martes, 7 de agosto de 2012

106 nietos

Ilustración de Itsvansch a mi tweet
106 vidas que volvieron de las garras de sus captores.
106 nombres pronunciados por madres sumergidas en las catacumbas y en la desesperación.
106 familias esperando lo imposible. (Que es lo único por lo que generalmente vale la pena vivir en ciertas circunstancias)
Un día serán 500 nombres.
Y haremos una gran fiesta en las calles, con todos, los que ya no están, los que ahora volvieron y los que todavía buscan. Y esperan.




Si naciste entre 1975 y 1980 y tenés
dudas sobre tu origen, consultá la
Lista de nietos que estamos buscando
y de casos resueltos a la fecha
ABUELAS
Virrey Cevallos 592 PB 1
(C1077AAJ) C.A.B.A.
(011) 4384-0983

domingo, 5 de agosto de 2012

Georgia O'Keeffe

Photographs of Georgia O'Keeffe 
by Alfred Stieglitz © Georgia O'Keeffe Museum.
Ayer vi una película sobre la vida de Georgia O'Keeffe (nacida el mismo día que mi padre, pero en 1887y en una granja en Wisconsin y muerta a los 98 años, en 1986, en Santa Fe, Nueva México, EEUU), quizá la más famosa artista plástica norteamericana. 
Nada del otro mudo la película (aunque está muy bien Jeremy Irons como Stieglitz y Joan Allen como Georgia, además de la ambientación de la sociedad estadounidense de los años 20), pero sí despertó mi interés acerca de la vida de esta mujer tan intensa y poco convencional como su obra.
Contemporánea de muchas de las escritoras rusas de las que suelo  postear acá, tiene en común con ellas, como con la mayoría de las mujeres de esa generación, el limitado reconocimiento que recibió, a pesar de haber vivido una larga vida en la que prácticamente nunca dejó de pintar, ya fuera que se encontrara en Nueva York, donde vivió un conflictivo amor y matrimonio con el influyente galerista y fotógrafo Alfred Stieglizt (1864-1946), ya en el desierto de Nuevo México, lugar que finalmente eligió para crear y vivir y en donde hoy se encuentra el Museo que lleva su nombre.
A pesar de que aparentemente la ama, (ha dejado por ella a su primera esposa y a su hija), a pesar de que indudablemete la promueve como artista organizándole exposiciones y ventas, Stieglizt le mete los cuernos ostentosamente y con frecuencia (¿cuándo aprederán los hombres a ser más discretos?), haciéndola sufrir humillaciones y crueldades que ella sobrelleva lo mejor que puede, hasta que no puede más.
Como artista, O'Keeffe se formó desde niña, y de grande estudió en el Instituto de Arte en Chicago,  y en la Liga de Estudiantes del Arte en Nueva York, donde fue creando las bases de lo que se llamó el "el realismo imitativo". En 1916, le envió por correo algunas de sus pinturas a una ex compañera de clase, que ésta mostró al fotógrafo y conocido empresario internacional, Alfred Stieglitz. Así fue que comenzaron a escribirse.  En 1918 él le ofreció a O´Keeffe apoyo económico para que pintara durante un año en Nueva York. Ella aceptó. 
Ya en 1924, se habían enamorado, casado y,posteriormente vivieron y trabajaron juntos en Nueva York (en el invierno y en la primavera) y en la propiedad de la familia Stiegletz en Lake George, Nueva York (durante el verano y el otoño) hasta el 1929, cuando O'Keeffe pasó el primero de muchos veranos pintando en Nuevo México.  Entre 1923 hasta su muerte en 1946, Stieglitz trabajó asidua y efectivamente para promover a O'Keeffe y sus obras, organizando exposiciones cada año en las Galerías Anderson (1923-1925), la Galeria Íntima (The Intimate Gallery) (1925-1929), y  en An American Place (1929-1946).  
Después de la muerte de su marido, O'Keeffe se mudó definitivamete a Nuevo México, cuyos paisajes inspiraron desde entonces casi toda su obra posterior.


