viernes, 9 de agosto de 2013

Antes del domingo

DG: Ariel Tancredi

"En nuestro lenguaje está depositada toda una mitología." (Ludwig Wittgenstein, Observaciones a la Rama dorada de Frazer)*


Cuando tengo dudas o contradicciones, hago el siguiente ejercicio mental: recuerdo cómo estaban hace 10 años mis compañeros de trabajo, mis amigos (los que son K, anti K, y todos los matices que hay en medio), cómo estaban mis familiares (idem); por no decir cómo estaba mi propia familia. Cuántos trabajadores sin aportes no se iban a poder jubilar, cuántos estaban afuera de todo sistema estatal, (AUH, gran tema), etc., y cómo estamos ahora. 
Y en todo lo que falta por hacer, corregir, cambiar, mejorar.
Y en quiénes se oponen a los proyectos populistas de América Latina y en América Latina.
Y en los mitos de autodesprecio o soberbia que, como bien analiza Alejandro Grimson en Mitomanías argentinas, atraviesan a nuestra sociedad.
Hablo con J, con E, amigos y docentes brillantes, luchadores y luminosos, de quiénes han sido capaces de llevar adelante este proyecto tan transformador, tan inclusivo, hacerlo, por voluntad política, coraje, inteligencia para construir colectivamente, etc. 
Me detengo a pensar en las objeciones que se hacen desde la izquierda a la matriz productiva, por sus efectos contaminantes, o las críticas por ciertas alianzas políticas. (También veo cómo "construye" política esa "izquierda" crítica, en cómo en la realidad se vincula con los sectores populares y con los poderes económicos.)Y en cómo no encuentro, aunque esté de acuerdo, otros modos de resolver esos problemas en el mundo actual, al historizar o poner en contexto la política, al pensar en los modos de construcción de poder.( Por ejemplo, no sé cómo se le daría trabajo a las miles de familias que quedarían en pelotas al modificar radicalmente algunas explotaciones y sistemas de energía; no encuentro ejemplos en otras sociedades que me parezcan aplicables al país, al menos, sin resolver otras cuestiones políticas más regionales, incluso, mundiales.)
Pienso que lo popular, categoría inasible por medio del lenguaje, incluye esa mitología de la cual el pueblo se apropia. Pienso en cómo han surgido nuevas subjetividades que construyen nuevos sujetos políticos.
Pienso en lo que ocurre en todos los países "ricos"; en cómo la máscara del "bienestar" impuesta con la hegemonía neoliberal cayó, y en el estrépito, arrasó con millones de vidas en todo el mundo, ya no sólo en las periferias del Imperio.
También trato de imaginar, en la amplia "oferta" electoral, qué harían otros para resolver los conflictos, las luchas por diversos intereses, para mejorar los niveles de inclusión social, achicar la desigualdad, lograr mayor justicia social. 

Y pienso en los que se disfrazan, en los oportunistas que fingen ser parte de un proyecto para resolver sus quiosquitos, y en la rabia que da que se los habilite desde nuestro espacio (¿y cuándo no están estos personajes cobijándose cerca del poder, de  este poder y de todos?), pero me hago cargo de que hay cuestiones más generales, más importantes.
Pienso en mi hijo y en todos los derechos adquiridos que tiene esa generación, y en cómo estaban la mayoría de los pibes de 16 hace 10 años, más allá del eslogan #décadaGanada, que enoja a muchos pero que expresa tan bien esa potente realidad. 
Observo que muchas de esas características del comportamiento de mucha dirigencia política, que me generan rechazo, son comunes a todos los ámbitos (sindical, judicial, académico, barrial, comercial, obrero, doméstico, deportivo, artístico, familiar) y partidos, son constitutivas de lo humano: el egoísmo, la falta de escrúpulos, el uso del servicio público para beneficio personal, etcétera.
También pienso que esa instalación permanente de la desconfianza y la sospecha hacia la política esa una estrategia para despolitizarnos, restarnos fuerza social, empobrecer nuestros derechos de ejercicio de la ciudadanía,
Y concluyo que todas las cosas que no me gustan pesan muchísimo menos de las cosas que se han hecho y se pueden hacer. 

