Último verano en Stalingrado, novela

martes, 26 de octubre de 2010

Balas en el ego

Como Herzog, el personaje de Bellow, escribo cartas de todo tipo, algunas imaginarias y otras que se materializan.
Casi nunca las envío y sospecho que si lo hiciera, tendría unos cuantos problemas nuevos. Como las de ese personaje, no siempre van dirigidas a gente que conozco. No llego tan lejos como él como para escribirle a filósofos, políticos y pensadores vivos o muertos. Entre otras cosas porque mis intereses y capacidades intelectuales son, por lejos, más reducidos que los de Herzog.
En las cartas soy sincera hasta decir basta, pero la sinceridad de esas palabras (carta o post) es eso y nada más. No es la verdad ni expresa necesariamente nuestros sentires más ocultos. Sólo es un elemento significativo dentro de un texto, un movimiento brusco o calmo en una coreografía completa o incompleta.
Hay personas muy sensibles que se pueden ofender por las palabras de otros dentro de un texto, si se sienten aludidas de manera poco complaciente. Sacan de contexto y lo toman como algo personal.
Es por eso que muchas de las cartas que escribo no tienen más destino que mi propia reflexión.
Dardos sobre egos ajenos, riesgo que solo vale la pena si se está preparado para recibir balas en el propio.
Siempre concluyo que el peor desencanto de esa jugada riesgosa es el silencio.

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