Último verano en Stalingrado, novela

martes, 22 de febrero de 2011

Embajadores de la traición

Durante muchos años, las embajadas de los reinos, colonias, territorios ocupados e imperios funcionaron abiertamente como sistemas de espionaje y lobby al servicio de un amo coronado en territorios extranjeros. Mediante sobornos, alianzas con opositores internos, asesinatos políticos, extorsiones o persuasión, los embajadores tenían a su cargo influir en la política interna y externa del país en el que actuaban, fomentando alianzas, guerras, negocios, etc., para beneficio de su patrón. Todavía hoy los historiadores especulan sobre las responsabilidades internas y externas (¿los intereses persas?) en el asesinato del rey Filipo de Macedonia (siglo IV a. C.), investigado incluso por su contemporáneo Aristóteles.
Algunos de estos personajes llegaron a ser famosos operadores, otros terminaron expulsados con violencia al ser demasiado evidentes o arteras sus operaciones. En ocasiones, en la Europa del Renacimiento, las reinas consortes oficiaban de embajadoras de hecho defendiendo los intereses de sus países de origen, con mejor o peor suerte (tales los casos, por ejemplo, de Catalina de Aragón, primera reina consorte de Enrique Tudor de Inglaterra e hija de los reyes Católicos, o de Catalina de Médici, consorte de Enrique Valois en Francia, defendiendo los intereses de su familia en los reinos de Italia).
En las guerras religiosas, las batallas militares se libraban en campo abierto sólo esporádicamente, pero la guerra diplomática era continua y se manifestaba con financiamiento de rebeldes, apoyo a complot, retiradas o movimientos de tropas, entre otras variantes.
La rendición de Granada, Francisco Pradilla y Ortiz (1848–1921)
Cuando por derechos sucesorios una reina o rey consorte o hijo/a accedía al poder en lugar de su antecesor, solía haber cambios en la política hacia las otras potencias debido a su origen, crianza e influencias. Así ocurrió con María Estuardo, criada en la corte francesa de Francisco I, viuda de su hijo, emparentada con casi toda la familia real francesa (Valois, Guisa, Lorena), defensora del catolicismo en Escocia y por ende, de los intereses franceses y españoles. Así ocurrió en la larga historia imperial rusa, con diversos vaivenes, con alianzas que fueron mutando. Así también sucedió en la trágica historia de Boabdil, el último sultán moro que gobernó en España.
Pero claro, hablamos de tiempos en los que la legitimidad del poder detentado por las minorías ni siquiera era puesto en cuestión y la soberanía popular era una categoría utópica, si es que tal cosa existía.
Unos siglos después, el intento de Belgrano y algunos revolucionarios americanos de coronar a la hermana del rey de Portugal para legitimar el proceso para emanciparnos de España,  además de muchas otras implicancias, intentaba poner coto al despliegue de las actividades de potencias como Inglaterra y Francia en nuestros territorios.
Siempre las potencias, en particular las más poderosas, han contado con aliados internos al servicio de sus intereses y en perjuicio de los intereses de los pueblos soberanos.
Fuente: Página 12.
La aceptación por parte de Macri de sus intentos por hacer intervenir al imperio norteamericano para limitar la soberanía de un gobierno legítimo y popular; las denuncias de Carrió sobre cuestiones internas en la embajada de ese mismo país, las declaraciones de Duhalde a funcionarios que representan intereses de países extranjeros, y hasta la  reciente e increíble defensa del tráfico ilegal de armas de una potencia extranjera que evidenció el episodio del avión,  se inscriben en esa vieja tradición de quienes entienden la política y el poder de manera cortesana, de quienes no creen ni en la soberanía política, la independencia económica (mucho menos, por ende, en la justicia social). Tampoco en la legitimidad democrática. No así el caso del presidente de Cargill  ya que es bien sabido que el capital no tiene patria.
Ningún pueblo libre puede aceptar que los negocios y articulaciones con otros países se consoliden, como quieren los cipayos mediante sus "operetas y operaciones", fuera de los ámbitos legitimados por la historia, la política y el sistema jurídico internacional y nacional (Art. 99 Inc. 11 de la Constitución Nacional) de la diplomacia oficial y de manera pública. Ni a dirigentes que, en nombre de los intereses colectivos, efectúan operaciones oscuras entre bambalinas, siempre al borde la traición a la patria y a su pueblo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

no creo que haya habido traidores tan vendepatrias como estos.