Último verano en Stalingrado, novela

domingo, 20 de abril de 2014

No queda nada

Ya no queda nada
sólo la literatura 
y un poco de vino en el fondo de un vaso ordinario,
una pantalla mostrando una y otra vez lo que nunca tendremos
y esta sensación de fin de época.
(Los dioses hace mucho que se han ido de este mundo
y aunque no fuera así, 
aunque desfilaran ante nuestra vista y nos acariciaran la espalda, no los reconoceríamos,
enceguecidos con las luces de los led.)

Nuestros santuarios.

No queda nada.

Los viajes se encerraron en los libros,
el amor también
y la justicia,
en la calle hay marcas de agua y
#burguesesInsaciablesIndignados
pibes chorros linchados o cargándose a alguna vieja
y este nudo en la garganta
de todo lo que pudo ser.
Arya Stark, de Game of Thrones











II
Yo crecí en un mundo que
                                    soñaba
justicia y bienestar, el amor y la igualdad.
Lo hicieron/mos añicos
con sangre, semen y dinero.

Quedó sepultado.

Ahora mis amigos 
son más cultos y refinados.
Visten bien y beben buenos vinos.
Van a congresos y de vacaciones y son infelices en playas caribeñas y en las grandes metrópolis,
Y suben fotos a Facebook con paisajes paradisíacos 
y bronceados y saludables como en revistas de moda.

Todo eso: 
con la plata que les robamos 
                                   a los pobres de siempre.
Y todos muy satisfechos nos sentamos a comer

y así evitamos lo feo que se ha puesto el mundo.

 

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