Ficha técnica película
Título: Georgia O'Keeffe
Título original:
Georgia O'Keeffe
Genero:
Drama | Biográfico
Año: 2009 
País: USA
Productora: City Entertainment / Lifetime
Director: Bob Balaban
Guión:
Michael Cristofer
Reparto:
Jeremy Irons, Joan Allen, Linda Emond, Tyne Daly, Henry Simmons, Luce Rains, Kathleen Chalfant, Girard Swan, Chad Brummett, Jenny Gabrielle, Sequoyah Adams-Rice, Steve Corona
 

jueves, 2 de agosto de 2012

Gramáticas de la creación

Job Rezando, Litografía color, 1960
"No nos quedan más comienzos", así empieza Gramáticas de la creación, de George Steiner. A partir de este primer postulado, Steiner se aventura, con su característica apertura y curiosidad intelectual, en torno a la idea de la creación occidental, presente en la religión, la música, la poesía, la literatura, el pensamiento. 
Por medio del lenguaje de estas distintas disciplinas se pregunta acerca de la finalidad de la creación, de la responsabilidad que los creadores tienen respecto a sus obras, la persistencia en resistirse a la nada que implica inventar lo que no es, mientras al mismo tiempo la humanidad "perfecciona" los sistemas de destrucción del planeta, de otras especies, de sus congéneres. 
Al defiinir la gramática como "la organización articulada de la percepción, la reflexión y la experiencia" (Steiner, 2012:15),
se detiene en la concepción de esperanza que representa el uso de tiempos futuros en el lenguaje, de una suerte de resistencia a la muerte que subyace en cualquier conjugación en futuro del verbo "ser". Dice: "el subjuntivo o los modos contrafácticos están emparentados con el futuro" y la "fantástica 'gramatología' de los verbos futuros, de subjuntivos y potenciales fueron indispensables para la supervivencia, para la evolución de 'animal lingüìstico', enfretado, tal como lo fuimos y lo somos, al escándalo de la incomprensibilidad de la muerte individual." [...] La esperanza y el temor son supremas ficciones potenciadas por la sintaxis. (Steiner,2012:16) 
Tener esperanza, cualquier acto del habla, cualquier forma de comunicación interior o exterior, sostiene el autor, presupone un oyente, alguien que (nos) escuche, aunque este sea el propio yo o Dios (rezar es la expresión paradigmática de este acto).
Hacer surgir lo que no es, ya sea una idea, una obra de arte, una sinfonía o una pintura, es entregar una criatura en el mundo, modificarlo. La música, por ejemplo, "es silencio interrumpido". Cada nota que se escucha y cesa, es un diálogo con este silencio que conserva en sí lo no dicho, lo desechado. ¿De qué modo la libertad, la gratuidad y la constancia de la creación estética de formas ausentes, de ser o de no ser, de ser de esta o de aquella manera, es instrumental en el proceso creativo?, se pregunta Steiner.
Rembrandt - David con la cabeza de Goliat, 1627, óleo sobre cartón
Por otra parte, en el siglo XX, en el que llega al paroxismo de las injusticias sociales, las matanzas, la explotación económica  de millones por parte de minorías cada vez más enriquecidas, Steiner examina la desesperanza y las incertidumbres del pensamiento respecto al fin del arte y de las ideas.
Interpretando fragmentos de la Biblia, en particular del Libro de Job, de las matemáticas, de la música, las vincula con la ontología creada por Heidegger y la poesía de Paul Celan. ¿Ha reemplazado la ciencia y la tecnología al arte y a la literatura como potencias motoras de nuestra cultura? ¿El uso de las obras con fines no considerados por sus creadores (publicitarios, la música para tapar el horror de los torturados, Wagner utilizado para exaltar el nazismo, y miles de ejemplos más) es ajeno a la responsabilidad de los artistas? ¿Tienen estos derecho a destruir lo que han creado (Kafka)? ¿Hay ideas originales o todo es reinterpretación y mimesis de lo ya "hablado"?
Creo que la lectura de este libro beneficia a cualquier artista, estudiante y/o docente de arte, letras, música, teología y/o filosofía.


