Último verano en Stalingrado, novela

miércoles, 30 de abril de 2014

Madres: 37 años de lucha política



"Las Madres, en cuanto tales, inventan la natalidad como acontecimiento político."
(Jean Louis Déotte)



"Cuando un pibe me nombra 'Evita' me siento madre de todos los pibes 
y de todos los débiles y humildes de mi tierra."(Evita, La razón de mi vida

                                                 Hoy se cumplen 37 años de lucha de las Madres.
"La comunidad de las madres en Argentina, las "locas de la Plaza de Mayo", y a continuación todas las madres de desaparecidos, en Chile, Argelia, Rusia, Marruecos, etc, que se constituyen contra la comunidad arcaica del secreto exigido por los militares, al aproximarse al enigma de la desaparición de sus hijos, corriendo todos los riesgos, son portadoras potencialmente de un nuevo espacio público. ¨[...] Si hay una especificidad de la política de las mujeres, es esta: en tanto madres. La maternidad colectiva toma el lugar de la fraternidad recuperada por las sociedades secretas de los militares, donde reina el régimen de la obediencia jerárquica y del crimen ritual ejecutado en común, fraternalmente." (Jean Louis Déotte, 2013:356-57)
Por eso ellas nos liberaron a todos de las mentiras, de los silencios, de la complicidad con los secretos de los crímenes.
Por eso consentir el olvido, y sostener que no hay que bajar los cuadros es una metáfora de ese consentimiento, es lo que reclama Meijide: caer otra vez en el crimen ritual de la corporación militar-civil que nos desapareció a toda una generación. Es, a la vez, por tratarse justamente del objeto cuadro, de una perspectiva, un posicionamiento político, pero no respecto al kirchnerismo, que puede ser la motivación secundaria, sino respecto al significado político de las Madres para todos los argentinos y más allá de nuestras o de sus propias líneas internas
Cristina elige sus emblemas, como bandera, como mensaje, al reconocerles (no "darles") a las Madres el lugar que ellas conquistaron como maestras de la construcción política colectiva. Algunos ven en eso un uso político (que además consideran sinónimo de mezquindad) y claro que lo es. La lucha de las Madres, el significante "Madres" -que no necesita siquiera acá que le agreguemos "de Plaza de Mayo"- es político. Eso, por el contrario de lo que sostiene una doxa zonza, es su potencia y su sentido.
A los desaparecidos nos los quitaron a todos, no solo en lo familiar y afectivo (dicho con todo respeto a todos los familiares directos que tienen por supuesto su propio y particular dolor), sino también en espacios laborales sindicales, educativos. Los sustrajeron del espacio político de la ley (y sus garantías de convivencia, normas, etc); nos los torturaron, los masacraron, recién ahora estamos pudiendo juzgarlos (sólo por eso se justificaría la Dékada K). 
Se robaron a sus (nuestros) hijos/hermanos/nietos/trabajadores/compañeros/docentes/científicos/deportistas/amigos/bibliotecarios/dirigentes/generación anterior/posterior. Esos crímenes continúan perpetuándose cada día y cada hora cuando sus destinos, y en especial el de sus hijos, permanecen en la oscuridad, como si esos cuerpos también hubieran sido desaparecidos bajo una falsa identidad.
El nuestro es un país raro en sus contradicciones. Es capaz de albergar a la vez a defensores de  la pena de muerte por linchamiento caprichoso de vecinos iracundos y a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
Puede ocurrir que se golpeé a una adolescente hasta matarla, se trafiquen niñas y niños, o que se torture a una niña violada obligándola a parir con la complicidad de autoridades judiciales, médicas, etc, y al mismo tiempo seamos pioneros en legalizar el matrimonio igualitario y la lucha por la recuperación de la identidad de los niños robados por dictadores civiles y militares.
Nos enseñaron un lenguaje político nuevo, el de las "locas", que como a los niños, se nos ha atribuido históricamente a las mujeres, tal vez "para impedir la propagación de un habla no codificada" (Duras, 2014:205) y transgresora de las reglas impuestas por la hegemonía del poder machista.
Detalle de "Retratos" del chileno Carlos Altamirano.
Yo creo que lo importante, lo central como hecho político de las últimas décadas, es esto que nos enseñaron la Madres a hombres y a mujeres: la resistencia pacífica pero sostenida; la ocupación de los espacios públicos con una nueva forma de hacer política y en nombre de aquellos que no pueden ocuparlos; el reclamo de más derechos para los más débiles, los silenciados; la justificación de los riesgos personales en beneficio del bien común, el reclamo de construir una sociedad en que imperen de la Verdad, la Memoria y la Justicia, que son bienes colectivos, tanto en su construcción como en el beneficio que le aportan a una sociedad; a buscar a partir de las huellas de los desaparecidos, y no quedarnos con las apariencias ni con los relatos engañosos del poder mediocrático mediática, de la "oligarquía electrónica "(Marramao, 2013:77). Y mucho más.
Si hay una división, si hay una "grieta", me parece que tiene que ver más con la posición que asumimos frente a este tema que con cualquier otro.

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