* Epígrafe en Grimson, Alejandro, Mitomanías argentinas. Cómo hablamos de nosotros mismos, Siglo XXI, Avellaneda, Argentina, 2012.

domingo, 4 de agosto de 2013

La enfermedad de los "perdedores"

"El tuberculoso podía ser un proscrito o un marginado; en cambio la
personalidad del canceroso, lisa y condescendientemente, 
es la de un perdedor." (Susan Sontag, La enfermedad y sus metáforas, 1978)


¿Hasta qué punto caló hondo el liberalismo salvaje, hegemónico, dogmático? No lo  sé. 
Sólo sé que a pesar de diez años de gobiernos latinoamericanos que han puesto en debate público muchos de los postulados de esta filosofía, devenida en culto profano, siguen habitándonos, deglutiéndonos, como si tuviéramos un enano liberaloide egoísta y berreta encarnado en nuestros cuerpos.
El Bosco, El jardìn de las delicias, tríptico al óleo sobre tabla,
 220 x 195 cm, la tabla central y 220 x 97, hacia 1480/90,
Museo de El Prado, detalle.
Personas formadas en ideologías, de base marxista, compañeros peronistas, gente de origen radical (sea lo que sea que ello quiera decir, se supone que hay una base de creencia política que aspira a la justicia social, en la construcción colectiva del desarrollo, supongamos); personas que han tenido acceso a una educación pública generosa y de calidad y aún así...
Escuchamos de sus (nuestras) bocas afirmaciones del sentido común liberal todo el tiempo. Temerarias. Despreciativas. 
Un poquito de filosofía alemana por acá, mezclada con una dosis de el american way of life, al que se le agrega, siempre subrepticiamente, una dosis de ingenuo voluntarismo, que pretende ocultar la injusticia con el lenguaje de los merecimientos y la actitud, con el discurso infantilizado del egoísmo y la autoayuda...
Tal o cual persona, castigada, atravesada por una historia familiar de desamparo, por condiciones sociales de injusticia, por todas y cada una de las crisis sociales, más las personales (pérdida de trabajo, de bienes, de capital cultural intergeneracional; víctima de accidentes, catástrofes, delitos; pérdidas familiares, enfermedades), es todavía instigada a tener "una actitud positiva", todo es la actitud, no lo tomés así...
Se exige, se reclama, se amenaza.
Importamos los residuos de teorías pseudoliberales del campo "científico" positivista, las pasamos por un tamiz berretizador, con ingredientes de marcketing publicitario, las tiramos sobre la mesa en cualquier ocasión, (la resiliencia, la voluntad como un absoluto). Cunden los ejemplos de hombres y mujeres que salieron adelante a pesar de... (siempre se describen circunstancias más difíciles que las de quien es conminado a esta suerte de moralina evangelizadora, enunciadas por sujetos que llevan una vida muy confortable y que creen merecer como gratificación a sus esfuerzos. Como si los demás, los que "no lo logran" no se hubieran esforzado lo suficiente).
Se nos proponen técnicas de respiración de alimentación, de gimnasia, no para sentirnos mejor, lo cual no estaría mal, sino, entregados por completo al discurso liberal y al recetario de las metáforas de la enfermedad que describe Susan Sontag en  La enfermedad y sus metáforas, se nos interpela para que venzamos así tumores malignos, enfermedades terminales, pérdidas de trabajo, injusticias sociales, duelos por la muerte de familiares, pérdidas de oportunidades, hijos, abandonos....De no salir airosos, la culpa es nuestra. Gana el discurso de Ayn Rand, simulado, suavizado. Caiga sobre nosotros el desprecio que merecen los cobardes, los que, darwinianamente, no son aptos para vencer en la batalla, gloria y loor a los que se curan, emergen triunfantes, como si estuvieran imbuidos -al igual que quienes (nos) reclaman superar la angustia, el duelo, el tumor.

"Tanto el mito de la tuberculosis como hoy el del cáncer sostienen que uno es responsable de su propia enfermedad. Pero la imaginería del cáncer es mucho más punitiva. No hay dudas de que, siguiendo los criterios románticos sobre el carácter y la enfermedad, estar enfermo por exceso de pasión no deja de tener su encanto. En cambio es más bien vergüenza lo que se tiene de una enfermedad atribuida a la represión emotiva; éste es el oprobio que resuena en las teorías de Groddeck, Reich y sus muchos seguidores. Atribuir el cáncer a una falta de expresividad equivale a condenar al paciente: muestra de piedad que al mismo tiempo es manifestación de desprecio." (S. Sontag, 21:1978)

