miércoles, 26 de octubre de 2011

ESMA

Qué reparadora es la sensación de justicia.
A veces pareciera que la vida de los seres humanos estuviera gobernada por la injusticia, la crueldad, el mal, el dolor, el cinismo.
Es increíble de todos los modos en que los hombres infringen sufrimiento a los demás, ensañándose con los más débiles, violando a mujeres, niñas y niños, robando bebés, humillando, ofendiendo, denigrando.
Hay explicaciones sociológicas, filosóficas, económicas, políticas, religiosas. 
inscripción de Horacio Maggio,  detenido, muro en la ESMA

No me explayaré ahora en eso.Para el genocidio perpetrado en nuestro país en la década del 70 también la hay.
Sencillamente, trato de evocar una última mirada que vio, una herida que sangró, un vientre vaciado, un hueso quebrado, un último suspiró que suspiró, un terror, un deseo, una esperanza, que se perdieron para siempre en la oscura y perversa noche de los lobos, en la ESMA.





lunes, 24 de octubre de 2011

Todos K

Hay un maremoto de palabras en los medios de comunicación, las redes estallan, los sms, las charlas improvisadas en los negocios, las oficinas, los medios de transporte. 
pingüirami diseñada por Ariel Tancredi
"Histórica", "demoledora", "arrasó", "peligro de hegemonía", "se autoinventó", entre otras.
Las redes sociales estallan.
Los corazones estallan.
Los militantes nos saludamos como sonámbulos, estamos cansados, estuvimos de acá para allá en la campaña, llegamos al final con el resto, (en especial los que ya somos grandes), laburamos en la larga jornada de ayer como fiscales,  encargados de edificios, cargando datos, coordinando información, recorriendo nuestros pequeños o grandes territorios, lo cales, UB, festejos.
Sabemos que nos esperan más reuniones, análisis, tareas.
Varias veces entre ayer y hoy escuché, leí, percibí, la queja, adornada con una sonrisa, de los que la pasamos muy mal en estos años, cuando era completamente "out" ser K, cuando te peleabas con tus amigos de toda la vida por eso, te ibas de la casa de tus parientes sintiéndote un paria, te insultaban en las marchas de apoyo a NK y CFK,  éramos tan pocos, después fuimos creciendo. No existía 6, 7 , 8. Néstor sí estaba. Te llenaban la casilla de mail, amigos, conocidos y extraños, con una mezcla de patoteada, argumentación, insulto o persuasión, para explicarte que si estabas con los K eras una pelotuda (en el mejor de los casos), lo mucho que sufrían los pobres productores de soja, el déficit de AA, la censura que encubría "la ley de medios K", lo crispados que estábamos . Te decían que eras demasiado inteligente para comerte el discurso K. Que lo del campo se había manejado para el orto. Te corrían, como escribí tras la derrota del 2009, por izquierda y derecha.
Cuando Néstor murió aparecieron, desde debajo de las baldosas. Algunos de los que nos sentíamos tan solos nos empezamos a relajar, a sentir que no éramos tan  pocos. 
Por cierto, a veces da bronca que un boludo porteño (por ejemplo) con tarasca te arme una "agrupación" K como si fuera un producto de publicidad, te diga en la cara que se hizo kirchnerista después del 27 de octubre del  2010 y munido de un importante cotillón y un par de eslogan se suba excitado al carro de la victoria sin haber transitado ni una derrota, ni una pequeña humillación, ni una discusión dolorosa, ni un sacrifico, ni un acto o gesto de solidaridad social.
Que un conocido que te ninguneó o sopapeó en público finja demencia y te salude con la V en medio de una manifestación, sin hacerse jamás cargo de nada.
Sí.
Sobre todo por la volubilidad que se esconde detrás de esas conversiones repentinas, fanáticas, fundamentalistas, que señalan acusadoramente nuestras contradicciones (sí, las nuestras, que venimos poniendo el cuerpo desde hace años incluso con esas tremendas contradicciones).
No hablo de los que nos equivocamos, de los que tenemos contradicciones. Hablo de los cínicos. De esos que da rabia ver cómo se quedan de nuevo con una parte del poder, (siempre se quedan con una parte), y sobre actúan su filiación al proyecto, (todos son hijos o padres del modelo y del proyecto, pero algunos son de esos hijos o padres tan abandónicos, ¿no?). Más que rabia, hay que estar atentos, porque esos son como el cáncer que corroe desde adentro y ya están pronto agazapados tramando cómo quedarse con una parte más de poder, traicionando al que sea. Esos no son ni kirchneristas, ni compañeros, ni nada. Son mercenarios y cortesanos sin convicciones, siempre los hay y siempre los habrá, saben hablar, pueden tener buen aspecto, se camuflan y reciclan en toda época y lugar. También están los "dueños de la verdad", con sus peronómetros, kirchnerómetros y medidores de convicciones. (Yo de esos medidores no tengo, pero reconozco a mis compañeros/as no sólo por sus dichos sino por sus acciones, porque no son egoístas, ni individualistas, compartimos las tres  banderas, nos sentimos comprometidos con un proyecto colectivo de inclusión.)
Todo eso está. Estamos hechos, los seres humanos, de una materia tan blanda y dura, influenciables,  generosos, corrompibles y a veces inconmovibles ante el dolor.

