viernes, 30 de marzo de 2012

El tiempo en que Dios podía volver

¿Hasta cuándo señor hasta cuándo?
¿Siempre se ha de sentir
lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir
lo que se siente?
(Nicanor Parra)

Leopoldo Brizuela

En un mundo de tantos simulacros, en el que cualquiera que tenga el suficiente poder  y/o dinero puede hacerse pasar por autor de  libros, e incluso, de libros de literatura.
Y en el que, sin embargo, alguien escribe y pone en boca de E.S. Discépolo: "el fado es canción del tiempo en que todavía se creía que Dios podía volver". (Brizuela, 2010:92)
En un mundo en que algunos creen tener derecho y poder para tenerlo  todo, sin sacrificar ni renunciar a nada, a costa de muchos, de lo que sea (como tener una familia y a la vez "ser libre"; ser grandes artistas; vivir confortablemente, fumar sin riesgo de cáncer; hacerse cirugías estética; triunfar en la "academia"; manejar como Schumacher; ser famosos; poseer la belleza de Marilyn y las joyas de Carla Bruni; coger como una geisha; andar a caballo; viajar por el mundo como turista rico y mochilero aventurero; hacer la revolución; comer en restaurantes cool; vivir en barrios protegidos y/o cerrados; fumar porro; ser rockero; ocupar cargos políticos; fundar una empresa a lo Bill Gates; practicar meditación, convertirse al budismo y a la vez explotar a los empleados; escribir una gran novela; tener abono en el Colón y en la cancha; escribir el guión para una película;  saber vestirse a la moda sin que se note; tener marido -o esposa- y amante; psicoanalizarse pero no sentirse responsable de la vida pública; cocinar con frutos del mar y especies exóticas; cultivar una huerta orgánica y salir con alguien veinte años más joven; ganarse la confianza de los hijos y salir bien en las fotos; conservar a los amigos de la infancia y que no se den cuenta de que somos unos garcas tremendos; competir inescrupulosamente por un trabajo y que todos igual tengan una buena opinión de nosotros; veranear en lugares carísimos y renegar por el costo de los alimentos; manejar un Audi y mostrarnos preocupados por la pobreza de nuestro hermanos y volvernos cada vez más tilingos y pretender que no se note;  ponele).

En un mundo en el que ya no usamos categorías como "lucha de clases", quizá por temor a parecer antiguos, quizá porque el triunfo del mercado ha sido rotundo, quizá porque no se ha leído lo suficiente a Roberto Bolaño.
En un mundo en el que hay muchos opinadores y críticos despiadados de la escritura de otros que esconden bajo máscaras de falsa erudición envidias y resentimientos, lectores que han abandonado el placer de esa condición y se amargan (en lugar de gozar) frente al talento y la belleza de los mundos creados por otros.
En un mundo en el cual  para tener "éxito" profesional, laboral, sigue rigiendo en gran medida la aristocrática marca de la sangre, del haber nacido en la familia correcta, el país indicado y la coyuntura Tal o Cual (y sino, recordemos a Nina Berberovna, por dar un ejemplo querido).
En ese mundo, en este en el que escribo este post y recuerdo la frase de Bolaño que asocio con Leopoldo ("no soy un autodidacta: Todo lo que he aprendido lo aprendí leyendo. Y he leído mucho."), es un alegría inmensa, justicia poética, expectativa ansiosa del egoísmo de la lectora hedonista que soy, felicidad, que alguien que escribe, enseña y, me atrevo a decir, de manera intuitiva, vive como Leopoldo Brizuela gane un premio como el de Alfaguara.
¡Salud!

miércoles, 28 de marzo de 2012

Los hijos del mal

Casa Mariani-Teruggi, La Plata

Del cuerpo ensangrentado de Diana sobre la beba venía leyendo en el colectivo que marchaba por la avenida 7 en la misma ciudad que tantas veces recorrió Chicha buscando a Clara Anahí cuando de repente la frase se me presentó como debe de ser una daga que al hundirse en el corazón de una sospecha encuentra en la herida misma, la certeza. De esa cara no me olvido más, dice el relato. Rubio de ojos celestes. Un hombre grande. Ya estoy por Tolosa y tengo que cerrar el libro y ahogar un suspiro largo como la increíble paciencia de esta mujer que habrá andado (y anduvo) cada calle, cada esquina, como yo misma ahora, sospechando de esas miradas y la gente en el micro me mira sin verme pero yo a ellos no porque de pronto me he dado cuenta que alguno puede ser el hijo no sólo de una abuela que busca sino también de el monstruo (“nunca olvidaré esa cara”, dice) asesino mal parido que aniquiló, porque están entre nosotros. Y quizá también sus hijos. Porque muchas veces pienso en los hijos y los nietos de los desaparecidos, pero ¿cómo será ser hijo de los represores torturadores asesinos violadores ladrones cobardes cagones?
Clara Anahí Mariani Teruggi