En general, los más fanáticos en la difusión de estos postulados suelen ser aquellos de nosotros que están en posiciones materiales ventajosas, tal vez creen que sus experiencias de dolor (el dolor, por cierto, tanto físico como anímico, es incomparable entre unos y otros) son trasladables a los demás, "si yo pude, tal tiene que poder", incluso cuando se trate de situaciones incomparables. 
Usan(mos) metáforas bélicas, metáforas deportivas, competencia capitalista, "que gane el mejor".
Y así contribuyen a que crezca el abismo que se abre debajo de los pies de quien, por ejemplo, ha conocido desde muy temprano la orfandad, el abandono paterno/materno; el hambre, el frío, el sentirse siempre menos que los demás, las heridas en una autoestima que nadie se preocupó por curar; las expulsiones en sociedades y países que echaron a sus hijos a la muerte o al exilio en sucesivas oleadas; el látigo humillante de ser un pibe chorro, un villero, un looser que no puede mantener a su familia, el estigma del enfermo incurable, o del que padece dolor, alguien que no pudo (lo que sea que representan los emblemas del éxito burgués: ser saludable, bello, joven; completar sus estudios, hacer una carrera; formar una pareja estable); ser que no tuvo los contactos -¿o la falta de escrúpulos?-suficientes para ascender en un trabajo mientras se le dice, all the time, que es su culpa. Se lo/la acusa y se afirma:
que el cáncer es su culpa. 
Que ser desocupado es su culpa.
Que deprimirse por todas esas circunstancias es su culpa.
Miren a su alrededor.
¿Fueron amados, deseados, por sus padres?
¿Qué dones luminosos recibieron, como para poder alumbrar (al mundo, a los otros)?
¿No tienen, en verdad, más responsabilidad que cualquiera de los humillados y ofendidos por la desgracia y la injusticia?
F. Goya, Tristes premoniciones de lo que ha de acontecer,
grabado de la serie Los desastres de la guerra (1810/15)
¿Seremos, por una vez, capaces de revisar nuestros juicios? ¿De bajar el dedo acusador un instante, el dedo diagnosticador, el barómetro que se mueve en un universos de certezas creadas por nuestros privilegios?
¿Por qué seguir crucificando al crucificado, pateando al caído, abrumando al moribundo?
La inundación, la enfermedad propia, no es la ajena. El dolor y el duelo por la muerte de un ser amado (padre, madre, hermano, hijo), que es el nuestro, no puede ser vivenciada por quien no la ha transitado, no seamos tan necios, no creamos que sabemos todos, no creamos en todo el santoral del capitalismo, dejemos en nuestras almas algún resquicio para la duda, la compasión, el tratar de habitar un instante, con el alma, el infierno de otro que no ha recibido más que "oscuros dones" (diría R. Bolaño), la soledad infinita de quien no tuvo el pecho materno para entibiar sus primeros días.....Y así, hasta una enumeración que al menos nos permita acompañar, sin predicar como los sacerdotes e ideólogos de San Egoísmo, a favor del dios que a todos nos somete, nos esclaviza y nos separa.

domingo, 28 de julio de 2013

Latidos


Lo que realmente me gustaría, dice, es que el cigarrillo no trajera cáncer ni rechazo social, que pudiéramos fumar un pucho juntos, después de una buena charla, o de un buen polvo, o de una buena aventura en la playa, o en la plaza, en un parque, después de trepar un morro, o un médano, o tal vez al cruzar un río pedregoso, o nadar unos segundos en un lago helado.


Sentarnos en la orilla, mirar el horizonte (que podría ser el puro océano, o la montaña, o hasta una medianera cubierta de enamoradas del muro o de parra virgen).
Sentarnos en un banco de la plaza y ver cómo juegan los nenes.
Nada, que escuches el latido de mi corazón, dice.
Pero él meta hablar de él.


martes, 16 de julio de 2013

Roberto Bolaño, a 10 años de aquella noche de julio de 2003

“Soy la típica imagen del poeta latinoamericano: mi esposa con tisis arrullando a la bebé recién nacida que llora, mi hijo con problemas de adolescencia y yo encerrado en el baño intentando acabar un poema”. (Roberto Bolaño, diario El País)

