viernes, 1 de abril de 2011

Un experimento con el tiempo

No sé porqué sucede, pero a veces nos quedan grabadas en la memoria frases o títulos de libros o películas que descubrimos hace veinte años y de repente,¡pum! Irrumpen en nuestra mente. No sé en qué andaba mi cabeza cuando recordé el título de Un experimento con el tiempo, de John W. Dunne, leído por turnos con mis hermanos en un verano ya muy pero muy lejano.
Creo recordar, no estoy segura, que teníamos una edición prologada por Borges, de quien por entonces yo había estado leyendo algunas cosas vinculadas con esa extraña cosa a la que llamamos "tiempo", sin que nunca sepamos del todo a qué nos referimos.
Googleo un poco para aligerar el peso de mi desmemoria, porque en mis recuerdos se mezclan los climas oníricos con el relato científico del ingeniero aeronáutico Dunne.
Quien más, quien menos, los que leímos este libro, del que veces hablamos con A., hicimos la prueba de ejercitar la escritura inmediata de los sueños y de tener la libretita a mano en la mesa de luz. No sin asombro, descubrimos en alguna ocasión, que la tesis de Dunne podía comprobarse y que nosotros, humildes ignotos, éramos también capaces de navegar en las dimensiones del pasado y el futuro y soñar premoniciones.
Y por más recuerdos y lecturas, cada vez sé menos y entiendo menos esas categorías que, por no dejarnos vencer por el misterio, llamamos pasado, presente y futuro, entre risas o escalofríos.

Leyendo a Alice Munro, Secretos a voces

Estoy leyendo cuentos de Alice Munro.
Los leo un poco así, con la misma cadencia que esos textos proponen. En medio del caos de la vida. En un rato en que viajo en el colectivo. Mientras hago la cola en la obra social o espero en el auto a mi hijo.
No los leo como suelo leer otras obras literarias, llena de ansiedad e indiferente a todo lo que me rodea, sino que más bien la voz de Alice y sus personajes se van mezclando con el entorno, con la cara del muchacho que viaja a mi lado conectado a su I Phone, con el paisaje móvil de la Avenida 9 de Julio atestada de autos, con las nucas de los viejos que esperan sentados delante mío.
Así son un poco los personajes de Munro. Gente común, de esa que podemos ver en cualquier pueblo o ciudad, a la que no le pasa nada en apariencia interesante y sin embargo...
Alice dedica su libro, Secretos a voces, "a las amigas fieles." Hago mía la dedicatoria en este post. Las mujeres de sus cuentos son un poco como mis amigas, pueden parecer convencionales a primera vista, pero llegado el momento demuestran que están dispuestas a todo con tal de seguir sus deseos y entusiasmos. Incluso al desprestigio, una dosis no menor de desequilibrio emocional, la pérdida de cierto confort burgués, una generosidad desmesurada.
Las mujeres de Munro, de un modo u otro, siempre parecen dispuestas a escapar de un destino preconfigurado por la familia, el entorno y la sociedad que las rodea. Suelen enamorarse de hombres inconvenientes, pasarla mal, vivir aventuras increíbles sin moverse del pequeño pueblo de Carstairs, en Ontario (Canadá), tener amigas locas de remate y conversar con ellas, perderse por un determinado escritor y a veces hacer el amor con un desconocido que va de paso.
Pueden escribir cartas durante años, encerradas en una Biblioteca de pueblo, como la Louisa del cuento "Entusiasmo", o convertirse en vírgenes albanesas y vivir de la caza y la limosna en una tribu perdida en Albania, como la Lottar de "La virgen albanesa". Pueden cometer espantosos errores y ser frías y egoístas.
Las mujeres de Munro a veces ni siquiera son vistas por los otros, se desloman en casas y cocinas, y trabajos, sin que nadie aprecie sus labores o intuya las pasiones que ocultan debajo de rostros comunes, quizá prematuramente avejentados y ni siquiera demasiado bonitos. En ocasiones son sometidas por maridos poderosos, brutos y desagradables en la intimidad, sin atreverse o sin fuerza para rebelarse. Otras veces, son muchachas que desaparecen sin que nadie sepa más de ellas. Algunas de repente resplandecen, abandonan sus aburridos vestuarios, se maquillan, se ponen tacos y salen a comerse el mundo. Sufren pero también gozan, mantienen un humor que puede ser ácido o naive. Son sabias, aún sin pergaminos ni buenos salarios. A veces se ahogan o se enferman.
Alice Munro hace lo que quiere con el tiempo en sus relatos, va y viene, cambia de voces, no se deja atrapar por las convenciones.
Los personajes de Alice Munro pueden acompañarnos gratamente en los viajes y los tiempos de espera, en medio del vértigo de nuestras vidas de madres, amantes, esposas y laburantes, porque son profundamente humanos, llenos de contradicciones y como dice la autora en una entrevista: "(...) sé que una idea sólo me interesa si tiene alguna complejidad moral, si tiene varias aristas. No es que me guste crear personajes que estén reflexionando sobre problemas morales, pero sí marcar cómo de las decisiones que uno toma, de las rutas que se elige, uno se puede arrepentir tiempo después. Al mismo tiempo pienso que hay momentos en la vida en los que hay que ser egoísta en un grado tal que, luego, de mayor, uno pueda condenarlo. De eso trata ser humano."

