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ilustración: Istvansch Fuente. |

caprichos de palabras y colores para navegantes... "La palabra humana es como una caldera rota en la que tocamos melodías para que bailen los osos, cuando quisiéramos conmover a las estrellas". (G. Flaubert). Mis libros de narrativa publicados: la novela Último verano en Stalingrado (Grupo Editorial Sur, 2014); Alma rusa (Edulp, 2020, crónicas) y Yegua (Cuero, 2021, cuentos)
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jueves, 28 de diciembre de 2017
Tu nombre, en sus nombres
miércoles, 27 de diciembre de 2017
Un libro de poesía
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Obra de James Coates |
* Netz, Revel, Alambre de púas. Una ecología de la Modernidad, Eudeba, Buenos Aires, 2013.
domingo, 24 de diciembre de 2017
De las formas del amor
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fresco de Pompeya |
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Narciso en la fuente.Óleo atribuido en 1913 a Caravaggio, pero de autoría incierta: Galería Nacional de Arte Antiguo. Palacio Barberini. |
https://open.spotify.com/track/3Clf6Q0snIrIG4fvsRXsvx
viernes, 22 de diciembre de 2017
Sin pan y sin trabajo, sin paz, pobre Gutiérrez
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Daniel Santoro trabajando |
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E. de la Cárcova, Sin pan y sin trabajo,1894. Óleo sobre tela, : 125,5 x 216 cm. |
martes, 19 de diciembre de 2017
Me quedaría aquí

Sus manos se mueven, sus onomatopeyas son tan vívidas como sus bromas y me quedaría allí cien horas más escuchando.
Como aquel otro profesor allá en los lejanos días del fin de la adolescencia. El (re)descubrimiento de la pasión por el conocimiento, curiosidad que a todo se abre, como en la infancia donde los mundos eran siempre nuevos.
Sus ojos brillan.
Su voz va armando armonías que acompañan la melodía.
Me quedaría acá escuchando.
Me dan ganas de correr y de leer, todo el santo día y el profano día.
Siento pena por todos los que no están acá.
sábado, 16 de diciembre de 2017
Milena Jesenská, "el brillo de sus ojos fulmina el dolor del mundo".
(Sugerencia: se puede leer este posteo escuchando Pélleas und Melisande op.5, de Arnold Schönberg, 1903)
miércoles, 13 de diciembre de 2017
Soy yo
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Oskar Kokoschka, La novia del viento, 1914. |
lunes, 11 de diciembre de 2017
Ningún guerrero azteca
Batido como un merengue, de rápida subida la espuma, abunda un entusiasmo no despreciable y engañoso como una bruma en alta mar.
Se ve en el otro todo lo que queremos ver, hasta sus opacidades nos parecen brillos de nobles metales aunque una voz interna nos advierta que no es más que un viejo espejito de colores, baratijas que se encuentran en cualquier mercado de por ahí.
Pero una va e insiste, por todo ese rollo de la infancia que escuchamos como si fueran frazaditas de invierno o limonada fresca en verano.
Adornos, poemas, canciones y oropeles desperdiciados en actores que nunca pasarán de papeles secundarios en nuestra vida.
Hacemos simulacros de amor y desamor.
Escenas de celos que no se sienten de verdad y rencillas de cartón que desconectan.
Rendimos pleitesía a un romanticismo irremediablemente pasado de moda en el mundo y en nosotros, como no sea en la literatura o el cine.
Insistimos en inventar un hombre donde hay solo un semblante y una serie de máscaras de papel mache mal pintado.
Y de pronto, cuando no lo esperamos, alguien más honesto nos invita unos tragos, un momento dionisíaco entre tantos panteones desangelados y desvitalizados. Pertenece a un mundo nuevo menos laberíntico, habita en escenarios mejor construidos y es joven; entonces te ama unas horas sin necesidad de inventar romances.
Y una verdad empieza a crecer en tu interior pero no querés darle paso porque es una penita dejar escapar las mariposas antes de polinizar las gardenias, o sucumbir a esos aromas veraniegos.
Aunque hay tantas señales que es imposible ignorarlas sin comerse la banquina.
Es hora de pegar un volantazo.
Si...