Hace diez años que murió. Casi me atrevería a decir que que este blog es parte hijo de las lecturas de Los detectives salvajes, Llamadas Telefónicas y otras bolañeadas que llegaron a mi vida allá por 2002, creo, o 2003 tal vez. El ejemplar de Los detectives que leí venía ya todo descuajeringado, era de M. y había pasado de mano en mano, de amigo en amigo, como si hubiéramos sido todos poetas real visceralistas. No lo éramos. No lo fuimos. Y aún así, no podemos dejar de soñar con esa literatura, con escribir alguna vez una sola puta linea que convoque a algún lector a nuestro mundo como nos atrapó Bolaño, para siempre, en el suyo.
retrato de Ariel Tancredi, serie Homenaje a escritores


"Para Victoria Avalos

Suerte para quienes recibieron dones oscuros
y no fortuna Los he visto despertarse
a orillas del mar y encender un cigarrillo
como sólo pueden hacerlo quienes esperan
bromas y pequeñas caricias Suerte
para estos proletarios nómadas
que lo dan todo con amor. "
(Roberto Bolaño, La Universidad desconocida)
















http://palabrascromaticas.blogspot.com.ar/2011/06/del-oficio-de-escribir-i.html;http://palabrascromaticas.blogspot.com.ar/2011/12/yo-pertenezco-un-mundo-que-se-fue.html; 
http://palabrascromaticas.blogspot.com.ar/2010/07/reflexiones-para-valientes.html; http://palabrascromaticas.blogspot.com.ar/2012/07/para-estos-proletarios-nomadas-que-lo.html; http://palabrascromaticas.blogspot.com.ar/2012/03/el-tiempo-en-que-dios-podia-volver.html

domingo, 14 de julio de 2013

Diez pensamientos de la política, de Roberto Esposito, cuando La Patria es el Otro

(vuelvo a publicar este post, hoy más que nunca, La Patria es el Otro, la Patria es Néstor)

Gran parte de la izquierda de clase media argentina atribuye la conducta política de los sectores populares a motivos prejuiciosos e injuriantes. ¿Por que no escuchan más, conversan, observan?
¿Y dónde están, fuera de sus cabezas, esas construcciones políticas capaces de sostener un proyecto que implique los ideales de la izquierda y nos de cabida a las mayorías populares y de clase media?
¿Por qué creen que sus motivos para sentirse representados por tal o cual en defensa de sus intereses son más "serios" que los de otros? 
Los sectores populares, los sectores medios, son diversos, complejos, críticos, no homogéneos. Hay sujetos políticos comunitarios inabordables mediante las categorías de análisis tradicionales, es como si el lenguaje de "la política" quedara siempre corto para hablar de la la política.
Toda vez que la izquierda se hizo "izquierda nacional", (y se incorporó, en el caso de nuestro país) al peronismo, las contradicciones no desaparecieron, ni los debates internos, ni las disputas por asumir la representación legítima del pueblo (único legitimador).Lo mismo pasa ahora con el kirchnerismo. Y pasa en otros países que viven procesos parecidos. Pero esos debates, esas críticas, encuentran un cauce, un espacio para hacer política con otros, ese hacer, el de la obra, que en su propio hacer de algún modo pone en cuestión la teoría. Y el hacer con otros obliga a ponernos en duda a nosotros, a nuestras ideas; nos lleva a negociar, a escuchar, a aprender, a bajar el copete también.
Sino, cuando la izquierda no se incorpora a los movimientos populares, a mi me impresiona ver que se quedan lejos (del poder, que es intrínseco al sujeto político y al colectivo capaz de transformar); señalando, acusando, desde el reinado de las respuestas y las certezas, marcando los errores (siempre de los otros) y moralizando, formulando las denuncias y, casi siempre, desde la comodidad de estándares de vida muy por encima de los de los sectores populares, también, dicho sea de paso. Es decir, sin asumir la responsabilidad, la culpa, el sacrificio por el otro de los cuales habla este libro.
No habla de las preguntas que formulé al principio, pero a mí me llevó a pensar en eso. 

De muchas categorías (nueve más precisamente) de la filosofía política, y la deconstrucción hecha desde la filosofía de los impolíticos (Simone Weil, Carl Schmitt, los franceses luego,etc.), habla Diez pensamientos de la política,(FCE,México DF, 2012) de Roberto Esposito. Está organizado en diez capítulos, sobre los "módulos disciplinarios del saber del siglo XX": Política; Democracia;Responsabilidad (existir para otro, yo digo "La Patria es el Otro"); Soberanía; Mito (ineludible y hoy Mito2, mito del mito); Obra; Palabra; Mal; Occidente; Comunidad y violencia.
Si fuera latinoamericao quizá hubiera incorporado otras categorías, no lo sé. A mi esta lectura, que por momentos me cuesta porque hay que tener un bagaje filosófico que no tengo, me resulta muy estimulante.

