martes, 23 de febrero de 2016

Amar hasta el abandono como Camile Claudel (republicada)

“Vertumno y Pomona”,
mármol de C, Claudel, 1905.
Inspirado en el poema
"Sakuntala" del poeta
hindú Kalidasa, siglo V
El amor adolescente es un amor lleno de ansiedades, inseguridad, miedo, expectativas idealizadas, celos, simulacros, poses. 
Igual que todo amor, que es como la permanente  repetición del mito inaugural. 
C. Claudel, El abandono, bronce,
1888- 1895, 62 x 57 x 27 cm
. 
Y después pasamos la vida entera reeditando, reeditando...Como  Vertumnos y Pomonas reinterpretadas por Camille Claudel hasta El abandono. 
La Edad Madura, C.C, 1899-1903, 1.899.
 La Edad Madura, bronce, 114x163x72 cm
Un día te das vuelta y tenés un hijo o una hija, o el hijo de una amiga, o un sobrino, sufriendo, gozando, expectando el porvenir en la acariciadora palma de una primera pasión amorosa cuyas consecuencias, aunque no haya modo de saberlo, pueden ser imperceptibles como el ruido del  andar de una hormiga, o inmensas, como la finita y humana eternidad.

viernes, 19 de febrero de 2016

No me vengas a decir en unos años que vos no sabías

"Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Carlos Alonso, serie Alonso en el Infierno, 2004
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.[....]
(Primo Levi, Si esto es un hombre)


I
Escalofríos me provoca leerlos en las redes y en los medios, escucharlos clamar mientras gritan y gozan, al ver echar a los supuestos  "ñoquis", portadores de estrellas, frases que evocan significantes del horror: "el trabajo los hará libres", el regreso de las lista de quién se salva y quien queda afuera. El perverso disfrute de la humillación del otro. Esa adoración por la repetición de los gestos y significantes del fascismo y el nazismo, con las herramientas de comunciación del Siglo XXI y una estética descontracturada.


Cuando era adolescente, en los comienzos de la recuperación democrática, plena “primavera” alfonsinista, la hegemonía en política estaba en manos del radicalismo y entre los jóvenes, la Franja Morada. Si te interesaba la política y no eras de "la Franja", además, quedabas afuera de muchos circuitos y muchos beneficios.
Tanto en esos años de colegio (secundario platense de la Universidad Nacional de La Plata), como luego en los años de la facultad y los primeros trabajos, me sentía siempre en minoría. Si eras peronista, de izquierda, progresista, estabas, o al menos así nos sentíamos en el ambiente de clase media urbano en el que me movía, medio out. Fueras de la tribu que fueras, y como en el tema de los Twist, anduve por varias tribus.
Pero sobre todo, en el Centro de estudiantes, el Barrio Nueva York de Berisso, Max Nordeau, el Taller de la Amistad, el PJ, y muchos otros espacios formales e informales en los que me iba formando, me sentía profundamente convocada por la injusticia que vivíamos quienes creíamos, desde el lugar que fuera, que los crímenes del terrorismo de Estado debían ser juzgados y que la causa de las Madres, las Abuelas y “los organismos”, como los llamábamos, era nuestra causa.
Seguramente para muchos que eran mayores que yo, o que venían de protagonizar el horror en sus cuerpos, el reclamo de "Juicio y castigo" era más una bandera o una utopía que un proyecto realizable.
Pero para quienes éramos jóvenes, era algo posible y alcanzable, a pesar de que la realidad se empeñaba en mostrarnos una y otra vez que las relaciones de fuerza no estaban justamente de nuestra parte.

II Nuestra causa
Nuestra como sujeto colectivo, nuestra porque hasta que no hubiera memoria, verdad y justicia, no habría paz y proyecto futuro para Argentina, para este pueblo, no habría vida en su plenitud.
Cuando en esa época cuestionabas la Teoría de los dos demonios, o cuando empezaron a hacerse públicos los primeros casos de secuestro y apropiación de bebés, de robo de identidad, una se quedaba en general hablando sola en muchos sitios.
¡Cómo dolía escuchar a gente querida repitiendo las viejas y nuevas versiones del "algo habrán hecho"! Me acuerdo tremendas discusiones con compañeros/as de estudio y de trabajo que defendían a los apropiadores, que no querían saber nada con informarse, n i escuchar, que no querían correrse un milímetro de sus matrices ideológicas talladas con verdades a medias, o mentiras, o discursos hegemónicos de los que nos modelan a todos.
También a mí, por supuesto.

III Pensar con el cuerpo
Aprendí junto a muchos de mi generación a sospechar de los discursos digeridos, a tomarme el trabajo de estudiar, de leer, de escuchar a los demás, de revisar mis ideas.
Incluso esta.
Pero también, a pensar con el cuerpo y a sentir con el cerebro, a oler con las ideas y a mirar con la memoria. Un niño baleado por las fuerzas de seguridad estatales.
Es un límite insoportable para mis ojos, mi piel, mi cerebro.

IV "Yo no sabía"
Muchas de esas personas al correr de los años, me pidieron disculpas por sus posiciones. Adujeron ignorancia, necedad. Mucha gente decía, como les dijeron a las propias víctimas del terrorismo de estado: yo no sabía.
Como dijeron los alemanes vecinos de los campos de concentración: yo no sabía.
Como los italianos fascistas le dijeron a los huérfanos y viudas de los comunistas y la resistencia: yo no sabía.
Como los rusos estalinistas le dijeron a sus connacionales. 
Los brasileros y argentinos a los paraguayos: yo no sabía.
¿Pero es posible no saber,un genocidio se puede ocultar?
Tal vez no se supiera el alcance, tal vez para muchos fuera inimaginable la perversa modalidad de las torturas y escarmientos, pero no saber…
Tal vez cuando empezaron los primeros síntomas algunos pensaron que era justo, que había que darles tiempo (a los milicos, a MItre, a Hitler, a Mussolini, a Stalin, a los ingleses en la India, a los estadounidenses en Irán, a los isreaelíes en Palestina.......)
Es una posición que muchos eligieron.
No juzgo moralmente. Sí políticamente.
El miedo paraliza. Nos paraliza.
Los fascistas lo saben muy bien.
Y juegan con eso.
El miedo lleva a la autocensura y a la indiferencia, a la ceguera.
No tener una posición es una posición.
No tener una posición condenatoria frente a los síntomas del fascismo, en la Argentina de 2016,  es una posición al menos de complicidad.
Con lo que hemos aprendido como sociedad, con los modos en que podemos enterarnos - incluso en este contexto proclive a la censura fáctica del mercado-, de muchas cosas que los medios no informan, o deforman, u ocultan.
Incluso así.