(leyendo Botín de guerra, de Julio Nosiglia, Abuelas de Plaza de Mayo, 2007, pág. 27, relato del asesinato de Diana teruggi y Daniel Mariani y el secuestro de Clara Anahí, a la que aún busca su abuela y buscamos todos:Asociación Anahí, asociacionanahi@yahoo.com Tel/Fax: (0054-221) 421-2681)

jueves, 22 de marzo de 2012

Dignidad laboral en el mundo de la cultura-RAM, apuntes

"Después de todo, la gente quiere poder estar con la cabeza bien alta cuando se reúne con sus amigos. No quieren que se cree un silencio embarazoso al anunciar para quién trabajan", dicen los dos economistas suecos que hace unos años publicaron Funky Business. El talento mueve al capital (Nordstrôm, Kjell, Ridderstrále, Jonas, Pearson, Prentice Hall, Madrid, 2006). Recordé este libro, que me recomendó en su momento E., debatiendo con compañeros de trabajo y amigos respecto del cambio de paradigma (cultural, educativo, económico, político) que estamos viviendo en la sociedad de la comunicación, o como sea que la llamemos. No me cierra que se siga hablando de "nuevas tecnologías" para referirse a aquellas en las que ya se ha formado por lo menos una generación entera.

J.I. Calvez, C. De Lella y E. Romera
Si estamos o no frente a un cambio de mentalidades, de construcción de las subjetividades, de vinculaciones entre el capital y el trabajo, de posibilidades de ejercer algo de poder por parte de los trabajadores, si es la educación y el conocimiento el garante de la movilidad social, son temas acerca de los cuales los economistas, filósofos, escritores y demás pensadores se vienen preguntando desde hace mucho. Abro al azar mi querido La necesidad del trabajo. ¿Desaparición o redefinición de un valor? del filósofo jesuita y marxista Jean-Ives Calvez (Losada, Bs.As. 1999), publicado en pleno auge del Consenso de Washington y el derrumbe de derechos de los trabajadores y se afirma allí que sigue siendo el trabajo el centro del proyecto de vida de las personas. Puede que cambien las formas de explotación (hay millones de desocupados en el mundo y trabajadores que apenas pueden sobrevivir con su trabajo), pero la autoestima tiene allí un germen fundante. Quizá las mentalidades de los trabajadores educados, que están por completo incluidos en la cultura de las comunicaciones, puedan eludir formas de discriminación social que nuestra generación aún sostiene, como plantean los suecos: que ya no importe el origen social sino el capital cultural y el talento innovador; la libertad creativa; el trabajo en redes y colectivo; la construcción de proyectos dinámicos y que hagan felices a las personas; el deseo y su busca como un horizonte legitimado para las sujetos adultos en los mundos laborales y ya no la autoría y la propiedad intelectual (que son perlas escondidas en el corazón del sistema capitalista), el sacrifico de la felicidad personal y familiar en pos del prestigio y del dinero.

Están en crisis, como plantea Fernando Peirone en "Educación extensa" (en La educación alterada, Salida al mar, Eduvim, Córdoba, 2010) , las lógicas de construcción del poder, de los gobiernos, de los saberes, de los formatos escolares. Las dimensiones del tiempo y del espacio, los territorios que transitamos en el día a día, los dispositivos de comunicación que tenemos a la mano, nos modifican en las formas de apropiarnos del mundo, de los conocimientos, de los vínculos, de los textos, de las imágenes, de la música. Producimos  contenidos digitales y comunicaciones por cientos de miles de millones, a diario.  No sabemos cómo se modificará nuestra memoria, nuestra ancestral necesidad de transmisión intergeneracional de saberes mediante archivos y soportes materiales, nuestros modos de preservar el pasado, si es que esa vocación continúa o si, como algunos plantean, vamos hacia mundos en los que el presente y la circulación colaborativa de datos y proyectos eludan lo pasado y lo porvenir, lo cerca y lo lejos.
No me siento inclinada a posiciones optimistas, aunque escucho, leo, observo. Trato de comprender. Vuelvo al principio, a la dignidad en el trabajo, al sentido ético de lo que hacemos para ganarnos la vida.
Después de todo, la felicidad del pueblo es uno de los pilares de la doctrina peronista.

domingo, 18 de marzo de 2012

Una conversación con Dios

                                              "La verdad siempre está en el exilio" (Baal Shem Tov, maestro del hasidismo)

