Último verano en Stalingrado, novela

jueves, 13 de agosto de 2009

Gramática y estilo I


Acerca del color se ha escrito mucho y hay diversas teorías. Algunas más apegadas al mundo de la física (desde el espectro de luz, la fuente lumínica, el oclor de la materia), otras que recuperan los diversos simbolismos del color en distintas culturas y épocas.
Maestros como los constructores de las catedrales góticas, expertos en el lenguaje de la luz y el color; artistas de la antigüedad y del Renacimiento (cómo no traer a la memoria, por asociación espontánea, obras de experimentadores como Leonardo o de la escuela veneciana, (pienso en Tiziano), más adelante Rembrandt en otro registro, hasta los impresionistas).
Más cercanas en el tiempo, los estudios de la Bauhaus y Kandinsky, cuyas ideas y su gramática pictórica se difundieron en el compendio Punto y línea sobre el plano (escrito entre 1923 y 1925, publicado en 1926), considerado por el autor como una continuación de su libro De lo espiritual en el arte.
Así que no pretendo en este post ensayar caprichosamente ninguna teoría original ni sólida.
Simplemente decir que:
1) Hay personas que irradian sombras.
2) A veces es permanente y otras, de manera circunstancial.
3) Hay personas expertas en el arte de comunicar con una gramática del color aplicada en el vestuario perfectamente consciente. No me refiero a los diseñadores ni las modelos ni a nadie del mercado de la moda.
4) Estilo y personalidad. (conceptos muy discutibles y subjetivos, desde ya, pero...).
5) Otras sólo siguen un canon impuesto por la industria y la publicidad. En algún momento esa lógica precipita algún traspié. Es inevitable. Y allí van, como marionetas, como si ese lenguaje que pretenden utilizar fuera una impostura. Entre ellas y su vestuario hay un zona de confusión, de contradicción, que resulta tan chocante como si viéramos a un parálitico incorporarse de su silla de ruedas y emprender una maratón. Algo no cierra. ¿Es el absurdo?
6) Están los puritanos (por religión, mandato familiar, idelogía, etcétera). El lenguaje del vestuario (y en no pocas ocasiones el lenguaje corporal y toooooooodo lo que en su imaginario represente lo carnal) les genera inquietud y temor. A veces esto se traduce en rechazo y soberbia y clasifican de frívolo y superficial todo lo que tiene que ver con el vestido, el maquillaje, el peinado.
7) Por ahora, no hablaré de: la elegancia, que no tiene NADA que ver con el poder adquisitivo ni el dinero. Ni el gusto personal. Ni de los despreocupados que son indiferentes a su aspecto.
8) Ni de la inmensa mayoría de nosotros, que a veces vamos por la vida experimentando una completa armonía entre lo que somos, o creemos ser, lo que mostramos (o creemos mostrar) y otras, ¡Ay, perfectamente conscientes de nuestra discordancia!

Continuará....

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gusta mucho tu blog