Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 30 de noviembre de 2015

1. El odiante y el odiado (serie "Izarnos sobre las puntas de los pies". )

"La brillantez con que la mente crea y recrea expectativas 
de manera tal que la vida sigue siendo digna de eser vivida" (J. Berger)*
Fuente: "Shunga", en el Museo Británico
Leo en las redes algunos intercambios en torno al ballotage y pienso:
  • que un error que hemos cometido fue el de pensar que el sentimiento de hartazgo ante ciertos modos de comunicar lo político era irrelevante si se lo comparaba con las implicancias concretas y positivas de las políticas.
  • Olvidamos erróneamente que  los sentimientos prevalecen por sobre los argumentos muchas veces, y que los beneficios concretos y materiales no son tan determinantes.
  • Cuando se termina un gran amor, algunos olvidan y dan paso a la indiferencia, que es lo contrario del amor. 
  • Pero otros quedan tomados por el odio, por la dependencia con el objeto (antes) amado.
  • El enamorado, se sabe, idealiza.Y por eso mismo, todo gran amor parece condenado a terminar con una estrepitosa caída: cuando el ideal se topa con la dimensión humana, imperfecta. 
  • Incapaces de una distancia emocional que proyecte hacia el futuro. Roto el encantamiento amoroso,  la intensidad de esa pasión no asumida ni bien tramitada, en lugar de encontrar un nuevo objeto, se convierte en ponzoñoso rechazo. De ahí al deseo violento de venganza, un paso pequeño.
  • El odiante es como, como el amante, tiene una demanda casi infinita y no asume ninguna responsabilidad en su pasión, sino que se entrega y se goza en ella, culpando al odiado de todos sus males. 
  • "Ella" era humana. Y así como depositamos en ese significante todos nuestros sueños e ideales, así de duro será el castigo, la culpabilización.
  • Parece una operación necesaria, casi inevitable en la lógica del poder. Hasta que las cosas se ordenen, mientras el agua está en ebullición, quema.


* Berger, John , To the wedding, Londres, Bloomsbury, 1995, p.87. En Heath, Iona, Ayudar a morir, Katz, Buenos Aires, 2008.
 Nota: todas estas reflexiones son el resultado de conversaciones con amigos/as, colegas, militantes, gente que encuentro en la calle, lecturas, alumnos, compañeros del doctorado, de espacios laborales, de lo que leo en las redes. Para mí, nada se puede realmente pensar en soledad, en soliloquio, sin enloquecer. Pensar en diálogo con los otros/as es vital. Integran las Crónicas del Fin de los Días Más Felices.

 

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