Pero hoy, al menos por unas horas, celebremos compañeras y compañeros.


viernes, 21 de octubre de 2011

No les creo nada, Kadafi y Philp Dick

"Llegará un momento en que no será 'me están espiando a través de mi telefóno'. Eventualmente será: 'mi teléfono me está espiando a mi'", escribió P.K.. Dick. 


En nombre de los valores democráticos los Estados Unidos, durante los últimos 60 años por lo menos, han invadido, masacrado, asesinado, torturado y conspirado en el mundo entero. (También fabrican y venden teléfonos "inteligentes")
Enarbolando las banderas de la libertad, han ejercido su poder imperial con todos los atributos de los totalitarismos, siempre en registro espectacular (en el sentido de espectáculo), con la explotación de todas las herramientas creativas de los medios audiovisuales que, por cierto, utilizan con una maestría increíble.
Desde la invasión a Iraq para destruir unas falsas armas químicas hasta el asesinato de Kadafi (o Khadafi o Gadafi) ayer, todo lo que se nos informa, exhibe obscenamente cual espectáculo, puede o no ser verdad. Que sea verosímil, que esté guionado, montado, actuado, fingido, es lo que con todo derecho podemos admitir como cierto. Cualquier teoría conspirativa, desde el asesinato de Kennedy hasta aquí, es tan creíble como las versiones oficiales del Imperio.  
"(...) la idea de una 'conspiración' viene a llenar un vacío cuando no encontramos respuestas coherentes con nuestra necesidad de dar una explicación racional a un acontecimiento", sostiene el Dr. Patrick Leman, psicólogo de la Universidad Royal Holloway de Londres, en el mismo sitio de la BBC en el que se afirma que "En Estados Unidos, por ejemplo, las encuestas dicen que el 80% de las personas cree que Lee Harvey Oswald no actuó solo en el asesinato de J.F.Kennedy." Muchos no creen que haya habido alunizaje o que Elvis haya muerto, por ejemplo. No pocos argentinos dudan respecto a la muerte de Yabrán. El propio Walter Graziano en su libro "Hitler ganó la guerra" da cuenta de varias de las hipótesis conspirativas que dieron vueltas en torno a los atentados en las Torres Gemelas.
El cine y la literatura han enriquecido todas esas posibilidades, ya sea que se inspiren en la necesidad de sostener a los gobiernos del Imperio, ya sean críticos. Podemos nombrar a grandes directores como Clint Eastwood (Absolute power, 1997), a famosos documentalistas como M. Moore, o a otros menos conocidos, como la reciente "Fair game" (acá "Poder que mata", sobre la operación de Bush para justificar la invasión a Iraq) de Dog Liman (con Sean Penn) , y tendremos una gran variedad de versiones para explicar las distintas masacres que han ejecutado adentro y afuera.