Caen las murallas de las fortalezas sitiadas.
Caen los imperios eternos.
Sacrifican a Moctezuma propios y ajenos a la vista de los dioses viejos y nuevos.
Mueren los héroes y las heroínas.
Acribillan a millones de muchachos y muchachas en flor en cada guerra.
Desaparecen los más grandes y nobles amores.
Cómo no caerías vos también al primer soplo si no has hecho otra cosa que desvanecerte desde que?
No quiero perder el encanto pero el hechizo se ha roto.
Remo contra la corriente.
Y ya no te veo.
Lo que veo no lo quiero.
Lo que quiero no lo tenés.
Ya ni pena da porque se me escapan tu voz y tus facciones.
Más pena da haber creído una tarde que eras guerrero azteca, algo brutal y sanguinario pero decidido y valiente.
Tu ego saciado de palabras -tuve que hacerlo para que no cayeras de entrada, lo sé, a la fe hay que ayudarla en estos tiempos profanos-, alimentándose de juegos infantiles y pequeñas crueldades.
Mi risa ya se ríe en otras comedias
y, como escribe en alguna parte Silvina Ocampo (citando de memoria): única sabiduría, que todo pasa como si no hubiera pasado.
domingo, 10 de diciembre de 2017
Esa flor
Es la vida que puja por sobreponerse a la tormenta.
(Te veo y se me rompe el corazón en mil pedazos y creo que no hay fuerza de la naturaleza capaz de producir la energía suficiente para recuperarlos, porque te veo y en tu mirarme se adivina esta pena que tenemos por lo que no pudimos.
Y se instala esa piedra en el pecho que es como ahogarse sin palabras, y ambos bajamos la mirada para evitarnos uno al otro ese llanto que se nos va formando en la garganta y quiere salir).
Era tan lindo cuando sabíamos reírnos y nos lamíamos las heridas uno al otro.
Sé que este dolor que ahora nos une es algo mucho mejor que no haber amado, pero cuántas ganas a veces tengo de liviandad.
A veces es necesario enamorarse unas horas o unos días de alguien más para olvidar el desgarro, la mirada que nos persigue de aquel que se adueñó de nuestras células y vive ahí, aunque creamos que no podremos soportarlo, aunque deseemos el olvido casi tanto como le tememos.
Es como Sabina Spielrein y su drama de amor con Jung, que nunca le dará lo que ella quiere, si es que eso que ella quiere es el hijo, la vida, y sólo puede darle dolor y muerte y ella aun así lo ansía.
Se irá, se alejará, hará un oficio de curar y de educar de lo que la locura, el amor también enloquecido que él le inspira y el rechazo le enseñaron.
Amará a otros hombres, llegarán las hijas, incluso tendrá mejores amantes posiblemente. Pero no dejará de añorarlo, no dejará ese anhelo.
Es esa flor única, esa promesa de pura belleza que retorna a empañar los atardeceres de domingo, será que será.
miércoles, 6 de diciembre de 2017
Si en vez de
Si en vez de escribir como una loca mientras camino por la calle caliente de la city escuchando canciones tristes.
Si en vez de eso me sentara en uno de esos bares cooles y pidiera una limonada con menta y jenjibre (y soportara la música de mierda que pretende ser ambient pero es sólo de mierda).
Y me pusiera los anteojos.
Si en vez de marchar me quedara mirándolo por la tele.
Si en vez de tantos libros hubiera comprado un split cuando convenía.
Si en vez de esperar noticias tuyas te guardara en el archivo del segundo subsuelo y me fuera a pasear con el chico que me invitó justo a tiempo cuando me iba a desvelar pensando en vos hasta que no.
Si me leyeras...pero quiero decir, si de verdad me leyeras sin buscarte donde no estás o sin encontrarte donde te hablo solo a vos; si dejaras el ego un rato de lado, si olvidaras mis tonterías y exageraciones de este pathos que es y no es lo que soy; si pudiéramos acordarnos al mismo tiempo de que somos tan crudamente y divinamente mortales y todavía tenemos cuerpos.
Si en vez de esta maldita Capadocia tomada por los apóstoles del odio y reclamada por laburantes cuyos lideres leyeron mal a Marx (y a todos los demás) y se equivocaron de siglo.
