Último verano en Stalingrado, novela

sábado, 10 de mayo de 2014

Tres veces al amanecer y el río soy yo

"El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río;..." 
(Jorge Luis Borges, "Nueva refutación del tiempo")*

La filosofía política está preocupada por el tema del espacio.

Desde Arendt a nuestros días, o más bien, si se quiere, desde los griegos a nosotros, la reflexión acerca del uso político del espacio, o del espacio como condición de las relaciones, y de las relaciones políticas en particular, son tópicos habituales.
El arte es impensable sin la dimensión espacial. Las artes plásticas, hijas según muchos de la arquitectura, de lo tectónico, son en el espacio. Y bueno, sabido es que en la música y en las artes escénicas, además, desde el círculo mágico de las primeras representaciones "teatrales", la dimensión del tiempo se agrega significativamente.

El tiempo es la otra gran coordenada humana.
Y no sólo para que Borges y los físicos bromeen.
La finitud, la vida y la muerte, la memoria, la percepción del pasado y del futuro, capacidades exclusivamente humanas (anticipar lo que no existe, imaginarlo, evocar lo que ha sido pero ya no es) son algo increíble con lo que nos acostumbramos a vivir y acerca de lo cual han reflexionado científicos, artistas, religiosos, locos, y hombres y mujeres comunes.
Nada nuevo.
Pero aún así, no podemos evitar seguir escribiendo, pensando, discutiendo acerca del espacio y el tiempo, que es algo así como discutir acerca de las relaciones (incluyendo el amor y el odio) y la vida y la muerte. Y es también hablar de la enfermedad, que siempre reduce de algún modo los espacios posibles de habitar, y fija límites al tiempo, a nuestro tiempo.

Como lo hace Alessandro Baricco en esta breve y atractiva novela. Porque, ¿qué pasaría si nos encontráramos, dos individuos, únicos, especiales, irrepetibles, tres veces al amanecer, pero en distintos tiempos?¿Qué pasaría si vos, hoy un adulto, hombre, lector, te encontraras con ella, niña, asustada, huérfana, huyendo? Y luego se volvieran a encontrar nuevamente, sin la apariencia de paridad de edades o situaciones o contextos que favorecen, al menos en principio, la afinidad y la conexión?
¿Somos siempre los mismos, cambiamos realmente a lo largo de de la vida, nos modifican en lo esencial las experiencias?
Tres veces al amanecer es una novela corta de Alejandro Baricco que nace de otra: producto de una ficción, de pronto cobra forma de libro, ya que en una de las páginas de Mr Gwyn se hablaba de esta obra atribuida a un apócrifo autor angloindio, Akash Narayan.
"Dos desconocidos, un hombre y una mujer, se encuentran tres veces en el vestíbulo de un hotel, poco antes del amanecer. Cada encuentro es único, y primero, y último: aunque se trate de los mismos personajes, sus destinos se cruzan en tres momentos distintos de sus vidas. Son dos adultos, primero; luego, un anciano portero de noche y una adolescente; finalmente, un chico y una policía ya madura, según una lógica temporal que no es la que se manifiesta en nuestra rígida realidad, sino que sólo resulta viable en la privilegiada mecánica de la ficción. Cada encuentro exigirá de ellos una elección cuyas repercusiones conformarán el resto de sus vidas." sostiene la reseña oficial de su editorial, Anagrama.
Alguien acaba de escribirme (un mensaje) para pedirme que escriba un artículo sobre un amigo que ha muerto. Ese amigo era además, un maestro, un jefe, un compañero, un lector, y un lector de este blog incluso.
En mi último cumpleaños, además de hacerme una gran broma como era su costumbre con un regalo absurdo, me regaló una novela de Pamuk que por razones que no logro explicarme, o más bien sí, no puedo leer todavía.Pero me dijo: estaba entre ésta y una de Baricco, que me encanta. A mi también, le digo. Puso cara de consternado, ¿hubieras preferido la de Baricco? Me preguntó. No, me apresuré a medias mentirle. No porque no me guste Pamuk, sino porque andaba en un momento "bariccoso".Así fue.
Leo ahora esta novela de Baricco, hace unos meses que J, mi amigo, ya no está, y me preguntaba si de algún modo no tuvimos, él y yo, una relación de esa naturaleza, a lo largo de casi tres décadas, en donde nos encontramos siendo nosotros en distintas variantes, afectándonos profundamente casi sin notarlo.
Y también me pregunto si nos quedará pendiente otro encuentro, en otro amanecer, en que él me cuente que leyó "eso sobre la novela de Baricco que escribiste un día, cuando yo estaba muerto..." por ejemplo.



* Borges, Jorge L, "Nueva refutación del tiempo", en Otras Inquisiciones, 1952.

2 comentarios:

kabu leyendo es gerundio dijo...

me lo acabo de leer, me ha encantado... besos

kabu leyendo es gerundio dijo...

por cierto... te sigo , me ha gustado tu blog...