Último verano en Stalingrado, novela

martes, 29 de diciembre de 2009

Un viejo olvidado en el hospital


Voy a visitar a mi tío, que está internado.
En la cama de al lado han abandonado a un viejo que entró porque no podía orinar. Sin que nadie se lo impida, se ha estado dando con unas pastillas que alguien de su parentela huidiza le dejó. Empieza a delirar. Se arranca el suero, se tira de la cama y se desnuda.
Mi tía se pone nerviosa e intenta ayudarlo. Busco a la enfermera del piso, que no está.
El viejo habla de un galpón y de los preparativos para una fiesta, se toca las intimidades, me confunde con una caja y con un muchacho.
Las enfermeras lo atan, al comprobar que ha tirado el suero, que se derrama por el piso.
Nadie le da bola.
Mis tíos sienten pena y se quejan de cómo lo abandonó su familia.
Pienso que es muy triste esa decadencia, pero no sabemos nada de los otros.
Quizá es un ex represor que con esas manos que hoy le duelen, torturó jóvenes cuerpos en el pasado.
Tal vez ha sido un marido o un padre golpeador, un tirano, un abandónico.
Quizá solo un pobre viejo que ya no tiene pares y agoniza, perdido en su delirio, en una cama del PAMI, en una clínica de la ciudad de La Plata que ya él mismo olvidó.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Solo digo que nunca sea el un espejo donde se retrate nuestro incierto porvenir...