Si en vez de eso me vieras parada en esta esquina escribiendo en un telefonito, te darías cuenta que esto es una comedia y no un drama ruso?
Te darías cuenta que además de faltarle a este teclado toda una gama se signos de puntuación imprescindibles y (la Itálica!) me sobra urgencia porque fui y volví de unos avernos, y tengo unas cicatrices que lo cuentan mal y es por eso que trato de aferrarme a la lucha de la vida y no a las gozosas pero sosobrantes aguas de la melancolía?
Y justo cuando entro al bar ponen Beatles.
lunes, 4 de diciembre de 2017
Como Ana K pero al otro lado del río
Si yo fuera una poeta escribiría una letra para una canción. Y le pediría a los músicos que en alguna parte sonaran dos guitarras a la vez, una voz masculina, una voz femenina, algunos intervalos breves solo instrumentales.
Siempre, en algún momento, un pianito. Tal vez un saxo o un violín, no es imprescindible, pero si lo es un solo de batería, algo que levante.

Y diría algo así, como que cómo es posible que seas el mismo día la luz de una mañana de primavera, de esas donde por la ventana entra un perfume de gardenias, o de jazmines, o de lavandas. O el olor del pasto mojado y los colores de un arbusto de hortensias.
Y la noche del invierno lluvioso y húmedo, que es como la niebla que se posa en la copa de los árboles en los bosques, en las plazas y en las montañas en las madrugadas. Y abro mi boca como si fuera a besarte pero sólo sale el humo que el contraste de temperaturas crea entre nosotros: nubes de humo que se esfuma, y desdibuja lo que no fuimos, y me doy vuelta y abrazo al que está al lado para calentar la cama, y mis pies cansados.
Mi letra lograría hablar en tres versos cortos de cómo te extraño cuando te vas de viaje a Marte y me quedo acá, cuidando mi pequeña y hermosa huerta; leyendo ensayos sobre los locos y los artistas que transforman el mundo, o comiendo, bebiendo y riendo con mis amigos, amando estos atardeceres en la ciudad de los jacarandaes y los trenes que van y no vienen y enamorándome de los extraños en las estaciones de subtes en la ciudad de los más ricos y los más malos.
Y que te olvido cuando te montás a esos satélites que se fugan hacia los agujeros negros, tal vez peleando batallas ancestrales, tal vez escapando de una pena de amor o de un fantasma que te acecha desde la infancia, o tal vez buscando la aventura de los marineros, los astronautas o los naturalistas.
Te pongo nombres, te dibujo arrugas y barbas, te invento oficios, te observo las manos, te afeito. Te saco los lentes, te veo como si tuvieras 15 años y se me llena el alma de ternura, y de compasión, y de sentimientos que bordean al amor, pero un amor que podría ser llamado de otra forma, un amor que no anhela, sino que cuida y cura.
Pero...
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Sophie Marceau en el filme Anna Karenina, 1997 |
Ni que fueras love of my life o algo parecido. Te querés hacer pasar por un amor más largo, o un amor más sensual, a un amor amante de lengua poderosa y melodías que hacen bailar toda la noche con los pies descalzos.
No creas que no sé perfectamente que sos uno de los que hacen que pasemos de un territorio a otro, ahí estás, en la frontera entre el ayer y el mañana. Debo sortear los obstáculos, el desierto, el río, los animales salvajes que acechan, la luna llena que convoca a mis deseos más primitivos.
Lo haré, lloraré unas lágrimas sinceras por lo que pude quererte y lo que no me quisiste, pero lo haré, dejo de molestarte, te dejo atrás para cruzar al otro lado del río, y desde ahí poder nadar hacia mar abierto.
Lo haré, la canción no lo dirá pero voy a dejarte tranquilo y haré este duelo en un dos por uno, este y aquel otro y todos los duelos que hay que duelar cuando se ha vivido ya un tiempo, aunque tenga que acostarme con dos o tres extraños que escuchan rock&roll para no pensar más.
Remar, nadar, cantar en la canoa, la mano se desliza por el agua marrón.
Y entonces del otro lado quizá, haya otras canciones y otros encuentros con menos noche y un viento que infla ya mis velas.