Último verano en Stalingrado, novela

martes, 16 de febrero de 2010

José Pablo Feinmann y el mayor Yershov


Ley 25456 - TRANSITO Y SEGURIDAD VIAL
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En una entrevista publicada el 4/2/10 en el diario El Argentino, José Pablo Feinmann sostiene “En un montón de cosas apoyo del gobierno. Primero lo apoyo porque lo veo muy condicionado. Apoyo porque veo lo que hay del otro lado. Apoyo que los Kirchner tengan una buena relación con Evo, una buena relación con Chávez. Tengo muchas objeciones contra Chávez pero está bien que tengan una buena relación con él.”
Es casi una imprudencia citar así, fuera de contexto, al único pensador y filósofo argentino que conozco que es capaz de traducirnos algunos de los tópicos más complejos de la filosofía y la historia política de occidente a los legos, provocándonos no sólo a la comprensión de cuestiones muy difíciles, sino también el goce y la alegría con que podemos sobrellevar sus análisis más trágicos. Y están sus novelas. Y sus guiones. Y sus críticas de cine, su pasión por el cine clásico que comparto en gran medida. He llegado a comprar Página 12 todos los domingos sólo porque allí publica su historia del peronismo, que es tan necesaria que debería ser lectura obligatoria en la secundaria (no faltará quien considere esto autoritario). Es decir, considero a Feinmann no sólo un muy buen escritor, sino un esforzado trabajador de la palabra y el pensamiento, un laburante que más de una vez, nada contra la corriente con coraje y gallardía (no encuentro una palabra más justa). Es obvio que no necesita defensa alguna de nadie, pero soy una lectora agradecida.
Y es así que esta reflexión de Feinmann, quién sabe por qué clase de asociaciones que va construyendo nuestra psiquis, me trajo a la memoria un párrafo de uno de los libros fundamentales del siglo XX, Vida y destino, de Vasili Grossman. El personaje que piensa esto es muy crítico del estalinismo. Su familia, campesinos kulaks, ha sido exterminada en las purgas de 1937. Ha estado a punto de caer preso en un campo de trabajo soviético y sólo zafó porque era necesario, por sus conocimientos militares y su valentía, para ir al frente. Es decir, tiene bastantes cuentas pendientes con el régimen y nadie puede acusarlo de sumiso o fanático del poder, aunque comparte los principios doctrinarios del comunismo. Ahora, prisionero en un campo nazi, decide organizar una insurrección, destinada al fracaso, para no morir sin seguir su lucha contra el fascismo. Es así que el mayor Yershov se rebela contra los llamamientos de Vlásov (que capta en los campos a los prisioneros políticos disconformes con Stalin y los recluta para luchar del lado alemán) y reflexiona: “Sentía, le resultaba totalmente claro, que al luchar contra los alemanes, luchaba por una vida libre en Rusia, la victoria sobre Hitler se convertiría en la victoria sobre los campos de la muerte donde su padre, su madre y sus hermanas habían perecido.”
Es decir, que la defensa de la patria, la real y la deseada, (hecha de hombres y mujeres viviendo en libertad y con justicia social) de aquello que la acecha y la cerca para destruirla, "lo que hay del otro lado," ubica, tanto a José Pablo Feinmann como a Yershov, del lado de la justicia, aun cuando de ese lado haya tanta injusticia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Interesante paralelismo. Me falta leer el libro q citás. Bso
Ari