellas) y una música que es protagonista (tanto la grabada, compuesta por Pablo Loudet, como el saxo que se toca en vivo Marcelo Mazzaglia) sin competir por eso con las bailarinas, hacen de esta puesta una obra bien equilibrada en la que se puede disfrutar dejándose  llevar por los pliegues y  dibujos que sobre un lienzo imaginario, cual perfomance, construyen en tríos, solos y dúos las tres bailarinas. El vestuario es todo un hallazgo y genera una contradicción positiva (que nos recuerda que es danza y no pintura con audio) entre la dureza de las líneas puras y la monocromía  y las blandas curvas que proponen los cuerpos femeninos en movimiento.

martes, 22 de junio de 2010

El baile de Natacha, de Orlando Figes

Esta extraordinaria historia cultural rusa llegó a mis manos regalada por A. El título de la obra, tal como puede leerse en la  contratapa de la edición de Edhasa (Buenos Aires, 2006, 828 pág.) proviene de una escena de Guerra y paz, de Tolstoi, en la que la condesa Natacha Rostov se siente súbitamente subyugada por el ritmo y la belleza de un baile popular ruso. Este encuentro entre el mundo de las clases superiores, afrancesadas y educadas en Europa occidental, y la cultura campesina rusa, precede al análisis de la famosa "alma rusa" (que mucho más adelante desmentirá, presa del escepticismo, Vasili Grossman, que escribió lo que para muchos es la Guerra y la Paz del siglo XX, Vida y destino, y terminó por afirmar que esa  alma rusa tan admirada por los "profetas", los artistas del siglo XIX -Dostoievski, Turguenev, Tolstoi, Gogol-, era un alma esclava). 
Figes, que es un historiador inglés muy galardonado, aborda esta gigantesca obra que analiza los distintos rasgos de esa cultura que va surgiendo de las tensiones entre oriente y occidente, entre los rusófilos y los europeizantes, desde la construcción de San Petesburgo por parte de Pedro el Grande al auge de la propaganda estalinista que retomó algunos de esos tópicos, apelando al alma rusa y al destino de los rusos en particular en la Segunda Guerra Mundial.
No sólo la literatura, sino también la música, la pintura y el cine (Mussorgsky, Stravisnky, Shostakovich, Eisenstein, Rachmaninov, Chaikovsky o Rimsky-Korsakov, o pintores como Kandinsky o Goncharova, entre otros), son la materia de esta obra completísima, que tanto transita en la intimidad de las alcobas del palacio Sheremetev, en las que el conde Nikolai Petrovich Shemeretev hizo su esposa a la sierva Praskovya (cuyo retrato, de Nikolai Argunov acompaña este post) que terminará por convertirse en una gran estrella de la ópera rusa como en el gran escándalo suscitado por el cuento "Los campesinos" de Chéjov, que vino a poner en duda el gran mito fundante del "buen campesino" ruso, al mostrarlo como un pobre embrutecido y endurecido por la pobreza.

Esta historia cultural, para el ojo occidental, muestra una Rusia que plantea un problema que es a la vez geográfico y cultural, puesto que se suele distinguir a la Rusia europea de la asiática. Tampoco suele comprenderse la enorme influencia de la religión ortodoxa, portadora de toda una iconografía e inconología imposible de entender en la tradición judeo-cristiana de Occidente sin cierta flexibilidad espiritual. La misma identidad nacional, como muestra Orlando Figes en este extraordinario estudio de rasgos eruditos y  enciclopédicos, ha sufrido extrañas influencias que van desde las tribus esteparias hasta la fascinación por la moda francesa, que fue la máscara de la aristocracia a partir del reinado de Pedro el Grande. Y esto es así porque Rusia es la suma, violenta en muchos casos, de muchas naciones. Es el resultado de luchas, genocidios, imposiciones e integraciones de larga y corta data en la historia. Y desde ya, del enorme desprecio que gran parte de la Europa "civilizada" de la Modernidad expresaba por esta tierra y estos pueblos desconocidos y temidos.
La tesis central de Figes parte de que, a pesar de las diversas vicisitudes por las que ha pasado Rusia, existe un alma que subyace en todos los acontecimientos y que resulta incorruptible, y que así se explica el sometimiento a los zares y también el triunfo de la utopía comunista. Porque en el pueblo ruso hay un espíritu comunitario que algunos han sabido aprovechar. 



