Mi madre me pide que le recomiende bibliografía de biografías de pesonajes históricos a una amiga suya y yo me fastidio. ¿Por qué me enojo? No estoy muy segura, pero es probable que confíe demasiado en el hecho de que el desarrollo de este particulaer gusto literario por el género en cuestión es un tema complejo que requiere de muchas aclaraciones. ¿Hay un gusto por el género o es por algunos personajes en particulares? ¿Es igual cualquier biógrafo? ¿Y no es acaso el recorrido, la búsqueda, las frustraciones y los descubrimientos, lo que aliemnta esta singular pasión?
Yo le sugerirría a esta persona que haga su búsqueda personal, que es de lo más entretenida, hurgando en librerías de usados, en Internet, en suplementos literarios, conversando con amigos, investigando épocas. Un personaje lleva a otro, algunos nos resultan completamente indiferentes, a veces el límite entre la biografía y la pura ficcción (aunque la biografía siempre es ficción, aunque en algunos casos se disfrace o simule ser ensayo) es muy difuso, a veces, según el estómago de cada uno, podemos digerir literatura de la peor clase con tal de tener la ilusión de que nos hemos acercado más a un pesronaje que nos interesa, a su humanidad, su cotidianeidad, el chisme.
Así podría decirle que, si le gusta la historia Rusa (desde "Iván el Terrible" hasta el pobre, pusilánime y asesinado Nicolás II) intente con Henry Troyat. Si le interesa el Renacimiento, hace un par de años que están de moda los Borgia y han aparecido muchas biografías, sobre la familia, César, Lucrecia, etcétera. La de Mario Puzo no está mal, a mí me gustó mucho "O César o Nada" (que era el lema del hijo de Rodrigo, más conocido como el papa Alejandro), de Vázquez Montalbán.
Si le interesa la realeza, una vez leí una de "Las reinas de Francia", que comenzaba con la historia de los dos matrimonios de Ana de Bretaña, que posibilitaron la anexión de esa región al reino de Ferancia, y sus sucesoras, como hay biografías sobre "Las Zarinas", sobre Catalina Médici, etrcétera. Recientemente leí una que te deja con las ganas, porque boceta sin termiar la pintura, la historia de la "Locura en el poder", desde los romanos como Cayo "Calígula" ("pequeña bota", el hijo de Germano y sobrino y sucesor del cuestionado y cruel Tiberio) hasta el rey de Baviera que adoraba a Wagner y era primo hermano de la emperatriz Sissi, de quien también hay varias biografías, en las que se la describe como una neurótica y anoréxica. Son interesantes las de Juan de Arco (por ejemplo, la de Claude Mossé), las de María Antonieta,( hay una muy buena de Stefan Zweig), ni qué hablar de las "Vidas" de Plutarco, o las de Vasari, para abordar la Antiguedad o el Renacimiento.
Y desde ya, TODAS LAS QUE ENCUENTRE SOBRE ALEJANDRO, buenas o malas, cortas o largas, noveladas o científicas. El personaje lo vale.
caprichos de palabras y colores para navegantes... "La palabra humana es como una caldera rota en la que tocamos melodías para que bailen los osos, cuando quisiéramos conmover a las estrellas". (G. Flaubert). Mis libros de narrativa publicados: la novela Último verano en Stalingrado (Grupo Editorial Sur, 2014); Alma rusa (Edulp, 2020, crónicas) y Yegua (Cuero, 2021, cuentos)
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jueves, 23 de agosto de 2007
biografías históricas
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martes, 21 de agosto de 2007
La príncesa de Eboli que hay en nuestros corazones

Ana de Mendoza y de la Cerda no fue, según la novela de Keith O’Brian (That Lady, 1946) una mujer precisamente hermosa. Sin embargo, poseía todas las cualidades de una tradicional forma de seducción femenina propia de las castellanas: orgullo, inteligencia, sentido de pertenencia, indiferencia por el que dirán, temeridad a la hora de defender sus derechos, una particular forma de vivir la devoción religiosa, capacidad de amar. Princesa de Ëboli y Duquesa de Pastrana, madre de nueve hijos- de los que sobrevivieron hasta llegar a adultos seis-y viuda de Ruy Gómez de Silva, - caballero portugués y uno de los más influyentes consejeros de la Corte española de Felipe II-, amante de Antonio Pérez, discípulo y sucesor de su marido, condenada a una muerte en vida por el Rey, acusada de haber sido infiel a su esposo y haber traicionado a la Corona aliándose con Don Juan, el hermano del constructor del El Escorial. Ana, con su rostro de tuerta que realza su defecto mediante el uso de un elegante parche de seda, como si conociera el consejo que sugiere T. Capote en Desayuno en Tiffany’s respecto a subrayar, en lugar de ocultar nuestros defectos, sigue generando controversias y pasiones. De acuerdo a la novela de O’Brien, me atrevería a decir que en el corazón de toda mujer intrépida crece algo de la Princesa de Eboli, aunque no siempre florezca y aunque se coloquen rejas que impiden el paseo por los fértiles viñedos de Pastrana.