"Aún en una nota más ligera, el judaísmo es una conversación con Dios", afirma George Steiner en unos de las más lúcidas reflexiones acerca del judaísmo que he podido leer: "Sión" en Los libros que nunca he escrito (FCE, Buenos Aires, 2008).
Auto de Fe. Pedro Berruguete. 
¿Qué es ser judío? Se (nos) han preguntado los judíos desde aquellos lejano días del mito fundante, en el desierto, en el cautiverio egipcio, en Alejandría, en la amada Sefarad. ¿Por qué los (nos) persiguen? Algo habrán hecho.¿Por qué los odian todos? ¿Por qué huyen? "Supongo que andaba como alguien a quien le pisan los talones dos mil años de amenaza." (Steiner, 2008:127)
No soy, pues mi madre no lo es. No soy pues mi abuela es católica apostólica romana.
No soy, porque no quiero estar siempre en la frontera, observada, sospechosa, siempre cargando una culpa, la del pecado original y la de no haberme doblegado al "acto más trascendente de odio hacia uno mismo que ha habido en la historia judía": el mandato paulino, su propia conversión que se vuelve aversión a sí mismo. Y que luego se repetirá, dice Steiner. ¿En Marx, en Freud, en Einstein? ¿Y Kafka, no es acaso el mejor ejemplo?
Converso. Renegado. Ateo. Marxista. Guerrillero.Marrano.Banquero. Capitalista .Rata. Escoria. Bolche. Inmundicia. Piojo. Cobarde. Soberbio. Puta.Sionista. Comunista. De mierda. Proyanqui. Asesino de niños palestinos.Víctima. Zurdita.Sinarquía internacional. Chivo expiatorio. AMIA. Embajada de Israel. Cerdo.Músico. Historiador.Cagón. Puto. Asesino de niños. Envenenador del agua. Transmisor de la peste. Avaro. Usurero. Intelectual.
No soy porque no me enseñaron los rituales, ni las comidas, ni a pronunciar las palabras que abren las puertas de los linajes, ni los conocí, apenas dos tumbas silenciosas sobre las que padre llora, mientras me abraza porque de algún modo, allì estamos, juntos, admitiendo, aceptando, que no hay  escapatoria, se asuma o no, se nombre o no.
Matanza de judíos en Barcelona en 1391(Josep Segrelles, ca. 1910) 
Lo sabremos cuando llegue la hora de la persecución, que siempre retorna. Se actualizan los Autos de Fe. Se materializa en Auschwitz, en el Gulag, en la ESMA. Lo vemos en el doble castigo que supone ser judío cuando se impone el terrorismo de Estado, en la Guerra de Malvinas, en los ataques al Gobierno de CFK o La Cámpora por parte de los voceros de los reaccionarios que trabajan en Clarín o La Nación. Recordemos las palabras del Talmud: "es mejor figurar entre los perseguidos que entre los perseguidores."
Todos somos judíos, si tan sólo nos hemos hecho esa pregunta por la identidad. Si cargamos como una misión para nuestro paso por este mundo la responsabilidad de una ética de la palabra, del nombrar con la mayor precisión posible las cosas. Pues sabemos que el nombrar es uno de los principales dones que Dios le dio a Adán y a nosotros,sus descendientes, aunque ya no creemos en Dios, aunque inventamos la religión monoteísta y la finitud de la humanidad, aunque persuadimos a muchos de nuestros vecinos y herederos, sin usar la fuerza sino la educación, la reflexión, la conversación dialéctica, la antítesis permanente ( la palabra).
Creadores de mitos, destructores de mitos. Dios único y "el opio de los pueblos". Pogromos. Hogueras. Puertos. Éxodos. Shoá. Desiertos, el judío errante es el eterno exiliado, el emigrante, el marginal. Campos de exterminio y aún así. Siempre queda la palabra.
La memoria que debe ser preservada, El Libro, que enseña que "quien salva una vida salva a la humanidad", la tradición que dispone que hay Ley, y puesto que hay Ley, esta puede ser obedecida o transgredida, y que de esos actos habrá consecuencias. Una ética de la obediencia y una de la rebelión. Trotski. Y el complejo de Edipo.
Babel. Roman Jakobson, Benjamin, Chomsky, la lengua. "El judío es un analista, un expositor" (otra vez G.S, citando a Wittgeinstein). "El judío ha hecho de la palabra escrita su pasaporte durante siglos de desplazamiento y exilio." (Steiner, 2008:124)
Vitreaux de Chagall, sinagoga hospital Hadassah, Jerusalén. 
¿Y qué le diré a C, como para empezar esta aventura que ella me propone? ¿Emile Zolá y su Verdad, del que poseo una edición en dos tomos que le fuera regalada a mi padre a fines de los años 40', cuando todavía en las escuelas publicas los chicos no católicos eran enviados al recreo o a sus casas en la clase de catecismo como aún sucede en Salta, por su tía Rosa Scheiner, una inmigrante rusa que trabajó en la Buenos Aires de los años 30 y 40 como traductora para varias editoriales? ¿El Génesis o, mejor, todo el Pentateuco completo, del cual es deudora casi toda la literatura? ¿Le diré que siga los caminos de Swann, desde su consagración entre la creme de la sociedad del faubourg Saint Germain a su volverse sospechoso y vapuleable durante el caso Dreyfus? ¿Le hablaré de La tierra de Canaán, de Asimov o de Las memorias de Abraham, del polaco Marek Halter? ¿Orlando Figes y su historia rusa? ¿O S. Zweig, o Vasili Grossman,  o Solzhenitsyn y su Doscientos años juntos, o el mismo Bellow al que ella me recomendó en su momento Moisés y la religión monoteísta, de Freud, o la autobiografía de Groucho Marx? ¿La Sefarad que también narra Edna Paris en su El fin de los días, Los judíos en España: una historia de tolerancia y tiranía", o la historia askenazi o mizrají? ¿Le convendrá leer de los pogromos medievales o de la obstinación, el mandato de este pueblo por la supervivencia de su identidad cultural y su obsesión por la transmisión generacional de saberes, aún en las peores circunstancias, su pasión por el debate interminable de ideas, por escolarizar a sus hijos? ¿Le diré que converse también con nuestra amiga M.S. en http://emeese02.blogspot.com.ar/? ¿Que leamos, ambas, a Hannah Arendt, y a su amante, el gran filósofo nazi M. Heidegger? ¿O a Mircea Eliade?
Pasternak, "Palestina", pastel s/papel, 1924.
Dice el Qohelet (Eclesiastés) que en el judaísmo nunca se acaba de hacer libros y libros sobre libros."Un judío es alguien que lee con un lápiz en la mano porque se propone escribir otro libro mejor."(Steiner, 2008: 122). Me encanta esta cita. 
El Exódo se lleva en la memoria colectiva y es allí donde se aprende a ser invitado y, por lo tanto, también anfitrión. Este es un precepto ético del judaísmo que no debería ser menospreciado. Sospecho que C. sabe perfectamente que nadie puede guiarnos en este tipo de búsquedas, que apenas podré sugerirle algunas pistas para entrar en el rompecabezas con principio y sin fin, esa tierra prometida que supone hurgar en el pasado, en la historia de quién es uno, los otros, el Otro, y las formas en que sobre todo eso escribimos, imaginamos,decimos y pensamos el hoy y el mañana. Porque al final "donde no hay paradoja, no hay vida", como dice S. Bellow en Jerusalén, ida y vuelta (2009:.25)