De alemanes a nazis, de Peter Fritzsche

Por recomendación de mi amigo Caito, empecé a leer De alemanes a nazis (Siglo XXI, Buenos Aires, 2009), del historiador estadounidense Peter Fritzsche. 




Al contrario de la mayoría de los ensayos históricos que he leído al respecto (con notables excepciones provenientes del campo de la literatura, como S. Zweig) el autor comienza su análisis en los Días de Agosto, el verano en el que se declaró la Primera Guerra tras el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa, Sofía Chotek en Sarajevo. Es precisamente en esos días de 1914, seguidos por el terrible Invierno de los Nabos (1917-1918) en los que comenzaron a construirse los nuevos sujetos políticos, tanto en la derecha como en la izquierda alemana, que terminarán con la monarquía Hohenzollern en apenas cuatro años; ocasionarán el surgimiento de la república de Weimar, tras una de las revoluciones más pacíficas de la historia europea y, unos años después, impondrán el triunfo del nazismo y la conformación del Tercer Reich.



Lejos de las versiones que sitúan al pueblo (Volk) alemán como un sujeto homogéneo y pasivo frente al poder nazi, Frizsche analiza las diversas causas que contribuyeron a otorgarle al nacional socialismo un alto grado de apoyo y legitimación entre los alemanes. Según este autor, no fue solo a causa del resentimiento por la humillante derrota y las condiciones impuestas por el Tratado de Versalles, ni por el fracaso de los partidos de izquierda y la república de Weimar, la inflación galopante o el temor al "enemigo" bolchevique lo que llevó a que amplios sectores de las clases trabajadores y medias apoyaran al nazismo. Sino que fue más bien la esperanza y el optimismo en la construcción de una Nación poderosa y unida, con posibilidades de participación política, promesas que se habían engendrado en aquel verano de las movilizaciones de agosto y las nuevas formas de organización social que surgieron para paliar los desastres de la guerra, tanto en los sindicatos como en las organizaciones de ayuda social, de mujeres, de las iglesias, entre otras. La popularidad de los nazis encuentra su origen en la exaltación nacionalista, el surgimiento de nuevas lealtades políticas y la democratización de 1914, de una Alemania que hasta entonces había sido fuertemente monárquica y con una dramática división de clases y ausencia de derechos sociales, políticos y económicos para la mayoría de la población. El autor considera además los factores ideológicos y de movilización sociopolítica desatado por el fervor patriótico de julio y agosto de aquel año, que subvirtió las bases tradicionales de la cultura política alemana y que progresivamente cristalizó en una conciencia comunitaria que tuvo como vector no al Estado ni a la Monarquía sino a la Nación.
Por otra parte, Fritzsche recupera la revisión que la historiografía ha realizado a fines del siglo XX de la idea de una Alemania monolítica, unánimemente comprometida con la causa bélica y la cuestiona con fundamentos que nos permiten tener en cuenta las multitudinarias manifestaciones contra la guerra que por entonces tuvieron lugar (impulsadas por movimientos de mujeres y por sectores socialistas fundamentalmente), además de otras expresiones de escepticismo y de preocupación frente al conflicto.



 Es así que "el atractivo del nazismo residía principalmente en su promesa de consolidar la unidad nacional y proveer a las demandas y aspiraciones populares largamente frustradas, rompiendo en el ínterin con los parámetros de todos los demás sectores políticos –conservadores, liberales, socialistas-. Constituía, pues, un fenómeno revolucionario, ideológicamente innovador (tremendamente favorecido además por su cercanía con el pueblo y su vigoroso activismo). Fue con el rupturismo ideológico del nacionalsocialismo que muchos alemanes simpatizaron y acabaron por comprometerse. Pero se trataba de un proyecto radical, nada de conciliador sino excluyente y violento; un proyecto inspirado en el odio y que alentaba el odio, que amenazaba a diversos sectores de la sociedad alemana y que al cabo, no de modo accidental, desembocó en guerra y genocidio. La revolución nazi supuso una movilización progresivamente radicalizada cuyos términos contaron con el acuerdo y la complicidad de muchos alemanes."(verhttp://www.hislibris.com/de-alemanes-a-nazis-peter-fritzsche/)