Steiner, George, (2001) Gramáticas de la creación, (Trad. Andoni Alonnso y Carmen Galán Rodríguez), Debolsillo, Buenos Aires, 2012, 352 págs.

jueves, 19 de julio de 2012

Una mujer "común"

Si pensaba en ella, cada más recordaba las ideas de Hanna Arendt acerca de la condición humana y la banalidad del mal. ¿O tal vez fuera el miedo, lo que nos impulsaba a la tremenda cobardía de sobrevivir a expensas de otros, como afirman otros autores?
Parecía una mujer común: todavía joven, clase media con aspiraciones profesionales frustradas, un marido que no era ni demasiado bueno ni demasiado malo y con el que aparentaban, no sé si amarse pero sí tolerarse. El nene, la nena, la familia tipo. El coche nuevo, el jardín, el perro, las vacaciones en la costa, el trabajo en la oficina, la lucha por los ascensos.
(En la expresión un gesto de resentimiento,  fijado por vaya a saber qué mandatos familiares, como si la vida no le hubiera cumplido con lo que ella merecía, que siempre era más).

Hacía de las reglas del sistema una suerte de credo primitivo: no cuestionaba nada; si el orden creado por las normas era justo o injusto, a ella la dejaba por completo indiferente.
Irma Grese, SS de Auschwitz
Y así como algunos creen en Dios como una entidad superior incuestionable, así ella creía en la lógica, en la racionalidad, en las teorías conductistas sobre el comportamiento humano, en la burocracia de su pequeño mundo. Por miedo quizá, rechazaba toda forma de arte contemporáneo: musical, literario, plástico, cinematográfico. 
( Frente a expresiones así se encogía de hombros y miraba con desprecio).
Me recordaba a esos guardias alemanes de las películas del Holocausto, esos anónimos que tuvieron importancia por unos meses, por unos años, títeres de verdaderos jerarcas con poder. Esos que se volvieron locos de ambición porque de pronto decidían sobre el destino de personas a las que odiaban, a muchas de las cuales  hubieran (o habían) envidiado en otra vida, sólo porque los creían mejores, más felices. Sin distanciarse de la norma, con el reglamento más cruel e injusto tatuado a fuego en el cuerpo de sus víctimas rellenaban interminables planillas: para allá, para acá, y en esas palabras señalaban el destino, la vida y la muerte, de cientos, de miles. Obediencia debida. Intentos de desresponsabilizarse de lo actuado.
Imagino que en otras circunstancias, de haber sido mayor en el 76,  tranquilamente habría colaborado en señalar a conocidos, amigos, compañeros de trabajo y hasta a familiares (encogiéndose de hombros podría haberse justificado: ellos se lo buscaron), sin escrúpulo alguno los hubiera llamado subversivos; gozosa habría mandado a archivar los expedientes que testimoniaban su existencia, si así se lo requería la autoridad a cargo.
Gozaba obedeciendo, más allá de mandatos y mandadores. 
Como ese personaje de Schlink, la de El lector, pero sin la justificación, si cabe, de su tremenda ignorancia , porque ella había tenido todas las oportunidades de conocer y actuar de acuerdo a una ética de la justicia, de responsabilidad.
Y aun así, vivía con miedo. "El miedo [...] hace que el hombre renuncie a su voluntad crítica; empero es importante no perder de vista que en ese acto el sujeto sigue siendo éticamente responsable de su renuncia."*

*Korstanje, M. 2010. "Corey Robin : el miedo historia de una idea política". Revista de Filosofía Dianoia. Vol 55 (65), pp. 249-258

Fuente de la imagen de irma Grese:  http://www.taringa.net/posts/imagenes/10388695/El-angel-de-Auschwitz---Irma-Grese.html

miércoles, 18 de julio de 2012

"para estos proletarios nómadas que lo dan todo con amor. "

"Para Victoria Avalos

Suerte para quienes recibieron dones oscuros
y no fortuna    Los he visto despertarse
a orillas del mar y encender un cigarrillo
como sólo pueden hacerlo quienes esperan
bromas y pequeñas caricias    Suerte
para estos proletarios nómadas
que lo dan todo con amor. "
(Roberto Bolaño, La Universidad desconocida)


