viernes, 23 de abril de 2010

Ella le rompió el corazón


La verdad es que me cohíbe un poco cuando me dice que de tanto en tanto se pega una vuelta por mi blog.
Es cierto, no nos vemos casi nunca y nos encontramos, como él dice, en algunos ámbitos donde es probable que a los dos nos pase algo parecido. Hay algo, como un sentido del deber o cierta pasión política que lleva nuestros pasos a desembocar allí para luego, al cruzarnos con personajes del poder, gente con la que quizá en la puta vida nos tomaríamos un café de no ser estrictamente necesario (y otra con la que sí lo haríamos con todo gusto, probablemente), algo desde adentro se subleve, nos agarre un poquito de taquicardia, nos pongamos a transpirar, forcemos a nuestros rostros (o "caras", corregiría Bioy) la mejor "máscara japonesa" que propone Mishima en sus Confesiones de una máscara. Estrategias humanas para sobrevivir en junglas bastante inhumanas, carnaval veneciano aunque sin tradición ni glamour .
Y entonces, en esas circunstancias en las que la hipocresía ayuda y mucho, en la que todos, detrás de nuestros pequeños antifaces nos relojeamos y la especulación puede estar a la orden del día, (quien vino para hacerse ver o para ser visto, ver qué o a quién, quien te saluda o te corta el rostro, lo que se dice y lo que se calla), es un respiro que alguien te confiese la tristeza de un amor que ya no es. Frente a ese tipo de confesiones sólo es posible tomar esas palabras, guardarlas en la palma de la mano como cuando se encuentra un gorrión lastimado en la vereda (aun cuando no nos gusten los gorriones), esconderlas bajo la forma protectora del secreto o del olvido porque ya no importan entonces los nombres ni los protagonistas de la historia, ni siquiera las consecuencias que en nuestra ética pudieran tener no respetar ese silencio sino el aprecio ante el gesto de valentía que implica decir algo como: "ella me rompió el corazón", en esta época, en ese lugar.

viernes, 16 de abril de 2010

La Pista de Hielo, Roberto Bolaño

"Lo vi por primera vez en la calle Bucarelli, en México, es decir en la adolescencia, en la zona borrosa y vacilante que pertenecía a los poetas de hierro, una noche cargada de niebla que obligaba a los coches a circular con lentitud....", así comienza,por boca de uno de los narradores, Remo Morán, La pista de Hielo, de Roberto Bolaño.
Esta, la primera, es una de las varias versiones del crimen que ha ocurrido en el Palacio Benvingut (nombre catalán que significa Bienvenidos), en la ciudad costera de Z, España. Así, sin casi darnos cuenta, ya estamos completamente inmersos en la trama que construye Bolaño, con su maestría y gran sentido del humor (a veces feroz), en esta novela negra y polifónica. Desde el principio necesitamos seguir leyendo: no sólo queremos saber de qué crimen se trata o quién es el culpable, no podemos dejar de leer y acompañar a cada uno de los personajes, los tres que narran casi como en una confesión y los que son narrados, mientras un destino trágico se va imponiendo a cada uno de ellos, inexorable (novela negra al fin) como el avance de la construcción secreta e ilegal de la pista de hielo.
¿Quiénes son? Una joven y hermosa patinadora de nivel olímpico; un pobre mexicano que trabaja de vigilante nocturno en un camping (como el mismo Bolaño hizo) y se enamora de una chica enferma e indigente; un poeta chileno que administra un barsucho y un hotel; su ex esposa, idealista asistente social del municipio.
"Todos estamos acostumbrados a morirnos cada cierto tiempo", sentencia Enric Rosquelles, funcionario municipal encumbrado, vanidoso y autoreferente,"y tan poco a poco que la verdad es que cada día estamos más vivos". ¿Hay en el nombre de este personaje un chiste casi privado y bien argento del chileno Bolaño? No lo sé. Pero es él, precisamente, quien con mayor afán intenta enroscarnos a lo largo de su relato, como lo ha hecho con la bella patinadora de la que se ha enamorado, Nuria, como lo hace con su jefa y promotora, la alcaldesa Pilar.
Hay en esta novela, como en otras obras de Bolaño, cierta nostalgia del arte como sinónimo de valentía ética, valentía amorosa y valentía política que lleva siempre las de perder, no en vano dos de sus narradores son (o han sido) poetas y escritores latinoamericanos y son, cada uno a su modo, marginales; de crítica a la izquierda europea, vieja, aburguesada y mediocre; del periodismo mediático, que pretende erigirse en juez de todos; de peruanos, chilenos, mexicanos, argentinos, haciendo laburos de mierda para los ricos social-demócratas españoles.
Y mientras tanto, la trama avanza, con datos que envían hacia el pasado o brindan pistas hacia el futuro (el real y el deseado), en esta red de amores y desamores, amistades que han perdido su sabor y la vida turística en las calles y el camping de Z.
Ganadora del premio de Narrativa Ciudad de Alcalá de Henares en 1993, , ha sido reeditada por Anagrama en 2009, 200 páginas.

