Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 6 de mayo de 2011

Americanos somos todos. Genocidas no

Nada que discutir. La cuestión es más bien sencilla. Hay un país que impone al mundo el mayor poder militar-cultural hegemónico desde hace varias décadas. Es gobernado por unas pocas familias que integran corporaciones económicas transnacionales que fabrican armas y se enriquecen mediante la venta de recursos energéticos contaminantes y no renovables. Su Presidente es una circunstancia, no un poder real. Son las mismas familias que desde hace casi un siglo, tanto en Europa como en Estados Unidos, han hecho negocios con la muerte de millones. Las mismas empresas que fabricaron hornos para las cámaras de gas de Hitler y armas nucleares para masacrar a los japoneses. Las mismas que invadieron Vietnam y nos vienen desangrando década tras década. Las mismas que impusieron el automóvil y la nafta contaminante, y millones de medicamentos y comida envenenada que consumimos en todo el mundo. Han impuesto ese modelo de desarrollo en todo el planeta, impidiendo la investigación de fuentes alternativas de energía más baratas y saludables. Financian gran parte del sistema científico-educativo-tecnológico mundial. Promueven epidemias y enfermedades para luego vender las drogas que ellos monopolizan. Para vender sus armas necesitan guerras. Para sostener el negocio energético (transporte, industrias, etc) necesitan apropiarse del petróleo. Cuando éste se acabe, pretenderán monopolizar otro. Ya se están moviendo para quedarse con el agua y otros recursos.
Practican el  genocidio por distintos caminos, a veces mediante las armas, a veces mediante la política y los negocios. A veces con todos estos recursos al mismo tiempo. 
Para explicar esto hay teorías más o menos paranoicas o conspirativas. Todos sabemos al menos que nunca sabremos la verdad. 
Si lo de las Torres Gemelas fue o no un autoatentado, no podremos comprobarlo. Cuándo se terminó la alianza comercial entre la familia Bush y la de Bin Laden, tampoco.
Pero sí sabemos los efectos y consecuencias de todas y cada una de sus invasiones y de su Ley Patriótica y de Guantánamo y de su apoyo a todas las dictaduras genocidas que les sean funcionales, mientras lo sean.
350.000 (o 600.000, según quién haga la cuenta) civiles masacrados en Iraq claman justicia. En algunos casos se expresará como venganza violenta y en otros adquirirá otras formas de lucha.
Un Estado invasor y genocida que no respeta ninguna ley internacional y avasalla todos los derechos de otros países es un estado terrorista.
torturas en Guantánamo
La carne de cañón yanqui está conformada por sus "residuos". Los soldados que mueren en el frente son latinos, negros, pobres.
La ideología del capital y del poder sigue una línea coherente fronteras adentro o afuera.
Hitler decía que los polacos serían para Alemania lo que los indios fueron para Inglaterra. Podríamos decir, lo que los argelinos para Francia. Los que los africanos para Holanda. Lo que los americanos fuimos para España y Portugal. Esclavos, torturados y explotados.
A veces convienen las explicaciones simples. 
Habría que desterrar de nuestro vocabulario el gentilicio "americano" para referirnos a los estadounidenses. Es una forma menor, si se quiere, pero muy extendida, de cipayismo. Parece el triunfo absoluto en el lenguaje de la Doctrina Monroe. Nosotros somos americanos. Pero no todos los americanos somos pueblos complacientes con gobernantes genocidas. Ya sea que vivamos en el Sur, en el Centro o en el Norte.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno y toda la razón comparto en mi cuenta fb.

Anónimo dijo...

Muy bueno y toda la razón comparto en mi cuenta fb.