Último verano en Stalingrado, novela

jueves, 3 de diciembre de 2009

Curiosidades y disfraces en la política y la historia


En 1791, en plena Revolución, como es sabido, muchos nobles franceses emigran, huyendo del "Terror".
Se dice que la duquesa de Maille desembarca en Inglaterra disfrazada de marinero y que la marquesa de Suze lo hace vestida de camarera.
Pero lo curioso no es que estas damas, que por su educación y su cultura no sabían hacer otra cosa que explotar al pueblo, se disfracen de pueblo para escapar a la justicia revolucionaria. (¿Quién puede juzgar con liviandad el deseo de estas señoras de conservar sus cabezas unidas al cuerpo?)
Lo llamativo es que el mismo Telleyrand, quien como obispo de Autun había sido el responsable de consagrar a los obispos cismáticos (y por cuya causa huyeron o murieron muchos monárquicos), se haya exiliado en Inglaterra ¡munido de un pasaporte provisto por el propio gobierno del que huye, luego de haber sido parte de éste!
Como Telleyrand y tantos otros, cuando el barco se hunde no son pocos los que descubren, repentinamente, que las revoluciones y las transformaciones no tienen lugar sobre un lecho de rosas. (¡Pobres ingenuos!). Protegidos por los documentos del propio Gobierno, huyen para trabajar en su destrucción, disfrazados de "progres", "demócratas" y "republicanos" horrorizados por las mismas contradicciones que, días atrás, ellos mismos encarnaban.
Vale la pena volver a ver"La Dama y el duque"de Eric Rohmer, película que con ese sentido extraordinario para retratar la belleza en la tragedia propia de este director, cuenta la historia de amor entre una reaccionaria dama inglesa y un galante duque de Orleans, en medio de la violencia de la época revolucionaria.(El guión está basado en la memorias de Grace Elliot, una cortesana contemporánea a la revoluci�ón francesa)

Bibliografía: Díaz-Plaja, Fernando, A la sombra de la guillotina, Planeta, Buenos Aires, 1999.

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