sábado, 15 de agosto de 2020

Tan fácil

 Tan fácil como apretar un botón, encontrar en "la App" la función para hacerlo. Eliminar la foto, dejar de seguir, bloquear, modo descanso ...

Hacer como si fuera un muestrario de zapatos, vamos deslizando el dedo sobre el calzado de verano, este es lindo pero demasiado liviano, aquel es sofisticado y elegante pero no sirve para la aventura, ese, ese que parece calzar justo pero en realidad termina apretando hasta hacer doler .
Tan fácil y ya desaparece el deseo, Eros de hoy parece como el meme de Doge y Cheems.
Pero yo, cuando me dejan, cuando logro respirar, llenar el pecho, ser muy consciente de que todo está siempre en peligro, y aun así sostenerme flotando sobre la mierda que inunda el alma humana y las ciudades, y aun así, puedo ser muy valiente con tal de seguir contemplando de vez en cuando las orquídeas que embellecen el mundo.





La imagen puede contener: planta, flor, calzado, exterior y naturaleza

sábado, 8 de agosto de 2020

San Francisco ....Solano

 Hablo con B y usa la metáfora del cruce del río. No sé si lo hace porque es la primera que le viene a la mente.

No importa. Es una imagen potente y yo sé que él entendería -aunque no le importe ni me importe ni me lea- los múltiples sentidos que resuenan en mi, como cuando un acorde de guitarra nos toca en alguna fibra que no podemos traducir a palabras pero es como si dijera al mismo tiempo: es propicio atravesar las grandes aguas, crucemos el Jordán, el chiste del escorpión y del cocodrilo, una infancia entrerriana.
Y después dice: San Francisco Solano, pero no creo que sepa el efecto que eso produce en mí en un día como hoy, un día que es como hundirse en un texto de J. Berger, y pensar en ella y llorar hasta que se nos sequen los lagos y los ríos internos. El efecto de una sonrisa muy tierna en mi cara que lleva horas de tristezas, un mate que tiene gusto a infancia, y ahora esta necesidad de escribirlo...
No sabe que ese es significante de padre volviendo tarde un día de semana (con unos chocolatines Jack para quienes aguantamos despiertos el regreso) no del estudio en "Capital" sino de la escuela noctura de adultos "en Solano". Padre en su mejor momento profesional y económico, lleno de salud y de vida, que dice que hay que devolver lo que hemos recibido y va esos días de noche a esa escuela inmersa en un barrio tan pobre que huele con ese olor que yo sentiré ahí por primera vez, cuando las alumnas y los alumnos de padre (adultos para mí, pero en realidad jóvenes que no pudieron terminar la secundaria en su momento porque son hjos de obreros y deben trabajar desde chicos y sufrirán la dictadura mucho más todavía) nos inviten a casamientos y cumpleaños que se hacen en clubes populares con piso de cemento (no ese cemento alisado y pulido que se pondrá de moda mucho tiempo después en la arquitectura minimalista de la clase media urbana que se va a los barrios cerrados y los countries o las zonas alejadas de las ciudades que se van llenando de las hijas y los hijos de la gente que crece en lugares como Solano, sino la carpet algo rota y gastada de tanto baile y pibes jugando),
y años después me llevarán a Berisso y después a una tarde en el barrio palestino en Jerusalén, y un mediodía en Río de Janeiro o Jujuy.
Hablo con J, y por momentos nos reímos, no porque no comprendamos, o al menos intuyamos, la dimensión de la tragedia que nos toca atravesar (metáfora de río, de océano bravo, de tsunami, de volcán, de terremoto, de cápsula espacial chocando con la atmósfera de la Tierra, de El inivierno del Nabo, de las mujeres cazadas y violadas en la selva y las niñas sometidas por los amos, de los pogromos en plena guerra, de los niños palestinos masacrados) sino justamente por eso. Le mando una foto de la novela que leo, y nota la marca en lápiz de la frase de la flor, como sé que lo vería M, que está mas lejos aún en tierras de mosquitos y calor y poco COVID, y entendería rápido si le dijera que ese que me comenta los estados y las historias y las lecturas y me hace guiñes es en realidad un pusilánime pero sobre todo un hombre con el que solo se puede coger pero no habar, no hay de qué hablar, no hay metáforas ni metonimias que nos llevan al pasado o al fuuturo para hacernos creer que puede haber algo más que esto que es el horror y todo lo que callo por pudor, por el valor del silencio en la música, y por amor a las personas que me gustaría acunar en abrazos en balcones donde pegue el sol y pedirles por favor que resistan, que escribiremos juntas pronto y nos llenaremos de plata y saldremos de copas y quién sabe si su amante y mi amante no congeniarán y nos invitarán unos tragos en alguna escapada a la playa o un asado sin tapabocas o donde solo los besos nos tapen las bocas.
Que miren la plaza, que miren el jardín, las hojas rojas, los frutos, las flores que a veces son feas pero huelen bien, como en Pekín, los recuerdos de los días felices que volverán.
Sigo con mi trabajo y con mi mate, sigo con mi tristeza.
Pero me siento afortunada en medio del desierto. Siempre es bueno tener con quien conversar sin tener que explicar que hubo y habrá hundidos y salvados, y Borges y gauchos cuchilleros, islas entre los ríos donde nadamos de niñas con madre, y niñas perdidas en noches orientales y lápices toturados y secuestrados, planetas incendiados y sueños, sobre todo sueños, de utopías en países sin alambrados ni imperios y que aun así se agradecen las bromas y los juegos de palabras y los cariños sinceros, como flores de Georgia O'Keffe, porque "¿qué es una flor" , dice la niña en El sabotaje amoroso de A. Nothomb, "un sexo gigante que se ha vestido de gala".