Pensando en estos límites entre fantasía, ficción, espectáculo y conspiración, imposible no recordar al gran Philip Dick, en particular, la muy buena biografía que Pablo Capanna escribió en 2005, Idios Kosmos (Granada, Grupo AJEC, 2005. 240 p). Más allá de lo que creamos respecto a si es necesario para comprender la obra de un escritor analizar su vida y, en tal caso, si hace falta recurrir a documentos, testimonios y otros aportes para realizar un análisis literario, en el caso de Dick podríamos decir que sí, ya que él mismo mostró experiencias de su vida, incluso cosas muy íntimas, en sus obras. "Capanna ofrece en este libro una respuesta al planteo: si leemos a Dick sin referencias concretas sobre su vida y sus peripecias, nos quedarán ocultas numerosas claves, las que se esfuerza en desplegar Idios Kosmos." 
Cosas inquietantes, que vienen al caso en este post, como su paranoia respecto a ser espiado y perseguido por la CIA, desestimada por muchos debido a su condición de enfermo psiquiátrico, adicto a las anfetaminas (por no mencionar que era un paranoico con crisis místicas legendarias). Según creo, terminó por probarse que tenía razón cuando hace no mucho tiempo se desclasificaron algunos archivos.

           Como escribe un apasionado lector y crítico de PKD, Rodrigo Fresán:  "'Vivimos en una sociedad cuya espuria realidad es construida por los medios, por los gobiernos y por las grandes corporaciones. Somos bombardeados por seudorrealidades manufacturadas por gente muy sofisticada utilizando mecanismos electrónicos sofisticados. Y no desconfío de sus intereses. Desconfío de su poder', escribió Dick, mucho tiempo antes de Mulder y Scully, de 'Los Expedientes X'. 'Su escritura está basada en la conspiración, pero sólo ahora, después de Watergate, el affaire Irán-Contras y muchas otras conspiraciones gubernamentales, el gran público puede ver las cosas como él las veía', explicó Aranofsky, el director de Pi. 'El primero y más evidente de los temas trenzados en su obra se refiere a la división planteada entre la humanidad y todas las complejidades de sus creaciones, una de las preocupaciones esenciales de todo escritor consecuente. Sin embargo, Dick cambió la pregunta ‘¿qué es ser humano?’ por la de “¿cómo es no ser humano?’”, se lee en el prólogo a los cinco tomos que compilan los cuentos completos del autor de los inquietantes androides de Blade Runner."

A mí, por lo pronto, me encantaría saber qué diría el gran maestro de los asesinatos mediáticos de Sadam Husein, Bin Laden y Kadafi.

lunes, 17 de octubre de 2011

17 de Octubre


"Enemigos del pueblo son también los ambiciosos. Muchas veces los he visto llegar hasta Perón, primero como amigos mansos y leales, y yo misma me engañé con ellos, que proclamaban una lealtad que después tuve que desmentir. Los ambiciosos son fríos como culebras pero saben disimular demasiado bien. Son enemigos del pueblo porque ellos no servirán jamás sino a sus intereses personales. Yo los he perseguido en el movimiento peronista y los seguiré persiguiendo implacablemente en defensa del pueblo. Son los caudillos. Tienen el alma cerrada a todo lo que no sean ellos. No trabajan para una doctrina ni les interesa el ideal. La doctrina y el ideal son ellos." (Eva Perón, "Mi mensaje")

Perón mediante, gráfica peronista del periodo clásico, La Marca Editora, Bs As, 2011

miércoles, 12 de octubre de 2011

Downton Abbey, series


"El sol se eleva detrás de Downton Abbey, una casa grande y espléndida en un parque grande y espléndido. Pareciera que la forma de vida que representa durará mil años. Pero no será así.” 

