Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 13 de mayo de 2011

"Cuando te disparan, sangras"

Estaba leyendo Sputnik, mi amor, de Murakami. Una de esas novelas que saben comenzar:
"A los veintidós años, en primavera, Sumire se enamoró por primera vez. Fue un amor violento como un tornado que barre en línea recta una vasta llanura. Un amor que derribó todo a su paso, que lo succionó todo hacia el cielo en su torbellino, que lo descuartizó todo en un arranque de locura, que lo machacó todo por completo (…) Fue un amor curioso, monumental. La persona de quien Sumire se enamoró era diecisiete años mayor que ella, estaba casada. Y debo añadir que era mujer. Aquí empezó todo y aquí acabó (casi) todo."
Encuentro un rastro de explicación a la precisión de ese comienzo en una frase que el personaje de Sumire, quien ha desaparecido mientras viaja con su amada Myü por un isla griega, ha dejado escrita en un texto en el que se refiere a la película "Grupo salvaje", de Sam Peckinpah. Parece que una periodista le reprochó al actor Ernest Borgnine que en el filme hubiera tanta sangre y éste respondió: "Pero señora, es que, cuando te disparan, sangras."
La reflexión de Sumire sigue su propio laberinto. La mía, en cambio, queda detenida en esa frase. Me parece que encierra algo central en el tipo de escritura de Murakami y en el de la literatura contemporánea.




Murakami, Haruki, Sputnik, mi amor (1999), Tusquets editores, Buenos Aires, 2010. 

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