Alice Munro es canadiense y nació en 1931.
Secreto a voces, Del Nuevo Extremo, Buenos Aires, 2010, 318 pág.

viernes, 25 de marzo de 2011

Como a los nazis les va a pasar. El hombre que humilló a Hitler

En 1931 el joven abogado de izquierda Hans Litten citó como testigo en un juicio contra varios miembros de las SA a Adolf Hitler. Durante el transcurso de los interrogatorios el testigo incurrió en numerosas contradicciones que, al quedar públicamente expuestas, demostraron entre otras cosas que las fuerzas de choque del partido NASDAP tenían como finalidad no sólo eliminar a los militantes comunistas sino también dar un golpe de Estado al gobierno de la República de Weimar. También quedaron al desnudo las internas entre la rama "legalista" del partido nazi, que procuraba de ese modo aliarse con los conservadores para ganar las elecciones, y los sectores de choque de las SA, que estaban siendo dejados a un lado después de haber sido utilizados durante años para socavar a la república.

La humillación  infligida a Hitler por ese abogado medio judío y defensor de obreros comunistas no sería olvidada. Cuando finalmente los nazis tuvieron el poder, e incluso antes de que se sancionaran las leyes de Nuremberg, Litten, como muchos de sus colegas, sería condenado a prisión preventiva sin que jamás se sustanciara un proceso. Durante los cinco años que duró su reclusión, hasta su suicidio en Dachau en 1938, pasó por varios campos de concentración y diversas modalidades de tortura y castigo. (Shonnenberg, Spandau, Brandeburgo, Lichtenberg, Oranenburg, entre otros). A pesar de que su madre, una mujer "aria" de clase alta descendiente de pastores protestantes, inició una dura lucha para aliviar sus condiciones de detención y lograr su liberación, y no escatimó en recurrir a sus numerosos contactos dentro de la élite eclesiástica, política (incluyendo a dirigentes conservadores y nazis), nada pudo lograr. Ni siquiera cuando impulsó una campaña de prensa que, desde países como Inglaterra o Checoeslavaquia, reclamaban la liberación de Litten. Cada acción de la prensa fue seguida de nuevos castigos en Dachau que, finalmente, desembocaron en el sospechoso suicidio de Litten en 1938.