V
Me sorprendía que alguien sintiera que debía disculparse conmigo por haber elegido no saber.
Por haber elegido la comodidad, el confort digamos, de la ignorancia que posibilita no tener que ponerle el cuerpo a ciertas cuestiones.
Pero me alegré cada vez que alguien que negaba el genocidio, o el terrorismo de estado, o el robo de niños y niñas, en los 80 y los 90, en el 2000 había revisado sus ideas.
Mucho antes del kirchnerismo.
Pensé que habíamos como sociedad alcanzado un grado de acuerdos importante, profundo y mayoritario, respecto a que queríamos vivir en un estado de derecho, después, algunos tendrían este proyecto político y estos estos otros. Están quienes gobiernan para los ricos y quienes gobiernan para los pobres. Las contradicciones, alianzas y complejidades constructivas que son las reglas de juego de la política en las sociedades democráticas occidentales contemporáneas, etcétera.
¡Cómo me equivoqué!

VI
Recuerdo que en mi infancia, mis padres, que no eran héroes ni guerrilleros revolucionarios, sino gente común de clase media argentina, pusieron en riesgo su vida -y la nuestra-  para proteger la vida de amigos (o conocidos) perseguidos por las patotas de la dictadura. Intuyo que ese ejemplo, esas experiencias, calaron profundamente, mucho más que la formación ideológica o doctrinaria.
No se le cierra la puerta en la cara a una pareja con hijos pequeños a quienes persiguen para secuestrar, violar  y matar.
Hay que sobreponerse al miedo cuando está en juego lo más sagrado: la vida. Y más aún, cuando es la vida de los niños y de los viejos.
Y una vez que uno abre esa puerta, ya no se puede cerrar.
Esa puerta queda abierta para siempre.
Pero uno elige qué umbrales cruzar y qué umbrales no.
Incluso cuando esas vidas salvadas se conviertan en encarnaciones de profetas de la muerte, hay que saber en cada célula de nuestra alma-cuerpo-mente que valió la pena.

VII
Ahora, que soy una mujer adulta, con un hijo de casi veinte años, veo las cosas de otra manera.
Puedo imaginar que dentro de unos años, quienes son hoy jóvenes pidan disculpas por haber fomentado, celebrado, negado o tolerado en silencio los avances de comportamientos fascistas.
Tal vez le pedirán disculpas a sus compañeros de estudio, de trabajo, a los familiares de los que quedarán en el camino.
Puedo discutir con pasión y respeto con muchos que piensan muy distinto a mí en muchas cosas, siempre que estemos dentro del límite de la defensa de las garantías y la soberanía de los derechos humanos, del humanismo. 
Cuando ese orden es violentado, cuando a un primer síntoma sigue otro, y otro, y se lo tolera, se lo celebra o se lo niega, quienes son mis coetáneos, o mayores que yo,  no me van a hacer creer en le futuro (porque la foto de hoy mañana ya es pasado) que no sabían, que no entendían, que no se dieron cuenta.
Todos ya vimos el rostro del Leviatán.
¿Acaso creen que vamos a creerles que otra vez no sabían? Que creyeron que los totalitarismos reales, genocidas, hambreadores, en toda la historia humana y en todas las geografías, surgen de repente? ¿No quieren ver el vientre de la ballena que vomita en el proceso? ¿Creen que esos demonios metaforizados en el arte y la religión de mil modos, apelan a algo ajeno a eso que está dentro de cada ser humano? ¿Se creen Frankenstein?
Quienes eligieron el fascismo, por acción u omisión, en nombre del liberalismo, del radicalismo, del socialismo, del peronismo, del hartazguismo, del indignadismo, del catolicismo, del judaísmo, del evangelismo, además de contaminar o tergiversar esas fuentes, cruzaron una puerta que no tiene retorno.

"[...] Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro."
(final del poema)

sábado, 6 de febrero de 2016

Argentinxs en las redes

"Hemos relevado a los dioses, pero la historia no anda"
 (Rodolfo Kusch, "El miedo y la historia", 1969)

Parece que somos uno de los países que encabezamos las estadísticas en el uso de redes sociales, según la página de Chequeado en junio de 2014.*
Cuando una conversa con amigas que viven hace muchos años en Europa, o bien lee algunas de las críticas culturales que se ocupan del tema de las prácticas en el uso de redes sociales de manera directa o tangencial por aquellas geografías, (Barbara Cassin, Francoise Benhamou, etcétera), algo les asombra de nuestra relación con las redes sociales: el alto grado de exposición personal que allí tenemos, las apasionadas discusiones que sostenemos en la virtualidad, las prácticas de comunicación que desarrollamos y estamos construyendo, las formas en que ponemos a circular la información periodística que allí disponemos; la exhibición de nuestras ideas políticas, de nuestras familias, de nuestros gustos musicales, literarios, artísticos, futbolísticos... 
A pesar de que (casi)  todos coincidimos con mayor o menor sustento científico (desde la doxa y/o la episteme) en que estos medios de comunicación son, entre muchas otras cosas, vidrieras ideales para el espionaje y el control social por parte de las agencias de inteligencia y el poder; para la venta e imposición de prácticas de consumos, para las transformaciones de las relaciones interpersonales y las subjetividades-como hablábamos en un hermosa tarde de enero con mi amiga S, a pesar de que nos ocultamos detrás de seudónimos y apodos, a partir del blanqueo de la persecución política que se lleva adelante en muchos ámbitos laborales en estos nuevos tiempos de democracia restringida, o vigilada, o recortada, o ajustada (¿sincerada?), no dejamos de postear, de hablarnos y convocarnos por whatsapp, Facebook, Twitter, etcétera.
¿Nos dividimos entre voyeurs y exhibicionistas?
¿Están los que leen/observan todo lo que otros postean pero jamás se exponen?
Las empresas y los organismos del Estado tienen personal observándonos orwellianamente...
Es el fin de la intimidad.
Todo eso.
Nos ponemos paranoicos, (porque además, nos están persiguiendo, vigilando y castigando).
Nos ponemos foucaltianos, dickenianos (no de Dickens si no de P.Dick); nos situamos en clave Huxley, Orwell...y aún así...¡No dejamos de estar siendo no sé qué clase de comunidad política en las redes!
"La autocomunicación de masas está configurando un mundo nuevo. De modo creciente pensamos en las relaciones sociales, las instituciones, el poder, el cambio social y la autonomía personal como realidades basadas en redes (Cardoso). Los jóvenes de hoy forman parte de la generación de la tecnosociabilidad, cultura que no solo cambia la vida de las personas y las comunidades, sino también la política (Calderón). Parece claro que partidos y sindicatos han perdido el monopolio de la intermediación. Estar en la red puede ser algo más que un clic para entrar, decir que me gusta o compartir."**

