Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 3 de diciembre de 2007

P. Dick, "Progenie" y Tinelli

El interés por P. Dick se lo debo a A, por completo. El es un fanático, si es que tal actitud cabe en su temperamento. Sino, en todo caso, es un lector definitavemente cautivado por la lógica de Dick. No debería decir "la lógica", pero sería inexacto afirmar que lo que lo seduce a A, y también a mí, es la "prosa" de Dick. Porque no es el mejor prosista, aun cuando me resulta imposible no admirar ese lenguaje sintético, preciso, que da justo en el blanco, que en tres líneas te hizo ver una película, sin mezquinear en el retrato de personajes complejos. (Y eso, considerando las espantosas traducciones españolas)
La otra noche leí un cuento que se llama "Progenie", publicado originalmente en los cincuenta. Es increíble cómo uno entra al mundo opresor, paranoico e inhumano del cuento, cómo atraviesa las dudas y contradicciones del protagonista, que quiere relacionarse con su hijo como un humano pero que sospecha que es una batalla perdida. El cuento no parece una metáfora, ni ciencia ficción, ni tan siquiera ficción, aunque es pura literatura.
Me lo imagino a Dick, drogado o borracho, irremdiablemente loco, escribiendo como un desaforado páginas y páginas que serán leídas como un género menor de un autor dudoso. Me lo imagino viendo ese mundo, realmente viviéndolo, sabiendo que le está poniendo forma, palabra escrita a lo que los demás no pueden interpretar.
Un mundo Tinellizado hasta la coronilla, cuando todos sabemos, o deberíamos saber, que Tinelli y sus secuaces _por ejemplo_ son máquinas, no pertenecen al género humano, y nos están destruyendo. Se están robando a nuestros hijos, pero no podemos huir a "Próxima" o a "Sirio".

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