Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 13 de junio de 2011

El mandato de la "vida sana": "cortenla, déjennos vivir en paz"

Pocas cosas me resultan más insípidas que el discurso cuasi hegemónico de la supuesta "vida sana". Este nuevo culto que encuentra sacerdotes en casi todas las expresiones culturales contemporáneas, empezando por los medios de comunicación y las redes sociales. Por no mencionar a los feligreses voluntarios que acechan en los medios de transporte, las oficinas, las colas de los bancos, los negocios o la batalla fanática de los conversos (ex fumadores).
Aclaración elemental: como creo en la política como herramienta de transformación social, estoy completamente de acuerdo en que los Estados, incluso atravesados como están por los conflictos de poderes, deben pensar, ejecutar y sostener políticas de salud pública para sus poblaciones, y que les sale más barato (si logran dar las batallas contra ciertos lobbies) hacer campaña y legislar contra el tabaquismo que bancar los costos de las enfermedades asociadas. Lo mismo valdría en tal caso como argumento para despenalizar el consumo privado de marihuana, el aborto, etc. No estoy acá refiriéndome a eso ni al devenir de las instituciones.
Aclaración elemental 2: lo que enferma y contamina es el modelo productivo capitalista. Lo sabemos. No hay política ambiental eficaz si no se toca esa estructura fundante. No hay forma de tocar esa estructura como no sea una forma política global y transgresora, en la que participen muchos países, las mayorías de las poblaciones del mundo, en fin, utopías revolucionarias o formas de política que aún no han sido imaginadas o tal vez guerras sangrientas y revoluciones.
Aclaración elemental 3: como expresión del poder económico en los mercados, los laboratorios nos desparraman las enfermedades y adicciones y luego nos venden las curas, y esto no es ya una teoría conspirativa si no una verdad de perogrullo para cualquier que tenga unos añitos.(...) "gran parte de la literatura y el cine de ciencia ficción, empezando quizá por Frankestein. Es decir, un mundo que vive en la ilusión de un orden que en realidad oculta las manipulaciones con las que un grupo reducido de poderosos (que podemos llamar el Mal, las Corporaciones, el Capital, el Demonio, el Imperio, etcétera) digita ocultos mecanismos para controlar a la humanidad y dominarla a su antojo. Un mundo en el que, al mismo tiempo, el conocimiento asociado al orgullo, en el sentido de Mary Shelley o de Terminator, puede traer consecuencias fatales."
Así que si decido dejar de fumar tabaco nada tiene que ver con esto. ¡¡Si fumo en lugares en los que no molesto a otros, déjenme en paz!!Es una decisión individual, personal, libre, tal como lo es seguir fumando. Un encarar una difícil lucha contra mi adicción que no requiere ni necesita contenido doctrinario. Si apoyo, desde ya. Pero no que me muestren fotos de pulmones hechos mierda, que me enumeren todas las enfermedades asociadas con el cigarrillo, que me convenzan con los fantasmas de la muerte. Eso nunca funciona.


No veo que la gente esté confeccionando su propia ropa en la casa al enterarse de la cantidad de niños explotados en el mundo por empresas multinacionales como Nike, o locales como Mimo, Kosiuko, Awada, Adidas, etc.
No dejamos de tomar mate por reconocer las prácticas de explotación y de producción contaminante de empresas como Las Marías.
No hacemos una alimentación orgánica (salvo sectores minoritarios con alto poder adquisitivo o muy cool, o militantes ecologistas muy excepcionales) y nadie mira con desdén del que desprecia al suicida a uno que come un pollo producto de hormonas y alimentos transgénicos y vaya a saber qué otra clase de veneno.
No son observados como delincuentes (como los feos, sucios, ignorantes fumadores) quienes viven en ciudades altamente tóxicas, como Buenos Aires, respirando veneno, escuchando veneno hasta quedarse sordos, viendo veneno por todas partes.
Nadie pontifica respecto a la imbecilidad de quienes poseemos y conducimos automóviles, contaminándonos a todos sin escrúpulos. En los hospitales y lugares públicos se prohíbe fumar tabaco y está muy bien, pero circulan ambulancias que liberan humos tóxicos y no está tan bien. Y se administran muchas veces drogas de las que años después se descubren (o se hacen públicas) efectos muy nocivos para la salud.
¿No podemos sentir piedad por nuestro prójimo y por nosotros, todos hundidos en el mismo lodo en lugar de desprecio? ¿No podemos evitar subirnos al pedestal de la vida sana, el discurso de las certezas moralizantes que es más despótico que el de cualquier guerra santa de la historia?
Recuerdo (cito de memoria) una reflexión de K. Kraus que decía algo así como: "Si he de creer en algo que no puedo ver, prefiero creer en Dios y no en los átomos". Prefiero creer yo también en un Dios más piadoso con su imperfecta criatura, que el que la pretende libre de toda mácula que lo distraiga de su pobre y triste rol de consumidor y productor.
El fumador es despreciable porque se enferma y genera gastos mayores a los ingresos que les provoca a las empresas tabacaleras su consumo. Tratar su adicciones es un buen negocio para los fabricantes de drogas para la abstinencia y ni qué decir para los que fabrican las innumerables drogas para combatir la angustia (llámese síndrome de abstinencia, ansiedad, depresión, insomnio, soledad, conciencia de finitud, soledad, vejez, etc)
Nadie menciona con desdén a los consumidores de pastillas y productos químicos para comer o dejar de comer, para dormir, para coger, para rendir más en el deporte, para hacer caca, para sobrellevar la vida, en fin.
Nadie se detiene a observar si ese ludópata o aquel alcohólico padecen, mientras produzcan. Al menos hasta que se arroja algunos de ellos al vacío (metáfora inquietante del propio vacío) desde la terraza de una importante multinacional con sede en Francia.
La muerte siempre es el horizonte de todo individuo vivo, la angustia atraviesa al hombre occidental más allá del tabaco, Tánatos forma parte de nosotros como Eros. Hay una libertad para que podamos ser sujetos, si no somos apenas materia inerte, entonces, entiendo, agradezco y comparto el reclamo sobre nuestra salud por parte de aquellos que nos aman y temen perdernos. Es una manifestación de amor que concuerda con lo políticamente correcto, pero es amor.
Lo demás es puro cuento.