En las entrevistas mantenidas por la madre de Litten con líderes nazis, los argumentos que estos utilizaban eran exactamente iguales a los de Arzobispos como Mñor. Plaza, o genocidas como Videla y sus socios en nuestra Dictadura cuando eran interrogados por las Madres y las Abuelas (ver, por ejemplo, documental "Yo Estela"). Básicamente, sostener la peligrosidad de estos "elementos" subversivos por lo cual no podían ser liberados ni siquiera con la opción de salir del país (no fuera cuestión de que iniciaran en el exterior campañas de "desprestigio" al régimen); la imposibilidad de someterlos a un proceso judicial "normal" (por el riesgo que suponía que contaran la verdad y la falta de pruebas para tenerlos secuestrados); la negación de la tortura y de las atrocidades en los campos.
Distanciado de su padre por diferencias ideológicas, Litten contó siempre con el apoyo de su madre Irmgard (quien en 1940 escribió sus memorias para dar testimonio de los hechos). Entre ellos y algunos amigos fieles establecieron un sistema de comunicación cifrado para sus cartas y mediante el intercambio de información erudita acerca del arte medieval, la literatura y la música, lograban ponerse mutuamente al tanto de los avances de la madre para liberarlo y de los retrocesos en la salud y los castigos de Litten y sus compañeros en el campo, burlando de este modo la brutal censura y aislamiento de los prisioneros. Curioso, comentaban los SS que vigilaron los pocos encuentros personales que pudo mantener el prisionero con su madre, se la pasaron hablando de una catedral, un libro de arte y de Shakespeare, no entendí nada.
Pese a que Litten tenía serias discrepancias con la conducción del partido Comunista (se consideraba a la izquierda de éste y por eso nunca se afilió) jamás dejó de defender a los trabajadores comunistas y otros presos políticos. Ese pecado, junto a la humillación a la que había expuesto a Hitler, lo convirtieron en un preso emblemático y ejemplificador para los nazis de cómo terminaría cualquier líder comunista. Esa misma condición limitó las acciones que hubieran podido llevar adelante en el extranjero para liberarlo, ya que tanto Inglaterra como Estados Unidos veían con buenos ojos el freno que Hitler había impuesto al avance del comunismo tras la revolución soviética.
La Alemania comunista surgida después de la derrota del nazismo homenajeó a Litten con el nombre de una plaza o una calle.
La Alemania unificada primero destituyó ese homenaje pero luego lo restituyó, sumándole el nombre de Litten a una escuela, un edificio sede de los tribunales, entre otros.


Hett, Benjamin Carter, El hombre que humilló a Hitler,Ed, B, Barcelona, 2008.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Cansancio existencial

A veces estoy tan cansada de mí que mi compañía se torna insoportable. Entonces no hay como una buena novela para hacerme a un lado y descansar.

Nosotros, que lo quisimos tanto

Empecé la secundaria en 1984, plena euforia alfonsinista.
Queríamos ver presos a todos los milicos asesinos.
Que se terminara la colimba obligatoria, el hambre, la pobreza, la injusticia.
Pedíamos "aparición con vida", "juicio y castigo" y "paredón, paredón".
Guiados por los alumnos de los años superiores, que se habían bancado a las directoras de la dictadura, armábamos los centros de estudiantes en los colegios, las revistas mimeografeadas, la militancia en los barrios, los recitales. Algunas profesoras mencionaban que podíamos terminar en un zanjón como los "subversivos". Hoy los únicos que hablan ese idioma son los dinosaurios represores y sus cómplices.
Si no eras de la Franja Morada al final te comías algún apriete. (Un funcionario provincial de entonces, sin mayor resistencia de las autoridades del colegio, me sacó del aula en medio de un examen y me amenazó con hacerme juicio si no me desdecía de algunas cosas que había mencionado en un pequeño artículo de la revista escolar. Hoy sería un escándalo por abuso de autoridad).
Si estabas en desacuerdo con la Teoría de los Dos demonios te acusaban de guerrillero. Hoy sólo la derecha extrema sostiene esa hipótesis.
Íbamos a la ronda de las Madres o a las Marchas de la Resistencia y a cualquiera que sacaba fotos lo sospechábamos de service. Hoy vamos con las camaritas digitales y los celulares, lo subimos a Facebook y disfrutamos ser tantos.
Con la revista de un club en el que estaba, con otra piba de 15, entrevistamos a Hernán Invernizzi, uno de los últimos presos políticos recién liberado por el gobierno de Alfonsín allá por el 86 u 87 (¿nadie se acuerda de eso?)
Oscilábamos entre ir a bailar a La Plata Rugby, al Centro de Bahía o a las peñas que organizaba el FSI, la UES o el Taller de la Amistad. Hoy se baila en la calle, en festejos populares de Karnaval.
Discutíamos sobre la lucha armada, la revolución, el imperialismo, si tal cosa era ser pequeñoburgués o cheto, si eras psicobolche o lo peor, peronista.
Organizamos las primeras marchas de la Noche de los Lápices en La Plata y no éramos muchos. Hoy van miles de pibes en todo el país.
Nos movilizamos asustados cuando Semana Santa. Nos dieron la bofetada de "la casa está en orden" y nos comimos varios garrones como el Punto Final y la Obediencia Debida. Después llegó la traición de uno que se decía compañero y la afrenta a todo el pueblo, el indulto. Se pusieron de moda los liberales. No se decía más "izquierda" o "derecha",  las ideologías habían muerto y en nombre de la "eficiencia" se justificaban despidos masivos y privatizaciones. Si no tenías éxito económico eras un "looser" y si no estabas "tinellizado" eras un aguafiestas.
La patria arrodillada, malvendida, confiscada y uno ya se iba poniendo más grande, más cínico, mientras muchos de los amigos se rajaban del país en llamas, el exilio económico y el genocidio del FMI y sus secuaces vernáculos. Al que todavía militaba lo mirábamos con una mezcla de admiración y desaliento.