De los mismos creadores Oscar Julian Fellowes  que la película Gosford Park (dirigida por Robert Altman, 2001), esta serie inglesa transcurre en el micromundo habitado por los aristócratas y millonarios Crawley, en su mansión campestre, en el "arriba" (en los pisos altos, repitiendo la metáfora de la película), y el "abajo", configurado por el mundo de los criados al servicio de la familia. Y por supuesto, los cruces, tensiones, conflictos y alianzas entre los habitantes de ambos niveles. Pequeño mundo (que bien puede representar al contexto europeo),  que a pesar de sus rígidas jerarquías, su supuesta previsibilidad y aparente orden de placidez en la bella campiña, está a punto de derrumbarse para dar comienzo al más corto y sangriento siglo de la historia humana, al decir de Eric Hosbawm. 
La primera temporada comienza, y no por casualidad, en 1912, con la muerte de los herederos de la mansión en el hundimiento del Titanic. Ese hundimiento hará que comience a irse a pique a la vez el mundo de los Crawley y los planes del jefe de familia y su esposa, condes de Grantham (interpretados por Hugh Bonneville y Elizabeth Mc Govern). A partir de ello, los Crawley,  que tienen tres hijas mujeres casaderas (Lady Mary, Lady Edith y Lady Sybil) pero que por su condición de mujeres no pueden heredar, se verán forzados a aceptar como legítimo heredero a un lejano y desconocido primo,Matthew Crawly (Dan Stevens)abogado de clase media e ideas "modernas", a la vez que comienzan una infructuosa búsqueda de un adecuado pretendiente para Mary, la hija mayor, quien es, por cierto, bastante inconformista, fría e inteligente, sin llegar a ser rebelde como la"sufragista" y apasionada de la política,  la más joven, Sybil.


Es así como, arriba y abajo, en la mansión y en algunas escenas en el pueblo y en Londres, se sucederán intrigas, secretos susurrados detrás de las puertas o en pasillos prohibidos, muertes inesperadas y ocultadas para evitar escándalos. El relato, que de algún modo narra la decadencia de la aristocracia, también se ocupa de mostrar el fin de un mundo que en el presente solemos calificar como muy injusto y cruel, poco democrático y sin derechos para las mujeres, los trabajadores, los sectores medios, etc, pero que en lo personal a veces se me hace mucho menos impiadoso que el actual, que ha profundizado y multiplicado la injusticia, y es más cínico porque lo hace enarbolando un discurso pseudo democrático. 
Los recursos de lenguaje  que utiliza la serie (que además tiene un casting muy apropiado conformado por un elenco mayoritariamente inglés), de fotografía, vestuarios y escenografías, son muy cuidados.
La segunda temporada, que comenzó hace un par de meses, arranca con el estallido de la Gran Guerra (Primera Guerra Mundial) y promete muchos acontecimientos inesperados.



Downton Abbey es una producción de Julian Fellowes, el mismo creador de la película Gosford Park (2001).La serie ha sido alabada por la crítica y ya ha ganado dos Bafta y cuatro Emmy. Downton Abbey es transmitida acá los jueves, a las 21.00 horas, en Film & Arts.


lunes, 10 de octubre de 2011

Soldar para vivir, muestra de Rodrigo Mirto

Ya sea que en mis asociaciones me sienta en el huerto planetario de una galaxia soñada por Rodrigo Fresán a la vez que en el fondo de una casa, cualquiera, en mi barrio.
Ya sea que la mesa, con la comida (el guiso o la sopa, el plato de fideos, los utensilios, incluso la soldadora) me remita a una imagen de la tradición pictórica de los Países bajos o de bodegón platense, conurbanense, allí, a la vuelta, con sifones y jarras pingüino.
Observar la disposición de herramientas y utensilios, que parecen recreaciones de mundo lejanos y tan presentes, "arqueología contextual"
Hay algo del artesano, del artista artesano, que no es posible expresar con palabras, que se sintetiza en el "soldar para vivir". El arte como el antiguo oficio del soldador, el noble trabajo del que suda y saca callos.
Sólo me queda, junto a mi familia, gozar de esta maravillosa muestra.
Maravilla.

la muestra de Rodrigo Mirto "arquelogía contextual/soldar para vivir/ jardines del horto"puede verse del 8 al 30 de octubre en la Sala a del CC Malvinas, 19 y 51, La Plata