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lunes, 15 de junio de 2020

A veces solo dan ganas de llorar

A veces solo nos queda la noche que cae prematura,
la garganta cerrada que nos lleva a otros ahogos.
Las ganas de llorar.
Un amigo te recuerda que a veces podés ser luminosa.
Una joven amiga te consuela ante la contundencia con la que nos golpean los dolores de quienes queremos, las traiciones que nos esperan a la vuelta de la esquina cuando menos las esperamos.
A veces solo nos quedan los recuerdos, y una vaga esperanza. Así debe ser la medida del tiempo en la vejez, una ola cuyo oleaje ya presentimos sin desesperación ni tanta ansiedad , pero si con miedo por lo que vendrá para quienes vendrán después de nosotros.
A veces solo queremos llorar, salir corriendo de lo que sospechamos , de las palabras que nos envuelven como castigos .
A veces la risa queda olvidada en una caja con cerrojo y olvidamos la llave. 
El virus llegó a Formosa.
Había una Formosa en China.
China atacó Kamchatka, y mucho  más.
A veces solo nos queda llorar. 
Llorar y uno o dos  libros de poemas de escritoras platenses. 
Llorar y bailar un rock&roll.
Estamos siempre en medio de un Apocalipsis .
Solo que ahora ya no podemos negarlo.
Y empezamos a acostumbrarnos a vivir sin el calor de los cuerpos que se agitan por placer y por amor, y no solo por violencia, por dolor  o por espanto. 
Algunos murieron en el frío, con la nieve como tumba, aún haber visto apenas el mundo, en esas islas que nos recuerdan que todavía gobiernan el mundo los esclavistas y los piratas.
Una madre como la Piedad de Miguel Ángel que está en San Pedro.  
Una versión sacrificial del amor al prójimo, que desentona tanto con este mundo de algoritmos vende humo y de  consumo de personas-cosas que se conducen y tratan  como si fueran vibradores o agujeros, bienes de uso, maquinitas para el juego de Narcisos y soledades autocomplacientes.  
Y mujeres degradadas 
 para el desahogo de los  hijos del Diablo.  
A veces solo dan ganas de llorar.