Cuando "La Patria es el Otro"
Ilustración de Ariel Tancredi
La filosofía política, sostiene Esposito, es incapaz de pensar la política, tal vez porque formula las cuestiones "sobre la base de sus propios presupuestos. Respuestas con las que sustituye las preguntas que no consigue plantear, o que plantea precisamente dentro de estos presupuestos, estos es, en el lenguaje del método, del medio y del objetivo: la plasmación del orden, del mejor régimen, de lo útil colectivo, según las necesidades de un criterio inhabilitado para pensar la política, porque está ya en el interior de una interpretación específica suya." (Esposito, 2012:35)
Del mito, como obra en común y comunidad en obra, y del mito que ya es mito del mito, siempre que sea popular, es decir, nacido del pueblo y para el pueblo, afirma, es "instrumento de educación y síntesis social" (2012: 147). 
Y como se da en la política, en la esencia "del actuar, que es llevar a cabo", permite plasmar colectivamente ese otro mito que es el del "destino histórico", siempre que lo habilite (al mito, al sueño colectivo, al léxico que lo asume como propio y lo describe a la vez que lo niega). Así que más o menos por eso me interesa este libro, por lo mismo que en la política mi mito es el peronismo: Perón, Evita, Néstor, Cristina, que son mi comunidad, mi lugar de construcción con otros y para otros, mi lugar de hacer política con otros, mi léxico político, que es nuestro, que es La Patria es el Otro.
Aunque muchos de mis amigos se ofendan, se violenten, o acusen.

jueves, 11 de julio de 2013

Megustas nomegustas

Mi amiga dice que ella, antes de poner un "me gusta" lo piensa muy bien.
Mi otra amiga, la estoy viendo, arrasa con el mouse a toda carrera, con veinte ventanas abiertas y haciendo varios trabajos a la vez, marca "me gusta" como quien dice "buen día".

Una tercera amiga especula preguntándose por el valor de cada "me gusta" dado o recibido. Incluso, saca conclusiones acerca de vínculos ajenos en función de la cantidad de "me gustas" que ponen acá o allá.

El "me gusta", en algunos casos, hasta influye en la configuración de la autoestima.
Ya es una categoría del léxico de las relaciones políticas, sociales, filiales, publicitarias, profesionales, de amistad, laborales, amorosas, el megusta.
¿Cuánto vale un megusta?
Nadie lo sabe.
¿Es un "significante vacío" laclauniano?
Hubo un tiempo en el cual los usuarios del Facebook reclamábamos (¿a quién, al Big Brother, a la CIA, a Zuckerberg?) que hubiera un "no me gusta". 
¿Cómo poner un megusta en un comentario sobre Videla, ponele?
¿Pero qué significa el megusta si el comentario dice que murió preso el tremendo genocida malparido? ¿El megusta es referido siempre al contenido posteado o bien al posteador, o a alguien allí mencionado?
**************
Si hay que reforzar la idea una pone megusta y hace un comentario.
Si está con ganas y tiempo de debatir, lo mismo.
¿La forma en que megusteamos es reveladora de nuestra personalidad?
**************
Megusteadores desaforados, que quieren ser amables y punto (y pueden, y suelen, ser malinterpretados). 
Lo usan (lo usamos) como saludo, como señal de que aunque no te llamen, no te conozcan incluso, no tengan tiempo o ganas de leer todo lo que publicás, o solo a veces, tienen buena onda.
A veces generan explicaciones, cataratas de chat por privado, caras de orto.
Hay megusteros belicosos, que megustean sólo para habilitar la agresión, o el lucimiento personal, o hablar de algo que no tiene nada que ver pero en un muro concurrido.
Fuente imagen
Hay quienes le dan tanta pero tanta importancia a los megustas que antes de poner uno se lo piensan tanto que el ritmo vertiginosos de las redes les pasa por encima y cuando al fin clickean, ya nadie se entera, ni siquiera el megusteado/a. O sí.
Porque cada uno, en el fondo de su cuore, le da más valor a ciertos megustas.
Habrá que esperar que algún periodista se haga rico con el bet seller del significado de los megustas. (Los megustas y el psicoanálisis, La liturgia de los megustas; Redes, megustas y clandestinidad; Política y megustas; Babasónicos y el "me gustas tanto", ¿una canción premonitoria?, etcétera)
Ensayos sobre el léxico en las redes por supuesto ya hay, buenos, malos, algunos que realmente me gustan (así, separado). Y otros que decididamente, no me gustan.
Pero yo por estas cuestiones no me hago ningún drama, observo curiosa y atenta, y me divierto.