Mucho tiempo después, Néstor bajó el cuadro infame. Cambió la Corte. Se derogaron las leyes de impunidad para los genocidas. En la ESMA se han erigido el Archivo Nacional de la Memoria, las casas de las Madres, los Hijos y los Familiares, los jubilados de PAMI hacen picnic, exposiciones y ejercicios. El Banco Genético tiene su ley. Andrea me inspira en Facebook En  las paredes del colegio de mi hijo se homenajea a los compañeros secuestrados el 16 de septiembre, pibes como mi hijo y sus amigos. En las marchas por la 125, la Ley de Medios, el cortejo para despedir a Néstor, me encontré con muchos de los de entonces, que ya no somos los mismos, pero estábamos de nuevo en las calles. El 24 de marzo es feriado nacional y aunque muchos responsables están sueltos o muertos, aunque los cómplices civiles no han sido juzgados, aunque falte resolver Papel Prensa, aunque Ernestina sigue apropiando y secuestrando a los hijos cada día, aunque todavía hay hambre, pobreza e injusticia, aunque Julio López continúa desaparecido, somos cientos de miles los que decimos Nunca Más y Nunca Menos.

Salud, a todos nosotros, que lo quisimos tanto.

domingo, 20 de marzo de 2011

Amigas y joyas

Mis amigas son como diamantes pulidos. Con ellas a veces me hago un collar y salgo a lucir la joya con el cuore lleno de alegría. Otras veces guardo los diamantes mucho tiempo en un alajero. No olvido que están allí, pero me distraigo en mis ocupaciones.
Mis amigas son como diamantes de muy diversas formas. Todas son únicas, todas piedras preciosas, pero cada una lo es a su manera.
A veces nos combinamos con más armonía que otras. Formamos joyas que pueden permanecer ocultas durante años bajo capas de tierra inculta. Un día salen a la luz y te encandilan. Las joyas de la infancia pueden encontrarse perfectamente a gusto con las de la madurez.
También ellas cada tanto me guardan o me dejan olvidada un tiempo en un cajón. Eso no tiene tanta importancia ahora.
Yo sé que tarde o temprano volveremos a encontrarnos y a brillar juntas.
(la palabra diamante dicen que viene del griego y quiere decir invencible. Me gusta esa etimología)

