Último verano en Stalingrado, novela

domingo, 18 de mayo de 2014

Nihil obstat o ¿quién nos excluye de los libros?


   "Uno, quiero escribir una novela. Dos, estoy sin un penique.
 Tres, tengo que conseguir un trabajo. Cuarto, el trabajo me impedirá escribir. 
No veo una solución. No existe ninguna." 

(Personaje del escritor Tom Haley, en McEwan, Ian, Operación dulce, Anagrama 2013. Regalo de Z.)



Nihil obstat resume la expresión latina nihil obstat quominus imprimatur ("no existe impedimento para que sea impresa") con la cual la Iglesia católica controlaba los permisos para imprimir libros entre el siglo XVI y el XX .


Con esta misma base doctrinaria, que espontáneamente rechazamos como buenos hijos que somos del paradigma y la hegemonía de la Modernidad liberal (sin recordar a veces las sombras de sus luces), la Iglesia romana también instituyó el Index Librorum Prohibitorum. Allí incluyó en sus listas negras a Descartes, Copérnico, La Fontaine, Montesquieu, Spinoza, Kant y etcétera largo. Vigente hasta 1944, se lo dejó de lado en 1966 bajo la influencia del Concilio Vaticano II (Gubern, 2010:52).*
Sin ánimo de provocar, sin olvidar que detrás de cada medida del poder eclesial de esos siglos hubo mucho dolor, muerte, sangre, vidas diezmadas, conocimiento censurado o mutilado, injusticias...Pensaba que aún así las ideas de la Ilustración lograron imponerse. Occidente conoce mucho más las obras de los prohibidos que las de los aceptados o promovidos por la Iglesia. De hecho, la mayoría de los discursos de la Modernidad todavía están vigentes y el sistema educativo y de transmisión cultural se organiza, todavía, bajo ese paradigma en gran medida.
Me preguntaba si el Nihil obstat hoy impuesto globalmente por el Mercado en nombre de la libertad, no es acaso  mucho más censurador y cruel, o como escribió Rodolfo Alonso: "León Trotsky afirmó: 'El liberalismo fue, en la historia de Occidente, un poderoso movimiento contra las autoridades divinas y humanas, y con el ardor de la lucha revolucionaria enriqueció a la vez la civilización material y la espiritual`. Y no fue Domingo Cavallo, sino Adam Smith quien aclaró: 'Ninguna sociedad puede prosperar y ser feliz si en ella la mayor parte de los miembros es pobre y desdichada'.¨[...] ¿Es ése un punto de vista 'liberal'?, [Responde] uno de los últimos grandes humanistas europeos, un firme devoto de la mejor literatura: George Steiner, para quien: 'Hoy, la censura es el mercado'."(Ver más)
Los autores (de ensayo, poesía, narrativa, periodismo) que por una u otra razón no somos bendecidos por el establishment del Mercado, lo sabemos muy bien.
Hay quienes encuentran formas de encausar su escritura en instituciones educativas, la "Academia" tiene por supuesto también sus dispositivos de poder, reconocimiento y consagración, las liturgias necesarias en la construcción de los firmamentos de "consagrados", que a veces son meritorias y a veces producto de las modas esteticistas, necesidades comerciales y/o políticas, el azar o el oportunismo de la coyuntura. 
Editoriales artesanales, autoediciones, libros electrónicos de bajos costos de edición, editoriales independientes, blogs...Los aparatos digitales de la contemporaneidad 2.0 habilitaron soportes textuales más accesibles.

Circula la palabra, se escurre también, por dentro y por los bordes del sistema, con la vigilancia y los márgenes de libertad que nos permiten los gigantes de la información y la comunicación: Google, Facebook, Microsoft, Apple, y los que permanecen más escondidos que cualquier Papa que haya dictado Bulas y ex comuniones para prohibir los libros.

Cualquiera que pueda pagarse los estudios, o dedicarse a su formación sin tener que trabajar muchas horas en otra cosa (algo excepcional incluso en un país extraordinario al respecto como el nuestro, que ofrece a los ciudadanos estudios superiores gratuitos, inversión creciente en ciencias, amplia oferta de talleres, escritores muy talentosos y con todas las políticas de inclusión educativa de los últimos años); cualquiera que pertenezca a una familia con "contactos", a las élites intelectuales, científicas y académicas, podrá tarde o temprano publicar.
Por otro lado, detrás de muchos éxitos editoriales ha habido estrategias de "colonialismo" cultural o de inteligencia, como narra la novela Operación dulce (2013) de Ian Mc Ewan. La novela cuenta cómo durante la Guerra Fría el MI5, servicio de inteligencia y espionaje británico, compra escritores -muchas veces incluso sin el conocimiento de éstos-, o bien financia sus publicaciones mediante sellos editoriales de dudosas fundaciones de carácter falsamente altruista o dedicadas a promover la cultura, la lectura y la literatura.** Como ocurrió y ocurre también con las investigaciones científicas, por otro lado. Adaptando un poco lo que decía Chesterton acerca de la prensa, en su siempre vivo Hombre común (1936), podemos decir que la libertad de expresión está garantizada para cualquiera que pueda financiar la publicación de un libro.

La pertenencia a una determinada clase social y grupo de influencia operan en este campo, como en el resto del sistema de relaciones de poder, con sus reglas y la producción de escritura y editorial no escapa a éstas.

Por otro lado, los supertalentosos que ganan concursos, también, sin desestimar el factor "suerte" que influye en éstos (acceder a la información de éstos, la configuración del jurado, el tiempo disponible para escribir, los gastos de enviar originales a concursos, etcétera). Los concursos son hoy por hoy la forma de selección de autores publicables de la mayoría de las grandes editoriales.
Incluso hace unas décadas, cuando había otras lógicas y políticas editoriales en el mundo, muchos de los
Obra incluida en el  Index Librorum Prohibitorum
escritores que más admiramos, o que más venden, fueron rechazados por diversas editoriales (suele ejemplificarse con Borges, Dostoievski, Hemingway, Poe, Proust, Plath, Nabokov). Esto desde ya no significa que los rechazos sean sinónimos de calidad literaria o de investigación, pero dice bastante acerca de cómo funciona el sistema de publicaciones.

A fin de cuentas,  al menos en mi opinión, hay que escribir por deseo de escribir, porque es inevitable para algunos de nosotros, porque no sabemos no podemos vivir de otro modo.

Las excusas, los quebrantos, los contratiempos de los obstat -al menos, los ajenos a la escritura como deseo, lenguaje, técnica y medio de expresión-, merecen en todo caso otros (y serios) análisis y deberían ser un tema de preocupación para los estudios culturales, económicos y la Academia, por ejemplo, y un tema de ocupación para quienes se dedican a la militancia política, la gestión cultural y educativa y al diseño de políticas de Estado.
Porque al final, "Los que tienen el poder (aunque sea por poco tiempo) no saben nada de literatura, sólo les interesa el poder. Y yo puedo ser el payaso de mis lectores, si me da la real gana, pero nunca de los poderosos. Suena un poco melodramático. Suena a declaración de puta honrada. Pero, en fin, así es."(Roberto Bolaño, última entrevista)

Capítulo aparte, para una próxima reflexión, ¿y qué ocurre con los lectores?


* Gubern, Román, Metamorfosis de la escritura, Anagrama, Barcelona, 2010.
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