viernes, 7 de octubre de 2011

Entre bambalinas y conspiradores

El mundo es un escenario,
y actores son hombres y mujeres

—W. Shakespeare, Como gustéis



En estos días, yendo y viniendo de la lectura de Giorgio Agamben en El reino y la gloria, una genealogía de la economía y del gobiernome pongo e pensar en la teatralidad del poder y las tradiciones cortesanas que perviven en las estructuras de las burocracias administrativas actuales. 
(Es imposible no molestarse un poco al ver que cualquier pelele, el más imbécil o corrupto o arribista, un pichiruli cualquiera, oportunista, cínico, en la estructura de poder más pequeña, insignificante o miserable que observemos, repite ceremonias y rituales propios del "Rey", de la "corte", de un poder que en la tierra debiera reflejar al del Reino.)
Agamben me cuesta en este libro, requiere de mí cualidades que tengo disminuidas o que no tengo, si pierdo la concentración ya no entiendo, pero a la vez, hay para mí en su lectura como un mecerme en una canción de cuna con reminiscencias conocidas aunque algunas palabras sean pronunciadas en idiomas y lenguas incomprensibles. Aunque esta obra es un desafío a mi limitado intelecto, es inevitable observar cómo la estructura gubernamental del poder y sus vinculaciones con la liturgia cristiana, la teología y la oikonomía van asociándose en mí con el mundo construido (en mi imaginario, al menos) por los Borja o Borgia, releyendo O César o Nada y viendo la serie, y es inevitable, al transitar determinados territorios donde moran todo tipo de farsantes y escenarios de poder, según el ánimo, reconocer con humor o con tristeza, las cáscaras vacías de los protocolos excesivos para quienes ni los merecen ni los conquistan. Sofisticadas ceremonias despojadas de sus sentidos primigenios, vaciadas, pero que aun así cumplen con la función de otorgar oropeles cortesanos a quienes se suponen pertenecen a la época, la raza, la ideología, de la justicia social y la igualdad. Agamben, con toda su erudición y su originalidad al pensar, analiza la doble estructura de la máquina gubernamental, la relación entre el Reino y el Gobierno, entre la gestión eficaz y el poder como autoridad y majestuosidad, la liturgia (como ceremonia pública) y la teatralidad de los medios de comunicación. Se pregunta por qué el poder necesita la gloria, cuál es la función de la aclamación en la liturgia, por qué asume la forma de la declamación, las ceremonias y los protocolos?
Y sincero mi corazón y digo: soy y quiero ser parte (aunque eso moleste a mis amigos/as no creyentes en este reino) de las ceremonias y los protocolos, las aclamaciones y los rituales del Poder que ha traído a mi país y a mi vida la esperanzada, fundada en varios hechos concretos (la gestión), de que haya un poco de justicia en el reino humano.



Y sincero mi corazón y digo: odio, me da asco, rechazo, que pretendan hacerme partícipe de gestos de besamanos, de cortesanos decadentes, de chupamedias y especuladores, a poderes cipayos, corruptos, que se acomodan hoy buscando el calor protector de la "Reina", y acechan en las sombras para dar (darle, darnos, darme) la estocada fatal en cuanto se presente la oportunidad. Esos, que se ocultan entre las bambalinas o bajo capas de maquillajes y disfraces, que se cuelan en el escenario y logran engañar a muchos espectadores con sonrisas y máscaras, son peores y más peligrosos que los que conspiran afuera.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Y siguen escribiendo

A 35 años, mi pequeño homenaje. Memoria, verdad y justicia. Este post es de hace un año, y hoy somos muchos más.