Convalecencia

Tendría que haber ido a almorzar con mis amigas y no fui. Festejaríamos el cumpleaños y podríamos conversar entre todas, al aire libre, disfrutando el privilegio de un domingo a pleno sol en el Bosque.
También tendría que haber ido a visitar a mi amiga P, y tampoco fui.
Tenía muchas ganas de verlas a todas, pero no hay con qué. A fuerza de engañarlo por varios días con un híbrido entre aliviadores ortodoxos y alternativos, mi cuerpo se impuso a mi deseo y se despertó resfriado, entumecido, cansado y sin tonicidad muscular como para andar de pie.
Mientras tanto en mi cabeza merodean la frustración, la culpa y la ansiedad de estar en la cama mirando  por la ventana como Dios o el Universo nos hace este regalo otoñal de plenitud.
Circulan por todas partes eslóganes de síntesis entre tradiciones filosóficas, religiosas, psicológicas y medicinales, Al final, pueden resumirse en pocas palabras. El cuerpo dice basta cuando necesita descansar. Somos tan necios a veces que no escuchamos las señales.
Me abandono a la lectura de Alice Munro pero una vocecita interior me tilda de cobarde a cada rato. Dormir de día, encerrarme con este sol, siempre me ha parecido una suerte de pecado de desagradecimiento. Como si el carpe diem implicara necesariamente la salud plena y su ausencia momentánea supusiera una agachada, una traición a la vida. Se me ha reprochado más de una vez postergar los placeres en nombre de las responsabilidades. Y sin embargo, la obligación de disfrutar a como de lugar también a veces cuesta caro. Hay días en que, definitivamente, somos Margarita Gautier.

domingo, 13 de marzo de 2011

La venganza de los patriotas, de Miguel Bonasso

¿Quién dio la orden de matar a Bernardo de Monteagudo (1789-1825) en esa calle oscura de Lima en 1825 cuándo se dirigía a visitar a su amante, Juanita Salgueiro? ¿Quién se atrevía a desafiar de esta manera cobarde a sus dos grandes mentores, San Martín y Bolívar? ¿Por qué se demoró años la investigación para llegar a los autores intelectuales? ¿Cuántos asesinatos posteriores se vincularon con ese crimen que demoró más de 18 años en ser vengado? ¿Quién fue capaz incluso de utilizar los secretos del corazón de Lucía Gana, la chilena enamorada que por seguir a su hombre, su Bernardo, dejó la honra, la patria, los padres para terminar perdiendo también su propia vida?
Homenajeando explícitamente a Dumas ya desde la dedicatoria que hace de este libro a su madre, Miguel Bonasso elije para su relato una de las etapas más heroicas y complejas del proceso revolucionario independentista. Desde la travesía de las 24 naves que parten de Chile hasta el desembarco de las tropas del Libertador del Sur en Pisco, para poder entrar a Lima como libertador y no como conquistador en 1820 hasta los años de la Segunda República en Francia, sin eludir el famoso encuentro en Guayaquil. Nos presenta al genial estratega masón, al Napoleón de la América del Sur, como un a un hombre que asume su heroico destino aun por encima de sus propias fuerzas y sus deseos, por encima de la amarga tristeza de ver una a una las defecciones, traiciones, derramamientos de sangre entre hermanos, ambiciones miserables que dilatarán por siglos el sueño de una América libre y unida. Y al Libertador del Norte, caribeño, caliente, seductor y verborrágico, ir perdiendo, junto con los amigos, la esperanza de poder ver realizado su sueño de la gran Confederación Americana.
Único retrato auténtico de Bernardo de Monteagudo
Monteagudo, jacobino, apasionado, discípulo de Castelli, dirige como estratega la "guerra de zapa" y la propaganda política que pudo ganar más batallas que algunos sables, utilizando una vasta red de mujeres patriotas, las "tapadas"; de hombres y mujeres del pueblo llano que en complejas maniobras despliegan un espionaje que choca contra el espionaje realista y la red de espías de la Santa Alianza, cuyos comandos europeos rivalizan con las redes que, cruzando de un lado a otro el Atlántico, trazan los "hermanos" de las logias que intervienen en el proceso emancipador en las secretas "tenidas".
Nos los presenta a todos, a Bolívar, a San Martín, al brillante Monteagudo (ministro político, al valiente Coronel Ayala, al fiel Guido (el "lancero amado" de San Martín), al desterrado O' Higgins, al general Heres, a las heroínas siempre olvidadas del Batallón de Cortesanas Patriotas, como Manuela Sáenz (quien formó junto a Bolívar uno de los binomios políticos más interesantes del siglo XIX), a Rosa Campusano (llamada por admiradores y detractores "la Protectora", por ser la amante de San Martín en los años del Protectorado del Perú), a Carmen Guzmán, en sus más entrañables aspectos humanos, como amigos, como amantes, como esposos, como padres y madres. Sus destinos trágicos, sus exilios y destierros, traicionados incluso por aquellos que todo les debían, que aun hoy son (somos) deudores, pero practican "el culto innoble a las propias cadenas" (pág. 173) cada uno en su momento más trágico, cuando la guerra, la enfermedad o la amargura los enfrentó a tomar aquellas decisiones que impactaron sobre la vida y el futuro de los pueblos que habían liberado y gobernaban. Sin eludir la mugre que rodea al poder y la gloria, lo bajo y lo alto, el honor y las vilezas. Y todo en una trama que, en clave de novela de aventuras y suspenso, nos convierte en lectores cautivos que no podemos evitar las asociaciones con las actuales guerras de zapa que atraviesan el continente americano, cuando todavía seguimos luchando por una patria Grande Libre, Justa y Soberana.