martes, 9 de julio de 2013

"Quereme entonces", un amor para toda la vida

Un amor para toda la vida, nuestro Kittredge, ese muchacho del cual se enamoran todos sus compañeros y compañeras en Personas como yo, de John Irving.
Un amor que nos sostenga hasta la muerte, que nos permita decir jamás: "Ahora magia no me queda".*
Un amor que nos acune en la agonía y en la enfermedad, que no esté hecho del trabajo de los días de la pareja, de la familia, sino de esa sustancia dulce de los sueños, los recuerdos y las fantasías, e incluso las tristezas por lo que pudo haber sido.

Un amor en el cual mirarnos cuando estemos por partir, por aquello de que "Los espejos son las puertas por las que va y viene la Muerte" que dijo Jean Cocteau.
Nuestro conde Vronsky, por el cual lo hubiéramos arriesgado todo. Nuestro Kttiredge, por cuyo amor nos hicimos adultos (sufriendo el rechazo, el anhelo, la postergación  y el desplazamiento del deseo).

O por el que nos entregamos al sexo y al tormento de los celos todo junto, como le pasa a Irene con Leandro en La Promesa, de Silvina Ocampo: "-¿Qué preferís: que te quieran o querer? -interrumpió Leandro [...]. -Querer-respondía Irene. Y querer, en esas condiciones, es sufrir."
"El inocente", Visconti, 1976.
Porque.
Hay personas que olvidan a quienes desearon, hay personas que nos olvidan.
Hay personas que recuerdan con precisiones y detalles increíbles un beso que nos dieron debajo de un jacarandá en un verano de los ochenta.
Recuerdan cada detalle, cada dolor, de una conversación que tuvimos al volver de un recital de Spinetta, mientras el tren partía de la gran ciudad en la que todo pasa, y nombramos a otro.
Hay personas que recuerdan una mamada como si estuvieran viendo una porno: sienten mientras evocan cómo se reflejaba el sol en el pelo de ella, cómo se escabullía la tarde detrás de la medianera mientras los labios habilidosos, mientras el gato caminaba por el borde la pileta en la que se habían bañado.Y él acababa en la boca. De ella. Recuerdan eso y pasan veinte años, como en las novelas de Irving, igualito, y se encuentran y se miran y sonríen. Como en las películas de amor y de guerra, en las cuales los amantes se separan aún deseantes, desesperados, anhelantes, sin haberse arrimado siquiera al desencanto del otro y del mismo amor. En las películas en las que recordamos siempre y para siempre la belleza, como si hubiéramos sido personajes de Visconti. 
Como si hubiéramos amado cual jóvenes Marceles, como si todos nuestros amantes hubieran sido fugitivos, evasivos, imposibles de olvidar. Aviadores prematuramente muertos simulados en Albertinas, Albertinas en fuga, qué más da, si todos nos enamoramos y sufrimos alguna vez.
Y aunque sepamos que "todo todo se olvida", no podemos por eso resignar esa fe, esa locura que nos dice, nos late en los poemas, las canciones, las óperas, los tangos y los fados, la voz de una  Sinead O'connor o de un hermoso músico al  que imaginamos cantándonos con ese terciopelo de melodías en el oído (ese que ni nos sabe, nos ignora y nos desconoce), mientras conversamos y lo escuchamos en una velada de empanadas, estufa, y vinos con amigas entrañables, con llantos y con Felicidad.