(Voy a tatuarme este poema en la piel,
así nunca olvido llevarlo como un estandarte 
y recitarlo,en silencio y para mí
como una plegaria
como un himno que me acompañe 
en aquellos momentos en que pierdo de vista el mar.
Voy a tatuármelo en el pecho, en la espalda y en las nalgas
para que no me tome desprevenida
nunca se sabe de dónde vendrán las estocadas.)

viernes, 6 de julio de 2012

"A donde vayan los iremos a buscar"

http://www.abuelas.org.ar/material/destacados/destacados27.htm
 "Como a los nazis, les va a pasar, a dónde vayan los iremos a buscar."
 

Hacía frío, mucho frío cuando bajó el sol ayer en Comodoro Py. En la pantalla armada sobre el escenario, en medio de un silencio expectante, se escucharon las palabras del veredicto. “Una práctica sistemática y generalizada”, leyó la jueza del Tribunal Oral Federal 6, María del Carmen Roqueta, en la sentencia del juicio por el robo de bebés. Después de tres décadas de espera, los máximos responsables fueron condenados:  "Jorge Rafael Videla recibió la pena histórica de 50 años de prisión, que se da por primera vez, por haber organizado esa práctica. El tribunal condenó además a otros ocho represores, entre ellos a Reynaldo Bignone, Santiago Riveros y los marinos Antonio Vañek y Jorge 'El Tigre' Acosta."
Es reparador este fallo, si se tiene en cuenta que sólo Argentina, entre todos los países de América Latina que sufrimos dictaduras genocidas, ha decidido juzgarlos, a pesar de la Obediencia Debida y el Punto Final.
Pero es muy incompleto, si se considera que esos asesinos, con apariencia de viejos debiluchos y enfermos,  se van muriendo sin decir lo que hicieron con los 400 hijos que falta encontrar: muy valientes para violar y torturar a mujeres indefensas, para robar bebés, para afanar las pertenencias de los secuestrados. Inmensamente cobardes para enfrentar la mirada de sus víctimas, para aceptar las consecuencias de los juicios con todas las garantías, algo que ellos jamás le prodigaron a sus víctimas.
¿Dónde está Clara Anahí Mariani Teruggi? Chicha, su abuela, fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, lleva más de 35 años buscándola. Ha sufrido todo lo que una persona puede soportar, y más también, pero todavía debe seguir aguantando el tenerlos a unos metros a los genocidas, a los que saben dónde está, y ver que siguen callando.
Hacía frío, mucho frío cuando bajó el sol ayer en Comodoro Py. 
Había el calor de los cuerpos, los cantitos de los militantes, muy jóvenes en su mayoría, las banderas de las agrupaciones políticas y sociales, los carteles con los ojos y la consiga "devuelvan a los chicos", realizados por un grupo de artistas por la memoria como intervención; los referentes de los organismos de derechos humanos, los mensajes de texto intercambiados con amigos y compañeros que no podían estar ahí pero lo estaban siguiendo en la tele, por Internet, la radio o en su corazones; el humo de las parrillas improvisadas por un par de vendedores de hamburguesas. Había muchas personas grandes, abuelas, abuelos, familiares. Pensaba yo: ¿cómo no se van a bancar el frío si se han bancado años de espera y de búsqueda, de rechazo, de injusticia, de dolor? 
Ayer cumplía 35 años uno de los nietos recuperados, Francisco Madariaga Quintela. y todos lo cantamos como se le canta a alguien de la familia a quien no hemos visto por mucho tiempo, unos 32 años, y nos alegra volver a tener cerca.
Era imposible no pensar en personas concretas, en historias concretas, menos o más públicas, (estaba Elsa Oesterheld (que perdió a sus cuatro hijas); estaba Rosa Roisinblit, generosa y elegante como siempre, Taty Almeida, Horacio Pietragalla, Wado de Pedro, Edy Binstock, Estela Carlotto por supuesto, tantos más).
Imposible no evocar a nuestros hijos, sobrinos, ahijados,  pensar en cómo hemos podido criarlos, amarlos, tenerlos cerca, en cómo otros no han podido. En cómo no es posible quedarse tranquilos hasta que todos esos hijos sepan quiénes son y a qué familia pertenecen, en que hay que participar en los juicios por la Verdad que están ocurriendo en todo el país, tratar de aportar lo que se pueda. 
H.G. Oesterheld, Elsa y sus cuatro hijas
En la causa juzgada ayer, que incluía el robo de 35 bebés,  26 nietos recuperaron su identidad gracias a la lucha de las Abuelas, de los testigos y familiares que aportaron a las investigaciones, y de un Gobierno que acompañó a la mayoría de la sociedad que decidió ponerle fin a la impunidad: Victoria Montenegro Torres, Natalia Suárez Nelson Corvalán, Leonardo Fossati Ortega, María de las Mercedes Gallo Sanz, Carlos D'Elía Casco, Paula Eva Logares Grinspon, Victoria Moyano Artigas, Pablo Hernán Casariego Tato, Francisco Madariaga Quintela, María Belén Altamiranda Taranto, Claudia Victoria Poblete Hlaczik, Aníbal Simón Méndez Gatti, Macarena Gelman García Iruretagoyena, Anatole y Victoria Julien Grisonas, Mariana Zaffaroni Islas, Victoria Donda Pérez, Javier Gonzalo Penino Viñas, Ezequiel Rochistein Tauro, Evelyn Bauer Pegoraro, Alejandro Pedro Sandoval Fontana, Laura Reinhold Siver, Federico Cagnola Pereyra, Juan Cabandié Alfonsín, Guillermo Pérez Roisinblit y Carla Ruiz Dameri. 
En esta causa, todavía falta encontrar a Guido Carlotto, Ana Libertad Baratti De la Cuadra, Clara Anahí Mariani Teruggi, el/la hijo/a de Gabriela Carriquiriborde y Jorge Repetur, Martín Ogando Montesano, Victoria Petrakos Castellini, la hija de María Moyano y Carlos Poblete y la hija de Ana Rubel y Hugo Castro continúan viviendo con una identidad falsa. 
Hay civiles cómplices y deben ser juzgados. Pero también hay quienes todavía callan porque el miedo, aprendido hace años quizá como método de supervivencia, se les metió tan profundo que es una segunda piel. Se acostumbraron, como otros pueblos sometidos al terrorismo de Estado, al susurro. Esta es una nueva  oportunidad de liberarse y decir la verdad.

