Último verano en Stalingrado, novela

sábado, 7 de abril de 2012

Afasta de mim esse calice (In memorian Víctor David Feletto)

Al pibe no lo mató nadie y lo matamos todos. Pero algunos más que otros.
El pibe podría haber muerto por la violenta caída de un árbol, un accidente eléctrico, un techo volador, producto del temporal/tornado/ráfaga/ del miércoles pasado.
Pero no murió así.
(Talvez o mundo não seja pequeno,
nem seja a vida um fato consumado,
quero inventar o meu próprio pecado,
quero morrer do meu próprio veneno,
quero perder de vez tua cabeça,
minha cabeça perder teu juízo.
Quero cheirar fumaça de óleo diesel
me embriagar até que alguém me esqueça.)*)


Es una muerte ritual, dice R. Es el chivo expiatorio, pienso yo. Lo indujeron al suicidio.
Y comienza el desfile de sociólogos, psicólogos, docentes, periodistas, maestros, vecinos, tratando de explicar la tragedia. Porque es una tragedia griega, un sacrificio humano, el niño-hombre que deber pagar por la culpa de todos. Lleva la marca, el estigma, desde su origen. Es el hijo de la violencia y del abuso. El bastardo. El putito. El maraca. El cagón. El hijo de la vergüenza. Es el Palomó de Lisboa. Un melodrama, y el de todos los melodramas, empezando por los bíblicos y los rituales del rey cretense. Un pequeño Teseo que debe ser destruido por el monstruo que encarna ya no el Minotauro sino sus pares que lo hostigan, lo cornean, lo provocan. Y el mundo de los adultos que debieron protegerlo y lo abandonaron a su soledad, su debilidad, su incapacidad para defenderse. El rey debe morir. El pequeño debe ser sacrificado. (Y sus órganos son donados para avivar el soplo de otros que agonizan)
Abandonado en el desierto de su escuela, insultado y apedreado por sus compañeros, Víctor Feletto ha comprendido lo irremediable de su tragedia: afuera o adentro es la misma desprotección. El se ha animado a hablar, a reclamar lo que le corresponde por ser un niño, ha pedido ayuda y protección y se la han negado.
Ahora nos rasgaremos las vestidura, nos tiraremos la pelota, lloraremos en silencio, armaremos estrategias y debatiremos lo por hacer. Pero el cuerpo sin vida del pequeño nos acusa, desde la frialdad de la muerte, del que ya no lucha porque sabe que lo hemos abandonado.

(Como é difícil//Acordar calado//Se na calada da noite//Eu me dano//Quero lançar//Um grito //desumano//Que é uma maneira//De ser escutado//Esse silêncio todo//Me atordoa//Atordoado**
(*  **fragmento de "Cálice", de chico Buarque y Gilberto Gil)


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