Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 7 de diciembre de 2009

Asi somos a veces las mujeres


Me dice, mientras le pasa la lengua al borde del vaso de trago largo, saboreando el azúcar: y pensar que yo a ese me lo cogí unas cuantas veces. De todas las maneras que te imaginés. Con amor, sin amor, en un telo, en la casa, sobre el mismo acolchado en el que ahora acuesta al hijito, jugando a la puta, a la enfermera y a la madre. De parados, de apurados, con ternura, borrachos, sin gritar, con un par de rayas encima, escuchando The Cure y también a Goyeneche, porque hay que ver que a veces le afloraba el costado depresivo y había que trabajarlo para que le rindiera. Y de todas las maneras, me aburría. Te digo: no sé porqué me lo cogía. Creo que me daba pena, que intuía que algún día esa cuenta me jugaría a favor en la lotería de buenas acciones que una hizo. Que contaba como compasión, quién sabe cómo calcula Dios. Y ahí lo tenés, ¡mandándose la parte, precisamente conmigo, hermana, que me la sé lunga!
Lo miro al quía, que ni otea para nuestra mesa. Pero se nota que al entrar ha relojao. Y está con la otra rubia y le sirve otra copa de champagne y gesticula, con aire sobrador de macho satisfecho. Y la miro a mi interlocutora, que se encoge de hombros y me dice: y ahora que lo veo con esa tilinga, te juro, de verdá, que me dan ganas de cogérmelo de nuevo. Incomprensible, ¿no? Pero así somos a veces las mujeres...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

No podría explicarlo, pero si tuviera que imaginar una voz contando este relato intimista, elegiría la de Adriana Varela o, si ocurriera en Yanquilandia, la de Patti Smith. Me gustó; tenés pasta, cromatics words (lo escribo así pa' fanfarronear un poco)

Palabrascromáticas dijo...

Who are you?

Anónimo dijo...

irrelevantepayador.

Palabrascromáticas dijo...

Aparicio Tramontina, te he descubierto!