* Próspero en Skakespeare, W., La tempestad, Epílogo.

martes, 2 de julio de 2013

Tres meses

Nosotros hemos seguido adelante, hemos recurrido a la solidaridad, a la organización, a la amistad, a la militancia, al apoyo psicológico, a la esperanza, a todos los recursos que las personas tenemos para afrontar las tragedias, sobrevivir y salir adelante. Algunos no han podido, han sido más golpeados, no han tenido apoyo, no lo lograron.
Para muchos ya somos un recuerdo lejano, un relato, un cuento, una noticia perdida en el mar mediático.
Para otro somos "utilizables"; hay quienes, por suerte, todavía se sienten responsables de dar solución a nuestros problemas, de hacerse responsables y reparar.
La vida sigue, la mayoría de la sociedad recuperó, sino su "normalidad", sí sus rutinas.
Es necesario, para seguir andando.
Nosotros llevamos las marcas en el estrés en el cuerpo, nos enfermamos, nos angustiamos, respiramos humedad, en nuestras casas se forman hongos, cae polvo, todavía buscamos en gestos inútiles, automáticos, objetos que ya no existen, tenemos una inmensa, profunda necesidad de justicia, de verdad, de saber qué pasó, de saber quiénes son responsables, cómo actuaron.
Nos sentimos agradecidos a todos los que nos acompañaron/an, ayudaron, ayudan.
Y somos perfectamente conscientes de quiénes nos abandonaron, claudicaron a sus responsabilidades, mintieron, fueron cómplices de la muerte, del ocultamiento, del desamparo.
No somos los mismos.


martes, 25 de junio de 2013

D, una chica poco convencional


Modigliani
Retrato de una chica, 1917
647 × 960
Conocí a D en el colegio, en los 80. Plena "primavera alfonsinista", reverdecer democrático y rocanrolero.
Era de las "grandes", como mi hermana, pero no de las "más grandes", las "de Quinto", las que se habían bancado a la Bulián toda la dictadura y el centro de estudiantes y todas esas posibilidades les llegaban cuando cursaban el último año del bachillerato.
D me llamaba la atención. Era de las lindas, pero no exactamente de "Las Lindas". "Las Lindas" eran rubias (aunque no lo fueran), sobre todo eran chetas, se maquillaban con Indian earth (incluso los guardapolvos blancos), usaban colitas fluor, de toalla anchas, creo que zapatillas Topper, usaban un vocabulario particular, practicaban ciertos deportes (hockey, generalmente), salían con los rugbiers del Nacional y no se metían en política. Por supuesto que todo esto formaba parte de las generalizaciones y prejuicios cruzados, pero no quiero irme de tema.
D, que era de las lindas, a secas, era además de "las inteligentes", combativas. No de las "huecas", palabra muy usada  por entonces para descalificar a las chicas "superficiales". 
D tenía (y tiene) una hermana apenas menor que yo y a veces las veía como un par entre otros que configuraban el casi por completo femenino (por suerte, "casi") universo del Liceo, ya que en el colegio, por supuesto, había otros pares de hermanas, muchas. Estaban M y L, que pese a ser ambas muy rubias y muy lindas, no eran de "Las Lindas", porque eran también de las inteligentes, comprometidas, etc. Estaban N y M, ambas hermosas, pero tampoco eran de Las Lindas, lo mismo que M y G, que como D y su hermana T, pertenecían a "la cole", entidad mítica que me atraía como a la mosca la luz.
También tenían su propio universo vocabular, pronunciaban algunas palabras distinto, sabían muchísimo de ideologías, de política, pero no por eso eran menos coquetas o atractivas.
D tenía de todo. Enérgica, potente, de la edad de mi hermana mayor, tenía carisma. Sus inmensos ojos redondos y oscuros (que veo en P, su hijo, intensificados, si cabe) lanzaban llamaradas cuando estaba enojada o quería convencer, pero también se reían y ya entonces tenía el don de la ironía y el sarcasmo de la gente inteligente, a la que ella le sumaba (y le siguió sumando) lecturas, curiosidades, viajes, aventuras intelectuales y estéticas, un amor atrevido, una familia poco ordinaria.
Modigliani, 
Retrato de Madame Reynouard, 
óleo sobre tela, 1916,81 x 50 cm 
Tal vez porque desde chica hacía, como esos personajes de Proust que me fascinan, de lo frívolo algo muy serio, sabía (y sabe más) del buen vestir, de la elegancia, de la decoración cálida y sofisticada de una casa que por muy bien arreglada que esté no deje de ser hogar.
D brillaba.
D brilla.
Se ríe de lo más triste. Se envalentona ante lo más espantoso, es decir, lo que nos causa un espanto insoportable, imposible de ser enunciado, y quiere cuidarnos a todos como si se pudiera cuidar a las personas de quererla. A ella.
A los chicos, me acuerdo, D les gustaba, incluso más que "Las Lindas", muchas de las cuales eran sus amigas y que siempre eran o parecían medio tontas. Porque a pesar de lo que uno cree en la adolescencia, a los chicos siempre les han gustado más las mujeres que parecen saber lo que quieren (aunque no lo sepan), las que seducen y desean, con un poco de histeria, de escapismo, de fingimientos y simulacros de tontería, pero inteligentes, sensibles. D tal vez, como la mayoría de mis amigas, mi propia hermana, yo misma, no respondía a los parámetros de la moda de Las Lindas, era mucho más libre, rebelde, auténtica (sea lo que fuere lo que eso quería decir entonces). 
Igual que ahora. A ella, parece, las convenciones no le combinan.
¡Brindo por ella!