Estoy por cumplir cuarenta y esa idea no me gusta nada. Me dicen estupideces acerca  de la experiencia y la sal de la vida, mi aspecto juvenil y que parezco menor, lo lindas que son las  mujeres de 40, boludeces.
Mientras espero una hora en la parada del Plaza de Lavalle y 9 de Julio, me distraigo del cansancio (y el dolor en las lumbares y las cervicales, la jaqueca, y una interminable serie de males atribuibles un 50 por ciento a la neurosis y la otra mitad a los años) escucho las conversaciones de los demás que esperan al insoportable colectivo del monopolio. Detrás mío, no los veo, un muchacho conversa con una chica. Ella le  cuenta que generalmente vuelve en auto, es estudiante de la sede de Moreno de la Universidad de La  Matanza. Dice que cuando se reciba tal vez busque un trabajo en Buenos Aires. El pibe le dice que en Buenos Aires se puede trabajar y estudiar, pero no vivir. No acá, al menos, y señala las columnas de estudiantes secundarios que en homenaje a los 34 años de la Noche de los Lápices y en reclamo al desastroso gobierno de Macri, marchan hacia el obelisco y cortan el tránsito.
Recuerdo los poquitos que éramos, allá por el 84, mi primer año en la secundaria, en La Plata, cuando organizamos la primera marcha por la Noche de los Lápices, con los centros de estudiantes. Un par de profesoras de Barrio Norte que daban clases en el Liceo les advertían a mis compañeras de cursos que las que estábamos en el centro de estudiantes podíamos terminar en un zanjón, como los "subversivos". Por suerte hoy ningún estudiante secundario se bancaría un discurso tan facho. Mi hijo marchó hoy en La Plata, con algunos compañeros del Bachillerato de Bellas Artes y al enterarme, desde mi distancia porteña, casi se me pianta un lagrimón.
Los de la cola en la parada siguen hablando. Una parejita le comenta a otra piba que toman el de Centenario porque sale más barato, pero luego hablan de un viaje a Brasil que hicieron en el verano. Y el pibe que no es estudiante sino que labura en una empresa, dice que toma el bondi todos los días y entonces está acostumbrado a los abusos de la empresa. Ambos viven solos, dicen. Me doy vuelta, distraída de la lectura de Herzog, de Bellow. Los que creía pibes tienen treinta y algo. Son más jóvenes que yo, pero no tanto. Viven solos, laburan y estudian en Buenos Aires, no tienen hijos, pagan alquiler pero tienen auto, se ahorran $ 1, 50 a costa de tardar media hora más y viajar parados pero veranean en Brasil.
Estoy mayor. Pertenezco a otra generación y me doy cuenta que no es exclusivamente un tema cronológico. Pienso más en el día a día. No me banco más viajar parada. Prefiero vacacionar en un cámping en la costa Atlántica y tomar un buen vino a la noche de cada noche de cada jornada. Muero por volver a casa porque quiero estar un rato antes que mi hijo se vaya  a dormir. Y eso es porque tuve un hijo cuando la mayoría de los de mi generación hacían posgrados, o viajaban por el mundo o producían magníficas obras artísticas o  aún vivían con sus viejos o compartían alquileres con amigos. Hacían carrera. Yo ganaba el mango como fuera, con cero glamour, pero en casa había peluches, chupetes y pañales. Chau recitales, pero sí VHS de Dumbo y Pocahontas. El cine pasó a ser una larga cola para películas infantiles y no una escapada con amigos o novio; la cena perfecta un Mc Donalds y no un restaurante gourmet; las prioridades, la bici con rueditas y no el posgrado.
No termino de darme cuenta de si estoy vieja o si me equivoqué de generación. Pero aún así, vuelvo a la lectura de Bellow porque me cuesta entender que estoy haciendo la cola con gente que es apenas cuatro o cinco años más chica, pero nos separan algunos pequeños pero profundos abismos.
Los de la parada ven a los estudiantes marchar y piensan en que el corte los demorará una hora más en llegar a sus casas. Y yo pienso que tengo un hijo que marcha con sus compañeros, como hice yo por primera vez sin mis padres, hace más de veinticinco años. Los de la parada que me parecían tan jóvenes en lugar de peinados punck, llevan melenitas con planchita o cortes modernos pero onda yuppie. Estos raros peinados nuevos. Qué aburridos.
Ser burgués, dice el personaje de Bellow, es pensar que el universo existe para nuestro bienestar.
Y los lápices, dicen los pibes, siguen escribiendo.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Esperando

"Simplemente estar sentado y esperar supone un esfuerzo agotador. Ya conoce usted ese aire opresivo de las oficinas." (Franz Kafka, El proceso)