¿Qué ocurre allí, en esos encuentros, grupos, subgrupos, tramas? ¿Alguna sombra de los rituales que nos conectaban con el más allá del terrenal, con lo sagrado, con los otros, algo que no responde a la lógica matemática, algo que se explica y se explica desde la ciencia occidental pero que, a pesar de ello, no (nos/se) entiende? ¿Quiénes somos allí, con los otros, en ese territorio simbólico-virtual? ¿Sumas de preguntas nuevas a prácticas que están siendo para nosotros, lxs argentnxs, nuestros modxs de comunicarnos con tecnologías ajenas pero prácticas propias?


*"La Argentina es el tercer país en el mundo en el que sus usuarios pasan más tiempo en las redes sociales con 9,1 horas promedio por mes, según el informe Futuro Digital Argentina 2013 de la consultora Comscore Media Metrix. Facebook es la red social líder y sus usuarios le dedican el 94% del total de su tiempo consumido online.

La Encuesta Nacional de Consumos Culturales y Entorno Digital realizada por la Secretaría de Cultura de la Nación en 2013 confirma la popularidad del uso de las redes sociales entre los argentinos. Los resultados muestran que el 65% de los encuestados accede a Internet,y más de la mitad de éstos se conecta en las redes sociales. Además, el 55% de la población dice tener una cuenta en Facebook.", en http://chequeado.com/recuadro/la-argentina-y-el-uso-de-las-redes-sociales/, consultado febrero 2016.

miércoles, 13 de enero de 2016

Los perfectos y las perfectas


"Lo perfecto no deja entrar a nadie. "(Elías Canetti)

La Argentina es un país que está lleno de coimeados pero no existen los coimeadores.
Es el país de las muertes en mal llamados accidentes de tránsito, pero donde nadie pasa semáforos en rojo ni excede la velocidad.
Es el país de la "corrupción política del adversario"  pero nadie de las empresas, la sociedad, los medios, es responsable de consentir que  se violen leyes y se ahoguen chicas o se incendien boliches.
Está plagado de ñoquis pero todos somos trabajadores muy cumplidores y excelentes.
Está lleno de acomodados pero no hay nadie que haya accedido a ningún beneficio por acomodo.
Se denosta al Estado y a la burocracia, pero nadie habla de las mega estafas y chanchullos de las empresas privadas del mundo y de acá.
Etcétera, etcétera, etcétera.
A lo largo del último tiempo he leído y notado una abundancia de argumentaciones morales para explicar las preferencias políticas y para los debates. No me interesa ni me siento en posición de dar discusiones de ese tipo. La moral es algo privado. 
Sin embargo, hay quienes provocan desde ese lugar. Puede que un día se me salte un tornillo y terminemos cayendo en el juego. Nadie está libre.
Hay que tener el pasado personal muy pero muy limpio para estas osadías.
El pasado personal y el familiar, yo diría, si uno va a hacer uso y abuso de este discurso acusador moral y estas generalizaciones. 
Y ya sabemos, la perfección no es constitutiva de lo humano. Todos estos perfectos y perfectas, reglamentaristas de lo superfluo, suelen cometer algunas aberraciones éticas y políticas, en nombre de la moral. Sobran los ejemplos.
Si esa fue la base argumentativa de su voto al macrismo, ¿no es de esperar que salgan a reclamar lo mismo ahora? ¿O eran todas mentiras? Y entonces, moralmente es repudiable, y políticamente se trataría de una estrategia electoral fundada en esconder los verdaderos proyectos. Como dice A, están los que hicieron la propaganda política como publicidad bancaria, los cínicos, que vendieron alegría y globos para ocultar el proyecto de empobrecimiento, persecución política revanchista, devaluación  y endeudamiento. Y están los que la compraron.
Están consintiendo violaciones a las leyes, y mientras siguen jugando el jueguito del debate porongón, de la imposibilidad de pensar por fuera de sus matrices, o de tan siquiera ponerlas en duda, están celebrando a los verdugos.
Nadie les pide tanto, incluso en regímenes más opresivos, en situaciones más límite, siempre se pude tener gestos de dignidad política.