Micro pausa y extrañando

Y al fin después de algo que puede ser la versión devaluadísima de los Siete Trabajos de Hércules (adaptada y abreviada para atomentar a una trabajadora argentina ignota y del común), llega esa micro pausa.
Apenas minutos, donde nos sentamos con un té que conjuga sabores frutales y nuez moscada, un libro que te estaba esperando justo en esa página,  e hijo dejando que suene libremente y llegue hasta  mí una música aterciopelada que me envuelve y me acaricia acá, en el sillón, al sol. 
Y este micro instante, que está a punto de ser interrumpido por los demonios del amo, es como un pequeño Paraíso personal. 
El amor es algo tan extraño, que puede presentarse en una frase, expresarse en una melodía que llega para embellecer tanta oscuridad invernal y pandémica.
Ya el extrañar la presencia de los cuerpos amados, los  queridos, los deseados,  se nos va haciendo como una herida más y más profunda  cuya cicatrización no nos llegará nunca. 
#pandemia
#cuarentena
#coronavirus2020

lunes, 1 de junio de 2020

Mientras llega el Apocalipsis y mi hijo toca el piano

Después de meses y meses, vuelve a sonar el piano en mi casa.
Hacia tiempo que estaba roto, aunque en realidad es algo pretencioso llamar piano al teclado.
Mientras trabajo en la computadora, el sonido de una melodía que me sorprende y convoca, que se va improvisando, me anuncia que sabía muy poco de los progresos musicales que había hecho mi hijo.
La guitarra no había llamado su atención, la batería estaba algo olvidada, el piano roto .
Y antes de eso, quizá, antes de la pandemia , (a. P) y del aislamiento quizá no habíamos pasado tanto tiempo juntos, y entonces quizás estás cosas ocurrían cuando yo no estaba .
El tiempo y el espacio han cobrado tantos otros sentidos que ya ni recuerdo qué significaban a.P.
Leí que en Congo se expande el Ébola. Arden los Estados Desunidos del Norte , oh, capatain, your captain.
Todos los vergonzantes baños de sangre y de cadáveres torturados, mutilados, ahorcados, lacerados, violados , arrojados al río, quemados, descuartizados, estaqueados claman por justicia .
Y algunos procuran venganza .
Arde el planeta, explota por todos lados, de Sur a Norte , de Norte a Sur, de Oeste a Este , y al revés del revés.
Ansío dormirme abrazando a un hombre, y agradezco que no sea un nombre que duela, uno de esos de los cuales cometemos la estupidez de enamorarnos cada tanto.
Sino uno como en una pandemia.
Para pasar buenos momentos, para hacerse un poco bien y reírse un rato pero con barbijos metafóricos que mantengan a raya los virus posesivos, los celos y toda la sanata de las imposturas .
No son tiempos de amores que no amen, es preferible aceptar los límites del momento, dejarse llevar por el deseo, "no estamos para el  romance" canta el poeta vivo más sensual del rock  argento. 
El deseo... como este de escuchar  a tu hijo tocando el piano; de dar una clase, sentir que las voces de tus estudiantes están ahí, casi en el mismo espacio y que te llegan al centro de la herida y la responsabilidad aunque se interponga la pantalla.
Tiempos de no olvidar a quienes tienen batallas mucho más duras .
Crecen el COVID, la deuda, las llamas, el dengue, el Ébola, los femicidios, el egoísmo .  
Acaricio a mi gato.
Escucho el piano que toca mi hijo. 
Deseo terminar la jornada, jugar con las sombras de lo cotidiano otoñal del encierro  sin convertirme en un sol negro, darme una ducha, abrir un libro, servirme una copa de vino, comer algo rico, hablar con mi madre, recibir una propuesta divertida de un hombre sin muchos  planes, abrir los resultados de los pendientes y aflojar la contractura.
Esos son mis pequeños deseos egoistas, que me llenan de una oprobiosa vergüenza por momentos .  
Estos son mis planes .
Mientras surcan el cielo unas figuras que alguien podría confundir con jinetes del Apocalipsis. 
 