lunes, 12 de marzo de 2012

Los peligros de fumar en la cama, de Mariana Enriquez


Me lo regaló mi amiga R, para mi último cumpleaños. La cosa venía rara, como si se hubiera formado una pequeña hermandad de mujeres que se acercaban mediante libros comunes, aunque no se conocieran bien. El regalo iba a ser el libro de la japonesa sangrienta (recomendado a mi amiga por la autora de Los peligros, a la cual a su vez leo en las columnas semanales de la revista El Guardián), pero terminó por ser el de cuentos de Mariana Enriquez, Los peligros de fumar en la cama.

Y la otra noche, mientras cenamos  las delicias que preparó C, con A,  en el frescor del jardín de Tolosa, nos ponemos a conversar un poco de política, un poco de muchachos,  un poco de novelas y de ahí derivamos a cómo prendió en Facebook el asunto de la novela policial y de detectives, el suspenso, qué género tan popular y ahí nomás emergen estos relatos que nos han gustado a ambas (a A. y a mí, por ahora), aunque ninguna se considera muy afecta a los cuentos.
En ciertos entornos, comentamos, y ciertos ambientes (reales, virtuales) un poco envidiosos y miserables  no se suele hablar bien de escritores vivos y cercanos que han publicado. Cada cual se mira su ombligo, habla de su obra, se florea con sus éxitos y ya.
Pero no es el caso.
Nos gusta Mariana Enriquez, coincidimos.
No  sé cómo lo explicaría A., pero yo creo que tiene una voz propia. Y es jugada. Tiene algo para decir, sabe escribir, no está en (o con) el canon y en cambio se atreve a escribir como se le canta (y se le canta bien) y eso ya es mucho.
Su estilo, sus personajes y sus climas son inquietantes. Todo parece tan trivial, tan cotidiano, y de pronto, con el suspenso, aparece todo lo sórdido y lo oscuro que se esconde y se sospecha en las personas (paranoicas, fóbicas, envidiosas, crueles) y en los aljibes; en los rituales de enterramiento, en los enfermos mentales  y en los curanderos, en las tosqueras, a las afueras de los pueblos pero también, sobre todo, en las plazas de las ciudades, esa de ahí nomás, a la vuelta de tu casa (si, de la de los personajes de Enriquez y de la tuya).
Me encanta su primera persona del plural, ese tono tan del relato oral, en "La Virgen de la tosquera", es como si en lo siniestro incluso, aunque nos pese, nos encontráramos con nuestras amigas en una anécdota cualquiera pero...;  me estremecen los diálogos de "El aljibe", me inquietan los "Chicos que faltan", ese registro narrativo que pudiera parecer un poco delirante, como el de cualquiera que se anima a mirar y a contar un poco más allá de sus fantasmas, a mostrar que lo sobrenatural está en nosotros.
Y para cerrar este post, el comienzo de "Cuando hablamos con los muertos, que arranca así: "A esa edad suena música en la cabeza, todo el tiempo, como si transmitiera una radio en la nuca, bajo el cráneo. Esa música un día empieza a bajar de volumen o sencillamente se detiene. Cuando eso pasa, uno deja de ser adolescente. Pero no era el caso, ni de cerca, de la época en que hablábamos con los muertos. Entonces la música estaba a todo volumen y sonaba como Slayer."




Enriquez, Mariana, Los peligros de fumar en la cama, Emecé 70, Grupo Planeta, Buenos Aires, 2009.

viernes, 9 de marzo de 2012

Del oficio de escribir II

Fuente:
"Les recuerdo-escribe Roland Barthes en  La preparación de la novela-que atravesamos las Pruebas del escribir: la primera, la de la Elección; la segunda, la de la paciencia (de la Duración); a esta segunda prueba le hemos asignado dos aspectos: el primero, la organización metódica de una Vida de escritura; abordamos ahora el segundo: la práctica propiamente dicha de la escritura, día tras día." (Barthes, 2005:322)
Y luego introduce un conflicto, una rivalidad, dice él, entre el escribir y el leer. Pareciera que no hay lugar para los dos al mismo tiempo.Como si en la tarea del escribir debiéramos detener la lectura, para poder introducir la Obra (las mayúsculas son de Barthes) en la cultura.
Por supuesto que en el sustrato de su reflexión descansa el amor por el Objeto-libro. Ese tipo de Objeto insustituible que incluso cuando no lo sabemos, al escribir, vislumbramos lejano o no, en algún horizonte imaginado.

sábado, 25 de febrero de 2012

Hablando de novelas de detectives

             "Leer una obra cualquiera de ficción constituye un acto simbólico.Los lectores sumamos nuestra imaginación a la del escritor al adentrarnos con entusiasmo en su universo [...]" (P.D.James), 

Al parecer hubo una época en la que escribir historias era un oficio vinculado al arte y no un modo más o menos eficaz de participar de las envilecedoras reglas del sistema mercantil. Y en ese registro de la literatura, las populares novelas de detectives y las policiales, se configuraron como favoritas para los lectores, y crearon a su vez aficionados y hasta adictos al género. Un tiempo en el que se le otorgaba cierto reconocimiento social a aquellos individuos que utilizaban sus "estados creativos" (al decir de E.M.Forster en Aspectos de la novela, 2000) para crear obras de arte que permitieran a los lectores la experiencia de conocer los mundos creados por sus imaginaciones, incluso, las posibilidades evasivas a las atrocidades de este mundo violento y brutal que ofrecía, según P.D James tan bien analiza, la novela detectivesca inglesa de la Época Dorada y hasta, aunque parezca mentira, su "opuesta", la novela negra norteamericana tan bien encarnada por Dashiel Hammett y Chandler.
También observa y retrata las características de detectives aficionados, extravagantes, profesionales, más o menos ligados a las instituciones policiales (como integrantes o enemigos de esa fuerzas), médicos. La aparición de mujeres detectives y el rol de las mujeres en las distintas épocas y brinda, por cierto, algunos consejos de escritura inestimables.
John Thaw, como Morse
Más allá de las diferencias de épocas y países, los prejuicios de clase entre autores esnob pertenecientes a las clases acomodadas y educadas de Inglaterra o de los sufridos emergentes de los sectores marginales de Norteamérica, P.D.James explora  en este ensayo (en inglés un título más apropiado al de la traducción, Talking about Detective Fiction) los rasgos comunes del género y las diferencias en los modos de contar las historias, los puntos de vista, la importancia de los personajes, los diálogos, las descripciones, las calidades de la escritura.
Desde Conan Doyle y Poe, con sus habitaciones cerradas, sus criminales escondidos bajo el disfraz de la absoluta inocencia, a los rompecabezas en la pacífica campiña inglesa de las muchas veces desprestigiadas pero populares  Agatha Christie o Dorothy Sayers; desde los escépticos héroes como Sam Spade o Philip Marlowe, que persiguen criminales en un mundo corrupto, brutal y decadente del que, sabemos, "mucho dinero significa mucho poder y quien tiene mucho poder lo utiliza mal. El sistema es así." (El largo adiós, 1953), sin ignorar a Chesterton, Wilkie Collins, Nicholas Blake, Dickinson Carr, Simenon, Mankell,  a las televisivas series como "Inspector Morse" (basada en las novelas de Colin Dexter) o "Prime Suspect", la escritora P.D.James aborda, a sus más de 90 años, el género con la calidez y sabiduría de quien ha escrito algunas de las mejores novelas de detectives de la historia.
H. Bogart como Sam Spade en "El halcón maltés", 1941
Y como en nosotros, sus agradecidos lectores, en su mente inquieta y curiosa las palabras se convierten en dudas y preguntas expresadas en voz alta, acerca de cuál será el futuro del género y si es que los modos de publicar en la era digital alterarán (y en qué medida) los modos de narrar estas historias.
No puedo evitar pensar que esta inscripción del mal, la violencia, en lo cotidiano (de aparente "orden"), del crimen más irreversible cual es el asesinato, siempre motivado por sentimientos y pasiones humanas comunes en todas las épocas y clases sociales (ambición de poder/dinero, amor malsano, venganza, celos)  y que, por tanto, entendemos muy bien, y el modo en el que en la narrativa detectivesca y cinematográfica casi siempre la investigación alcanza un punto de justicia reparadora  (incluso con aquellos autores que nos llevan a identificarnos con los asesinos, como Patricia Highsmith, Hitchcock) es tan popular porque todos necesitamos experimentar la justicia al menos en el arte, ya que no en la vida. Todos anhelamos, aún sabiendo de la ingenuidad de es te anhelo, que las personas poderosas actúen con menos arbitrariedades, con menos egoísmos y mezquindades, que no pierdan (como casi siempre ocurre) la posibilidad de la empatía con los que sufren y no tienen el poder. Aunque no nos guste Agatha Christie y amemos a Chandler, aunque seamos hijos y herederos de este cruel siglo XX/XXI, quisiéramos policías menos corruptas, empresarios menos inescrupulosos, políticos menos mafiosos.