domingo, 1 de julio de 2012

Iki affaire

el arte erotico japonés II-Siglos XVII-XVIII (Uyiko-e eróticos)
 "Esta es la razón por la que “'la gente tosca' (yabo) se convierte en iki luego de ser vapuleada por la vida”.*

Era raro porque miraba las fotos y le parecía difícil admitir que esa boca (que en la pantalla de la computadora sonreía a quien quisiera verla, como seduciendo a la vez a todas las mujeres del mundo) era la misma que la tarde anterior le había proporcionado a ella, (exclusivamente, en la más completa intimidad) tantos placeres que incluían: el canto, con texturas de tenores y terciopelos, acompañado por los rasgueos de una guitarra acústica de afinación perfecta; después (en una enumeración que no implicaba juicios de valor) los besos secos, suaves, breves, sobre la curva de su nuca (¿conocía de memoria sus debilidades o adivinaba? Ella no lo sabía, se dejaba llevar hasta). 
Y luego, los besos húmedos, en el interior de sus antebrazos, de sus muslos, de su sexo, la lengua jugueteando en su boca; la sonrisa mientras preparaba el (¿tercero, cuarto?) café, ella que trataba de marcharse y no podía porque él, con esa elegancia despojada que ella para sí había catalogado de “iki", le preguntaba algo que despertaba su interés, algo en lo que se mezclaban el cine, la política, los amores del pasado, las madres de ambos y el sabor intenso de (esta vez y para variar) un té que alguno de los dos introducía en la conversación y ella se incorporaba de la butaca y sentía un irrefrenable deseo de abrazarlo mientras le olía la piel recién bañada, aromas de vapor y jabón; lo tomaba desde atrás, y él manipulaba los utensilios: las tazas (como en una canción de Melero pero sin mantel y en un cuento que ella una vez había escrito); la pava caliente, la humedad de los cuerpos y de la cocina.
Gustav Klimt - Gustav Klimt Sea Serpents Painting
Tengo que irme, dice ella y lo abraza de nuevo y él que se da vuelta y la abraza no como si la quisiera (ese amor que es posesión, destrucción y celos también) pero sí como si la deseara, como una serpiente marina de Gustav Klimt, o como en un sueño que se olvida al correr las horas del día. Y ella otra vez se dice (o se dirá luego, cuando lea ese artículo): esto es iki. 
Y lo besa, y se ríen. Como los esquimales y los adultos que han aprendido que al final sólo nos queda eso: unos momentos, unos instantes de valentía y de resignación y luego lo denso, lo vulgar (¿lo real? ¿lo verdadero?) pero también lo que da nuevos sentidos a nuestra vida, antes de volver al mundo creado por responsabilidades y grandes pasiones, los amores que echan raices 4 ever,  y deseos de trascender por medio de nuestro linaje, o de nuestras obras. Y de poseer.
Allí, en la cocina, es como el cine, como un cuento, como un affaire iki.



