Último verano en Stalingrado, novela

sábado, 22 de marzo de 2014

Mentiras como tormentas de lluvia sobre el mar.

Constable, Tormenta de lluvia sobre el mar, 1824-28.  721 × 440
Si te dijera que no es por la copa en la que bebías o por el modo en que caía el mechón sobre tu cara
o por el viento
te mentiría,
 porque lo único que sé es que no sé.
No fue el rasguido de  la guitarra
ni esos movimientos y colores de las olas que imitaban a las pinturas de los paisajistas ingleses
ni el frío que me ponía la piel de gallina
o la sospecha de que vendría un largo invierno,
ni que supieras de los desaparecidos ni de las tinieblas ni esos poemas de Rubén Darío o de Rafael Alberti.
Era más bien que no te sabía.
No eras como esos enamorados suplicantes y perseguidores
como esos prometedores de eternidades aburridas y seguras.
Ibas
y venías como las olas y la tarde y el tiempo que se escabullía mientras trepábamos a las alturas de los médanos.
Y luego eras:
el olvido
después de las primeras borracheras
y las primeras traiciones.
Como tormentas de lluvia sobre el mar.
Y luego imaginar e inventar:
que hubo una playa y un mechón de pelo
y unas razones
todo mentira.
Sólo no sé.
y lo único real son las palabras.

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