Último verano en Stalingrado, novela

domingo, 12 de enero de 2014

JH, el comprendedor, Kristeva, Arendt y los mundos que hace el genio femenino

"Las madres pueden ser genios, no solo del amor, del tacto, de la abnegación, de la resistencia o incluso del maleficio y la brujería, sino también de una cierta manera de vivir la vida del espíritu. Esta manera de madre y de mujer (a veces calurosamente aceptada, otras veces negada o hecha añicos por conflictos), o les confiere en efecto un genio muy de ellas." Dice Julia Kristeva en El genio femenino (2013:13). 
Me parece a mí que es como si uno dijera que la madre, lo materno, la maternidad, es el Zeitgeist subterráneo, tal vez atesorado en una caja fuerte, para que sobreviva a esta época de inhumanas idolatrías autoeróticas y tecnoeróticas.
La maternidad (o maternidades) no ha podido ser reemplazada por máquinas y aún hoy, requiere de mucha dedicación, energía vital y esfuerzo humano. Implica renuncias, sacrificios, postergaciones, sin que ello suponga necesariamente una carga negativa, si se lo enfoca desde la perspectiva de configurar una especie de reservorio humano en un mundo dominado por el mercado y la supremacía del dinero y el egoísmo.
Ser para otro, como deseo, elección y posibilidad, en una maternidad que supone el cuerpo, en su diversidad, en sus plurales expresiones y morfológicas, qué misterio amoroso, las mujeres seguimos amando a los hombres y ellos nos engendran hijos.
Todavía.
Los hijos, a veces, aman demasiado a sus madres, tanto como para desmoronarse de pena cuando ellas parten. Tanto como para no poder seguir. 
Tal vez por eso, aunque más no sea que por eso, todas las madres del hoy, de estos tiempos, haríamos bien en comprometernos con, al menos, una obra que demande nuestro deseo, nuestra atención, que convoque nuestra acción, para sustraernos de la voracidad que a veces tenemos sobre los hijos... pienso ahora.
Sobre todo si no hay padre (porque está su cuerpo y nada más, porque no está, por lo que sea).
Me gustaría hablar con JH de este libro, si nos viéramos, sería inevitable, como lo será comentarlo de algún modo con D, y virtual y probablemente, también con MS. 

*****

JH se interesaría por este primer tomo, el que Kristeva dedica a Hannah Arendt , a su particular genio, a ese posicionamiento de ubicarse en las fronteras: de la izquierda y la derecha; de la filosofía y la política; del 
judaísmo y el Todo lo demás. (El más allá del no ser judío, territorio confortable de aquellos que no están obligados a dar explicaciones, agrego yo, en ese identificarme con una identidad definida por el interrogante, por el decir -de sí y de los otros-, por la palabra -¿será por aquello del Pueblo del Libro?).
La obra de Kristeva enfatiza el dilema del pensamiento del siglo XX: por un lado, un siglo que abandonó los valores del humanismo y, a la vez, un tiempo en el que se han planteado algunas preguntas que implican el riesgo de adentrarse en lo más subterráneo de la psique de los sujetos, y la conformación de las sociedades: "¿qué es la vida?, ¿dónde está la locura?, ¿qué pueden las palabras? La vida, la locura, las palabras: tres mujeres han sido sus exploradoras lúcidas y apasionadas, y comprometieron en esas empresas tanto su existencia como su pensamiento. Ellas son Hannah Arendt(1906-1975), Melanie Klein (1882-1960) y Colette (1873-1954). [...]Tres mujeres extraordinarias han marcado de este modo la historia de nuestro siglo. Pero, ¿qué es lo que constituye la singularidad de cada una?" http://www.lecturalia.com/libro/30165/el-genio-femenino
(Incluso, yo le mandaría este post a JH y lo comentaríamos por mail tal vez antes de vernos y él, sin duda, en seguida me agregaría nuevas preguntas, haría laguna observación o recomendación muy atinada, abriría nuevos mundos).

Pasión por la vida y el precio de la rebeldía
Le digo a A que me identifico con esa rebeldía de Hannah, ese rechazo a quedar encerrada en un territorio (intelectual, ideológico, amoroso) demasiado cerrado, demasiado inflexible. Hannah ama y por eso, intenta conocer. Y en ese intento de pensar a los sujetos y al mundo a partir de sus subjetividad amorosa, es esencialmente femenina, creo yo. 

Ese ese rasgo del amor femenino que opera como un antídoto a la violencia mercantilista del capital, aunque algunas feministas se rasguen las vestiduras. Esa pasión amorosa que cada tanto la humanidad recupera en forma de espasmo, e inhalación vital y éxtasis, como en el siglo de los trovadores; como con los místicos barrocos  como en la Eva de La razón de mi vida y, de una manera más viril, en la flamígera de Mi mensaje. El amor que vence al odio, pero el amor que también engendra el conflicto cuando no hay reciprocidad sino rechazo, abandono. Amor no correspondido del cual nacen los celos, los resentimientos, las depresiones.
"Maternidad", Gustav Klimt
Me identifico con ese lugar incómodo que elige Hannah (a un alto precio, el de no ser aceptada del todo en ninguna parte, en ningún territorio, por no pertenecerle del todo a nadie, a nada). Ese lugar que está en medio del cruce de territorios, en el que la aduana te mira mal de ambos lados, no soy de acá, no soy de allá....
Y es que, tendrás que comprender, querido lector, desde que recuerdo tengo que dar explicaciones de mi nombre, mi apellido, mi ser y mi no ser, mi contradicción fundante, palabras y palabras.
Arendt, esta sensual intelectual,  viril y atávicamente femenina a la vez, atrapada en la pasión del pensar, pensar la vida, ser  "la comprendedora", dice Kristeva. Mujer que opta por una vida que se aparta de lo biológico "por el trabajo, la obra y sobre todo, la acción. Seres hechos del mundo, seres que no pueden no ser, a la vez, objeto."(2013: 32)
¿Pero como escapar a la biología del todo, cómo eludir la muerte , cómo continuar este diálogo de ideas, este saber que se nutre del pensar a otros, y ser pensado, y poner en diálogo estos pensamientos  cuando el otro sucumbe a la muerte? (Y nos deja sin voz, ni gestos, ni presente...)
Leo, como si JH estuviera escuchando mi leer, y pienso que como la Arendt que interpreta Kristeva, JH era también un comprendedor. Que tranquilamente hubiera podido decir de sí mismo, como Arendt:«"Para mí, lo esencial es comprender. En mí, la escritura depende igualmente de esa comprensión: también ella forma parte del proceso de comprensión [...] y cuando otras personas también comprenden, experimento una satisfacción comparable a lo que se siente al volver a encontrase en un terreno familiar."»(2013:37).



Kristeva,Julia, El genio femenino: Hannah Arendt,(2000), Editorial Paidós,Buenos Aires,2013.

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