Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 8 de febrero de 2013

Los que susurran (esto sí era estalinismo)

Estas lecturas, al igual que las de  V. GrossmanSolzhenitsyn, Koestler o Nina Berberova, refrescan la memoria y desnudan que detrás de la  ligereza con la cual algunos comunicadores y/o referentes de la oposición califican al gobierno de CFK de estalinista, es una burla a los millones de muertos por ese régimen, a los millones de censurados, perseguidos, diezmados, aniquilados. Al usar ese calificativo (como el de "dictadura" en un país que vivió su propio genocidio por terrorismo de Estado) revelan su ignorancia, en algunos casos, o su cinismo, en la mayoría.

Vigilar

Los bolcheviques sabían que el triunfo de la revolución era insostenible en el tiempo si no creaban  una nueva cultura y formaban los cuadros políticos y técnicos que sostuvieran el proceso. Por ello desarrollaron una pedagogía y un sistema de crianza para "el nuevo hombre", para lo cual se requería que los roles de la familia burguesa quedaran abolidos. La educación de las élites del Partido estaba en manos de las instituciones ad hoc, además de la escuela. Para los niños, los Pioneros; para los jóvenes, el Komsomol. Se los educaba en valores de solidaridad, esfuerzo, disciplina, sacrifico, austeridad, amor a la Patria y al pueblo. Eso implicaba que las preocupaciones personales (hijos, parejas, padres) no podían estar por encima de las necesidades de la revolución. Con el tiempo, se impuso una fuerte vigilancia que incluyó a la larga  incluso la conducta y la moral privada y familiar de los miembros del Partido, que debía ser intachables y dar el ejemplo.
Es así que al asumir el poder Stalin contaba con una sólida base para ejecutar su política e imponer el terrorismo de Estado para erradicar la crítica de los miembros del Partido, en primer lugar.
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Castigar

Las rebeliones, resistencias y disensos, las críticas que generaron algunas políticas y acciones (por ejemplo el pacto con Hitler, 1939),* fueron resueltas de manera radical mediante las purgas y otros métodos de eliminación de los adversarios, comenzando con el genocidio de los ucranianos y los kulak y que alcanzaron a muchos de los principales cuadros del Partido, incluso a héroes del Ejército Rojo y la Revolución.
Mediante la denuncia, la delación y la vigilancia de la vida familiar y privada fue posible el arresto masivo y la condena y muerte de de millones de disidentes al régimen estalinista. De ese modo se conformó la base económica del Gulag, una forma de colonización  económica: "una manera rápida y barata de explotar los recursos industriales de las regiones más remotas de la unión Soviética, donde nadie quería vivir." (Figes, 2009: 185).
El susurro, el secreto, una herramienta comunicativa de superveniencia. 
El disimulo, el ocultar los sentimientos y los pensamientos, fingir frente a los propios hijos para que la inocencia de los niños nos expusiera a las familias, un hábito.
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Figes

Abundante literatura da cuenta de esta época, también hay numerosos estudios académicos y ensayos  sobre el estalinismo, periodo de complejo abordaje y que conviene analizar con la cabeza fría y con el conocimiento de al menos lo básico de la historia rusa si se pretende entender.
Me interesa este ensayo de Orlando Figes porque recupera, mediante testimonios de contemporáneos entrevistados hace poco tiempo, historias de la vida cotidiana y privada de varias familias soviéticas, algunas de ellas con participación directa en el Partido y parentesco con cuadros de conducción, otras vinculadas al arte y la literatura y otras procedentes del campesinado rural y el sector obrero industrial. Es impactante el recorrido de esta extensa obra en el ámbito de las vidas privadas y  el trabajo de un extenso equipo de investigadores, que durante varios años rescataron objetos cargados de significados como cartas, fotografías, diarios y documentos privados. Orlando Figes es autor de otros textos sobre la historia de Rusia como La revolución rusa (2000) y El baile de Natacha (2006). 
Los entrevistados son sobrevivientes de una sociedad en la que nadie se atrevía a hablar en voz alta (una parte susurraban para evitar ser detenido y la otra para delatar, casi todos dominados por el miedo y la
desconfianza. La traición estaban a la orden del día y el castigo era la esclavitud y la muerte. 
El libro está habitado por fantasmas de mundos perdidos, familias exterminadas o divididas por el terrorismo de Estado; violencia, privaciones materiales, nostalgias, vidas diezmadas y muertes.


*conviene recordar que los Aliados dejaron crecer a Hitler,implementar su régimen de persecución de las minorías e incluso invadir Polonia sin oponerse porque lo veían como una barrera que podía frenar el fantasma del comunismo.
Figes, Orlando, Los que susurran, Edhasa, Buenos Aires, 2009, 960 págs.

1 comentario:

Mauro E. Pontoni dijo...

Este libro lo tiene mi Padre, voy a comenzar a leerlo.