Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 13 de enero de 2014

Se escapa, nos llama, nos quema, nos hiere...

¿Todos tenemos ese amor irrealizable, que es como la esencia misma del deseo?
Se escapa, nos llama, nos quema, nos hiere, se escapa, nos llama, nos quema...Se escapa.
Camille Claudel trabajando
Mientras vivimos la vida, amamos a otros más carnales y estables, parimos hijos, obras, actuamos.
Hacemos mundo, le damos forma al amor, al que construimos de verdad, al que imaginamos y evocamos  con la ductilidad de una escultora enamorada del vivir.
Rememoramos: el pasado es a la vez la eternidad.
Lo que vendrá.
Lo que pudo ser.
Lo que no fue.
Lo que hubiéramos deseado que fuera, el sueño mismo, con su humedad, con su acariciadora y tramposa promesa de pubertad, de adolescencia.
Todo lo posible.
El hijo.
(Y vos siempre yéndote, y yo siempre buscándote, 4ever n ever.)
Y al final, un signo de pregunta.
(La esperanza es el gran interrogante. Y la respuesta)


1 comentario:

veronicaboletta dijo...

Nobleza obliga, nuevamente. Paso a contarte que antes de presentarte (uso éste a falta de un término que me convenza más) en mi blog, compartí esta entrada en facebook, gracias a la facilidad de los cordiales botoncitos sociales. Definitiva y porfiadamente me encanta (¿será que me identifica como tan bien dice Nilda?) cómo escribes.