Dejando a un lado lo que tiene que ver con las relaciones afectivas (amorosas, filiales), se me ocurren algunas reflexiones respecto al ejercicio del poder de hacer esperar a los demás. Hacerse esperar por otros es una práctica extendida y aceptada en varias profesiones y oficios y parece formar parte de la liturgia del poder en sociedades que se resisten a abandonar los hábitos cortesanos en favor de comportamientos más ciudadanos.
Esperando al doctor
No es el caso de mencionar acá  las médicos que trabajan en las guardias hospitalarias del sistema público, puesto que allí los accidentes, la enorme demanda, impiden una planificación del tiempo propio y ajeno. Pero ocurre todo el tiempo en las clínicas privadas y por fuera de los imprevistos de las emergencias, que los médicos de distitnas especialidades dan sus turnos (supongo que a imposición de las clínicas) cada 10 o 15 minutos, lo cual es imposible de satisfacer y por eso, los pacientes esperan varias horas. Si a la condición de enfermo, que de por sí está asociada con la preocupación, el dolor y /o la angustia o, peor aún, la del/la familiar al que acompañamos, le agregamos esas amansadoras, no podemos sino concluir que este abuso de poder (sea responsabilidad de las instituciones, sea de los profesionales) implica un desprecio intenso (aunque "naturalizado") por el otro, por su tiempo, por su dolor, por su enfermedad, impropio de quienes han realizado el famoso juramento.
Para esa cita médica los pacientes han debido postergar o buscar reemplazo en otras ocupaciones (laborales, familiares), trajinar por el aparato burocrático de su obra social, por no mencionar lo estrictamente vinculado al/los problema/s de salud en cuestión.
Esperando al funcionario
Funcionarios públicos son los policías,  las autoridades escolares, los funcionarios judiciales y los de la administración  entre otros. Es lógico suponer que a mayor jerarquía, mayores responsabilidades y que éstas, propias del cargo y la función, los obligue a lidiar con una agenda cargada  en la que no siempre es fácil establecer prioridades y menos aún que estas coincidan con las de las demandas de aquellos ciudadanos que los requieren. Sin embargo, cuando se compromete la atención al público, cabe pensar que detrás de la demanda, necesidad, requerimiento, las más de las veces hay un derecho en peligro, una necesidad que es urgente para el que solicita la atención, que puede tener que ver con lo esencial de su vida (o la de su familia), que no es fácil lograr la mera solicitud de una audiencia, figurar en una agenda de alguien que tiene más poder que uno, esperar, esperar, esperar. A veces horas, días, la eternidad. 
Muchos funcionarios (acosados por exceso de responsabilidades, o embriagados de poder y toda la escala de matices que hay en medio)  parecen haber olvidado la ansiedad, la angustia, la desesperación, la sensación humillante, degradante, que puede acompañar estas esperas. El estrés que provoca ya que no se sabe nunca si el encuentro se concretará y mucho menos si de este surgirá una solución o cuál será el desenlace. Esa solución puede significar el pan de una familia, la escolaridad de un hijo, la vida de una persona que amamos, la llegada de la justicia a una vida injusta, tantas cosas. La espera, que posterga una y otra vez cualquier acción, nos controla y nos paraliza ya que, como en el cuento de Borges, "es menos duro sobrellevar un acontecimiento espantoso que imaginarlo, aguardarlo sin fin".

jueves, 8 de septiembre de 2011

Un proyecto de locos (cuestiones educativas)