  

lunes, 25 de mayo de 2020

Algunos de mis animales predilectos este otoño

Leía como Carlo G hablaba de la influencia de los cuentos que le leía su madre en la infancia en sus elecciones adultas.
Su gusto por la Historia, las brujas, los hechiceros ...
Imaginaba a Natalia G, inclinada junto a la cama de su pequeño hijo, la niña durmiendo cerca, la lámpara de noche ilumninando su prematura viudez, la guerra rompiendo todo y el suicidio del amigo poeta.
Ella, gastando las suelas de su único par de zapatos, trabajando día y noche para procurarle el pan a sus pequeños.
Leía un rato y el viento sacudía las ramas del limonero y el laurel.
Escuché el trote del animal cansado: pasaba un cartonero con su carro y un tapaboca que no dejaba descubrir si era un joven avejentado por la injusticia o un viejo que se escondía por pudor o cansancio. 
Los cuentos de la infancia y la lengua materna que nos hacen.
Las palabras de la otra mujer (siempre hay otra mujer, incluso cuando solo nos queda el espejo y el encierro). Yo sentía su dolor, su lamento cayendo en saco roto.
Lloraba por un hombre al que estaba deseando con desesperación, como se desea lo que pudo haber sido. 
Un hombre que yo intuía incapaz de dar nada, un hombre roto en el instante primario en que la lengua materna nos hace y a la vez, nos parte , nos separa, nos arroja al mundo para que hagamos de ese dolor y de ese miedo algo amoroso.
O perezcamos en el intento .

Un hombre que siempre estaba en otra parte, saltando de cuerpo en cuerpo, bebiéndose como un nectar venenoso su propio palabrerío de un amor que no sabía sentir, y no se cansaba de fingir imitando el discurso amoroso de la lengua materna, tal vez para llenar un vacío que era como el abismo de la película de Cameron, pero sin fin.

Leía las palabras del gran  historiador como si fuera un narrador se historias inventadas, y bebía mi copa como si creyera que si puedo elegir entre los animales, me gustaría que sea  el que habita las zonas frías, los cuentos populares rusos  y te puede abrigar con su pelaje y cuidarte de otros predadores.
Ese animal, y también una perra compañera y un gato que vuele.


jueves, 23 de abril de 2020

El tiempo hace caprichos

Había salido, había pisado el otoño y lo había visto sobre su pequeñez, habitando las copas de los árboles del barrio lleno de ausencias.
Se había cruzado con un viejo cartonero que arrastraba un carro desvencijado por la avenida y la miró con unos ojos acusadores que a la vez parecían pedir disculpas por la falta de barbijo.
Y ella fue la que agachó la cabeza y hundió la mirada en su pecho, y ni todo su barbijo ni todo su agotamiento, su esfuerzo, su entrega, eran nada al lado de toda esa falta.
Llegó a la verdulería y sintió que toda su queja egoísta , la plata que no alcanza, el trabajo que es siempre excesivo, la angustia por las personas que quiere, todo eso no se mitiga con el dulce jugo de las manzanas, pero su familia puede comer y ella puede pagar.
Y el frescor de la rúcula , el goce de las uvas... Tanto para pocos y tan poco para tantos ...
El mundo se ha convertido en la pesadilla que la ciencia ficción venía anunciando.
Ella, que no sabe nada, cada tanto sospecha y es como hundirse en las sombras de algunos cuadros de Goya, Cronos devorando a sus hijos y también Los desastres de la guerra ...
Y quién sabe por qué la camioneta cubierta de hojas amarillas, las calles vacías como en una escena guionada por Oesterheld pero en colores, le hizo pensar en una calle de Palermo, calle de adoquines, en algún invierno muy pero muy lejano ya, un domingo a la mañana , el cuerpo saciado, caminar bajo copas otoñales de árboles que no sabía si volvería a ver, subir al auto, poner música , tomar la avenida santa.
Y descubrir - cuando a lo largo de los años fuera volviendo a esa calle, o a otra, pero siempre a esos besos matutinos sin mate, parte que realmente odiaba la de sin mate, pero que la noche, la cena, el vino, el sexo, justificaba- que el tiempo hace trampas y caprichos con nuestra vida.
Pandemias.

