Último verano en Stalingrado, novela

sábado, 4 de enero de 2014

El quinto hijo, de de Doris Lessing

Más lágrimas se derraman por las plegarias atendidas 
que por las no atendidas" (Santa Teresa)

Una novelita inquietante, por empezar, El quinto hijo (1988) de Doris Lessing. *
El clima, la trama, los personajes.
El proyecto de familia perfecta que se proponen construir David y Harriet, en plenos años 60 en una Inglaterra donde muchas tradiciones están siendo cuestionadas, produce cierta inquietud desde las primeras líneas, parece algo inusual.

David, hijo de padres separados (madre intelectual y progresista casada en segundas nupcias con un segundo esposo académico, anti sistema; padre rico y extravagante que viaja por el mundo con su joven esposa y su otra hija), sueña con la familia que no tuvo, es tenaz, ambicioso y disciplinado.

Por su parte,  Harriet, hija de una clase media baja, con una madre ama de casa, eficiente y cuidadora de sus hermanas, nietos y de ella misma, fantasea con ser una madre perfecta y llena de hijos. Harriet, que llega virgen al matrimonio y mantiene sus emociones resguardadas en su mueca de labios crispados.
Compran una casa gigantesca que albergará a su maravillosa familia, y que apenas pueden sostener. Reniegan del control prenatal, rechazan todos los consejos y las críticas familiares, y en seis años tienen cuatro hijos.
Cada vez que alguien de la familia (en especial Dorothy, la madre de Harriet, quien se ocupa de cuidar a los hijos, la casa y a la madre en cada embarazo, está agotada y tironeada por sus otras hijas) les sugiere detenerse, ellos se miran con complicidad, desde cierta superioridad que otorga el saberse únicos, dueños de alguna clase de secreto que todos los demás ignoran, el de la felicitad conyugal y familiar. "Tendremos ocho", desafían.
Aceptan postergar los embarazos, pero es más fuerte que ellos, sugieren, cuando anuncian el quinto y la madre de David debe pedirle al padre de éste, (su ex) que otra vez aporte para los gastos de esta familia numerosa, y éste lo hace, con "ese buen humor cínico de los ricos" (Lessing,2010: 12).
La familia los visita en vacaciones (padres, hermanos, cuñados, primos), la casa se llena de niños y adultos, Harriet siempre cansada, David igual, ya que trabaja mucho, pero debe recurrir constantemente a su padre para sostener los gastos de semejante familia. Ambos, Harriet, que sin su madre apenas puede llevar adelante sus embarazos y la crianzas e sus hijos; y David, que ha perdido el orgullo de poder sostener la economía familiar, siempre sonríen, siempre vanidosos de haber roto las reglas de la época, de llevar adelante un plan y un modelo familiar "a la antigua".
Ellos saben cómo.
Miran a los otros (que sufren, se divorcian, tienen conflictos con sus hijos, se quedan sin trabajo, viven en casas pequeñas) desde un pedestal, se miran entre ellos, miran a sus hermosos hijos...
Hasta que nace Ben, el quinto hijo, el que da titulo a esta novela en la que la maternidad, la familia, son el horror, lo terrorífico, lo extraño.
Ben, un ser monstruoso desde sus primeros meses fetales en el vientre materno, lo ajeno a lo humano, poseedor de una fuerza y una energía salvajes, ingobernables. Ben, hambriento, insaciable, incapaz de experimentar empatía. Lo que nadie se atreve a nombrar: ni médicos, ni enfermeros, ni maestros, ni parientes.
Lo oscuro, que siempre acecha escondido detrás de los planes perfectos de familias perfectas, de madres perfectas,orgullosas de sí mismas, hasta que la vida irrumpe con toda su insolencia y su brutal manera de hacernos saber que hasta el mar más calmo puede albergar un tsunami.



*Lessing, Doris, El quinto hijo, Debolsillo, Sudamericana, Buenos Aires, 2010.

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