James, P.D.,  Todo lo que sé sobre novela negra, Ediciones B, Barcelona, 2010, 182 pág.

martes, 21 de febrero de 2012

Y fui feliz (crónica tripera de Bruno Carpinetti, desde África)

    • Llegué a Malabo el domingo en el que se jugaba la final de la copa africana de futbol. Guinea Ecuatorial fue país sede junto con su vecino Gabón, al estilo del mundial organizado por Corea y Japón hace unos años. La final se jugó en Libreville, capital de Gabón. La selección Nzalang – no tengo la menor idea de porque llaman asi a la representación local – fue eliminada en cuartos, por Zambia, pero igualmente el partido despertaba entusiasmos en un país donde no pasá demasiado. Basta pensar que solo han tenido dos presidentes en 43 años de existencia como país independiente. Nos fuimos con John a comer al “Toldo Rojo”, un sitio donde siempre son más los blanquitos expatriados y los negros educados en el primer mundo que los guineanos del montón. Tomamos unas cervezas y cuando en el entretiempo John se fue a dormir al “Hostal Chana” – hotelucho digno de un cuento de Washigton Cucurto, en el que desde hace un tiempo paramos y que por las noches se convierte en nido de amor de cientos de guineanos y guineanas apasionados - yo me fui al “Bar Flores. Mi Segunda Casa”. Ahí es otra la historia. Algunos españoles, refugiados de vaya a saber que oscuro pasado, más parecidos a Torrente que a Fernando Savater, y varias decenas de guineanos de toda etnia y equipo de futbol se habían congregado para ver la final africana. Me acodé en la barra y empecé rápidamente a conversar con los parroquianos. Los guineanos resentidos por su eliminación por parte de Zambia, hinchaban por Costa de Marfil al igual que los españoles que la apoyaban ya que muchos jugadores de su selección juegan en el futbol europeo. Pero yo, como buen hincha de Gimnasia, enseguida me puse del lado del que nunca había ganado un campeonato. El futbol hermana a los hombres, y varias cervezas más tarde, ya puteaba a Drogba en inglés, francés y hasta en Fang y Bubi, y con dos liberianos y un camerunés, festejábamos a los gritos cada llegada de Zambia al arco rival. Llegó el tiempo suplementario y a esa altura, ya medio borracho, era un hincha fanático. Terminó cero a cero, y en el fervor y la tensión que presuponían los penales, invité una vuelta de cervezas para los que hinchaban por Zambia, lo que ocasionó importantes deserciones en el bando de Costa de Marfil. Los penales fueron interminables. 14 penales sin errar uno, 7 a 7, hasta que erraron dos seguidos y luego volvió a errar Costa de Marfil y Zambia lo embocó. Estalló mi bando en el “Bar Flores” y en medio del festejo y de otra ronda de cervezas que en medio del caótico festejo, supongo pagué yo, les enseñé a los tres negros que habían compartido el partido en mi mesa el cántico sagrado que tarde o temprano sonará, entonado por todos los negros del mundo …… y salimos del bar abrazados y cantando a los gritos……..“Lobo campeóoooooon, Lobo campeóooonnnn” …… y fui feliz.


      esta crónica se publica con la autorización de su autor, Bruno Carpinetti

miércoles, 15 de febrero de 2012

Astronotus ocellatus o de la observación de los acuarios domésticos

Astronotus ocellatus

Entre las diversas variedades de peces de aguas cálidas, es sabido que los cíclidos se distinguen por su agresividad y los métodos violentos que utilizan para resolver sus diferencias. Hasta donde he podido aprender después de muchos años de tener peceras, la mayoría de las disputas se vinculan por cuestiones territoriales y/o ligadas a la reproducción.
Así como los machos Betta splendes, (popularizados por la película La Ley de la calle) son famosos porque deben ser separados a fin de que no se maten entre sí y llegan a atacar a su propio reflejo en el espejo, los cíclidos en general resuelven la falta de espacio en los acuarios eliminando a los más débiles.
El ensañamiento con que se destruyen entre sí a mordiscos, en especial cuando alguno ya ha sido debilitado previamente por el más fuerte, es notorio. En esa carnicería suelen participar, bajo el liderazgo del más poderoso, los demás habitantes del acuario, incluso aquellos que normalmente se mantienen al margen de los conflictos por una cuestión de supervivencia, como si la debilidad o la inminencia de la muerte los envalentonara.
Más de una década de criar y observar peces en acuarios enseña también respecto a las especies que pueden convivir o no, a los equilibrios posibles, a los efectos devastadores de las plagas. Pero además, atempera el corazón y lo acostumbra a no conmoverse con estas muertes que, al parecer, están absolutamente previstas por el mandato de la naturaleza y de cada especie. Después de todo, todos los predadores son, precisamente, brutales.










betta splendens



Se dice que, de los felinos, los más "crueles" son los gatos domésticos, porque son los únicos que matan sin necesidad y sólo por placer (ya que sus amos humanos les proveemos alimento).