Admiramos tanto a Alejandro
Con A. compartimos una pasión por Alejandro Magno. No hay personaje histórico que nos deslumbre más, él y su época ejercen sobre nosotros una extraordinaria curiosidad. Cualquier biografía que llegue a nuestras manos acerca de Alejandro –como le decimos familiarmente, como si nos refiriéramos a una amigo en común que esta lejos circunstancialmente-, una antigua Anabasis, un documental en Discovery o History Chanel, nos convoca. Películas pésimas, teorías absurdas o hipótesis alocadas, no importa. Allí estaremos siguiendo sus pasos. Hablamos de Hefestión y su muerte como si hubiéramos estado allí, criticamos a Darío, Rey de reyes, como si fuera un conocido y en todas partes, buscamos la hendidura que nos permita, más allá de la ciencia y del arte, acercarnos al alma de Alexandros, y a su valiente e intrépido corazón.
No creemos que nadie haya podido, como él, cambiar el mundo en pocos años y para siempre, a fuerza de un liderazgo basado en la admiración, el amor y el sacrificio, pero también en la astucia, la estrategia, la diplomacia, incluso por encima de la enorme destreza militar demostrada por él y sus macedonios. Su fracaso final, el límite que la realidad –el cansancio, la ambición, la traición, la incomprensión y una larga lista de etcéteras-le impuso a su utopía de hacer un mundo nuevo uniendo en un diálogo pacífico los distintos mundos que había conquistado, tal vez fue su mayor éxito. Esa es una duda que a veces encuentra en mí una respuesta y otras veces, la contraria.
No creemos que nadie haya podido, como él, cambiar el mundo en pocos años y para siempre, a fuerza de un liderazgo basado en la admiración, el amor y el sacrificio, pero también en la astucia, la estrategia, la diplomacia, incluso por encima de la enorme destreza militar demostrada por él y sus macedonios. Su fracaso final, el límite que la realidad –el cansancio, la ambición, la traición, la incomprensión y una larga lista de etcéteras-le impuso a su utopía de hacer un mundo nuevo uniendo en un diálogo pacífico los distintos mundos que había conquistado, tal vez fue su mayor éxito. Esa es una duda que a veces encuentra en mí una respuesta y otras veces, la contraria.
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sábado, 11 de agosto de 2007
Mutando con mi madre
Anoche hablo con mi madre como nunca antes había hablado. O es más bien ella la que me habla distinto y yo muero de ganas de abrazarla, de apaciguar su tristeza, de protegerla en mi abrazo, de cuidarla. Antes hablé con E, que es mi amiga y podría ser mi madre y siempre me aconseja: comprendela. No sé si pueda comprenderla, no sé si tal cosa es realmente posible. Pero sé que va llegando la hora de que sea la madre de mi madre y ya no me asusta, ni le asusta a ella. Me entrego a esta nueva situación, que antes me hablaba de finales y hoy me señala comienzos, si la vida está hecha de mutaciones, quiero mutar en madre de mi madre, lo acepto, lo tomo, lo hago mío. Intuyo que estos cambios en nuestros mundos nos depararán curiosos descubrimientos.
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Sin reproches
No logro entender cómo he podido ser tan necia, tan ciega y tan testaruda. A veces las palabras son como víboras, se enroscan en torno a nuestro cuello hasta asfixiarnos. A veces los músculos, como el corazón, sufren un tropiezo. Como la película, “Accidental Tourist” que acá se tradujo como “Un tropiezo llamado amor” y que por una u otra razón, te negaste sistemáticamente a ver, pese (o tal vez por eso mismo) a que te lo pedí un montón de veces. A veces las palabras, escritas (como la película “Escrito en el viento”, que seguramente tampoco verás, sólo porque yo te lo pediría) vuelan en el viento como pequeños y personales exorcismos. Para sacarte de adentro, te hablo, te escribo, imagino conversaciones y escenas del futuro.