Peter Fritzsche, De alemanes a nazis. Siglo XXI, 2ª edición, 2009. 264 pp. Fritzsche es una de las voces contemporáneas más autorizadas en la temática del nazismo, es profesor especializado en historia moderna europea y alemana y doctor por la Universidad de California, Berkeley. Su libro más reciente es Stranded in the Present: Modern Time and the Melancholy of History (2004). Entre sus otras publicaciones figuran: Rehearsals for Fascism: Populism and Political Mobilization in Weimar Germany (1990); A Nation of Fliers: German Aviation and the Popular Imagination (1992); Reading Berlin 1900 (1996). Junto a Charles C. Stewart, ha editado Imagining the Twentieth Century (1997).

domingo, 13 de junio de 2010

No quiero que me maten suavemente

Uno
Nadie que tenga, digamos, más de 50 años puede en la Argentina tener un legajo super limpio en cuanto a su pasado, si se lo mide con una vara ética muy exigente.
Habiendo atravesado varios regímenes de terror, sería muy necio esperar que todos se hayan portado como héroes y heroínas. En general, en los sistemas totalitarios y represivos, el miedo condiciona todos los comportamientos, la pérdida de la libertad es también de la libertad de actuar, muchas veces, conforme a la conciencia y por cada valiente, hay cientos de cobardes, miedosos, asustados, como somos la mayoría, bien dispuestos a sobrevivir, cuidar la prole, zafar. No es condenable. La vida nos gusta a casi todos y conservarla es condición para vivirla, en general.
Es por eso que se honra a los héroes, porque constituyen ejemplos y paradigmas de las virtudes que no todos poseemos, pero en general, admiramos. Modelos.
De allí a meter en la misma bolsa que a la mayoría de los ciudadanos a los cómplices de delitos por acción, hay la distancia enorme de otra imponente operación cultural con la cual la derecha (civil) limpia la sangre de sus manos.
Dos
El otro día escuché al rabino Goldman hacer un muy buen chiste acerca de la condición de judío (eso que nadie sabe bien qué quiere decir pero el humor define mejor que cualquier análisis.) Contaba que él asistía a conferencias  de distinto tipo. Si eran de estudiantes, al final de su exposición, había preguntas. Si eran de psicoanalistas, al final había discursos. Si eran de la cole, al final se armaba una gran discusión.
El gusto de conversar y discutir debe ser mi herencia de la mitad judía que tengo. Cuanto mejores argumentos me ofrezcan mi o mis interlocutor/es, más me apasiono en la disputación y sus estrategias (ver Shopenhauer) , generalmente inconscientes y viscerales.
Tres
A veces en la vida hay que tomar decisiones dolorosas y dejar atrás personas a las que alguna vez nos unió el afecto, la amistad, el haber compartido historias de cama o de amor, o ambas.
En la mayoría de los casos las cosas decantan por sí mismas, el tiempo termina por ordenar semejanzas, cercanías y distancias, pero en otras ocasiones hay que actuar y poner fin.
Mi límite es  cuando se traspasan la ética democrática y el respeto por los derechos humanos.
Quienes se ubican fuera de ese límite pueden estar hechos de distinta madera.
Están los hijos de puta que lo hacen por convicción y de esos no hay nadie entre mis amigos ni afectos.
Y están los que se prueban el cómodo disfraz de fingirse ingenuos, que a cierta altura de la vida y la experiencia, es un pecado o un insulto a nuestra amistad, inteligencia y buen gusto.
Y esto es trágicamente así, aun para los que tenemos menos de cincuenta o de cuarenta.
Hay algo que se llama responsabilidad social colectiva. y de eso no zafa nadie, ni siquiera fingiéndose ingenuo, algo sólo tolerable en gente muuuuuy joven. Porque, cito a Einsten: "El mundo es demasiado peligroso para vivir, no por las personas que hacen el mal, sino por la gente que se sienta y deja que suceda". 
Cuatro
Seguir discusiones fuera de esos límites es como ir matándonos lentamente. Si hablamos de Mapplethorpe, hablemos de eso.