Los peces, con esos cerebritos tan pequeños, a veces se muestran capaces de una crueldad tan elaborada como sólo he podido observar en los seres humanos.


No pasa un día, si se está atento, en que no seamos testigos o víctimas del ensañamiento con el que los más fuertes (circunstancial o definitivamente, y sea en lo que sea en que radique esa fuerza o poder) ataquen a los más débiles. Es notorio en los colectivos humanos cómo los líderes de esas crueldades encuentran inesperados aliados en otros espécimenes que hasta ese momento parecían tan inofensivos como el pequeño cícilido africano que hoy, aliado con el gran Astronotus ocellatus triunfante, se dio el lujo de mordisquear un poco al Astronotus moribundo. Al parecer en los desarrollados cerebros humanos tampoco cabe la capacidad de procesar la información acerca de la inestabilidad de las posiciones y de la volatilidad del poder.


Mirando estos ataques, vuelve a mi memoria esa frase del Talmud que dice: "es mejor estar entre los perseguidos que entre los perseguidores".


Es mejor no pertenecer ni un minuto al clan de los matones que se ensañan con los más vulnerables. Incluso cuando en esa decisión de cada día nos juguemos una parte de nuestra supervivencia.¿Será así?





viernes, 10 de febrero de 2012

“Nada te queda ya, sólo la realidad”

Nada te queda ya, sólo la realidad”.

Pamuk dice que una de las primeros efectos que debe causarnos una novela es la ilusión de vivir una vida real, de que los sucesos, los personajes, son reales y, al mismo tiempo, la contradicción que genera saber que no es así. Dice: “las novelas son segundas vidas”.
Se murió Luis Alberto Spinetta, hace dos días.
A mi hermana se le quiebra la voz, desde el otro lado de la línea y yo me hago la fuerte y cuando corto pongo un disco viejísimo de Almendra que llevaba años sin escuchar y mientras suena “Figuración” desfilan en mi interior las caras, las voces, de tantos conocidos y amigos que formaron (y algunos ya no forman y otros sí) parte de mi vida.
La ciencia actual, la biología molecular y la física sugieren, como el arte de los grandes maestros como Spinetta, que somos una extraña y poética combinación de partículas. (“Dime la forma”)
Aunque no eres real”, canta el Flaco, cuando yo ni siquiera había nacido.
Somos átomos y canciones, y palabras, evocaciones, que es como decir reacciones químicas.
“Nada te queda ya, sólo la realidad”. Que es como decir: ninguna vida, se terminó la novela, las cientos de segundas vidas que este daimon inventó para nosotros. Porque esas palabras nos cuidaron alguna vez de creer que eso era todo lo que había (la realidad) que suele ser una verdadera mierda.
Spinetta, hace pocos meses, seguía componiendo cosas que nadie hizo nunca. Siempre músico, siempre poeta, siempre artista. No romántico ni indiferente a su gente y a su país, trabajador, no pijotero, sino generoso. Siempre educando, siempre entregando y entregado. Me impresionaba que, incluso quienes no eran sus fans, sentían un gran respeto por él como artista y como persona. Creo que no hay otro tan grande del que se pueda decir eso.
Autor, protagonista, de las novelas que nuestra memoria confunde con recuerdos.
Para mí, para nuestra generación, para nosotros, los que fuimos y ya no somos y los que perduramos en partes, fue al mismo tiempo el ingreso al goce adolescente de la poesía, del poder del arte en nuestras vidas, del descubrimiento del sexo, la droga y el rock n roll, pero sobre todo y antes que nada, del amor en todas sus formas: afinidades, amistades, amor de pareja, amor al prójimo, revelación, rebeldía, lucha.
Fue las tardes de bajón y nostalgias sin pasados (de esa edad en la que se añora incluso lo que nunca existió y lo que soñamos que será, que es todo posible y a la vez, edad de nuestras primeras muertes) con mi amiga M, en el piso de damero frío y el disco de vinilo en el tocadiscos de papá o en el super moderno (¿JVC? ¿Sony?) de casette de ella, Artaud, agrandadas, robándole los discos a las hermanas más grandes y a sus amigos universitarios, tan luego nosotras, de 13, 14 años, tomando todavía meriendas con tostadas y Nesquick.
Empatías extrañas, amores circulando entre amigos que seguían a algún gurú local, otros que se resistían a la lírica spinetteana y se mudaban al punk, los “modernos”, los clásicos, los hiper politizados y los seguidores de la moda, unos y otros, todos, atravesados de algún modo por él.
Odio realmente las cadenas lacrimógenas en las redes sociales, desconfío de los programas de televisión con periodistas autorrefrenciales utilizando la situación para referir sus recuerdos de Spinetta o el alcance de su influencia en nuestras vidas. No soporto las expresiones falsamente conmovidas.¡Qué carajo me importa!
Es cierto que algunos músicos, periodistas, han escrito cosas muy honestas, muy buenas, conmovedoras.
A mí, en este duelo colectivo, me importan los míos, los que prójimos o no tan prójimos, intuyo que comprenden muy bien este sentir.
Pamuk habla del novelista ingenuo y del sentimental.
No me enorgullece confesar que como escucha, pertenezco a la raza sentimental e ignorante que se deja llevar por las emociones y, (horror) hasta por los sentimentalismos. De los músicos pienso que son, a diferencia de otros artistas cuyos procesos creativos me parece entender mejor, magos, engañadores, daimones, misteriosos hacedores de vidas partiendo de la nada, apenas de la realidad. Quizá por eso los músicos me encienden, me atraen como la luz al bicho que sabe que si se acerca demasiado morirá, (porque convengamos que hay algo letal en la música, que es tan temporal y efímera, y a la vez eterna). ¿Cuál es la materia de los músicos? No lo sé. Tal vez por eso Spinetta ha sido de lo más íntimo para mí, porque también era un poeta y yo con la palabra me entiendo mejor.