Enlaces interesantes acerca de esta novela:


miércoles, 24 de marzo de 2010

Presentación libro Saberes:experiencias y debates reflexiones,


Hace unos días, fui invitada a la presentación de un nuevo libro de los investigadores del grupo Appeal (Alternativas Pedagógicas para América Latina), Saberes: reflexiones, experiencias y debates.
¿Qué decir? Además de la riqueza del debate teórico, gratificante en particular para quienes aun sin ser pedagogos nos hemos apropiado de algunas de sus categorías de análisis (¡el maravilloso descubrimiento, en especial, para quienes aun con ese origen y mandato, hemos huido por diversas, complejas y , probablemente aburridas razones, de la “academia” de los “saberes socialmente productivos” que nos han dejado como el pecho henchido y la autoestima, que puede ser también colectiva y no sólo individual, a la altura justa , ni muy alta ni muy baja, para emprenderla en el terreno de la política, la realidad, el día a día!), que gracias a algunos de ellos hemos descubierto, que no siempre estamos condenados a "morir de pedagogía" (como esa condena a aburrirse como cuando se escucha durante horas a un radical, algo que Dante, de haberlo conocido, hubiera colocado en alguno de los niveles de su Infierno), en fin , una foto de época más que interesante, esta de poder escuchar a intelectuales, docentes, dirigentes sindicales y legisladores nacionales, en ese ámbito —cálido e imponente a la vez, como icono de la cultura, diseñado, creo, por Clorindo Testa en un rapto de homenaje modernista a algunos de los mejores aspectos del siglo XX, con los "fantasmas" de Borges, Cortázar, Arlt, Rodolfo Puiggrós y tantos otros merodeando por los pasillos—, rodeados de la muestra de grabados de algunos de los más valiosos artistas de la historia del arte nacional.
Y a este famoso Castorina, que urde el gesto y la trama de lenguaje exacto para provocarnos, aun en esa hora tardía de una semana tan intensa, a pensar. ¡Pensar! ¡Pensar de otro modo, pensar lo que no hemos antes pensado, o no sabemos que hemos pensado o que somos capaces de pensar! ¡Y pensarlo con otros que lo hacen, y enseñan y comparten!
Y mientras la mirada se pasea, siempre curiosa, por los desnudos y los poderosos contrastes de las xilografías y las aguafuertes, escuchar a Marcela, su invocación del Sur hacia Norte, con esa tonada mexicana que en mí, no sé por qué —más bien, sí lo sé, pero acá no viene a cuento— me trae recuerdos de un país que no conozco y quizá no exista más que en los sueños que se han alimentado de relatos y palabras escuchadas a mis amigas argenmex —platiquemos harto bonito, me dice Vicky una noche, en la ya lejana adolescencia y yo le hubiera contestado, si no hubiera temido parecer muy bruta, ¿lo qué?—, a mis maestras argenmex, en particular a Adriana; al mejor escritor latinoamericano de los últimos años —chileno, mexicano y español, ¡ay, y argentino, si fuera acaso posible, por qué no!— el gran poeta y novelista y cuentista, Robert Bolaño, (Deux est machina).
Gracias, a todos, en particular a Adriana, Lidia, Marcela, y Ariel, por hacernos sentir, a los legos, tan cómodos y tan en casa, entre pedagogos e intelectuales de otras layas, saber que no somos sapos de otros pozos.



Puiggrós, Adriana (Dir.), Rodríguez, Lidia (Coord.)Saberes: reflexiones, experiencias y debates, Galerna, Buenos Aires, 2010.
Presentado en la Biblioteca Nacional, jueves 18 de marzo.

Huellas, semblanzas de vida de detenidos-desaparecidos y asesinados por el terrorismo de Estado pertenecientes a la UNLP