Me cansé de escuchar a trabajadores del Estado, (ya sean de la educación, del sistema de salud, judiciales, policías) renegar por el ingreso de otros trabajadores "a dedo". Y cuando les he preguntado por sus oportunos ingresos por concurso de antecedentes, sus capacitaciones, sus currículum, miraron para otro lado.
Me cansé de escuchar el discurso meritocrático de gente que heredó (o hizo) dinero por el hecho de nacer en tal cual o familia;  abusando de posiciones de poder, malversando fondos del Estado. Gente que aunque desde ya no es responsable personalmente de los delitos de sus antepasados, pero sí lo es socialmente, diría H. Arendt. Como es responsable políticamente un gobierno de gobernar.
Cierro con un ejemplo: mi moral me lleva a rechazar visceralmente que se oculte, proteja u oculte a violadores de niños. Me parece un delito que está en la cima de lo más aberrante.
Y en este caso, hay también una ética social, legal y política me acompañan.
Puede que políticamente sea más grave otra cosa.
Pero ¿vos pondrías a alguien que proteja a violadores de niños a cuidar los relaciones internacionales de tu país?, sería la pregunta política. ¿Por qué? Porque alguien que en nombre de la seguridad o la política considera que algo así debe ser ocultado, está dispuesto a hacer cualquier cosa en nombre de la política y la seguridad.
Por eso me causan un estremecedor rechazo físico, moral, intelectual, los actos de los cuales se la acusa a la Canciller Malcorra.
Pero es la política la que puede discutir si un país democrático puede tener como responsable política de sus relaciones internacionales a alguien que ha sido denunciado en varios miembros de la ONU por este acto criminal desde el punto de vista de las leyes internacionales. Ya no es mi moral, es la ley, y es la política internacional.
Creo que para poder discutir cuestiones políticas hay que partir de algunos acuerdos tácitos o explícitos previos, sino, no vale la pena. 
Uno de ellos es que no podemos posicionarnos en una supuesta superioridad moral para discutir política, porque ya ahí estaremos entrando en otro terreno.

sábado, 2 de enero de 2016

Almabellismo en mí, en vos, en ellas, en ellos, en nosotros

“Para Lacan, esto sólo puede facilitar que el sujeto se escude en la posición paranoica del  'alma bella' que denuncia el desorden del mundo sin poder advertir su implicación en ese desorden."
(José Eduardo Tappan Merino)



Y al final llegaba a la conclusión de que tal vez era más simple: era eso, era debido a eso, a tu gozosa posición de alma bella, que no podíamos más que encaminarnos una y otra vez hacia nuevos desencuentros.
Donde vos alzabas (de nuevo) el dedo acusador, parapetado en el  mangrullo de tu moral:
a veces señalabas hacia mí, como en espejo, pero en el reflejo sólo cabía tu imagen, que iba de la autocomplacencia a la vanidad, pero nunca se tomaba un descanso, nunca querías mirar hacia el otro lado oscuro: el tuyo.
Y se armaban esos enredos, que tanto podían ser de moralismo mezclado con política, como de sexo mezclado con reclamos y grandes penitencias, y castigos, y rencores que crecían como hongos en humedales.
A veces eras un ella, y te entregabas a una autocomplacencia de un progresismo intachable, que nunca tocaba lo sucio, lo feo, y aunque se servía de los beneficios de estas prácticas, te sentabas en la poltrona cómoda de ver tele, en el confort de tu hogar bien equipado, sin frío ni calor.
A veces eras en mí, ese almabellismo que culpaba a los otros, que la miraba de afuera y decía: yo no fui, yo no tengo nada que ver, yo no estoy implicada...Y ese arrebatada pasión acusatoria sólo venía a encubrir lo que sospechaba: que yo sí era, que yo estaba implicada, que no estaba a salvo.
Nacimos caídos, pecadores, dice el saber tradicional de las religiones.
Te enfurecen esas metáforas. No importa, hay otras, tenemos también a Freud y a Lacan.
(No hablaré del peronismo, para que no cierres tus oídos con membranas refractantes.)
Te propongo que lo pensemos  así:
"La conciencia de clase puede no ser revolucionaria, puede no ser socialista, pero siempre es algo. De ese ‘algo’ parte el trabajo político, el tuyo y el mío.Y ésta es la cuestión. Tanto para los doctrinarios como para los poéticos. Si las almas bellas se interesaran por esta trama, descubrirían que un genial observador de nuestro mundo, Antonio Gramsci, diseñó con maestría la índole de los escenarios en los que transcurre la política. ¿Cómo articular con los más un espacio que pueda efectivamente disputar el territorio a los de arriba? La manera no puede provenir de mis sueños y aspiraciones. Ni provenir de rígidos principios. Tendrá que nutrirse de los complejos y contradictorios entrelazamientos que las mayorías han conjugado para negociar condiciones de vida que suponen mínimamente aceptables en el marco de ciertas condiciones. Las mayorías son portadoras de una vasta sabiduría que recorre generaciones y continentes. Y no son poéticas ni aventuradas. Pero son los protagonistas. Los protagonistas de la política y de los cambios posibles. A veces pueden equivocarse en toda la línea. Pero sólo desde su experiencia puede buscarse un nuevo camino."*

No soy yo, no es el mundo, no son los otros...Y chau. Listo.
¿Nunca en vos, nada? ¿Ni una duda, ni una pregunta, ni la sombra de una implicación que dijera: este es un hombre, una mujer, un adulto, y podemos tener una conversación?
(Prometo que cuando asome en mí esa alma bella, esa pequeña Dora, la miraré a la cara: vete de mí, cuervo negro.)

* Mario Toer, en Página 12, 2009, http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-126672-2009-06-15.html




domingo, 27 de diciembre de 2015

"Pefiero los milagros a los bacilos"

 "Si hay que creer en algo que no se ve, prefiero los milagros a los bacilos". (K. Krauss)



Hace 77 años Orson Wells demostró hasta qué punto los medios pueden construir "realidades", apelando a la imaginación del público. Cientos de teorías de la comunicación, intelectuales e investigadores lo han explicado y se han hecho preguntas y elaborado hipótesis al respecto, desde el campo del lenguaje, de la comiencen, la educación, el psicoanálisis, la política, los estudios culturales, el análisis del discurso. Aún así, es asombroso cómo seguimos dejándonos engañar por las manipulaciones mediáticas que han hecho posibles, por caso, que el país más violento del planeta invadiera Iraq con la excusa de que había armas químicas, que jamás fuero encontradas, y el mundo no sólo lo toleró, sino que no pidió explicaciones.