Un futuro donde no me dolés, donde ya no hay reproches, donde sos el pasado. Un futuro donde no tengo que mentir, ni mentirme, TODO EL TIEMPO, hasta que uno ya no sabe quién es. Un futuro donde somos valientes y no te duele que te diga lo que pienso, no te duele que yo piense, en todo caso te duele que tus actitudes dieron cuerpo a mis pensamientos. Un futuro donde yo acepto, resignadamente, que tu no poder es mejor haberlo descubierto ahora. Sin reproches.
Un futuro donde no me dolés, donde ya no hay reproches, donde sos el pasado. Un futuro donde no tengo que mentir, ni mentirme, TODO EL TIEMPO, hasta que uno ya no sabe quién es. Un futuro donde somos valientes y no te duele que te diga lo que pienso, no te duele que yo piense, en todo caso te duele que tus actitudes dieron cuerpo a mis pensamientos. Un futuro donde yo acepto, resignadamente, que tu no poder es mejor haberlo descubierto ahora. Sin reproches.
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Soñé que habíamos tenido una conversación
Soñé que habíamos tenido una conversación y que había unos brillitos en tu mirada.
Que yo era capaz por un instante de dejar de lado mi porfiado y ácido sentido del deshumor
-pequeña mascarada de mi absurdo desconcierto , la desnudez de mi alma me provoca una pavura difícil de explicar sin huir por la tangente-.
Y deseé besarte como si se tratara de una cuestión sentimental. Una vez más me cortaste la cara. Y mi orgullo se impuso a mi deseo, una vez más también.
Que yo era capaz por un instante de dejar de lado mi porfiado y ácido sentido del deshumor
-pequeña mascarada de mi absurdo desconcierto , la desnudez de mi alma me provoca una pavura difícil de explicar sin huir por la tangente-.
Y deseé besarte como si se tratara de una cuestión sentimental. Una vez más me cortaste la cara. Y mi orgullo se impuso a mi deseo, una vez más también.
Cuestión de números
Con un par de desengaños amorosos, un escritor mediano escribe una novela decente.
Con una sola imagen, un buen poeta modifica el mundo que percibimos.
Con diez citas célebres, un buen orador elabora un discurso entretenido.
Con un solo chiste, un orador brillante embellece el mundo y nos ayuda a pensar.
Con un gesto breve y efímero, un buen actor nos roba el alma.
Con tres acordes, un buen músico nos sumerge en el océano y nos produce un cosquilleo en la espina dorsal.
Con una hora y media de película, un buen director de cine nos modifica para siempre.
Con mucho esfuerzo y muchas lecturas, un escriba pago pero con convicciones produce resultados aceptables.
Con tres palabras ajenas, un loco inteligente hilvana como sinapsis metáforas y sintetiza un enredo de discursos en palabras sencillas. Y un par de imágenes reveladoras. Y una sonrisa. Y un pensamiento que nos parece no había sido pensado antes (de esa manera)
Con una vida, (TODA una vida) un hombre dormido o distraído no hace más que sombra en la pared.
Pero todos necesitan al menos un oyente (espectador).
Con una sola imagen, un buen poeta modifica el mundo que percibimos.
Con diez citas célebres, un buen orador elabora un discurso entretenido.
Con un solo chiste, un orador brillante embellece el mundo y nos ayuda a pensar.
Con un gesto breve y efímero, un buen actor nos roba el alma.
Con tres acordes, un buen músico nos sumerge en el océano y nos produce un cosquilleo en la espina dorsal.
Con una hora y media de película, un buen director de cine nos modifica para siempre.
Con mucho esfuerzo y muchas lecturas, un escriba pago pero con convicciones produce resultados aceptables.
Con tres palabras ajenas, un loco inteligente hilvana como sinapsis metáforas y sintetiza un enredo de discursos en palabras sencillas. Y un par de imágenes reveladoras. Y una sonrisa. Y un pensamiento que nos parece no había sido pensado antes (de esa manera)
Con una vida, (TODA una vida) un hombre dormido o distraído no hace más que sombra en la pared.