Huellas es un libro que ayer presentó la Universidad de La Plata, publicado por su editorial y su Dirección de Derechos Humanos, escrito por más de 50 autores. El libro reúne una selección de semblanzas acerca de la vida, recuerdos, pinceladas que evocan a los detenidos-desaparecidos de nuestra Universidad.
Llegué por invitación de mi madre, quien me había comentado (ciertamente algo emocionada en su clásico estilo reservado castizo-entrerriano) que para este texto colectivo le habían pedido una semblanza de quien fuera su profesor allá lejos y hace tiempo, Silvio Frondizi. En las lineas de mi madre no sólo descubro su interpretación de Frondizi, sino también un aspecto de ella (joven alumna y militante de la Facultad de Derecho) que es difícil recuperar como hija, como no sea a través de la palabra, de lo que la palabra expresa y de lo que calla. Las huellas que en ella dejó impregnadas este maestro.
El libro es así: huellas, "señales que dejan los pies en la tierra por donde pasan"; la tierra: esta ciudad, la Universidad, los barrios, las fábricas, los corazones de quienes recuerdan. Sus testimonios. Siempre sesgados, incompletos, pero vivos.
Al final, también reseña el listado de los desaparecidos de la UNLP (más de 750), entre los cuales figura, entre otros, Chufo, por lo que también escribo estas líneas para compartirlas con mis amigos de esa familia tan querida que adopté casi como propia hace ya unos cuantos años.
Seguramente este trabajo se irá creciendo con los años, con nuevas colaboraciones, con recuerdos y aportes de otros amigos, ex alumnos, amantes, hijos/as, esposos/as, madres y padres que en esta oportunidad no participaron, por diversas razones.
Por ahora, aquí está, ya devenido objeto-libro, en una edición cuidada y de muy buena calidad, a punto de comenzar un recorrido de cuyas trayectorias no podemos saber más que lo que imaginemos o deseemos.

lunes, 8 de marzo de 2010

Falsa candidez


Hoy, mientras esperaba por más de dos horas en IOMA para autorizar una orden médica me dediqué a leer, hasta que un policía nos informó (amablemente, por cierto, el único amable) que se había caído el sistema y que no había nada más que hacer, pensé muchas cosas de la índole: con lo que me descuentan de IOMA estos hijos de puta y cada vez más burocracia; Scioli y la p...; pensé: con lo que se han afanado de esta obra social varios hdp de diversas supuestas ideologías (aunque la única auténtica de esa clase de gente es el dinero); con el miedo que tengo a los resultados de estos estudios; con los viejos y viejas que me rodean y no dan más de hacer colas. Despaché mi queja en el correspondiente libro de quejas, incrédula ante el hecho de la sucursal más grande de LP de la obra social más grande del país no tenga un sistema manual alternativo a un sistema tecnológico que, como todos, puede fallar y falla.
Luego, fui a tomar el micro en 7 y 42, esquivando los autos lujosos y mal estacionados de las mamás que llevan a los chicos a la escuela Lincoln, una de las más caras de esta ciudad, porque pretenden que allí reciben mejor educación (y, paradoja, no les enseñan con el ejemplo la educación cívica básica de las normas del tránsito). Y pensé Bruera y la p..., ¿cuándo vas a poner un par de inspectores de tránsito en lugares estratégicos?
Y justo, en el librejo que ando leyendo y me ayudó a sobrellevar las inútiles dos horas de espera, hablaba de cómo precisamente Lincoln, en honor del cual la escuela esta lleva su nombre, suspendió las garantías constitucionales y el hábeas corpus, obligado por la presión de la guerra civil o bajo esa excusa según quién lo interprete; en el otro libro que terminé hace unos días (Vida y destino): las colas interminables de las burocracias europeas de post guerra, liberales y comunistas; la falta de acceso a la salud en la potencia Norteamericana contemporánea, y la frase de Bellow que acude en mi ayuda, para poner las cosas en otra perspectiva menos iracunda,narcisista y quejumbrosa, referida a que en las sociedades contemporáneas (yo agregaría, para los sectores burgueses y altos) "esta liberación parcial de la lucha por la supervivencia hace cándidas a las personas" y antes, cuando afirma el narrador que le han reprochado que "nadie que fuese adulto tiene derecho a ser tan ingenuo"...
Entonces, aunque la salida más sencilla es la queja y la exigencia sin compromiso (muy diferente a la lucha por los derechos) "Scioli y la p..." o, "el Gobierno que sea y la p...q..", se me ocurre que aún hay la obligación de comprometerse con los asuntos de la polis; hacer el esfuerzo intelectual y ético de la reflexión que ponga las cosas en contexto (histórico, filosófico, político); recordar que "las grandes pasiones son antinomianas" (al decir de Ravelstein, protagonista de la novela homónima) y que, precisamente por eso, pretender agotar las discusiones políticas en cárceles de "buenas maneras" es, por lo menos, ingenuo.
De esa clase de ingenuidad burguesa que a todos nos atraviesa, lentos para la gratitud; indiferentes a las necesidades de la comunidad; incapaces de comprometernos en las intrincadas necesidades de la polis, atraidos por el carisma del orden (diría Ravelstein otra vez), como por espejitos de colores que nos corresponden sin luchar y sin intentar saber cómo es la cosa.