Shûzô, Kuki Fragmento de La estructura del iki. Reflexiones sobre el gusto japonés, de reciente aparición (ed. El Cuenco de Plata). En http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-197369-2012-06-28.html

miércoles, 20 de junio de 2012

Una libra de carne

-¡Si estuviéramos en otra época te reviento!-le grita otra vez, sacadísima, como pasada de merca, de violencia, de resentimiento, la mina gordita de chaleco rojo.
Los dos guardias del supermercado se dejan incitar por ella, ya le dieron unas patadas contra el piso al viejo y no sé qué más hubieran hecho con él sino fuera porque se detuvo una mujer, aspecto elegante, clase media porteña, mediana edad, y nosotras, con mi amiga, al escuchar los gritos. La mujer les advirtió: ustedes no tienen autoridad de policía, no pueden detener a nadie, llamen a la policía en todo caso, dice. Uno de los vigilantes está más ansioso que el otro por pegar y la violencia verbal de la mina del chaleco rojo se le contagia. Cuando los increpamos (qué pasó, paren, no lo toquen, no le pegués) nos dicen que el tipo robó, nos muestran un pedazo de carne. ¡Una libra de carne!, pienso yo.
La naranja mecánica
Ante la vista de la prueba del intento de robo se desata de nuevo toda esa furia, esas ganas de pegar, de matar, de humillar. No se puede creer. Y entonces insistimos: que si el tipo robó llamen a la  policía, que ellos no tienen autoridad, que no lo toquen, que no le griten, que no tienen derecho. Lo tomo por el hombro al más grandote: pará loco, le digo. Llamá a la policía, no generés más violencia. Ellos nos miran con desprecio, ya llamamos, mienten. De las ventanas del edificio de enfrente asoman algunos curiosos. Los autos pasan. El viejo mira hacia los costados, lo han empujado o ha caído contra un cartel, no tiene muchas vías de salida, está enfermo o discapacitado. Planea una huida. La mina de rojo sigue vomitando su bilis: ¡¡¡ladrón, boludo, porq no pedís, pelotudo, yo trabajo, andá a pedile a Cristina que bastante me saca, andá a laburar, chorro!!! Cuando el viejo consigue pararse, lo increpa pegándole la cara a la de él, provocando, busca que le pegue para fajarlo. No me faltés el respeto, se defiende el viejo, al ver que ya somos como cuatro los que estamos frenando la golpiza. No sos quién. ¡Esta! grita la mina con vos y gesto de matón, ¡mirá quién soy!, y hecha una fiera pela billetera, exhibe credencial de cana.
Llamo al 911, nadie había llamado. Me pego a la mina, para que me escuche: les digo que hay una mujer vestida de civil que dice ser policía, que está muy nerviosa, que está muy violenta, que grita, que insulta, que le están pegando a un viejo, que no sé qué pasó antes, que vayan, que intervengan, que para eso están.
Mi amiga la frena a la loca, le dice que por suerte no está en esas épocas, que qué hubiera hecho: le hubiese dado un tiro en la cabeza. Se aclara la cosa: a ella el viejo  no le hizo nada. Si bien la reacción es como si la hubieran violado, parece que lo único que hizo el viejo fue mirarla, como si también le fuera a robar, quién sabe qué, una lata de tomates, un paquete de yerba. Quiere matarlo, se sale de la vaina. ¡Un violento delincuente, calculá, se robó un pedazo de carne de la góndola de una cadena de supermercados poderosisíma, tiembla la sociedad, peligra la seguridad de los buenos ciudadanos! ¡Si te entrá en tu casa te quiero ver! Grita ella. Calmate, pará, la increpo, estás generando más violencia. ¿Y vos qué harías si te quieren robar?  Llamo a la policía, le digo. Se encoge de hombros, sigue a los gritos, ella misma es policía. Se han detenido otras personas. Un tipo con aspecto de abogado, se identifica como tal. Interviene con nosotras. El viejo ve que se le habilita una salida, un muchacho, una chica, se levanta, empieza a rajar, nosotros lo seguimos, como marcando un límite entre los violentos y el muerto de hambre. (Y uno después se pregunta cómo pueden las sociedades tolerar el fachismo, los campos de concentración, el terrorismo de Estado, la violencia policial.)
Postales urbanas.
A unos metros, la Iglesia de la Piedad, ironías.