lunes, 24 de mayo de 2010

Tú llevas mi nombre, los hijos de los nazis y otros yuyos

No se trata de ninguna obra maestra pero sin embargo, este pequeño ensayo del periodista alemán Stephan Lebert (Planeta, 2005) acerca del legado que han soportado los hijos de los jerarcas y criminales nazis por el solo hecho de portar sus apellidos, reviste mucho interés en el contexto de las actuales discusiones políticas en la sociedad argentina que quizá, por primera vez, se atreve a hacer frente a las responsabilidades y complicidades civiles durante el terrorismo de Estado del 76 al 83 y algunas de las consecuencias que llegan hasta nuestro días. 
Lebert retoma, cuarenta años después, una serie de reportajes que había realizado su propio padre (quien había sido parte de las juventudes hitlerianas en los años 40, con sus jóvenes 15 años) al finalizar la guerra a los hijos de algunos de los prinicpales jerarcas nazis juzgados en Nüremberg (Ema Göering,  Karl Otto Saur, Martin Bormann hijo, Gudrun Himmler, Wolf-Rudiger Hess, entre otros). Pese a las diferentes posturas de estos hijos (están los que se oponen a hablar, los que participan de movimientos neo nazis y reivindican a sus padres, los que reniegan de estos y han dedicado su vida a militar contra el renacer de cualquier nazismo)  lo que constituye el mayor interés en este trabajo es la reflexión acerca de la responsabilidad colectiva de la sociedad alemana, por acción u omisión, en los 12 años de plenitud del Tercer Reich; su rechazo a examinar el pasado y la compleja trama de responsabilidades más allá de los jerarcas, la casi total ausencia de autocrítica y reflexión, más allá de algunos movimientos estudiantiles o iniciativas minoritarias, así como la protección y reincorporación a la vida civil y empresaria de muchos de los funcionarios nazis.
Lebert recurre, además de los reportajes y un auto-examen tratando de ponerse en lugar de su padre y de los de su generación, a diversos estudios psicológicos efectuados por descendientes de sobrevivientes de los campos de concentración y de nazis. Por medio de ellos, aborda la idea de una cierta e implícita conspiración por el silencio, por negarse a hablar del pasado, un principio colectivo de disimulo fundado en el pretexto de seguir adelante sin mirar atrás, luego de los primeros años al finalizar la guerra, en los que muchos alemanes fueron perseguidos e incriminados por su colaboración con el régimen nazi y se dieron los procesos de desnazificación.
En la Argentina de hoy todavía escuchamos a muchos sectores y personas que con "buenas intenciones" se resisten a juzgar el pasado en nombre de "mirar para adelante", como si los militares argentinos responsables del golpe o los jerarcas nazis fueran monstruos surgidos de algún otro planeta y no emergentes de una sociedad que los hizo posibles, de un proyecto político-económico  que los necesitó en su momento y que aún hoy está vigente (y reacciona con brutalidad toda vez que un gobierno ataca sus intereses) aunque ya no necesite de recurrir a estos. Una sociedad que necesita reflexionar colectivamente, juzgar mediante instituciones legítimas a todos los responsables de esos crímenes, ya sean civiles o militares, y terminar con los privilegios y legados de ese régimen, único modo de prevenir futuros tan sangrientos como los que hemos atravesado y de reparar a las víctimas.


Stephan Lebert estudió periodismo y más tarde pasó a director editorial de Tages-Spiegel. Ha sido galardonado con el Egon Erwin Kich Prize.

