Último verano en Stalingrado, novela

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Pedro, el viajero de otras galaxias

Pedro me escribe que ha leído mi blog. Que le resulta doloroso, pero lo hace sentir vivo. Eso dice. Entonces yo pienso en escribir para él, para que se encuentre aquí la próxima vez que lo visite, para acercarnos. Me pregunto qué quiere decir con eso de "sentirse vivo"; también me pregunto si esas han sido sus palabras o es el modo en que yo las interpreté. Si sentirse vivo es para él algo doloroso. En sus últimos correos lo noto batallando una vez más, se siente solo quizá, y algo perdido en un mundo, que dice él, está muerto. Entonces me imagino que es como uno de los personajes de Dick: tomó una nave, está en otra galaxia y se da cuenta que el desierto se apoderaa de nosotros, pero no puede gritarle a los muertos que están muertos, están demasiado ocupados producicendo, consumiendo, inmersos en esa muerte eterna de los europeos ricos. Sin embargo creo que tiene que haber algunos humanos por allí, alguien con brillo en las miradas que no sea una mera imitación de fina tecnología, alguien que siente el descarnado devenir de sus viajes, igual que él.

Me da por pensar que quizá esa misma aridez la experimentó acá, esa sensación de andar por ahí rodeado de cadáveres que fingen estar vivos, que eso lo asusta, como nos asusta a todos. Perderse o dejarse llevar por las oscuridades de su racioninio, a riesgo que irse para el lado de la locura, para el lado de los muertos.

Me habla de una vejez en Berisso y me resulta curioso. Yo también, cuando todos mis amigos se iban uno detrás del otro del país, me imaginaba a mí misma, en una vejez tranquila y apacible, tomando mate en la puerta de casa, en Ringuelet, o en el mar, esperando. Esperándolos a todos.

1 comentario:

la vida abierta dijo...

Es horrible ser la que se queda para apagar la luz! Cuando la gente se va me desespero.
Pd: intenté dejar otros comentarios en otros posts pero no me permitía entrar, ahora parece haber vuelto todo a la normalidad.