Ed. Planeta, Buenos Aires, 2010, 432 pág.

martes, 8 de marzo de 2011

Mujeres, brujas y herejes

Hypatia de Alejandría (siglo V d.C.), fundadora de la  escuela neoplatónica de esa ciudad, maestra de muchos dirigentes, astrónoma y matemática, una de las primeras en establecer la hipótesis de la elípsis como órbita de movimiento de la Tierra en torno al sol, murió apedreada y descuartizada por una turba de fanáticos cristianos al servicio del Obispo de Alejandría, Cirilo, que integra el santoral católico quizá por "hazañas" como ésta. A Hypatia la acusaban de bruja y de hereje.
Charles Mitchell, 1885
Figura admirada y recuperada por los artistas del Renacimiento, aquí en esta inquietante representación del prerrafaelista Charles W. Mitchell.
También homenajeada en la película "El Ágora", de Amenábar.

domingo, 6 de marzo de 2011

Los instantes de las muertes

Es raro. Uno lee un obituario o recibe un llamado telefónico y alguien afirma: Fulano, se murió. Como si se cerrara el ciclo de la muerte, como quien dice. Nació Mengano, y ya está.
El lenguaje ha naturalizado que el nacimiento y la muerte suceden en un instante en el que quedan detenidos como en una instantánea. Ambos son irreversibles. Y ya está.
Sin embargo cualquiera sabe, cualquiera que haya atravesado un duelo de los más íntimos, de los que nos configuran, de esos que atañen a la pérdida de padres o hijos, que los muertos no se mueren en un instante. Una vez se recibe el golpe fatal, una vez se realiza el ritual, una vez se vela, se entierra, se ora. Pero ahí la cosa recién empieza. Entramos en un mundo nuevo, al que sólo pertenecen los huérfanos, por ejemplo. Y nos distinguimos unos a otros como si lleváramos una marca. Entre nosotros nos comprendemos, o al menos nos hacemos la ilusión. Los otros, cuando sufren una muerte, pensamos, ni siquiera saben lo que les espera.
Todo nuestro futuro se abre ante nuestros ojos signado por la ausencia de quien no lo verá, no sabrá, no estará allí para opinar, molestar, compartir, acompañar. No sabrá de los primeros pasos de nuestro hijo. No verá crecer su linaje, encarnado en varios niños y niñas que desmienten el instante de la muerte porque, precisamente...
Un chico berrea. Sonríe así y no de otro modo. Padece esta enfermedad. Vemos una foto. Abrimos un libro. Pasamos por una esquina. Alguien nos revela una versión diferente. Nos enteramos de un hecho pasado.No sabemos ni tenemos cómo averiguar con quién juega esa partida de ajedrez. Olemos tabaco en pipa. Escuchamos a Miles Davis o quizá "Reunión Cumbre". Nuestro padre nos visita en sueños e incluso allí, prefiere a nuestros hermanos, mientras nos hace un guiño y nos da a entender que está todo bien, que no es desamor, que simplemente nosotros somos más fuertes, podemos solos.
Y nuestros muertos queridos vuelven a morir y es imposible retenerlos.