Último verano en Stalingrado, novela

miércoles, 18 de mayo de 2011

Lo que siempre supimos

Cuando no sabía nada de lo que era esa categoría histórica llamada Edad media o Medioevo, mi corazón daba vuelcos cada vez que recitábamos o cantábamos el Romance de la Condesita. No podía concebir aventura amorosa más galante que la que se podía resumir en estos versos:


"Al mirarla en aquel traje 
cayóse el conde hacia atrás.
Ni con agua ni con vino
no lo pueden recordar,
si no con palabras dulces
que la romera le da." 


Y aunque ignoraba por completo qué era un "brial de seda verde" o un "hábito de sayal", sonaba para mí como el canon mayor de la belleza femenina, la llave que abriría tarde o temprano a la verdad (a la identidad) el volátil corazón del Conde.
Sin saberlo, sospechaba que en los misterios del tiempo y el desencuentro amoroso, que parece implicar un desconocimiento respecto al otro amado (¿olvidado, desechado, reemplazado?), que había separado a la pareja enamorada, con el interregno de guerras y búsquedas, sacrificios, se escondía uno de los mayores sinsentidos/sentidos de la vida.
También para mí entrañaba algo que no sabía cómo explicar con palabras pero que me ponía alas en la imaginación (que iban a plasmarse siempre en fracasadas imágenes que nunca alcanzaban a mostrar lo que en mi interior representaban) las palabras del Romance de Don Bueso y esos versos: 


"y entre ellos llevaban 
a la infanta niña; 
cubierta la llevan 
de oro y perlería,"
 



O el temor incomprensible que me causaba el amenazante:



"—Quita de ahí, mora,
hija de judía,
deja a mi caballo
beber agua limpia.
—¡Reviente el caballo
y quien lo traía!,
que yo no soy mora

ni hija de judía,
sino una cristiana

que aquí estoy cautiva"


Dejar a un lado cualquier análisis histórico, abandonar por un momento los saberes que la vida nos ha regalado o impuesto, recuperar el sentido mágico de las palabras que se vuelven casi puro significante, parece posible cuando, como una ola de infancia que llega a romper en la orilla sorprendida de la madurez, volvemos a saber lo esencial, lo que siempre supimos.

2 comentarios:

@flacocanete dijo...

wow... vea al finado Joaquín Días cantando el romance del Conde y la Condesita:

http://youtu.be/gx6JxzRHkAU

Una de las canciones favoritas de hijo (y mía tmb), q cantamos a dúo...

Palabrascromáticas dijo...

Belleza pura. Mi hijo se dormía escuchando romances, cuando era chiquito. Al crecer se dio cuenta de las limitaciones de su madre al cantar.