Ver: Bellow, Samuel, Ravelstein,Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 2007.

jueves, 25 de febrero de 2010

Ni Shagu Nazad!


Anochecía y caminaba en dirección al club Atenas, con la intención de entrar al acto en el que mejor ex Presidente que conocí haría su primer discurso después de una importante cirugía.
En las calles cercanas al club, los colores y la liturgia de los rituales políticos del peronismo, el clima festivo, marcado por el ritmo de jóvenes percusionistas, que tanto irrita a los que sabiéndolo o no, también participan de otros rituales que consideran más "evolucionados" y propios de elites más "educadas".
En la calle 58, los muchachos de un sindicato de taxistas organizaban sus banderas, estandartes de batallas no por cotidianas posiblemente menos duras que otras más legendarias. Después de todo, la vida para muchos (para todos) es una larga serie de batallas por vivir una vida humana en un mundo bastante inhumano. En sus remeras, sobre fondo blanco y estampada en verde, se leía el eslogan "Ni un paso atrás". Hundida en el mundo de Vasili Grossman, no pude dejar de rescatar la ironía. La consigna se originó, aunque los compañeros probablemente lo ignoraran, en la orden 227 de Stalin,l (popularizada como Ni Shagu Nazad!, Ни шагу назад!) a los defensores de la "sagrada tierra de Stalingrado". Esa misma tierra en la que millones de campesinos, obreros, intelectuales, niños y niñas soviéticos (rusos, calmucos, judíos, tártaros, gerogianos, etcétera) detuvieron al fascismo. Heroismo eslavo de los "ivanes"que la historia occidental parece haber olvidado bajo la mítica del Día D, protagonizada por los descendientes de francos y anglosajones. 2 millones de civiles muertos. 1 millón de soldados del Ejército Rojo y otros tantos alemanes y colaboracionistas (nacionalistas ucranianos y cosacos, entre otros). Antisemitas por tradición y por convicción. En ambos ejércitos, muchachitos reclutados cuando ni siquiera habían dado su primer beso. Militares veteranos de la Primera Guerra. Ancianos de las milicias populares. Jovencitas hambrientas con temor a ser violadas. Altos mandos comunistas, comisarios del pueblo. Mujeres embarazadas, niños de pecho, trabajadores de Octubre Rojo y del milagro de la industrialziación soviética. Periodistas, escritores, agricultores, prisioneros recién liberados de los gulag, fusilados "resucitados" a último momento y por milagro del campo de trabajo nazi. Viejas desdentadas y muchachas en flor.Ingenieros, científicos, comunistas fanáticos y dubitativos, críticos y opositores, peleando palmo a palmo por sus vidas, sus familias y su patria.
El nombre del fascismo, extendido ya hasta su apogeo, hoy se esconde bajo otros rótulos: el neoliberalismo es el nombre del Hitler que triunfó sin ganar la guerra, es el nombre de la suprema religión del capital y el dios dinero y la nueva raza elegida ya no es aria. No es la genética sino el capital financiero, que masacra y extermina por millones a los Untermenschen (subhumanos) sin pagar siquiera el costo del desprestigio sobre la sagrada tierra de Stalingrado que es América Latina, Africa, el mundo entero, casi. Haití es heredera de Stalingrado, bajo sus mismos escombros y hambre. La Villa 31 es Satlingrado. Chaco es Stalingrado.
Es insoportable la idea de vivir en un mundo que deba dar la orden 227 y fusilar a los que dudamos, los que tememos; los que quieren conservar su vida, y las de sus hijos, a cualquier precio (incluso, al de la vida de los otros, la renuncia a la justicia y a la dignidad.) En un mundo en el que sólo haya cabida para los fanáticos, los valientes y los desesperados.
¿Pero es posible vivir como seres humanos en un mundo en donde haya que seguir dando cada día grandes zancadas hacia atrás?