domingo, 23 de junio de 2013

Antes del anochecer, amores en tres partes

       "La memoria es un monstruo: tú olvidas, ella no. Sencillamente lo archiva todo;
 lo conserva todo para ti, o te oculta. La memoria evoca recuerdos por voluntad propia. 
Imaginas que tienes memoria, ¡pero la memoria te tiene a ti!"
(John   Irving, Personas como yo)




Pienso en esta frase de la novela que estaba leyendo y después leo un artículo en el suplemento Radar de Página 12 en el que se habla de la tercera película de la saga del director Richard Linklater que comenzó con Antes del amanecer (dice el crítico Juan Manuel  Domínguez "pequeña e intimista") y de la cual creo recordar haber visto solamente Antes del atardecer,{{1}} una tarde de esas de domingo nublado y tele, y repetirla en otra ocasión parecida, y en algún foro de decoración, ver los fotogramas del departamento de Céline (Julie Delpy), en París, al que sube con Jesse (Ethan Hawke) donde ella le canta luego de escuchar a Nina Simone en "Just in time", pero no hacen el amor, creo, y tiene ese final abierto que los vuelve a reencontrar, parece, 13 años después, esta vez ya no en Viena (como en la primera película), ni en París, como en la segunda, sino en Grecia. Y uno puede creer que para una historia de amor así, que es siempre sin ser, abierta, sin reglas, fugaz, esos escenarios favorecen la memoria, el recuerdo, esas idealizaciones que hacemos de los amantes que no se "contaminan" en relaciones en las que discutimos quién paga la luz, si comemos guiso o asado, si yoga o musculación, si los amigos tuyos/míos, tu trabajo; nada, en fin, mucho menos problemas familiares, ni hijos, ni embarazos. Esos amantes que son como una bendición, que están sin estar, que nunca son más que como recuerdo que nos habita y nos da calor o como fantasía futura, que nos hace sonreír cuando pasamos por ciertos lugares, o tal vez llorar de nostalgia o incertidumbre, como en el caso de la señorita Frost para el protagonista de Personas como yo;  pero, en el presente no son, como en esta saga, casi nunca, la canción, la caminata por la orilla del Sena, el "siempre tendremos París", no piden subir a nuestra departamento de soltera (que no lo somos, por otra parte) ni nos piden un té, que cantemos, que bailemos, no nos miran embelesados como si no hubiera un mañana ni estuviera por irse su avión. Porque, como dice en la nota el director de la saga, al contar cómo se inspiró para contar esta historia, en una chica con la que compartió una noche y que lo marcó para siempre, pero que murió sin que pudiera volver a verla, "no tenemos idea de en qué forma tenemos eco y afectamos la vida de los demás. Creí realmente que un día volvería, que en alguna función, de todo ese mar de gente que es un festival, se asomaría a saludar. Y que me diría que había conseguido capturar aquello que habíamos vivido juntos. Pero nunca ocurrió."
Y entonces, hizo esta películas, como otros hacen una canción, una obra de teatro, una coreografía, un poema, una pintura, una novela, un blog.
No fue así cómo sucedieron las cosas, ningún personaje de guión o literario, ninguna escena de una canción, ningún retrato y ni siquiera una fotografía dan cuenta de cómo fue que sucedió algo o de lo que sentimos por alguien, todo es relectura, mito, ensoñación. Memoria del olvido, recuerdo de lo no sucedido, arte al fin.
Y sin embargo..."Now you're here now I know just where I'm going...."


{{1}} (Before Sunset), 2004, dirigida por Richard Linklater.http://es.wikipedia.org/wiki/Antes_del_atardecer