No te alejes tanto de mí”
Algunos amigos, lo sé, hoy sienten el mismo vacío, la tristeza, la sensación de orfandad que nos queda porque no sólo ha muerto una parte de nosotros, una parte importante, sino que es una de las mejores.
¿Qué daimon nos narrará mejor, nos mecerá con más calor (a veces mejor que nuestros padres) , nos sacudirá con más energía, nos hará bailar como niños, nos hará cojer como jóvenes que arden de amor?
No hay un músico, un artista, que diga algo malo y ya no por el show que se monta en la muerte de los grandes, es sincero ,es genuino, porque siempre fue así. Como si el Flaco hubiera podido sobrevolar por encima de los celos, las envidias y los resentimientos como los que los hombres solemos vincularnos, y castigamos incluso a aquellos a los que más admiramos, a los que tiene eso que vulgarmente se llama “éxito”. Pienso que ha sido un hombre que ha podido y ha sabido amar y que ha tenido la inmensa dicha de poder tener y criar a los hijos que deseó, como si Dios, si es que existe, lo hubiera compensado en un nivel personal por todo el amor que nos dio.
Pero todos lo sentimos nuestro, tan metido en las moléculas de nuestra materia como en lo que sea que configure el alma y la memoria. Desfilan ante mí todos, incluso a los que no puedo nombrar sin que se me cierre la garganta. Cada canción y cada época habla de alguien que conozco, de alguien que amé, de alguien que perdí, de mí, de las vidas posibles, de las vidas robadas, de las vidas autoeliminadas. De los que se volvieron demasiado marginales porque no pudieron aguantar la realidad (“listos del bocho”, como Quique) cuando no les quedó nada (que podía haber sido la música), de los que se pasaron de rosca o renunciaron a las apuestas más riesgosas, rendidos al orden implacable y burgués de la ambición o la cobardía. (“siempre tuviste un poco de miedo, pero ahora estás a tiempo”).
Con C. y N. compartimos el último encuentro cercano, ritual casi religioso, en el Teatro Argentino. En el momento en que le contaba a C de mis adolescentes amores por músicos que acompañaban a Spinetta, como Badalá (¿o era Z. la que moría de amor por él?) y J. Morelli, este batero (ya un hombre mayor) pasó al lado nuestro de camino al escenario y sentí que un círculo se cerraba de manera virtuosa.
Como cuando mi hijo me pidió que lo acompañe a un recital de Dante.

Una vez te ofrecí mi amor”.
No sé si hubiera/mos podido gozar del amor, como afortunadamente lo he/mos hecho, sin Spinetta. No sé si hubiera/mos sufrido tanto los desamores y las soledades, incluso las traiciones, sin sus canciones.
Esa cosa extraña y dulce que nos mantiene vivos, “una sola cosa”.
Con mi pollera girando al viento he bailado incluso sola, incluso con un bebé pequeño o un hijito que no comprendía la alegría repentina que su madre podía hacer brotar de un equipo de música y unas piernas que siempre tuvieron más deseo que armonía. Me mira ya adolescente sin entender por qué estoy tan bajoneada y le digo, hijo, es que es una parte importante de mi vida, y de la vida de mi generación. Pero eso son sólo tontas palabras.
Todos los recuerdos de Spinetta en mi vida son felices, incluso los más tristes. Hasta este tremendo bajón es un reconocimiento por tanta felicidad.
¿Qué hubiera sido de nosotros sin él? .