Pero todos necesitan al menos un oyente (espectador).
Canciones de amor
No sé si es algo de la edad, si tiene que ver con un cierto clima cultural. Escucho boleros. Se escuchan boleros.Los rockeros tocan boleros y lo que era “grasa” hace 10 años de la canción melódica, hoy se reivindica como poesía.En el aire se escuchan letras de amor. Nadie se avergüenza de ello.¿Es la edad, entonces?
¿Es la necesidad de amor? ¿Es la conciencia de que en este mundo hostil, sin fe, sin vocaciones, sin grandes ideales por los que luchar, unirse, trabajar u organizar la vida, lo único verdaderamente salvífico es el amor?
El amor de los hijos nos enseña su extrema importancia. Nos reconcilia con la vida cuando nos peleamos. Nos justifica casi todo, lo cual es excesivo porque deberíamos ser más autocríticos, pero en general es así.
No terminamos de saber si empezamos una nueva relación como un sucedáneo de un amor que nos dejó un vacío o un dolor.Los boleros nos hablan de estos grandes amores inolvidables, algunos nos incitan, en la voz de un amante que dejamos, a besar otras bocas sólo para volver a amar al que empezamos a dejar atrás.Y todos nos traen recuerdos y parecen escritos para uno.Amanecí otra vez entre tus brazos.
Y lo escuchamos en otros brazos, bailando en otro abrazo y queremos apagar la luz para pensar en él.
Y la cadencia, y esas palabras que nos embriagan de recuerdos tristes y atesorados, nos parecen tan a nuestra medida y pensamos que tal vez él....
Y alguien se enamora o juega al amor con uno escuchando esas canciones que uno le dedica en su corazón a otro. Pero tal vez este alguien también se lo dedica a otro y ambas penas, el dolor de cada uno sumado, esa necesidad de sanar las heridas, acerca y une más que el fuego que queremos que se extinga con ese nuevo amor.
Pero sólo consiguen hacerme recordar los tuyos.
Jugar a la seducción es bastante divertido. Es menos complicado que sucumbir al amor. Los amores no correspondidos hieren la vanidad y causan dolor. Pero son más trágicos los amores que aún vivos se ven forzados a terminarse.
Si las cosas que uno quiere se pudieran alcanzar...Con qué tristeza miramos un amor que se nos va, es un pedazo de alma que se arranca sin piedad.
Nadie puede, salvo aquel que amó con uno, entender ese sentir que nos despierta tal frase, tal canción, tal luz que iluminó esa alegría.
Pero a la vez, como ya estamos curtidos, cargamos con una buena lista de decepciones y desengaños, sabemos del otro que comprende que debe dejarnos esa libertad de recordar a nuestros amores más queridos sin intentar desmentirlos, ni interpretarlos, ni interrogarlos, porque forman parte de nuestra intimidad, de nuestra alma.
No queremos recordar, pero no queremos olvidar. No queremos destruir completamente el pasado, porque obsesivamente nos aferramos a esa ilusión de amor que es la pasión. Sabemos que nos causó dolor, sabemos que nos aisló del mundo y que dañó a nuestro entorno y que nos apagó y nos robó el brillo de la mirada. Sabemos que aquel que nos abandonó tantas veces, que pasó entre otros brazos tantas noches en que nos consumía la ansiedad y el frenesí y que nuestro llanto mojaba almohadas frías, no nos cuidó ni fue generoso como hubiéramos necesitado, volvería a hacernos LO MISMO si le diéramos la oportunidad.
Nos sabemos mejor queridos. Nos sabemos con un nuevo amor más respetados, pero anhelamos aquello que hemos perdido y lo idealizamos.
El recuerdo de esos besos todavía quema. Ese goce, que tal vez haya sido superado en realidad, se nos hace imposible de igualar. No hay otra voz como su voz ni otra mirada igual. No hay otro cuerpo tan bien formado y bien dispuesto para completar el nuestro. No hay otra risa –y eso que hemos reído y gozado de verdad y no en ensueños muchas veces- que nos resulte tan halagadora o tan contagiosa, que nos colme con esa intensidad.
Embriagados sin vino, extasiados sin sexo.
De donde concluimos que la fuerza de la vida no descansa siempre en lo visible y lo tanginble de la materialidad sino que el eros está hecho de alma y espíritu también. El mar como los cuerpos, pero el movimiento y la espuma del oleaje está en el corazón de los amantes.