Todo fluye, de Vasili Grossman

"...no ha visto con claridad nuestro pájaro-troika. La historia de los hombres no está en la carrera de la troika sino en el caos, en el eterno paso de una forma de violencia a otra" le dice a Iván Grigórievich, protagonista de esta novela, su compañero en el campo de trabajo, en el barracón del Gulag. El más bien piensa, aún con cierta dosis de esperanza al observar lo dura que ha sido su vida después de 30 años de reclusión y trabajos forzados, que "todo lo que es inhumano es absurdo e inútil".
La novela Todo fluye, de Vasili Grossman (1905-1964) quizá no pueda ser comprendida en su totalidad sin haber leído antes Vida y destino. Toda la inmensa tragedia que representó para la humanidad el totalitarismo, el nazi y el soviético, que terminó devorando no sólo a sus propios hijos sino también a sus propios padres, es presentada aquí en la intimidad y el pensamiento de este hombre que ha perdido su vida y su mundo en los confines de Siberia.
La novela comienza en los años 50 después de la muerte de Stalin cuando, tras esos 30 años de prisión, el protagonista regresa a las ciudades en las que vivió en su juventud, como enamorado y estudiante, (Moscú y Leningrado) que parecen iguales y a la vez, tan ajenas a sus recuerdos. En esas calles, como si vieran a un fantasma que ha vuelto a la vida, cada persona de su pasado con la que se topa volverá a rechazarlo. En él ven, como un reproche andante que sin embargo él jamás formula, el precio que han pagado por su confort y su comodidad actual. Es como un testigo vivo y molesto de la sangre derramada en cada purga, las delaciones absurdas e infundadas, traiciones, indiferencia y cobardía sobre la que han fundado su vida, su paz y su tranquilidad. Tratarán de sacárselo de encima para no enfrentar a sus propias conciencias que les reclaman sus acciones del pasado (los cadáveres de los niños campesino muertos de hambre en los kulak, en los trenes de deportados, en las calles de las ciudades), los amigos y parientes a los que dieron vuelta la cara (científicos, obreros, estudiantes, héroes rojos de la guerra civil y de la guerra contra los nazis), las solicitadas que firmaron sin convicción, la ceguera con la que se convirtieron en cómplices de tanto dolor.
La presencia de Iván los llevará a redoblar su propia tragedia, mantener la negación y el silencio, esquivar la verdad y la justicia para no perder una paz que descansa en cementerios repletos de NN condenados una vez más por el silencio.
La lectura de esta novela deja sin duda un sabor muy amargo y una visión desesperanzada acerca de lo que hay de humano e inhumano en las sociedades contemporáneas, pero aún así rescata la fortaleza de lo que él llama el "alma humana" en medio de los sistemas dominados por el terrorismo de Estado. Como periodista que ha sido, Grossman la aborda mediante un análisis crudo y no apto para fanáticos acerca de cómo se aprovechó el estado creado por Lenin y Stalin de la milenaria tradición rusa encarnada por los zares, de esclavizar a la gran masa campesina y someter a las otras naciones (ucranianos, chechenos, lituanos, polacos, judíos, tártaros), la máquina policial y burocrática que sobre la base de los ideales revolucionarios construyeron para oprimir cualquier intento de libertad (una libertad que no remite a las definiciones del liberalismo occidental y que hay que comprender en la tradición de los escritores y profetas rusos del siglo XVIII y XIX). La libertad no es en términos de libre comercio ni de capital, sino una pasión humana primordial como el amor. "A Iván Grigórievich no le sorprendía que la palabra 'libertad' estuviese en sus labios cuando, de estudiante, fue a parar a Siberia, que la palabra viviese en él y que ahora tampoco hubiese desaparecido de su cabeza".
Como varias de sus novelas y ensayos, su publicación fue prohibida por el régimen soviético de Jrushov y le costó, como al personaje, la condena al ostracismo. 