martes, 16 de febrero de 2010

José Pablo Feinmann y el mayor Yershov


Ley 25456 - TRANSITO Y SEGURIDAD VIAL
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En una entrevista publicada el 4/2/10 en el diario El Argentino, José Pablo Feinmann sostiene “En un montón de cosas apoyo del gobierno. Primero lo apoyo porque lo veo muy condicionado. Apoyo porque veo lo que hay del otro lado. Apoyo que los Kirchner tengan una buena relación con Evo, una buena relación con Chávez. Tengo muchas objeciones contra Chávez pero está bien que tengan una buena relación con él.”
Es casi una imprudencia citar así, fuera de contexto, al único pensador y filósofo argentino que conozco que es capaz de traducirnos algunos de los tópicos más complejos de la filosofía y la historia política de occidente a los legos, provocándonos no sólo a la comprensión de cuestiones muy difíciles, sino también el goce y la alegría con que podemos sobrellevar sus análisis más trágicos. Y están sus novelas. Y sus guiones. Y sus críticas de cine, su pasión por el cine clásico que comparto en gran medida. He llegado a comprar Página 12 todos los domingos sólo porque allí publica su historia del peronismo, que es tan necesaria que debería ser lectura obligatoria en la secundaria (no faltará quien considere esto autoritario). Es decir, considero a Feinmann no sólo un muy buen escritor, sino un esforzado trabajador de la palabra y el pensamiento, un laburante que más de una vez, nada contra la corriente con coraje y gallardía (no encuentro una palabra más justa). Es obvio que no necesita defensa alguna de nadie, pero soy una lectora agradecida.
Y es así que esta reflexión de Feinmann, quién sabe por qué clase de asociaciones que va construyendo nuestra psiquis, me trajo a la memoria un párrafo de uno de los libros fundamentales del siglo XX, Vida y destino, de Vasili Grossman. El personaje que piensa esto es muy crítico del estalinismo. Su familia, campesinos kulaks, ha sido exterminada en las purgas de 1937. Ha estado a punto de caer preso en un campo de trabajo soviético y sólo zafó porque era necesario, por sus conocimientos militares y su valentía, para ir al frente. Es decir, tiene bastantes cuentas pendientes con el régimen y nadie puede acusarlo de sumiso o fanático del poder, aunque comparte los principios doctrinarios del comunismo. Ahora, prisionero en un campo nazi, decide organizar una insurrección, destinada al fracaso, para no morir sin seguir su lucha contra el fascismo. Es así que el mayor Yershov se rebela contra los llamamientos de Vlásov (que capta en los campos a los prisioneros políticos disconformes con Stalin y los recluta para luchar del lado alemán) y reflexiona: “Sentía, le resultaba totalmente claro, que al luchar contra los alemanes, luchaba por una vida libre en Rusia, la victoria sobre Hitler se convertiría en la victoria sobre los campos de la muerte donde su padre, su madre y sus hermanas habían perecido.”
Es decir, que la defensa de la patria, la real y la deseada, (hecha de hombres y mujeres viviendo en libertad y con justicia social) de aquello que la acecha y la cerca para destruirla, "lo que hay del otro lado," ubica, tanto a José Pablo Feinmann como a Yershov, del lado de la justicia, aun cuando de ese lado haya tanta injusticia.