Se me olvidó que te olvidé. Se me olvidó que te dejé en lo mejor de mi vida.
¿Es la necesidad de amor? ¿Es la conciencia de que en este mundo hostil, sin fe, sin vocaciones, sin grandes ideales por los que luchar, unirse, trabajar u organizar la vida, lo único verdaderamente salvífico es el amor?
El amor de los hijos nos enseña su extrema importancia. Nos reconcilia con la vida cuando nos peleamos. Nos justifica casi todo, lo cual es excesivo porque deberíamos ser más autocríticos, pero en general es así.
No terminamos de saber si empezamos una nueva relación como un sucedáneo de un amor que nos dejó un vacío o un dolor.Los boleros nos hablan de estos grandes amores inolvidables, algunos nos incitan, en la voz de un amante que dejamos, a besar otras bocas sólo para volver a amar al que empezamos a dejar atrás.Y todos nos traen recuerdos y parecen escritos para uno.Amanecí otra vez entre tus brazos.
Y lo escuchamos en otros brazos, bailando en otro abrazo y queremos apagar la luz para pensar en él.
Y la cadencia, y esas palabras que nos embriagan de recuerdos tristes y atesorados, nos parecen tan a nuestra medida y pensamos que tal vez él....
Y alguien se enamora o juega al amor con uno escuchando esas canciones que uno le dedica en su corazón a otro. Pero tal vez este alguien también se lo dedica a otro y ambas penas, el dolor de cada uno sumado, esa necesidad de sanar las heridas, acerca y une más que el fuego que queremos que se extinga con ese nuevo amor.
Pero sólo consiguen hacerme recordar los tuyos.
Jugar a la seducción es bastante divertido. Es menos complicado que sucumbir al amor. Los amores no correspondidos hieren la vanidad y causan dolor. Pero son más trágicos los amores que aún vivos se ven forzados a terminarse.
Si las cosas que uno quiere se pudieran alcanzar...Con qué tristeza miramos un amor que se nos va, es un pedazo de alma que se arranca sin piedad.
Nadie puede, salvo aquel que amó con uno, entender ese sentir que nos despierta tal frase, tal canción, tal luz que iluminó esa alegría.
Pero a la vez, como ya estamos curtidos, cargamos con una buena lista de decepciones y desengaños, sabemos del otro que comprende que debe dejarnos esa libertad de recordar a nuestros amores más queridos sin intentar desmentirlos, ni interpretarlos, ni interrogarlos, porque forman parte de nuestra intimidad, de nuestra alma.
No queremos recordar, pero no queremos olvidar. No queremos destruir completamente el pasado, porque obsesivamente nos aferramos a esa ilusión de amor que es la pasión. Sabemos que nos causó dolor, sabemos que nos aisló del mundo y que dañó a nuestro entorno y que nos apagó y nos robó el brillo de la mirada. Sabemos que aquel que nos abandonó tantas veces, que pasó entre otros brazos tantas noches en que nos consumía la ansiedad y el frenesí y que nuestro llanto mojaba almohadas frías, no nos cuidó ni fue generoso como hubiéramos necesitado, volvería a hacernos LO MISMO si le diéramos la oportunidad.
Nos sabemos mejor queridos. Nos sabemos con un nuevo amor más respetados, pero anhelamos aquello que hemos perdido y lo idealizamos.
El recuerdo de esos besos todavía quema. Ese goce, que tal vez haya sido superado en realidad, se nos hace imposible de igualar. No hay otra voz como su voz ni otra mirada igual. No hay otro cuerpo tan bien formado y bien dispuesto para completar el nuestro. No hay otra risa –y eso que hemos reído y gozado de verdad y no en ensueños muchas veces- que nos resulte tan halagadora o tan contagiosa, que nos colme con esa intensidad.
Embriagados sin vino, extasiados sin sexo.
De donde concluimos que la fuerza de la vida no descansa siempre en lo visible y lo tanginble de la materialidad sino que el eros está hecho de alma y espíritu también. El mar como los cuerpos, pero el movimiento y la espuma del oleaje está en el corazón de los amantes.
Se me olvidó que te olvidé. Se me olvidó que te dejé en lo mejor de mi vida.
viernes, 10 de agosto de 2007
Un lugar para vivir
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