3 comentarios:

Marcelo RG dijo...

Hmmm, te parece che que lo que digan del cigarrillo, las campañas, los pulmones negros, todo eso, no hace efecto en la mentalidad del fumador? Y que lo hace sino? una pequeña disminucion en tu capacidad pulmonar -que en los que fumaron no tanto y por tanto tiempo, ni siquiera es notable- alguna tos reincidente y menor? Yo creo que el miedo puede ser instaurado de ese modo, con tanta gente mostrando radiografias y tumores espeluznantes. O viendo al Gitano movilizandose con su tubo de oxigeno y maldiciendo sus cuarenta años de cuatro etiquetas diarias.
Algunos de los ejemplos que pones no me parecen que sean aplicables al caso: la explotacion textil, piensan muchos, no me afecta tan directamente, afecta a algunos indocumentados dentro de los que no se cuentan ellos...Yo no se de que porcentaje estamos hablando, pero hay una buena cantidad de gente que piensa asi: lo mismo la explotacion de las yerbateras y demas.
Lo de las hormonas, coincidiras, no està tan claramente demostrado como el tabaco: si asi lo fuera, y me mostraran tetas horrible que le crecen al paisano macho por comer pollos transgènicos, dejarìa de comer el ave en un santiamen...pero si bien me gusta el yopo, no es un vicio tan brutal como el pucho.
Pero estoy de acuerdo con vos con esa gente, del grupo que practica El Fervor de los Conversos (buen nombre para una novela, no?): luego de fumar por 30 años unas 2 etiquetas, sin importarle quien estaba a su siniestra, abandonan con total desdèn un lugar donde alguien prenda un misero pitillo, señalando con dedo acusador y recitando todo tipo de leyes y prohibiciones: a cagar!
Por ultimo, en tu post parece haber una suerte de tufillo de fumadora desesperada que sabe que la empresa de "dejar" es colosal y que no sabe cual es el resultado final del emprendimiento... eso lo veo en el parrafo final, cuando decis que, fumando o no haciendolo, la muerte es el horizonte final de todo individuo. Tenes razòn. Hay que reventar como uno tiene ganas de hacerlo.
Un beso

Palabrascromáticas dijo...

Empiezo por el final. es cierto: soy una fumadora desesperada que lleva una semana sin fumar y teme olvidar algunas cosas y caer en las garras del fanatismo de los conversos.
Las campañas hacen efecto, y la política de salud pública es necesaria. En cuanto a las imágenes de pulmones y demás órganos, a mi nunca me hicieron ningún efecto ni a mucha gente que conozco. Estuve dos veces internada en unidad coronaria y eso sí me asustó.
Lo que me molesta es el espíritu puritano fanático que acecha detrás de estos discursos. Es para disquisiciones más largas, probablemente. Solo pienso en aquel viejo tema:"todo lo que me gusta es ilegal, es inmoral o engorda"
Gracias por comentar.

Palabrascromáticas dijo...

Y en cuanto a las demostraciones respecto al efecto de las hormonas, agroquímicos, condiciones de producción, en los alimentos(o el de los químicos del cigarrillo) y considerando que los conocimientos científicos (su producción y el control de su circulación y difusión) son una parte del sistema, no me resulta del todo confiable esa información en uno u otro caso (de ahí la cita de Kraus)- Hay tanta subjetividad y condicionamiento en el paradigma científico contemporáneo como en el de la religión, al fin y al cabo, son formas de conocimiento inscritas en las relaciones de poder.