Según el Ministerio de Salud iraquí, esa invasión causó 151,000 muertes violentas de 400,000 muertes debido a la guerra;otras fuentes mencionan: 601,027 muertes violentas de 654,965 (a junio de 2006, Encuesta Lancet; y 1,033,000 muertes violentas como consecuencia del conflicto (agosto 2007, Opinion Research Business.*
Una explicación básica, es que todos/as en alguna medida tenemos (por nuestras matrices culturales y habitus), explicaciones previas de cómo comprendemos el mundo, verdad de Perogrullo que a veces conviene repetir. y aunque hay quienes, ingenuamente, se sostienen en un discurso que pretende ser racional, nuestra interpretación de lo que nos rodea es condicionada por los sentimientos, los sentidos, el modo en que se estructura nuestra psiquis.
Mirar, ver, pensar, son acciones siempre cargadas de subjetividad.
Negamos lo que nos causa dolor.
Ayer recodábamos en una charla familiar cómo hay quienes todavía, en Argentina, sostienen que los desaparecidos están vivos y paseando por Europa, y no hay cuerpos, evidencias, ciencia, leyes, que los hagan cambiar de opinión.
Son creencias arraigadas y profundas.
A veces, montado en un discurso positivismo y racionalista, hay quienes se burlan de la credulidad o ingenuidad de las religiones, y sin embargo creen en el capitalismo y el discurso mediático con un fanatismo que supera al de muchos fanáticos de (otras) religiones.Es por eso que muchos publicistas han utilizado para crear a sus candidatos políticos como productos de consumo, porque saben que muchas personas no se sienten ciudadanos, sin consumidores y desean comprar ilusiones.





Un proyecto político o candidato realista, es alguien imperfecto, que siempre satisface parcialmente, y que en algunos aspectos va a defraudarnos, porque es humano, porque los dispositivos del poder y la política implican el conflicto de intereses. y porque una identidad política colectiva implica articular demandas muy diversas, de modo que siempre habrá satisfacciones limitadas. Y no nos devolverán el dinero, como si fuese una licuadora fallada, somos responsables de lo que elegimos, desde ya. ¡Herida narcisista para quienes desean permanecer en una eterna adolescencia y encontrar el ideal! Yo yo yo yo, a mí, a mí, no me gusta cómo habla, no me gusta el pelo, no me gusta..¿Y es que acaso eso importa?
Lo explicaron los griegos, toda la tradición filosófica occidental, los chinos, Shackespeare, Kant, Spinoza, Marx, Freud, el arte en general y aun así, hay quien se resiste a admitirlo. Aunque el mundo viva en guerra y los seres humanos nos la pasemos destruyéndonos entre nosotros...
Nos venden candidatos como nos venden productos bancarios: nos prometen con eslóganes mundos armoniosos, felices, alegres. Ninguna experiencia humana individual o colectiva puede alojarse en esos mundos de fantasía....Lo sabemos, pero compramos. La pastilla para adelgazar mágica, el candidato que resolverá todo en paz y armonía...¿Cómo todo? Si sabemos que para que unos sean felices, supongamos, y tengan mejores salarios, otros deberían renunciar a ganar tanto? ¿Cómo todos, si hay una parte de la sociedad que cree que los responsables civiles de la dictadura deberían ser juzgados y otros que los consideran empresarios o funcionarios respetables y necesarios? ¿Cómo todos, si hay quienes creen que los procesos de selección y concursos de los jueces deberían ser públicos y con participación popular, y quienes consideran que hay que sostener un statu quo de origen decimonónico? ¿Cómo todos, si hay quienes creen que la retirada del Estado de ciertas funciones permite que el mercado en toda su avidez avance sobre los derechos ciudadanos? ¿Cómo todos, si algunos creemos que está muy mal que un Presidente- sea cual sea su signo político- no tome medidas inmediatas desde el Estado para asistir y hacerse presente cuando hay una catástrofe (climática, accidental, etcétera), y sostener políticas de inclusión y desarrollo financiadas con los impuestos de los más ricos?...En lugar de estas discusiones políticas, los debates se reducen a acusaciones y agresiones, a ironías y cinismos, a apelaciones a lo más ruin que hay en cada uno de nosotros. Es parte de la lógica de la sociedad del espectáculo ver quién le "gana" a quien una disputa en las redes sociales, exhibiciones narcisistas que no parecen contribuir a conrtsuir ideas...O tal vez sí, no lo sé.
Hay discursos hegemónicos muy eficaces, como el de la publicidad, que apelan a estos sentimientos y mecanismos empáticos. Vaya novedad.
Es como la gente que cree en la superioridad de ciertas razas. Están tan convencidos de eso que es imposible que alojen una duda, un argumento contrario. O que creen que la genética determina el destino de un sujeto. Uno creería que esos paradigmas ya habían superados, que es un pensamiento realmente racista, nazi, pero no. Lo creen. Como quienes están convencidos de la justicia de la pena de muerte. Su matriz cultural es tan dogmática, fanática, podemos decir, que no habrá argumento ni sentimiento que atraviese esa certeza.
La gente así de dogmática con frecuencia le atribuye el dogmatismo/fanatismo (que se hace equivalente en algunos discursos al "populismo" y otros "ismos", mezclando Biblias y calefones en un revuelto confuso) al otro, al discurso del otro.
El pensamiento crítico supone permitirse dudar, no quedarse con una versión de los hechos, poner en sospecha las propias certezas. Es arduo, trabajoso, puede implicar dolor y desilusiones.
Hay quien prefiere seguir ilusionado.
Gente buena, decente, bien intencionada, pero que no está dispuesta afrontar la pavorosa caída del velo.






La muerte de Ofelia, de John Everett Millais, 1852


La desilusión implicaría la emergencia de nuevas interpretaciones muy dolorosas. Porque, como escribía Nietszche:
"El conocimiento mata la acción, es preciso para ésta el espejismo de la ilusión: esto es lo que nos enseña
Hamlet ciertamente no es ésta la sabiduría de Hans el Soñador, que, por exceso de reflexión y como por un exceso de posibilidades, no puede ya obrar; no es la reflexión, no: es el verdadero conocimiento, la visión de la horrible verdad. Bajo la influencia de la verdad contemplada, el hombre no percibe ya por todas partes más que lo horrible y absurdo de la existencia [...] Y en este peligro inminente de la voluntad, el arte avanza entonces como un dios salvador que trae el bálsamo saludable: él solo tiene el poder de trasmutar ese hastío de lo que hay de horrible y absurdo en la existencia, en imágenes que ayudan a soportar la vida. Estas imágenes son lo sublime, en el que el arte doma y sojuzga a lo horrible y lo cómico, con el que el arte nos libra de la repulsión de lo absurdo."**



* Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_Irak
** Nietzsche, F, El origen de la tragedia, Espasa Calpe, Madrid, 2007, págs. 81-82.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Cerdos y peces. Buena fortuna. "Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos"


 “La propia verdad. Cerdos y peces. Buena fortuna. Será provechoso cruzar la gran corriente. La perseverancia es conveniente”. (hexagrama 61, Chung Fu/La verdad interior.Trigramas:
Superior: Sun Lo Suave, Viento. Inferior: Tui Lo Gozoso, Lago.Libro de las Mutaciones)

"El crimen es un componente de la historia, y no su tema principal. Para la víctima, en cambio, el crimen es la historia misma." (Timothy Snyder, Cartas de la Werhmacht)*

El universo es una falsificación, una ilusión, y los seres humanos vivimos nuestras vidas entregados a esa ilusión que se nos impone para que no nos revelemos contra el poder. Esta es una idea recurrente en la obra de Philip K. Dick, es parte de su Idus Kosmos, una idea de la cual la ciencia ficción se ha nutrido durante décadas. Una idea que está emparentada con tradiciones esotéricas, con Platón (y su caverna), con el Tao, desde ya, y aparece en El hombre en el castillo (The Man in the High Castle, 1962), quizá la obra más" prestigiosa" de este genio, devenida en clásico desde su aparición en los 60.
La novela es una "ucronía": es decir, propone un relato en un tiempo que podría haber sido, o que podría llear a ser, si el pasado hubiera sido diferente. Si los Aliados hubieran perdido la Segunda Guerra y Alemania y Japón triunfantes se hubieran repartido el mundo. EEUU dividido entre ambos imperios y con una zona neutral es el escenario donde se desarrolla la trama, que incluye la disputa entre ambos imperios totalitarios, las internas en cada Gobierno entre quienes apuestan a mantener cierto equilibrio (una suerte de Guerra Fría)  y quienes siempre ambicionan más. 
Los nazis han convertido a África en un laboratorio de experimentación tan siniestro que ni siquiera Dick describe, sólo insinúa. Pero no hace falta más, el lector ya conoce hasta dónde fueron capaces de llegar no sólo en los campos de exterminio, sino antes, en los asilos para enfermos mentales; lo que hicieron con cualquier disidente de la norma, incluyendo por supuesto comunistas, judíos, homosexuales...
Cualquiera que pudiera poner en duda la ficción espectacular montada por los grandes arquitectos (en sentido literal, como Speer,  y metafórico, como Leni Riefenstahl) del Reich,  los Durán Barba de entonces: grandes montadores de ficciones y espectáculos.
Y la historia y el destino de los personajes de la obra, (tanto en la ficción como en la realidad, de acuerdo a la biografía de Carrére sobre PKD,Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos), avanza de acuerdo a los consejos del Oráculo, el Libro de las Mutaciones, el I Ching, que los japoneses han tomado de los chinos y que los estadounidenses que viven bajo el Imperio de las Islas, han adoptado también.
Es el mundo que habitan lo personajes: Nobusuke Tagomi, funcionario del Ministerio de Comercio japonés en EEUU, encargado de coordinar grandes misiones comerciales y devoto del Oráculo, un hombre que intenta comprender el mal que lo rodea y del cual participa, un alma que sospecha sin atreverse, que algo no está bien en ese supuesto universo, alguien a quien su conciencia le pone límites;  Robert Childan, comerciante de antigüedades, sumiso al poder japonés, ávido de dinero pero de algo más también, eso que supone que existe, eso que es como u n recuerdo olvidado que emerge en las artesanías norteamericanas que le vende a los ejecutivos exitosos de las empresas japonesas y sus bellas esposas....Eso que él alguna vez conoció antes de la derrota...la vida. Es lo que le pasa también a Frank Frink y su ex esposa Juliana. Judío él, llena de una especie de locura, ella, que la impele a viajar, a buscar alguna verdad diferente. La locura de Juliana es el deseo de no conformarse con esa vida infértil y deprimente, es la intuición de que eso no puede ser todo lo que exista, ese mundo sin democracia, donde los ricos gobiernan el mundo a través de sus lacayos militares, donde cualquier trangresión será reprimida,y, sobre todo, invisibilizada....Es algo que afecta también al espía nazi que trata de impedir las consecuencias bélicas de la muerte de quien sucedió a Hitler, Bormann, que podrían implicar que estalle una interna entre los nazis,  que desemboque en una nueva guerra. Sabe que los nazis en apariencia más brutales y sanguinarios harán menos daño  que el sector aparentemente más civilizado, que en verdad es el más destructor, cruel y desaforado: el de los empresarios, para quienes todo es cuestión de costo/beneficio, y que no dudan en ganar dinero mediante la explotación de esclavos en varios continentes.
Un hilo conductor de estas líneas de la trama es, además del I Ching, otro libro en la propia ficción:  La langosta se ha posado, de un escritor misterioso llamado Abendsen. Se trata de un texto semi clandestino, prohibido en los estados nazis pero que circula en los territorios neutrales y se tolera en el japonés, y que, obviamente altera las subjetividades de los lectores. Entre ellos,  de los protagonistas masculinos y de la heroína, Juliana.Bella, descendiente de españoles, algo tocada, es decir, no muy obediente de las normas, luego de separarse de su marido Frank Frinck (Fink, en realidad, judío que ha logrado zafar y vive en la zona japonesa). El libro está despertando alguna clase de conciencia "peligrosa" para los poderes, los lectores parecen mutar al leerlo, hacerse algunas preguntas, entrar en un estado de sospecha. Su autor,  Abendsen, permanece, según el rumor, encerrado en una especie de fortaleza o castillo, rodeado de medidas de seguridad, para evitar ser asesinado por la SD, la policía nazi.
Philp K. Dick, Ilustración de Ariel Tancredi.
Obsesionada con La langosta se ha posado y guiándose por su intuición y por el I Ching, Juliana se propone viajar hasta el búnker de Abendsen. En el trayecto, concoerá a Joe Cinnadella, un atractivo veterano italiano, que peleó para su país, como aliado de Alemania y Japón. Si bien él parece ocultar algo, ella no puede evitar sentirse seducida por él. Mientras tanto, su ex intenta dedicarse a una nueva actividad, quizá más rentable pero también más subversiva que su trabajo en la fábrica de metales: probará diseñar joyas...Algo completamente disruptivo y considero decadente, y transgresor. Es un mundo donde el único arte estadounidense permitido es aquel e la época anterior a la Guerra, es decir, aquel que ya no vive, no tiene potencia, no abre mundos.
Es un mundo opresivo, es un mundo donde es imposible vivir, como diría  Marina Tsvetaieva... 
Hay quien para tomar un poco de oxígeno, para dar una brazada que permita atravesar esa corriente en contra que nos rodea, escribe una novela; hay quien no se resigna a la no vida, a la ficción que han montado para hacernos creer que no hay alternativas, que sólo queda someterse a la derrota y no luchar para vivir con libertad, y estudia una disciplina como el judo y viaja; hay quien se pone a diseñar sus propias piezas de orfebrería, joyas que quizá lleguen a las manos de un funcionario japonés. Un funcionario que aún siente respeto por la dimensión humana de la vida, que sospecha que el poder (yo diría, hoy, del Mercado, con mayúscula) sólo destruye y mata, un hombre que entienda la política como una responsabilidad y que, como parte de uno de esos sofisticados rituales de cortesía de su cultura, puede terminar interviniendo en el encuentro entre dos representantes de sus imperios, camuflados en reuniones ultra secretas, que incluyen atentados, armas y filosofía, política y tratados comerciales en defensa de lo auténtico, de lo que tiene wu, de lo que podríamos hoy llamar industria o cultura nacional, invisibilizada y destruida por la fabricación de productos en serie que los alemanes (en este caso) imponen al mundo mediante la exportación.
  ¿No hay acaso en El hombre en el castillo una invitación a sospechar, como nos pasa a muchos seres humanos , que lo que parece real no es más que la construcción/ficción que nos imponen para someternos, para que creamos que este mundo horrible es lo único que existe, lo único posible? 


