Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 13 de noviembre de 2015

Como a Darth Vader

 "Este negro está gozando de algo de lo que yo debería gozar. 
Yo no puedo ser feliz porque este negro es feliz. 
Este negro debería dejar de ser feliz para que yo pueda empezar a serlo, esto se ve ahora en los cacerolazos, aparece siempre. 
Es un fantasma que despierta el peronismo. 
Que es especialista en ubicar a un negro gozando al lado de un blanco que no lo quiere ver gozar."
(Daniel Santoro)*


Fue como si me dijera: ella es la blanca que no soporta el goce del negro, aunque quizá es la negra que se identifica con el opresor.
No quiere ser libre, quiere ser ama.
No quiere elegir  y ser libre,
quiere ser ama  y explotar al negro y, sobre todo, privarlo de su goce.
No puede ser feliz si anda por ahí la negrada gozando.
Y en su fantasmal  mundo, la negrada somos todos.
Eso aprendí. 
Y también, me dijo, es como una sierpe.
Llena de veneno, y envenenada, esperando el momento de clavar los colmillos y destruir lo sano.
H. Matisse
La escucho, yo, que había tardado como diez mil años en darme cuenta.
Debe ser porque ando floja en esa gramática imprescindible, me salió fallida y no me permite organizar bien la articulación entre percepción, reflexión y experiencia, ponele, o porque me negaba, como se niega una a creer que en el otro pueda habitar algo tan sórdido, tan turbio....
Yo no creía que ella fuera como la blanca que sufre la felicidad del negro.
Ni que yo fuera el negro.
Ni mucho menos, que estuviéramos rodeadas de negros y negras que eran ocasionalmente felices sólo para que ella padeciera.
La felicidad del otro era como una afrenta, era como una ofensa, era como una provocación, para ella.
Pero yo no podía ver algo de eso en ella, eso turbio.
Ese algo que cuando una se mira al espejo, descarnada, y se ve en sus peores miserias, y se siente la persona más horrible, un poco celosa, demasiado ansiosa, posiblemente violenta, vengativa, supongamos....yo, que me miraba en ese pozo abismal  del reconocimiento de nuestras bajezas, no podía creer que hubiera eso, y eso tanto peor y tanto más horrible, en otro.
Y entonces.
¿Cómo anticipar esas jugadas? ¿Cómo leer los rasgos de la especulación y lo perverso, en su goce del dolor ajeno?
Yo, que puedo casi hacerme cargo de todos y cada uno de los pecados capitales, no soy experimentada en la envidia. Claro que he sentido envidia, obvio, humana soy. Y puedo sentirla a veces...
Pero ese monstruo que la habitaba, que emergió como lo siniestro, hizo derrumbar su máscara mishimesca, pero no mishimescamente, porque hay que ver que en ella la preocupación estética era eso, una preocupación, mas no un saber hacer, no había obra, no había talento ahí, que al final, como diría M. Moretti, el talento se tiene o no se tiene, m'hija...será así nomás.
Y ella no lo tiene.
Debe ser eso o que envidia.
El talento de los seres acariciados por las mariposas del detalle sensible,
El ojo nabokopiano,
La mano-manual-que toca-dibuja-cincela-escribe-sostiene-
La risa cristalina de una amiga,
El golpe de las copas cuando brindan por una alegría genuina,
[Las caderas que se chocan en la pista de baile y esa guitarra, mi vida, que nos pone on fire aunque seamos los protagonistas de un amor malentendido pero persistente,
 un hombre y una mujer que se han perdido y vuelto a encontrar solo para desencontrarse juntos de nuevo]
Todo eso y más,
su insaciable sed del supuesto infinito del Otro.

Y entonces, como a Darth Vader, sólo le quedó el lado oscuro, ese que no quiere lo que el otro tiene, sino que quiere que el otro no lo tenga....
Como dice Santoro, se cree que tu goce, mi goce, se lo hubieran quitado a ella...
Y entonces, su goce es tu dolor,
su goce es tu sufrimiento,
su goce es tu pérdida,
tu falta.
Su goce es señalar con el dedo acusador, encarnar esa moralina de rasgos berretas, horrendos.
Acusar. 
Y un día de sol, vos salís con la bici por el barrio, y de repente alguien que ha padecido un padecer parecido, te lo dice con una claridad que es como si te sacaran el peso de una mochila de la espalda y te liberaran.

* Fuente: http://pajarorojo.com.ar/?p=11810

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