jueves, 16 de abril de 2020

Como esas cosas que sabíamos que un día llegarían

Fue como tantas de esas cosas que sabemos antes de que nos las digan. No porque una sea particularmente intuitiva ni nada por el estilo.
Es tal vez que el cuerpo a veces lee la gestualidad ajena , o capta el clima, como una partícula molecular no virósica y saca conclusiones antes que se active la parte del cerebro donde pensamos según la lógica, si es que tal cosa existe.
Sabemos a veces de esa forma, por ejemplo, que una persona ha muerto un poco antes de que nos lo digan, o que alguien está por llegar, o que tu pareja te mete los cuernos, o que alguien va a traicionarte, aunque las señales sean imperceptibles e inconectables racionalmente .
Conscientemente.
Como cuando sabés que tal persona se está acostando con la misma persona que vos, aunque nadie lo haya dicho.
Y de paso te das cuenta ahí si la persona con la que te estás acostando realmente te importa.
Del mismo modo.
Con ese saber del cuerpo .
A veces no queremos saber.
Nos resistimos .
Hacemos enormes esfuerzos para no ver lo evidente, no escuchar los aullidos, no oler lo salvaje de la desesperación que rasca las puertas.
Las puertas de las casas, las iglesias , los asilos.
Las puertas y compuertas que pueden abrir los diques, dejar salir todo este inmenso llanto que contenemos para no derrumbar a otros.
Para no derrumbarnos.
Para no ser ríos correntosos de lágrimas por el mundo perdido .
No es que fuera un gran mundo, pero era el nuestro.
Y allí, a nuestro modo, nos amábamos y amábamos la vida lo suficiente como para salir a pelearla todos los días.
Es como esas cosas que sabíamos que un día llegarían....y aun así no estamos preparados.

¿Quién despedirá a nuestros muertos?

¿Quién despedirá a nuestros muertos, a los que se van sin los ritos funerarios? ¿O acaso no hay una historia de tragedias humanas que se originan en no poder cumplir los ritos funerarios?
¿O acaso no sabemos en Argentina demasiado de esto, de no poder tocar, ver los cuerpos de aquellos que amamos y se van?
¿O acaso no tuvimos suficiente?
¿Cómo seremos cuando termine la mutación, cuando las fosas comunes sean visitadas por los deudos, cuando dejemos de ser zombies?
¿Cómo será el amor, cómo será el encuentro, el sexo, la caricia que calma a una extraña o un extraño y que nos hace humanos?
¿Cómo seremos con los que en su avaricia sin fin se quedan con todo, con toda el agua, con toda la comida, con todas las vacunas, los barbijos, los cielos, los bosques, respiradores, camas, la paz, las fiestas, los campos de verde amor?
Culto a los muertos, reconocer el linaje del cual venimos. Cultivo de alimentos, reconocer que pertenecemos a la especie, y debemos dejar ese saber y ese nutriente a los que vienen.
¿Cómo compartiremos el pan, compañeras, compañeros?

martes, 31 de marzo de 2020

El único antídoto

Tiene razón E. Venimos hablando, como con varixs amigxs.
El mundo se convirtió en un asteroide que va cobrando cada día más velocidad y no sabemos exactamente cuándo ni cómo será el impacto.
Ni que dejará en pie.
Me acuerdo de aquella película ya clásica de J. Carpenter, Príncipe de las tinieblas. De como el mal en su esencia está escondido en una micro partícula.
Guardada en secreto.
Por miles de años.
Hasta que.
El único antídoto eficaz parece ser el amor al prójimo, con su ética de servicio y de sacrificio, de renuncia a las comodidades superfluas pero no al goce de la vida. Ese gran mensaje que no hemos podido jamás escuchar y hacer real y que, sin embargo, insiste en reclamar nuestra atención.
Lo que angustia, a fin de cuentas , lo insoportable , es temer por los que amamos y por el mundo que acá perdimos .
No es que el mundo fuera la gran cosa , tan hediondo de injusticias y crueldades .
Pero es lo que conocemos , lo que acunaba nuestros sueños y daba forma a nuestras pesadillas .
No hay manera de despertarse cada día sin resistirse a la idea de que esto, y todo lo que ni nos atrevemos a pensar, esté ocurriendo .
Pone patas para arriba el sentido de todo lo que hacemos y pensamos .
Decimos cuando esto pase, pero no hay experiencia, ni individual ni colectiva .
Ni al I Ching me atrevo a consultar.
Y cuando cae la noche, miramos este cielo sin saber si es el mismo de ayer o de mañana .