domingo, 31 de enero de 2010

El mundo de ayer, de Stefan Zweig


En una de sus obras más interesantes, su autobiografía publicada en 1942 bajo el título de El mundo de ayer (Die velt von gestern), Stefan Zweig (1881-1942) nos ofrece, además de la belleza de una prosa sofisticada pero extremadamente precisa y lúcida, un panorama inquietante de la cultura europea que murió tras la Primera Guerra, y el espantoso mundo que surgió de las cenizas del pacto de Versalles y prohijó al nazismo.
Como uno de los más destacados escritores austríacos de su generación, nacido y educado en Viena, amigo de casi todos los poetas, músicos, filósofos y artistas de su Europa contemporánea (Rilke, Freud, Verhaeren, Barbusse,R. Rolland, P. Valéry, entre muchísimos otros), profundamente influenciado por esa cultura judeo-burguesa austríaca, acostumbrada a la libertad y educada en ese período heredero de cuarenta años (todo un récord) de paz en ese imperio de los Habsburgo hoy quizá olvidado pero que dominó casi seteceientos años los territorios de países que hoy conocemos como Austria, Hungría, Serbia, Montenegro, parte de Polonia, etcétera, sobre bases de tolerancia e integración cultural -al menos, esa es la visión de este gran escritor-, Zweig escribe esta obra en el 42', cuando ya ha tenido que abandonar definitivamente su patria, en su exilio inglés.
Y si los primeros recuerdos de infancia, juventud y adolescenecia (que siempre refieren más al clima cultural, la obra de sus conocidos, colegas y contemporáneos y muy poco a cuestiones personales) está teñida de cierta nostalgia no excenta de crítica hacia el mundo "ingenuo", seguro y optimista en el que prosperó la generación de su padre y su abuelo: e incluso, cierta melancolía por las esperanzas de progreso y paz que todavía viven después de las atrocidades de la Primera Guerra, ya la segunda parte es un desesperado intento por llamar la atención de sus colegas europeos (en especial, ingleses, franceses, rusos) sobre lo que se les viene si Hitler, que ya ha anexionado Austria (Anschluss, 1938), llega a conquistar Europa.
De cómo el miedo, alimentado por la inflación y el desempleo y en la república de Weimar, y estimulado por los "profetas del odio" del fascismo, se apoderó (tras haber hecho su primer ensayo en la Guerra Civil española) del pueblo alemán, esa nación considerada por todos sus vecinos como la más "culta" y "civilizada" de Europa, de la que era imposible que surgiera el monstruo extreminador del nazismo.
De cómo Francia e Inglaterra sostuvieron cómplicemente el crecimiento de Hitler, convencidos de que impondría un límite al común enemigo bolchevique, alimentando, como él, la contradictoria creencia que les atribuía a los judíos (que a la sazón, no llegaban a representar el uno por ciento de la población de Austria y Alemania), por un lado, ser los mentores y creadores del bolchevismo totalitario y represor que intentaba "apoderarse" de la "civilizada" Europa mediante las "bárbaras" huestes eslavas de la Rusia soviética y, por el otro, de sostener el capitalismo que perjudicaba, en su desmedida ambición, a los trabajadores alemanes y arios en general.
Liberal y curioso, apasionado pacifista, viajero incansable, Zweig recorre a lo largo de los años distintos países de Europa, la India, Brasil, Argentina, incluso la joven Unión Soviética, y en todas partes recupera la belleza de los hombres y mujeres que trabajan en esos países; las delicadezas de la lengua, la música, la poesía, el teatro y la plástica; coleccionando originales de sus autores favoritos, cuadros, objetos que les han pertenecido, viviendo ajustadamente o ya rico, para después perderlo todo: de ser el escritor más exitoso y más traducido en lengua alemana, respetado y prestigioso, a que sus libros se prohiban, sus amigos y parientes sean asesinados y encarcelados, huyendo como un criminal, primero a Suiza, luego a Inglaterra y finalmente a Brasil.
Él, que siempre se ha considerado un ciudadano del mundo y un pacifista militante, que ha desconfiado de la política y de las fronteras (lingüísticas, territoriales, económicas), convertido en un paria, apátrida, un pobre y sucio judío más perseguido, como su amigo Freud.
Poco después se irá a Brasil y se suicidó, junto a su segunda esposa, el mismo año en que terminó de escribir esta, su última obra (publicada de forma póstuma), convencido de que todo lo que del mundo valía la pena ha muerto con el nazismo.
El estilo que atraviesa esta obra, como otras que he leído (tales como las biografías de María Estuardo y María Antonieta), y que ha sido quizá la clave de su éxito como autor muy popular en su tiempo, como el mismo refiere en El mundo de ayer, es que " ... el inesperado éxito de mis libros proviene, según creo, en última instancia de un vicio personal, a saber: que soy un lector impaciente y de mucho temperamento. Me irrita toda facundia, todo lo difuso y vagamente exaltado, lo ambiguo, lo innecesariamente morboso de una novela, de una biografía, de una exposición intelectual. Sólo un libro que se mantiene siempre, página tras página sobre su nivel y que arrastra al lector hasta la última linea sin dejarle tomar aliento, me proporciona un perfecto deleite. Nueve de cada diez libros que caen en mis manos, los encuentro sobrecargados de descripciones superfluas, diálogos extensos y figuras secundarias inútiles, que les quitan tensión y les restan dinamismo".
Como el mismo dice, ya prisionero de esa desesperanza que lo llevó a elegir la muerte, viviendo con "esa sombra que no se apartó más de mí", "sólo el que ha experimentado eventos claros y oscuros, la guerra y la paz, el ascenso y el descenso, sólo ése ha vivido de verdad."
La edición del ejemplar que leí recientemente es de Editorial Claridad, publicada en Buenos Aires en 1947.
Quienes vivimos en naciones aún jóvenes pero que ya hemos conocido sobradamente los desastres de las guerras civiles, las persecuciones de las dictaduras más fascistas de América Latina, la injusticia que nos imponen los imperios y los modelos de las potencias que explotan a las naciones más débiles y más tolerantes; quienes disfrutamos y saboreamos de la literatura de cualquier tiempo, apreciaremos el valor de esta obra, sin duda. Quizá nos permita reflexionar acerca de nuestras potenciales ventajas como pueblo y cultura que aún puede germinar en sus aspectos más prolíficos, cobijando a todos nuestros hermanos y hermanas de otras naciones que enriquecen nuestro patrimonio (bolivianos, paraguayos, peruanos) con sus saberes y tradiciones, impidiendo que proliferen, como lo intentan siempre, los predicadores del racismo bajo las formas actualizadas de la represión de lo diferente, lo distinto, lo que nos asusta por desconocido. Nos ayude recuperar estos fragmentos, sombríos y luminosos de la historia europea, de la que somos deudores también, como hijos/as y nietos/as de inmigrantes de esas naciones, que huyeron a tiempo del hambre, la guerra, los pogromos o la falta de esperanza, para acompañar y sostener incluso a gobiernos que quisiéramos perfectos aunque sean apenas mejores que los otros que hemos conocido, sintiéndonos también, responsables del destino colectivo que construimos cada día, para no tener que admirar en el futuro a escritores que nos narren el mundo de ayer que no supimos, o no quisimos, comprometernos a sostener.

