Último verano en Stalingrado, novela

martes, 22 de junio de 2010

El baile de Natacha, de Orlando Figes

Esta extraordinaria historia cultural rusa llegó a mis manos regalada por A. El título de la obra, tal como puede leerse en la  contratapa de la edición de Edhasa (Buenos Aires, 2006, 828 pág.) proviene de una escena de Guerra y paz, de Tolstoi, en la que la condesa Natacha Rostov se siente súbitamente subyugada por el ritmo y la belleza de un baile popular ruso. Este encuentro entre el mundo de las clases superiores, afrancesadas y educadas en Europa occidental, y la cultura campesina rusa, precede al análisis de la famosa "alma rusa" (que mucho más adelante desmentirá, presa del escepticismo, Vasili Grossman, que escribió lo que para muchos es la Guerra y la Paz del siglo XX, Vida y destino, y terminó por afirmar que esa  alma rusa tan admirada por los "profetas", los artistas del siglo XIX -Dostoievski, Turguenev, Tolstoi, Gogol-, era un alma esclava). 
Figes, que es un historiador inglés muy galardonado, aborda esta gigantesca obra que analiza los distintos rasgos de esa cultura que va surgiendo de las tensiones entre oriente y occidente, entre los rusófilos y los europeizantes, desde la construcción de San Petesburgo por parte de Pedro el Grande al auge de la propaganda estalinista que retomó algunos de esos tópicos, apelando al alma rusa y al destino de los rusos en particular en la Segunda Guerra Mundial.
No sólo la literatura, sino también la música, la pintura y el cine (Mussorgsky, Stravisnky, Shostakovich, Eisenstein, Rachmaninov, Chaikovsky o Rimsky-Korsakov, o pintores como Kandinsky o Goncharova, entre otros), son la materia de esta obra completísima, que tanto transita en la intimidad de las alcobas del palacio Sheremetev, en las que el conde Nikolai Petrovich Shemeretev hizo su esposa a la sierva Praskovya (cuyo retrato, de Nikolai Argunov acompaña este post) que terminará por convertirse en una gran estrella de la ópera rusa como en el gran escándalo suscitado por el cuento "Los campesinos" de Chéjov, que vino a poner en duda el gran mito fundante del "buen campesino" ruso, al mostrarlo como un pobre embrutecido y endurecido por la pobreza.

Esta historia cultural, para el ojo occidental, muestra una Rusia que plantea un problema que es a la vez geográfico y cultural, puesto que se suele distinguir a la Rusia europea de la asiática. Tampoco suele comprenderse la enorme influencia de la religión ortodoxa, portadora de toda una iconografía e inconología imposible de entender en la tradición judeo-cristiana de Occidente sin cierta flexibilidad espiritual. La misma identidad nacional, como muestra Orlando Figes en este extraordinario estudio de rasgos eruditos y  enciclopédicos, ha sufrido extrañas influencias que van desde las tribus esteparias hasta la fascinación por la moda francesa, que fue la máscara de la aristocracia a partir del reinado de Pedro el Grande. Y esto es así porque Rusia es la suma, violenta en muchos casos, de muchas naciones. Es el resultado de luchas, genocidios, imposiciones e integraciones de larga y corta data en la historia. Y desde ya, del enorme desprecio que gran parte de la Europa "civilizada" de la Modernidad expresaba por esta tierra y estos pueblos desconocidos y temidos.
La tesis central de Figes parte de que, a pesar de las diversas vicisitudes por las que ha pasado Rusia, existe un alma que subyace en todos los acontecimientos y que resulta incorruptible, y que así se explica el sometimiento a los zares y también el triunfo de la utopía comunista. Porque en el pueblo ruso hay un espíritu comunitario que algunos han sabido aprovechar. 



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Otro libro muy bueno del mismo autor es "Los que susurran", que trata de la época del estalinismo. te lo recomiendo.

Palabrascromáticas dijo...

ahora, precisamente, lo estoy leyendo. Es extraordinario, aunque muy duro.