Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 10 de junio de 2011

Recuérdanos así

Todos hemos puesto alguna vez en duda las categorías de las coordenadas básicas que, aparentemente, signan nuestras vidas humanas del espacio y el tiempo.
Todos hemos leído a pensadores, científicos, escritores, que subvierten e imaginan transpolaciones, poniendo en duda la existencia de algo que no sea el presente (y el pasado como memoria y olvido, y el futuro como fantasía, sueño, deseo), y el espacio, bueno, esa extraña cosa que dice que es aquí pero también allá.
Hay tiempos en la vida de una persona, digamos, 10 años, 20, tal vez más, en los que más o menos aparenta haber existido una realidad: percibo esto, entiendo esto, desarrollo una rutina, repetición, previsibilidad, comprensión del mundo, noción del espacio que de pronto, como si chocara un cometa contra la Tierra, tal vez adentro del alma, tal vez en el espacio exterior que no existe más que en los sueños, se va a la mierda. Como si hubiéramos pasado a otra dimensión y las personas que creíamos mejor conocer (incluyéndonos) de pronto se han convertido en extraños, es cierto, su apariencia es la misma, como en cualquier mundo paralelo espejado de cualquier novela, serie o película de sci fi, pero ni con eso nos engañan, aunque desde ya nos confunden porque, aunque se comportan como verdaderos enemigos, tienen gestos, rasgos, palabras y miradas de aquellos a quienes amábamos, y nos amaban. O eso creíamos.
Nos volvemos locos.
No entendemos nada.
Dudamos del pasado y del presente.
Rechazamos la posibilidad del futuro, que sólo parece ofrecer caos y desesperanza. A lo mejor nada.
Fantaseamos con otro choque planetario para que todo vuelva a ser como antes, pero sabemos que eso no es ya posible, a lo sumo será distinto al hoy, pero nunca igual, porque hemos visto lo que se ocultaba. La mirada torva, la sombra de la especulación, el egoísmo más absoluto, la risa de los locos, ahí, donde antes, estaba nuestro confiado amor.
Por cosas como estas, resulta imposible abandonar una novela que comienza:
"Te encuentres donde te encuentres, cerca o lejos, si puedes leer esto que ahora escribo, por favor recuerda, recuérdame, recuérdanos así." (Rodrigo Fresán, comienzo de El fondo del cielo)

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