Último verano en Stalingrado, novela

jueves, 20 de agosto de 2009

Adiós, pequeña

Cuando inventaron las palabras (cada día y también, algún día) olvidaron inventar las palabras para ciertos dolores que, insoportables, no pueden nombrarse.
Yo podría intentar unas palabras para despedirla a ella, que no me pertenece ni en los recuerdos sino más bien en las imaginaciones, y en el espejo de la voz quebrada de Carina (y sus padres); de la verborragia angustiada de mi hermana; de los ensueños de mi pequeña sobrina, tesoro mío que demasiado temprano debe escuchar algunas palabras que no deberían pronunciarse nunca.
Y yo, que apenas sé, o ni siquiera sé, rezar, rezo por la pequeña, que sea vuelva, por favor, ángel, que haya partido con el corazón lleno de amor, como merece. Y por sus padres. Y su hermanito.
Adiós, pequeña N.

No hay comentarios: