Último verano en Stalingrado, novela

domingo, 13 de junio de 2010

No quiero que me maten suavemente

Uno
Nadie que tenga, digamos, más de 50 años puede en la Argentina tener un legajo super limpio en cuanto a su pasado, si se lo mide con una vara ética muy exigente.
Habiendo atravesado varios regímenes de terror, sería muy necio esperar que todos se hayan portado como héroes y heroínas. En general, en los sistemas totalitarios y represivos, el miedo condiciona todos los comportamientos, la pérdida de la libertad es también de la libertad de actuar, muchas veces, conforme a la conciencia y por cada valiente, hay cientos de cobardes, miedosos, asustados, como somos la mayoría, bien dispuestos a sobrevivir, cuidar la prole, zafar. No es condenable. La vida nos gusta a casi todos y conservarla es condición para vivirla, en general.
Es por eso que se honra a los héroes, porque constituyen ejemplos y paradigmas de las virtudes que no todos poseemos, pero en general, admiramos. Modelos.
De allí a meter en la misma bolsa que a la mayoría de los ciudadanos a los cómplices de delitos por acción, hay la distancia enorme de otra imponente operación cultural con la cual la derecha (civil) limpia la sangre de sus manos.
Dos
El otro día escuché al rabino Goldman hacer un muy buen chiste acerca de la condición de judío (eso que nadie sabe bien qué quiere decir pero el humor define mejor que cualquier análisis.) Contaba que él asistía a conferencias  de distinto tipo. Si eran de estudiantes, al final de su exposición, había preguntas. Si eran de psicoanalistas, al final había discursos. Si eran de la cole, al final se armaba una gran discusión.
El gusto de conversar y discutir debe ser mi herencia de la mitad judía que tengo. Cuanto mejores argumentos me ofrezcan mi o mis interlocutor/es, más me apasiono en la disputación y sus estrategias (ver Shopenhauer) , generalmente inconscientes y viscerales.
Tres
A veces en la vida hay que tomar decisiones dolorosas y dejar atrás personas a las que alguna vez nos unió el afecto, la amistad, el haber compartido historias de cama o de amor, o ambas.
En la mayoría de los casos las cosas decantan por sí mismas, el tiempo termina por ordenar semejanzas, cercanías y distancias, pero en otras ocasiones hay que actuar y poner fin.
Mi límite es  cuando se traspasan la ética democrática y el respeto por los derechos humanos.
Quienes se ubican fuera de ese límite pueden estar hechos de distinta madera.
Están los hijos de puta que lo hacen por convicción y de esos no hay nadie entre mis amigos ni afectos.
Y están los que se prueban el cómodo disfraz de fingirse ingenuos, que a cierta altura de la vida y la experiencia, es un pecado o un insulto a nuestra amistad, inteligencia y buen gusto.
Y esto es trágicamente así, aun para los que tenemos menos de cincuenta o de cuarenta.
Hay algo que se llama responsabilidad social colectiva. y de eso no zafa nadie, ni siquiera fingiéndose ingenuo, algo sólo tolerable en gente muuuuuy joven. Porque, cito a Einsten: "El mundo es demasiado peligroso para vivir, no por las personas que hacen el mal, sino por la gente que se sienta y deja que suceda". 
Cuatro
Seguir discusiones fuera de esos límites es como ir matándonos lentamente. Si hablamos de Mapplethorpe, hablemos de eso.

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