Notas:


*Mountier, Marie (Comp.), Cartas de la Werhmacht, Crítica, Paidós, Buenos Aires, 2015. prólogo de Timothy Snyder.


Muy recomendables: la biografía sobre PKD Idus Kosmos, de Pablo Capanna, la mencionada de Carrére y la serie homónima inspirada en esta novela, de Amazon.
 

sábado, 19 de diciembre de 2015

Vivir, pensar, danzar. Una bailarina argentina, de Diana Rogovsky

"Con frecuencia pienso que lo que en verdad necesitamos, lo que en verdad deseamos, al menos en mi caso, los coreógrafos es que las obras sean vistas. Pero, ¿por quiénes?" *
Esta es una de las numerosas preguntas que propone Una bailarina argentina, un relato ensayístico-biográfico de Diana Rogovsky. Artista y docente argentina, Diana es profundamente platense, sin que eso signifique que haya renunciado a tener, tanto en sus piezas como en su escritura, una perspectiva abierta, más allá de fronteras localistas. Será por aquello de "pinta tu aldea..."
Para que que las obras sean vistas...Y acá hay otra pista. Obras para ser vistas por otros....Otros que son ¿quiénes?Por lo pronto, diversos. Entonces, ¿cómo interesar a otro en la propia obra? ¿Cómo producir este encuentro con un público que no siempre está preparado para decodificar el lenguaje de la danza?
 Vivir, pensar, danzar, en este caso....resuena como una evocación del libro de Siri Husvedt** este texto, editado en La Plata por Malisia.
Diana prioriza siempre la vida: la matriz familiar, su matrimonio, la maternidad, las sociedades artísticas con colegas de la ciudad, son protagonistas del relato. También, por supuesto, un recorrido por los diversos trayectos formativos, institucionales, formales y alternativos a lo largo de las décadas, acompañados por un pensar este hacer y este sentir desde el campo intelectual y académico.
Todos/as estos compañeros/as de ruta están no sólo presentes en el texto, sino también en el reconocimiento de los agradecimientos.

Juliana Celle, Roxana Morales y Diana Rogovsky
2.
¿Por qué escribió este libro Diana?, me pregunté.
Ensayo a modo especulativo una posible explicación. Escribe, creo, para dar testimonio. Se trata de un textimonio (diría Leticia Carelli, neologizando mi más tradicional "testimonio"). Por aquello de que el lenguaje contiene mundos, el mundo del que testimonia Diana es un mundo que quizá ya no exista, pero que merece ser conocido y reconocido, no sólo para interpelando en la dimensión espacial desde la que se construye el campo de la danza, sino también en la temporal.
Hoy.
A pocos días de este acontecimiento político - en el sentido de aquello que irrumpe y tuerce el curso de la historia-, que ha sacudido la entraña de la Argentina, de fuerte impacto tsunámico en el campo cultural, educativo y político, el testimonio de Una bailarina argentina nos convoca, como un acontecimiento paralelo, en el campo artístico-cultural. 
No se trata de un libro para expertos o especialistas, no es (sólo) para baiarines/as, coreógrafos, músicos o artistas de la escena. Para nada. Muy por el contrario, el libro recorre desde una posición que se asume como subjetiva ("una bailarina argentina", esta, no cualquier otra), pero también una bailarina situada, ubicada en un contexto, hija de los 70, que crece y se forma en los 80, con el regreso de la democracia y la voracidad y el deseo de construir mundos.
[Una etapa que de algún modo acaba de terminar, con este triunfo político de una alianza de derecha que llega electoralmente al Gobierno (el poder siempre lo han tenido).]

