Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 25 de julio de 2011

Olvidalo

Dicen que todo lo que hacemos lo hacemos para ser amados. En ese fin se esconden los esfuerzos de tantos extraordinarios artistas, estudiosos, hijos, músicos, escritores, madres, simples y anónimos, vulgares seres humanos. En épocas de concepciones sacralizadas del mundo, quizá se perseguía el amor de los dioses y luego del Dios único. El Poder y la Gloria.

Dicen que el odio es la contracara del amor, la misma cosa vista desde otra perspectiva, sea ésta la perspectiva del tiempo, la del conocimiento, la estupidez absoluta o la lucidez.

Dicen que la venganza es un plato que debe comerse frío, que siempre llega cuando ya no la deseamos, dicen tantas cosas.
Así que si estás pensando, por ejemplo, en escribir un cuento para vengar una injusticia, para mandar un mensaje cifrado, para hacer reaccionar a algún tremendo hijo de puta con poder empecinado en hacerle daño a los más débiles, olvídalo.
No es un buen motivo, ni una buena causa, ni tendrá éxito, diría el I Ching.
Si uno persigue la justicia, más vale entrenarse bien, dominar ciertas armas, salir a dar pelea y estar preparado para derrotas dolorosas, repetidas, humillantes. 

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