Último verano en Stalingrado, novela

miércoles, 26 de marzo de 2014

Nuevos hogares

"El hogar, esa célula social, donde se incuban los pueblos es la argamasa nobilísima y celosa,
 de nuestra tarea."
Eva Perón, Mensaje a la mujer argentina 
27 de enero de 1947


Una casa es mucho más que una edificación protegida donde habitan los humanos.
Una casa puede convertirse en un hogar: un hogar es un territorio privilegiado en el que se expresan la materialidad y carnalidad que tenemos los seres humanos. Cuerpo y alma, nuestro capital simbólico en posibilidades abiertas.
Los hogares también son expresiones colectivas: una sociedad demuestra su grado de justicia social, de equidad, cuando incrementa el número de sus integrantes que acceden al derecho a la vivienda (para decirlo en términos jurídicos y políticos). 
Pero más que eso, el lugar es el espacio en el que nos formamos como sujetos desde los comienzos, el que nos marca y nos estructura, donde se escenifican las condiciones que nos gestaron, y nos dieron a luz. 
Pertenecemos a nuestros hogares, nuestros hogares nos pertenecen y son como huellas dactilares que marcan nuestra identidad.
Nuestra crianza, la estructura familiar en la que creceremos, el linaje del cual procedemos, ya sea que éste forme parte de nuestros hogares materiales o no.
Mural Ministerio de economía prov. Bs. As
(Concurso Prov. de Murales)
Foto del Barrio Plan de Viviendas Cooperativa Los Kokitos,
Los Hornos, La Plata

Allí somos deseados, nos nutrimos, nos aman. Y allí empezamos a soñar nuestro proyecto de vida, aprendemos  a querer y a armar vínculo, los valores que sostendremos o no en el futuro, nuestra ética, las posibilidades de nuestra imaginación y capacidad creativa.
El lugar en donde los niños y niñas harán, si son afortunados, las tareas educativas extraescolares, compartirán comidas familiares, o si son desafortunados, el espacio en el cual fantasearán con huir, si lo que encuentran es allí mundos hostiles, abusivos, crueles.
Todo es abierto a la posibilidad si hay tierra fundante con derecho legítimo en la cual poner los pies, tierra de la que hacer obra, diría el filósofo. El arte lo imagina o lo retrata, lo propone y lo interpreta, hasta quizás lo anticipa, como observó M. en estas fotos: una de un mural, otra de de la "realidad".
Me gusta vivir en un país en el cual se reconocen los derechos para formar diversidad de hogares y familias, en términos vinculares y de parentesco. Las leyes de los últimos años garantizan con igualdad hogares conformados por  familias heterosexuales y homosexuales; los hijos (adoptivos, biológicos de gestación tradicional, gestados a través de técnicas de fertilización, nacidos dentro o fuera del matrimonio); hogares monoparentales, familias ensambladas, hogares colectivos, de tránsito, y un largo etcétera.
Me gustan todos esos avances que incluyen y acarician la autoestima de nuestro pueblo.
Las oportunidades favorecidas.
Cuando escucho, veo, me cuentan que hay una familia que acaba de sumarse a ese derecho humano fundamental (un lugar propio, una vivienda digna y habitable, segura, protegida), una familia de la forma que sea, que al fin puede construir futuro sobre suelo firme y cobijar promesas guarecidos del frío, del viento, del afuera hostil, ajeno o impropio...Una familia en su intimidad: un abrazo de abuelos o beso de jóvenes apasionados o discusiones de hermanos o sueños de lactantes o lo que sea; ese espacio hogar que es la salsa vital en la que se aprende a cocinar  las construcciones sociales más grandes....
Me gusta ese país que se está intentando en los últimos años. Y no quiero perderlo.

"La paz y la guerra empiezan en el hogar. Si de verdad queremos que haya paz en el mundo, empecemos por amarnos unos a otros en el seno de nuestras propias familias. Si queremos sembrar alegría en derredor nuestro precisamos que toda familia viva feliz." (Madre Teresa De Calcuta).



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