Diana propone claves. Primero la vida, siempre la vida, y no (no sólo) un relato inerte acerca de técnicas, espacios formativos, historias de grupos de artistas platenses que trascendieron o no la dimensión del éxito" . eso también esta, el que quiera buscar ese costado más frívolo no saldrá decepcionado de la lectura.
Su carrera, como la de muchos de nosotros, su personal búsqueda de un lenguaje artístico capaz de hacer obra, de tomar una posición y hacer nacer lo que no existía, con los elementos comunicacionales del discurso de la danza, se inicia en los 80.
Transita junto a la pasión por la lectura, la escritura de poesía, el estudio de disciplinas como la acupuntura y el yoga, y el paso por la universidad y otras instituciones educativas de nivel Superior. También hay una elección por buscar buenos maestro, allí donde estén, y estudia en Buenos Aires, en espacios que, por una u otra raz´n, ya no existen más. Sobre estos finales algo abruptos de espacios y proyectos artístico pedagógicos, sin nostalgia pero sin evasivas, también reflexiona el ensayo.
Leticia Carelli, en El espacio-Malisia

3.
Miramos, recorremos los ochenta. Los años de la secundaria en el Liceo "Víctor Mercante" de la UNLP. El despertar de la vocación política.La ciudad en ebullición. La primavera alfonsinista. La familia partida, quebrada, sin un mango y sin un orden, apenas puede alojar este hambre, este deso de crear.  
Hay un antecedente protector, la "escuelita", donde bebimos, y comimos, y cultivamos el respeto por el otro, una educación fundada en el reconocimiento, potenciadora de universos vocabulares donde todos y todas tienen valor. Entonces, ahí , en ese primer rescate Diana se referencia,. Por más adversidades que  traiga la adolescencia, esta matriz es esperanzadora. Hay una potencia, es posible estudiar danzas, y es posible hacer obra.
La Plata bulle.
Los jóvenes nos empezamos a apropiar de los espacios públicos. Nuestros amigos (comunes) tiene bandas de rock, de jazz, estudian teatro, cine, clown , Bellas Artes, militan (mos) en política, en los barrios, con los pibes. Hacemos. Trabajamos de mozas en un bar, en otro. 
De la nada, no, pero partimos de muy poco.
Venimos de una generación eliminada.
Nuestros mayores están perdidos, partidos, quebrados.
Los apenas más grandes la buscan más por le lado político partidario y nosotros por el campo cultural, el arte y los derechos humanos.

"Fierro", Diana Rogovsky, obra de 2012
"Nuda", 2005

 4.
"Cómeme, bébeme", 2002.
¿Por qué escribe este testimonio Diana?
Hay una vacancia (Ro dice en lenguaje psi, hay una falta, hay un vacío). 
Escribe para legitimar el campo de la danza.
Escribe porque es una tarea, porque es parte de nuestra tarea también como educadores, como trabajadores de la cultura.
Contarles a los otros que hay que hacer un recorrido propio, que hay que tomar riesgos, sostener el deseo, formarse, estudiar. Trabajar mucho. Trabajar con otros, Pensar con otros, Producir con otros. Reclamar al Estado el lugar que el Estado nunca había tenido para nuestra generación, y tuvo por doce años. Reclamarle si se retira. Decirle a los estudiantes, a los jóvenes,  que hay que intentarlo y no dejar de intentarlo, que no se puede renunciar de antemano. Habrá un precio a pagar, habrá un sufrimiento, posiblemente, pero en el sentido romántico, en un sentido humano, en un sentido del precio que se paga por elegir, tal vez.
Diana no se queda en Buenos Aires, aunque a lo largo de los años recibe becas, gana concursos, monta obras en teatros porteños. Aunque La Plata mirar, y siga mirando a su espejada Gran Metrópoli como en un espejo que agranda su falta, un espejo que casi siempre la ignora y le da la espalda.
Diana lucha. Sigue adelante. Va encarnando el saber del hacer. Aprende que si bien producir, auto gestionar, siempre es en términos de Creso,  a pérdida, conlleva otra ganancia.
Aunque se pueda caer en las redes de los que en todas partes, se sirven del trabajo y las ideas de otros/as.
En esa praxis, en eses hacer, hay un saber, un saber producto, un saber no acreditado, un saber que  es discurso significativo, que configura sentidos estético-polítcios, éticos.
Hacer grupo y hacer colectivo.
Diana cuenta las distintas experiencias formativas, los maestros que buscó (y muchas veces encontró) en la danza, en la música, en el pensamiento, tanto en Buenos Aires como en La plata, y los saberes de aprender con sus pares, en los distintos colectivos artísticos que integró, desde los largos años con La Marea hasta la actualidad.
¿Por qué leer este libro?
Además de lo ya acá dicho, creo que este libro puede ayudar mucho a quienes están comenzando una carrera en el campo artístico, desde ya en la danza, pero también en cualquier arte escénica, la música, y otros lenguajes. 
La palabra escrita, el testimonio, también es parte de la tarea del artista que piensa, del hacedor que es capaz de distanciarse de su misimidad, y reflexionar acerca de lo que ha hecho, de cómo lo ha hecho, con quienes lo ha hecho, para quienes lo ha hecho.
Abre una puerta al futuro en este recorrido del pasado/presente, recupera la memoria siempre hecha también de olvidos, para que no nos dejemos vencer por la adversidad del momento.
Hoy más que nunca, aunque quieran que sintamos que habitamos tierra arrasada e infértil, los artistas lo desmienten con su obra, y con la palabra que comunica en un nuevo lenguaje.
El ensayo de Diana, su vida, su obra, nos recuerdan que:
"Todos los movimientos del ser humano surgen de la necesidad de atacar o defenderse. Esa es su causa y su estímulo básico e instintivo, aunque olvidado la mayor parte del tiempo [...] Todo artista que quiera pintar [danzar, digo yo en este caso] lo que yo pintado, no tiene más remedio que reflejar una acción que es un conjunto de [...] muchos movimientos, y ese movimiento concentrado acaba inevitablemente por delatar la impronta de su verdadero origen, el ataque y la defensa, la ira y el miedo."**



* Rogovsky, Diana, Una bailarina Argentina, Malisia, Francisco Magallanes, La Plata, 2015, pág. 88. Presentado el 18/11/2015 en El Espacio, diag. 78 esq. 6, La Plata, por Roxana Morales, Juliana Celle y Cintia Rogovsky. Con espectáculo musical y canciones a cargo de Leticia Carelli.
* ** Ivo Andric, Conversación con Goya, citado por Husvedt, Siri, Vivir, pensar, mirar, Anagrama, Buenos Aires, 2013, pág.356)