Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 2 de enero de 2012

Envidia e ingratitud

Al parecer, en la teoría de Melanie Klein, la desvalorización y la ingratitud son un recurso utilizado por los sujetos como mecanismo de defensa contra la envidia en cada etapa de su desarrollo (Klein, 2008:267). En algunas personas que no han podido elaborar en su infancia la envidia excesiva (del "pecho bueno", dirá Klein), estas características permanecen en el modo en que se relacionan con los otros. De ahí que muchas veces busquen arruinar y desvalorizar, ya adultas, al objeto que envidian, que de algún modo representa el objeto primario de su amor, al menos en lo que entiendo con mis rudimentarios elementos de análisis de la lectura de Envidia y gratitud (1957).
(¿Será algo así en el fondo lo que subyace en quienes no son capaces de "experimentar el peronismo" en su faceta de bondad y generosidad, por usar la terminología de M. Klein?¿Será que sólo buscan destruir, absortos en la envidia? Se me ocurre que sería interesante pensar algo de esto con más detenimiento, si es que no ha sido hecho ya)
No siempre la lecturas nos encuentran en los momentos adecuados, no siempre los libros se nos presentan cuando los necesitamos o cuando estamos en condiciones de entregarnos a ellos, encontrando en los textos algo que no existía antes, algo que nos habla a nosotros en un lenguaje que nos es propio.
Pero a veces sí, cuando al caer de la tarde de enero, de un año que llega en medio de primitivas desesperanzas, incertidumbres de lo básico que nos estructura, desilusiones que remiten a pérdidas más dolorosas, incomprensión acerca de las causas del daño del que no nos sentimos merecedores pero sí víctimas.
También están, bajo la forma de la amistad (una de las más nobles formas del amor, como bien lo describió C. S. Lewis en su Los cuatro amores, según creo recordar), la posibilidad de renovar, meciéndonos en eso, los sentimientos de gratitud y esperanza, de generosidad que experimentamos cuando nos sabemos amados, pese a algunas traiciones y desencantos.
Y alejamos de nuestro entorno a quienes buscan destruir vorazmente lo que de bueno hay en ellos, en nosotros, en los otros.

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