miércoles, 12 de mayo de 2010

Un poco de oxígeno para el Sur


Curioso. Hoy mientras presenciaba una sesión en la Cámara de Diputados que no recibió prácticamente cobertura mediática (quizá porque los proyectos que se trataron del diputado Recalde del FPV fueron aprobados casi por unanimidad, con la excepción de legisladores liberales del PRO y quizá algún otro) recibía correos de A., desde Barcelona, en los que me contaba de la angustia de los españoles ante las medidas de ajuste del Gobierno, baja de salarios y jubilaciones (las crisis de la fiesta financiera siempre la pagan los trabajadores). Ayer P. me llamó desde Francia y me contaba cómo había que ocultar, cuando uno gestiona allá un crédito para una vivienda, que tiene alguna enfermedad porque de saberlo los bancos no te lo dan.
Hace apenas unos años, cuando hablaba con P. a Francia le decía: no podés imaginarte lo que está pasando acá. Ajuste, despidos, bajan los sueldos, recortan las jubilaciones, reprimen y matan a los que reclaman. Más de la mitad de los argentinos somos pobres.
En el recinto la mayoría de los diputados de todos los bloques aprobaba dos modificaciones en los regímenes laborales revirtiendo algunas de las cláusulas más leoninas que se incorporaron durante los 90. Y pensé que aunque no nos queramos dar cuenta, nos guste mucho quejarnos y ver siempre el lado oscuro, la mayoría de los medios tiren toneladas de mierda sobre cualquier expectativa auspiciosa para nuestro futuro como Nación, es realmente una gran oportunidad poder vivir una época en la que se invierten en este bendito país algunas de las más generalizadas y crueles injusticias que el capital ha impuesto.
Mientras Europa una vez más es recorrida por el fantasma del capitalismo salvaje, nosotros intentamos revertir algunas de sus consecuencias. Un poco de oxígeno para el Sur.

martes, 11 de mayo de 2010

DE DICTADURAS Y “DICTADURAS” (PEQUEÑO AYUDA MEMORIA)

Que se mencione tan a la ligera en un país como el nuestro, por parte de sectores a los que no les gusta este Gobierno, que se trata de una dictadura no sólo es falso e irresponsable, es una falta de respeto a la dignidad del pueblo argentino, y en particular, a la memoria de tod@s las víctimas de las dictaduras y a sus familias. El solo hecho de que puedan expresarlo en medios de comunicación masivos demuestra que felizmente vivimos en un país con estado de derecho, sin censura y con un gobierno que respeta como ninguno lo ha hecho la libertad de expresión. Aunque parezca una obviedad tener que recordar esto, valga esta pequeña ayuda memoria que quizá permita, como dijo días pasados Eduardo Aliverti, ser más respetuosos con las palabras.

«...la persona que me interrogaba perdió la paciencia, se enojó diciéndome: «Vos no sos un guerrillero, no estás en la violencia, pero vos no te diste cuenta que al irte a vivir allí (en la villa) con tu cultura, unís a la gente, unís a los pobres y unir a los pobres es subversión. Alrededor de los días 17 ó 18 volvió el otro hombre que me había tratado respetuosamente en el interrogatorio y me dijo: «...usted es un cura idealista, un místico, diría yo, un cura piola, solamente tiene un error que es haber interpretado demasiado materialmente la doctrina de Cristo. Cristo habla de los pobres, pero cuando habla de los pobres habla de los pobres de espíritu y usted hizo una interpretación materialista de eso , y se ha ido a vivir con los pobres materialmente .En la Argentina, los pobres de espíritu son los ricos y usted, en adelante, deberá dedicarse a ayudar más a los ricos que son los que realmente están necesitados espiritualmente». (Testimonio del sacerdote Orlando Virgilio Yorio, Legajo N° 6328, Nunca más).