Cada capítulo de Los libros que nunca he escrito  (FCE, 2008) de George Steiner (1929) es un libro, y cada uno de esos libros, abre las puertas al mundo de un intelectual ya maduro, un profesor que ha enseñado en las más diversas instituciones, que, con la absoluta libertad y capacidad crítica que imagino en quienes ya no necesitan quedar bien (o mal) con nadie, reflexiona (de manera obsesiva, crítica y sorteando los límites de la intimidad) sobre un tema. Pone en cuestión incluso sus propias certezas. 
Así ocurre con "Cuestiones educativas", en el que Steiner analiza la "decadencia" de los sistemas escolares (en particular  la educación secundaria y algo de la universitaria) en Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Y lo hace, por supuesto, convirtiendo el ensayo en narrativa literaria en la que sus ideas, críticas, recuerdos, parecen enlazados en una coreografía que es, a la vez, clásica y vanguardista. Su deseo, se adivina, escapar al vacío de los libros no escritos, las vidas no vividas, las ideas no expresadas.
Lejos del discurso (y desde ya de la jerga, el glosario a veces mortalmente aburrido  de los especialistas que "dialogan" entre sí), Steiner es un escritor que piensa "en voz alta". Sus ideas se atreven, no otorgan concesiones, provocan, llenan el vacío porque, precisamente, no son lo ya dicho.
Es así que confronta algunas afirmaciones bastante extendidas en el mundo de la política y la pedagogía respecto a evaluaciones comparativas, diagnósticos discutidos una y otra vez en foros de educadores y en los parlamentos, formatos institucionales, currículas, pérdidas de nivel académico o fracaso escolar masivo.
El repetido lamento (compartido y extendido por estas tierras) que enuncia el "empobrecimiento" del lenguaje de los adolescentes, su incapacidad para comprender y analizar textos, para escribir, para utilizar oraciones subordinadas. El "pésimo nivel" con el que egresan de la enseñanza media, ilustrado con un anecdotario que amplifica la prensa año tras año para exhibir el fracaso masivo en los exámenes de admisión a las instituciones de educación superior más exigentes, la ignorancia acerca de la historia de sus propias sociedades, de la ubicación geográfica de otros países, entre otras. El estrés de las familias, los educadores, los especialistas, los políticos, el desconcierto y el no saber qué hacer.
Steiner enumera algunos de los conflictos entre los mundos de los jóvenes habitantes de las democracias de mercado europeas, herederas de una larga tradición humanista y de una formación de elite, y los programas educativos del mundo de los adultos. No teme mencionar el éxito alfabetizador en sociedades dictatoriales, como la soviética, Turquía, China. Se pregunta si no es precisamente ese el "precio" de construir sociedades más tolerantes, integradas, diversas. Es decir, más democráticas y con mayor igualdad social, como la antigua promesa de la república napoleónica, la esperanzada apuesta al futuro, pragmática, algo boba, ingenua, que él le atribuye a EEUU, "Californias venideras".
Propone la imposibilidad de comparar los sistemas entre países, incluso al interior éstos, por la diversidad de contextos, características de las poblaciones, las instituciones educativas, las tradiciones políticas y la historia en la que se inscriben. (¿Qué tienen en común las Grandes Ecoles con las universidades para trabajadores adultos de Nueva York? ¿Cómo evaluar del mismo modo a los jóvenes deportistas estrellas de las universidades tradicionales inglesas con un estudiante avanzado de una escuela técnica francesa?)
¿Qué vínculos se establecen entre quienes participan de la cultura electrónica, informática, el lenguaje escueto de la publicidad globalizada y quienes proponen diez años de enseñanza de gramática y de memorización de fragmentos de literatura como fundamento de la cultura nacional? ¿Qué distingue a las humanidades y las ciencias, si no es "la flecha del tiempo", ya que "las ciencias y la tecnología se mueven hacia adelante. El mañana es más rico, abarca más que el hoy." (2008, 166) "La intuición gruñe: las humanidades y las artes de Occidente son virtuosismos de crepúsculo y remembranzas."(2008, 166)
Pone el acento, al observar con nostalgia pero sin ingenuidad, el abandono de la enseñanza casi enciclopédica  (memoria, repetición, recitado) de algunas disciplinas vinculadas a la lengua y la literatura para dar lugar a una incorporación masiva de estudiantes (justicia social), en la incapacidad que tuvieron las "civilizadas, humanistas y educadas" sociedades europeas para impedir las matanzas escandalosas del siglo XX en sus "guerras civiles".
Habla de docentes "derrotados" y cansados y de alumnos aburridos, cuyo mundo de intereses no está en las escuelas. Como Lenin, se pregunta "¿Qué hacer?"
Indaga acerca del fin del paradigma de la alfabetización como sinónimo de "letrado" (el que conoce la letra de las escrituras), y sugiere que la alfabetización es "la capacidad para tener participación en lo más desafiante y creativo que hay en nuestras sociedades y responder a ello."
Propone la utopía como la alternativa posible para épocas de crisis, y algunos postulados, como enseñar la historia intelectual y social, para despertar el deseo de aventura mental en los jóvenes. Un programa universal de enseñanza, dice, para esta época, debería incluir estudios de matemáticas, música, arquitectura y ciencias de la vida. Debiera trabajarse en equipo.
"La alfabetización en los números, la música, en la arquitectura y en la biogenética. Un proyecto de locos. Ojalá lo fuera todavía más."(Steiner, 2008:182)

Índice de Contenidos
Nota del autor 11

Los libros que nunca he escrito

Chinoiserie 15
Invidia 47
Los idiomas de Eros 75
Sión 109
Cuestiones educativas 143
Del hombre y la bestia 185
Petición de principio 209