viernes, 8 de junio de 2012

Mejor hablar de eso

                                       ‎"Toda violencia deriva de la ausencia de palabras para expresar el desacuerdo entre dos sujetos." (Fracoise Dolto)*

¿Qué le pasa a un niño al que sus padres, o lo adultos que lo rodean, no le nombran las cosas de mundo, no le ponen palabras a sus sentimientos?
¿Qué pasa cuando los conflictos se silencian, se ocultan, se callan, y entre simulacro y simulacro el cuerpo habla hasta incluso ensañarse con el cuerpo del otro?
Puse esa cita de Dolto en Facebook y varios se sintieron interpelados. ¿Quién no ha sufrido la humillación de ser negados con la indiferencia del otro, el no acusar recibo, el no responder a nuestras verbalizaciones, (aun  a aquellas que puedan estar equivocadas o ser injustas), es un modo muy agresivo y autoritario de negar al otro.
La ley nos nombra y al instalar esa palabra nos transmite una identidad, configura nuestra autoestima. No hay palabras que puedan ser tan agresivas ni provocadoras como las que no se pronuncian. Los mensajes que no se responden, las cartas que no se contestan, las discusiones que unilateralmente se cierran mediante el silencio.
Esas familias discutidoras, gritonas, expresivas, aun aquellas familias insoportablemente verbalizadoras, transmiten a los más jóvenes, desde pequeños, que su palabra tiene valor en la sociedad: en la política, en los afectos, porque incluso a los gritos, se ha escuchado y se ha dicho.
En los debates actuales de la sociedad argentina, se usa mucho la palabra visibilizar. Eso reclamaron los  ciudadanos al exigir la democratización de lo medios, ("todas las voces"); las minorías que luchan por su derechos  la igualdad ante la ley (matrimonio igualitario, identidad de género) o ante conflictos de violencia social y/o institucional que matan con total impunidad los cuerpos, porque antes acabaron con la palabra de esas personas, que ya ni nombre tienen, son nada porque son nadie: son "pibes chorros" o "cuarteteros" o "faloperos" (y no Luciano, o Diego, o Lautaro, o Mariano, o Candela o Víctor). Y como no son, sus familia ni siquiera merecen saber qué les pasó, no merecen que los crímenes que acabaron con sus vidas tengan ley ni palabras, ambas condiciones de la justicia.
Cuando no hay palabras hay gatillos, hay patadas, hay cuchillos, hay sogas.
Se mata el cuerpo del otro o el propio. El conflicto no se resuelve, se clausura.
Mucha gente tiene miedo de hablar, por temor a las consecuencias y prefiere callar u ocultarse como el avestruz a enfrentar un conflicto. Esa represión engendra mucha violencia. 
Hay instituciones, además de la familia, que callan sus vergonzosos crímenes. Las escuelas que violentan a los pibes porque no los escuchan ni les preguntan (y hablaron sólo para señalarlos como sospechosos de subversión en los 70); las iglesias que esconden en silencio los nombres de los niño robados y los asesinados por las dictaduras  y los violados; los servicios penitenciarios que revientan a golpes a los presos, los policías que gatillan a los niños que no quieren robar para ellos, los medios que ocultan estas cosas, los ciudadanos que nos hacemos los distraídos.
En situaciones menos extremas, también ocurre que se muere un poco lo mejor de cada quien, en la familias, en los vínculos laborales, en los ámbitos de militancia, cuando se instala el lenguaje perverso de la ambigüedad (lo no dicho, lo sugerido, lo especulado, lo que no se sostiene) que contrasta a las palabras con los silencios. Y si es cierto que "uno es amo de lo que calla", no lo es menos que hacerse cargo de las palabras es asumir una ética de respeto por el otro como igual, sin querer ser amo de ningún esclavo ni cómplice de ningún maltrato. Y eso se aproxima mucho más a mi idea de libertad.