domingo, 10 de enero de 2010

La historia enseña muy poco, Cobos, Carrió y Vidkun Quisling



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Probablemente Michael Burleigh sea considerado un historiador conservador, y un inglés paradigmático y a muchos no les guste por eso.
Aclarada esa posición, su libro de El Tercer Reich. Una nueva historia (Punto de lectura, España, 2008), escrito en 2000, es uno de los análisis más rigurosos que he leído acerca de la gestación del nazismo y la situación de Europa entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Anti liberal y anti progresista como es, Burleigh realiza una crítica fuerte también no sólo de los regímenes de Stalin y de Hitler, sino también de las posturas de los socialdemócratas, los socialistas, los conservadores, los comunistas y los liberales tanto de Alemania, como de Austria, Francia, la Unión Soviética, Polonia, Ucrania, Hungría, Suecia, Finlandia, Noruega, etcétera.
Así desgrana, desde un enfoque de crítica política y económica, el ascenso y la imposición del nazismo pero también la participación, por acción, omisión y diversos grados de complejidad y complicidad, de las fuerzas políticas, las dirigencias religiosas, los sindicatos, las universidades y otros actores europeos en la gran guerra.
Se detiene en tópicos como la eutanasia y le eugenesia, en el marco de las políticas "sanitarias" que estaban en debate en las ciencias médicas y sociales de todo Europa desde principios de siglo, el "problema judío", que se discutía dentro y fuera de las fronteras alemanas, la concepción racial de la política y el consecuente desprecio, ataque y exterminio a las minorías étnicas (fueran gitanos, sintis, romas, bretones, vascos, suebos, judíos, católicos en países protestantes y viceversa, y desde ya, los "antisociales" e "improductivos" débiles-mentales, discapacitados, locos).
Analiza pormenorizadamente los corpus jurídicos que se fueron construyendo para crear el "nuevo orden" europeo en las distintas naciones, con sus sistemas de inclusión/exclusión, su sistema de justicia/injusticia y los sistemas paralelos al orden legal democrático de seguridad interna y externa, espionaje, guerra y exterminio.
Avanzar por las páginas de este extenso libro (1419 Pág.) deja un regusto amargo acerca del género humano, con toda su potencia creativa y ejecutiva a la hora de conquistar, destruir, imponer y asesinar. La especulación individual y colectiva, la lucha por la supervivencia a cualquier costo, con pequeñas y luminosas excepciones de resistencia activa o pasiva, pequeños gestos que se pierden en la marea de sangre de las trincheras donde encontraron la muerte por fuego, hambre, frío, millones de jóvenes europeos; en los gulag y los campos de concentración (franceses, japoneses, los más sofisticados y "efectivos" nazis); los vagones de ferrocarril y las travesías interminables de prisioneros (tres millones de prisioneros rusos, por ilustrar con alguna cifra escalofriante).
Y la idea imperial, tan vieja casi como la humanidad, de esclavizar a otros pueblos más débiles para que produzcan, sean los polacos de los alemanes (o los "indígenas" de los españoles; los negros de los y los sudacas de los yanquis, como fueron los bárbaros de los romanos, los chinos de los japoneses y un largo e interminable etcétera), justificada por la potencia bélica, la superioridad racial o el grado de "civilización".
Anoche escucho en el noticiero a la señora Carrió que expresa, refiriéndose al conflicto por el Banco Central, (con lo que han construido, a lo Goebbels, una increíble operación de prensa) que en ningún "país civilizado una Presidenta pasa por encima de las instituciones" y pone de ejemplo a España y Estados Unidos. Pocos países se consideraban mundialmente tan civilizados como la Alemania que parió al nazismo o la Francia colonialista que instaló a Petain; ¿Se referirá Carrió a la España que una vez más, como hace 500 años, repite su historia y echa por la borda al mar a los inmigrantes africanos que llegan a sus costas o a los Estados Unidos que exterminan a los mexicanos, iraquíes y afganos, entre otros millones?
El capitalismo ha minimizado costos, se ha refinado, y ya no necesita, para exterminar a los indeseables,tanta inversión burocrática como necesitó la Alemania nazi. Así como en la Dinamarca de los años 40, con una dirigencia bastante cómplice, Alemania mantuvo la ocupación (proveyéndose de allí del 10 % de sus necesidades alimentarias) con sólo 200 soldados, Africa es destruida por el hambre y la enfermedad, el fomento de conflictos internos y casi sin necesidad de ocupación militar. En América Latina les alcanza con una bases en Colombia y la complicidad de una parte de la dirigencia y las empresas, en especial, las de comunicación, laboratorios y el tráfico legal e ilegal de drogas.
Y reclaman la soberanía de la ley, que comparto como única forma de impedir la injusticia social, personajes que recientemente han pedido públicamente que no se respete la ley (y las convenciones internacionales de derechos humanos, tal como las eludió Hitler en el trato con los prisioneros de guerra del Este en particular, rusos,ya que los judíos, polacos, gitanos, ni estatus humano tenían en su ideología) en casos de derechos humanos que tocan los intereses de apropiadores de niños, genocidas y violadores que cometieron sus crímenes mediante la usurpación del aparato estatal, es decir, lo más execrable del delito y la criminalidad en un sistema democrático.
Y luego, hay que ver que la conducta del señor Cobos recuerda con mucho a la del noruego Vidkun Quisling, quien será recordado por muchos europeos como el prototipo del traidor.
Y alguien podrá decir que mi interpretación es muy forzada y es posible. La historia al parecer, enseña poco y deja un triste sabor a amargura.