A lo largo de todo el siglo XX hubo dictaduras en América Latina (ejecutadas por las Fuerzas Armadas con el apoyo e impulso de los sectores civiles dominantes) que básicamente compartieron el objetivo de conservar los aspectos centrales de un orden social que garantizaba, para los sectores poderosos, sus beneficios económicos. Con las conocidas consecuencias: pobreza, desempleo, analfabetismo, desnutrición, bajos niveles de salud, mortalidadinfantil y hambre. Todo ello sin que ninguna de las institucciones de la democracia pudiera ejercer control, ni el Legislativo ni el Judicial (este último con algunas honrosas excepciones).
Todas tuvieron en común, además, la censura, la represión y la violación de los derechos humanos. Estos grupos económicos y sus cómplices militares impulsaron no sólo la transformación económica mencionada, sino que lo hicieron ejerciendo la violencia armada sobre toda la población. Un ejemplo de los más dramáticos de esta complicidad, que permitió el control de los medios de comunicación más grandes y por lo tanto, de la información, fue la compra en nuestro país, por parte de Clarín, la Razón y La Nación, de Papel Prensa mientras estaban secuestrados sus legítimos dueños, la familia Graivier. De eso modo se consolidó un gran negocio que continua hasta la actualidad y que anuló el derecho a la libertad de expresión y de información a tod@s los ciudadanos.1
En la Argentina, además, implicó, como consecuencia del terrorismo de Estado de la última dictadura, la detención y desaparición de 30.000 ciudadanos y el robo de sus hijos, entregados a los apropiadores. De ellos, más de 400, sólo se han recuperado 101. Cientos de ellos eran escritores y periodistas que pagaron con su vida la defensa de la libertad de expresión.
Estas acciones de represión sobre civiles ya habían tenido diversos antecedentes en dictaduras anteriores (e incluso, en gobiernos supuestamente democráticos), recordemos algunas, como la política de “pacificación del país” de Mitre y sus coroneles, que dejó como saldo además del exterminio del pueblo paraguayo, unos 4.728 muertos en las montoneras (el país tenía entonces menos de dos millones de habitantes)2; las represiones a los obreros en la Patagonia y durante la Década Infame; los bombardeos del 55 sobre Plaza de Mayo o los asesinatos de José León Suárez denunciados por el periodista Rodolfo Walsh en Operación Masacre; la Triple A.
Eso, por no mencionar los cerca de 650 combatientes muertos en Malvinas en el 82. Una guerra que un gobierno democrático probablemente jamás hubiera impulsado y, que en caso de querer declarar la guerra, debe, de acuerdo a la Constitución Nacional, ser autorizado por el Congreso (Art. 75, Inc. 26), es decir, por los representantes del pueblo.

COMUNICADO Nº 19, 24 de marzo de 1976

Respecto a los medios, el mismo día 24 de marzo de 1976 la Junta de Comandantes en Jefe en su comunicado N° 19 hizo saber que sería «reprimido con reclusión de hasta 10 años el que por cualquier medio difundiere, divulgara o propagara noticias, comunicados o imágenes con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar la actividad de las fuerzas armadas, de seguridad o policiales».
Como consecuencia se intervino militarmente a la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa; se expulsó a corresponsales de agencias extranjeras y se requisó haciendo incinerar numerosos libros de bibliotecas privadas y públicas, además de la ocnfección de listas negras de libros, autores y textos escolares.Como hemos dicho, un gran número de periodistas sufrió la prisión, la desaparición o la muerte.

Calumnias e injurias

Además de la sanción en 2009 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, frenada en este momento por unos jueces cuya legitimidad y ecuanimidad está siendo seriamente cuestionada, en noviembre del años pasado el Gobierno acusado de autoritario promovió el proyecto (finalmente aprobado por el Congreso) para despenalizar las calumnias e injurias, con lo que satisfizo un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) contra el Estado argentino. La Corte falló respecto del caso del periodista Eduardo Kimel, condenado en 1991 (gobierno de Carlos Menem) a un año de prisión y a pagar una indemnización por criticar la actuación de un juez en un libro sobre la llamada Masacre de San Patricio, una investigación del asesinato de tres sacerdotes y dos seminaristas palotinos, ocurrido en julio de 1976 en una iglesia del barrio porteño de Belgrano. Esta inciativa, largamente reclamada por quienes defienden la libertad de expresión y los trabajadores de prensa fue destacada por el Comité para la Protección de los Periodistas, entidad internacional con sede en Nueva York.

Cintia Rogovsky, 4 de mayo del 2010.

ALGUNOS DE LOS PERIODISTAS SECUESTRADOS Y DESPARECIDOS POR EL TERRORISMO DE ESTADO, VER EN DISTINTAS FUENTES:
http://www.desaparecidos.org/arg/victimas/escri.html ; http://www.auno.org.ar/leer.php/343;http://www.nodo50.org/exilioargentino/1999_2002/hasta_diciembre2001/nuncamas/372.html

1. Ver más: http://www.elargentino.com/nota-59632-Clarin-compro-Papel-Prensa-con-la-familia-Graiver
2. Cfr. Duhalde, Eduardo Luis, Contra Mitre. Los intelectuales y el poder: de Caseros al 80, Punto Crítico, Buenos Aires, 2005.