Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 8 de octubre de 2010

Las cosas por su nombre: Servicio Militar para Pobres

¿Por qué llaman Servicio Cívico Voluntario al Servicio Militar para Pobres?
Según la Dirección Nacional de Estadísticas Educativas (DINIECE), había en 2008 (hoy son más) 6.508 unidades educativas de Nivel Secundario (gestión estatal y privada) en nuestro país. 159. 766 cargos docentes en el mismo Nivel.
La inversión en educación pasó desde el 2003 a la fecha del 2 % del PBI al 6, 47 % del PBI.
Además de la Asignación Universal por Hijo y el Programa Conectar Igualdad.
Como Adriana Puiggrós y Silvina Gvirtz, casi todos los especialistas  en educación coinciden, como la mayor parte de la sociedad, que no hay mejor alternativa para los adolescentes y jóvenes que la escuela.
En la escuela, además de los conocimientos académicos (matemática, lengua, historia, etcétera) se aprende solidaridad, ciudadanía, integración, participación. Se aprende a pensar, se hacen amigos, surgen amores, vocaciones, vínculos afectivos. Se aprende a saber quién es uno, cómo es su sociedad, su país, cuáles son sus derechos, qué cosas del mundo se quieren cambiar.
Se conoce gente diversa, malos y buenos docentes, compañeros que quedan para la vida y otros olvidables.
En los cuarteles se aprende otras cosas. Como por ejemplo:

"¿Había conservado al menos ese amor a la libertad propio de los estudiantes? Nunca en la vida lo
tuvimos: lo que nosotros amábamos eran las formaciones marchando al paso.
Recuerdo muy bien que fue precisamente en la academia militar cuando empecé a sentir alegría
por la simplificación de mi existencia: era un militar y ya no tenía que pensar. La alegría de estar inmerso en una vida común a todos, como es habitual entre nuestros militares. La alegría de olvidar ciertas sutilezas morales inculcadas desde la infancia.
En la academia andábamos siempre con hambre, continuamente al acecho de algún cacho de
más, nos vigilábamos con celo unos a otros por ver si alguien se las había apañado. Lo que más temíamos era suspender y no obtener los rombos de teniente (a los que no terminaban los estudios los mandaban a Stalingrado). Además nos adiestraban como a jóvenes fieras, para embrutecernos más y que luego nos desquitáramos con quien quisiéramos. Por si no dormíamos ya bastante poco, podían castigarte a marchar tú solo marcando el paso (bajo las órdenes de un sargento) después de la retreta. O podían levantar por la noche a todo el pelotón y formarlo alrededor de una bota deslustrada: ¡Venga! Ahora este canalla va a limpiarse la bota, y hasta que no le saque brillo aquí estaréis todos de pie." (Alexandr Solzhenitsyn, Archipiélago Gulag)
¿Es esa la propuesta de Julio Cobos y sus socios, los mismos que se oponen a la igualdad de derechos y a la enseñanza de educación sexual, como la senadora Negre de Alonso?
Que se saquen la máscara y lo digan.
Esta propuesta lo único que tiene de cívica es el origen en el Senado. La llaman así para encubrir lo que realmente se proponen, un archipiélago Gulag en los cuarteles, para los brutti, sporchi e cattivi.


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