jueves, 7 de enero de 2010

Imágenes, vestuarios y poder



Algunas tardes de verano me pierdo en las vidas de los poderosos de otros tiempos. Espiar en la vida de los poderosos es como hacerlo en la de los humillados y olvidados, sólo que con narradores que ponen color, luces y sombras a sus nacimientos, linajes, amores, alianzas, enfermedades, secretos, pecados, locuras, conquistas y muertes.
Si no fuera heredera de la tradición judeo cristiana, probablemente creería en la teoría de las correspondencias y entonces, a la historia de cada individuo la entendería como la historia de la humanidad y del universo. Cada vida y cada muerte, como la Vida y la Muerte.
Pero como no lo soy, hurgo en biografías más o menos académicas, librejos sólo escritos como mercancía y grandes obras literarias. No es ni la corriente de la microhistoria ni un trabajo de investigación siquiera serio. Es la pura y auténtica curiosidad del lego que hurga en las palabras, los mapas históricos y las genealogías, otros mundos posibles.
De cada figura "destacada" (recordada, quizá, o mejor, narrada, sería más adecuada como palabra), desde Plutarco a Emerson, Sarmiento, Zweig, hallamos versiones laudatorias, exageradas, denigratorias, liberales, marxistas, postivistas, etcétera.
Cada biógrafo se constituye de algún modo en un intérprete político, ya sea contemporáneo o no del personaje y la época narrada.
También hay modas que impulsan a señoras con el don de la escritura, que harían muy bien en dedicarse a tomar el té y chusmear con sus amigas, a escribir sobre otras mujeres del pasado, como si de ese modo les hicieran alguna clase de justicia póstuma.
Luego, están algunos supuestos periodistas ávidos de fama rápida y dinero fácil, que escriben sobre los poderosos contemporáneos, sin hacerse cargo en lo más mínimo de las consecuencias políticas de sus imbecilidades, al estilo Luis Majul, que hubiera sido probablemente un entretenido cronista de espectáculos pero se equivocó de rubro y la va de periodista político.
Sobre estas cosas reflexiono a veces, pero luego me olvido, y me pierdo, en los trajes de duelo blanco que usaba la madre de la reina Isabel de Trastámara, descendiente de la casa inglesa Plantagenet, y en el traje verde con que algunos biógrafos retratan a la Ana Bolena que conquistó a Enrique VIII en un baile cortesano.
Ya desde entonces, desde siempre, había tesoreros del reino escandalizados por los suntuosos gastos de la frívola etiqueta cortesana, princesas y príncipes envidiosos, damas celosas, amantes fogosos y ambiciosos dispuestos a traspasar cualquier límite ético en nombre de su deseo.
Entre trajes y banquetes, sangre y batallas, prisioneros y secuestros, asesinatos y nacimientos, distingo un fondo común, la total falta de libertad que suponen las posiciones de poder.
Pero como no había televisión, los publicistas de entonces debían al menos elaborar un poquito más sus estrategias comunicacionales para hacerlas verosímiles.
Como ese retrato que dicen que mandó a pintar Fernando el Católico de su prisionero, el Rey de Granada, Boabdil, para que pudieran luego identificarlo a la hora de tomar la ciudad sin confundirlo con los numerosos dobles que él mismo,por una lado; la madre del Rey, por otro, y algunos de sus partidarios, habían inventado con distintos fines, ninguno de los cuales beneficiaba al prisionero.