*Dolto, Francoise, (1989) Cuando los padres se separan, Paidós, bs. As., 2011, pág.102.

miércoles, 6 de junio de 2012

¿Y por qué hay gente que desaparece?

Cuando cae la noche duermo despierto, un ojo cerrado y el otro abierto
Por si los tigres me escupen un balazo mi vida es como un circo 
pero sin payaso
(Calle 13, "Hay un niño en la calle") 

Facundo Rivera Alegre está desaparecido desde el pasado 19 de febrero. Cuartetero, como tantos pibes cordobeses, ese día había ido a un baile en el Estadio del Centro, en la ciudad de Córdoba.  Era conocido como "el rubio del Pasaje". La policía no soportaba que usara tatuaje, gorra y se tiñera de rubio. Que defendiera a su mujer cuando un cana lo provocaba tocándole las tetas. Que tuviera amigos, ganas de vivir, una beba.
Lo desparecieron.
Primero se cansaron de levantarlo, apresarlo, amenazarlo, provocarlo.
La última vez lo fajaron tanto que, probablemente, murió por los golpes.
Su mamá Viviana peregrina de acá para allá, entre amenazas y dolores, buscando el cuerpo de Facundo, buscando justicia para su hijo, buscando la verdad.
Facundo tenía 19 años.

Patricio Barrios Cisneros estaba preso en la Unidad penal Nº 46 de San Martín, provincia de buenos Aires. Hacía 7 años y estaba por salir por buena conducta. Las cárceles, según la Constitución Nacional, son para rehabilitar a los ciudadanos. La mujer de Patricio, que estaba embarazada, lo fue a visitar el último enero. Era el día 29. Para evitar que el rajante sol de verano le hiciera mal, Patricio solicitó que los dejaran tener la visita en una sala. La respuesta fue una brutal golpiza de unos 15 penitenciarios que lo patearon hasta matarlo. Apenas murió empezó el proceso de encubrimiento. Quisieron hacer creer que Patricio se había suicidado dándose golpes contra la reja de su celda. Cuatro de los asesinos, penitenciarios bonaerenses, están prófugos. La policía lleva 4 meses "buscándolos" pero no hay pistas. Resulta increíble la infraestructura con la que cuentan cuatro penitenciarios prófugos para esconderse de todo un sistema punitivo que se supone persigue a los asesinos.
La mujer de Patricio perdió a su bebé.
Los hermanos de Patricio quieren justicia.
No se escucharon cacerolas pidiendo que se termine con la inseguridad que mata a estos pibes, la de las instituciones policiales y penitenciarias, la de nuestra cómplice indiferencia.
Ayer, en Tolosa, La Plata, apareció brutalmente asesinado un pibito de 10 años. Lo mataron a golpes. Se llamaba Rodrigo.
No es el comienzo de Legión, la novela de William Peter Blatty.