Último verano en Stalingrado, novela

sábado, 18 de mayo de 2013

Sans merci

La Belle Dame Sans Merci (1926), Frank Cadogan Cowper
"[...] And there I shut her wild wild eyes
With kisses four." 
(Keats, La Belle Dame sans Merci, 1819)

Iba por la avenida luminosa, distraída con tantas vidrieras de librerías, negocios de golosinas, bares, vendedores ambulantes de brillosas (como diría A) baratijas, altos como jirafas y negros como piezas de un ajedrez de ébano.
Estaba por cruzar en la esquina, esperando el semáforo, miré el cartel, la calle P. Unas cosquillas suaves como el olvido cuando se interrumpe. Podía ser tu calle, como antes había sido otra, y los nombres que designaban los accidentes del territorio que nos acercaba pero que también, y con mayor frecuencia, nos alejaba. Cerca de allí, junto a la boca del subte, había baldosas en el piso para recordar a los transeúntes,  por lo general más bien indiferentes, que ahí había caído tal compañero.Siempre que pasaba pensaba lo mismo: ¿qué habrán visto sus ojos cuando gritó su nombre y pidió que avisaran a su familia? ¿Cómo era la avenida entonces? ¿Se le fue nublando la vista al caer, para no darle el gusto a la patota de fijársele en las retinas? ¿Quién escuchó su grito?
(¿Hablamos de eso alguna vez? ¿Leíste el libro? ¿Pensás en mí en algún cruce de dos calles que interceptan tu andar?.A todo respondo que no y ya se puso verde el semáforo de los peatones.)
Antes de cruzar recordé que antes, en mi vida anterior, con sólo saberme cerca de tu casa (ni siquiera de vos, porque podrías perfectamente no estar), ya me ponía ansiosa, sonriente, húmeda. Mi columna vertebral me elevaba, flotaba un poco por encima de la vereda, el pelo se me despeinaba como anticipando al amor, la sangre me corría por el cuerpo como si volviera a los veinte.Todos esos síntomas de desear tu deseo me hacían vivir, cuando andaba medio muerta, y demorar el dolor una horas antes de recurrir a los medicamentos.
Adiós amor, pensé, al cruzar, adiós. Todo está al revés y hoy sos, para mí, como la belle dame sans merci. Igual te deseo que te vaya bien. Y muchas gracias por los momentos vividos. Y alguien ya me empuja, y suena el teléfono y la avenida se lleva volando mi recuerdo como el viento que levanta, en la otra esquina, volantes, hojas secas y bolsas de basura.

2 comentarios:

dian r dijo...

tremendo texto, muy bueno!

dian r dijo...

en el mail aparece con letras en mayúscula, todo "mal" escrito, me resultó eso muy interesante (estaré mal de la capocha, es probable) te lo reenvio así ves